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23 de agosto de 2010

Justicia colombiana: ¡Qué espanto!

Por Jaime Restrepo.

Resulta espeluznante ver lo acostumbrados que estamos los colombianos a la ineptitud del aparato judicial. Las aberraciones de jueces, fiscales y magistrados ni siquiera conmueven a la ciudadanía, seguramente en un ejercicio de resignación que pareciera estar incorporado al mapa genético de la nacionalidad.

Es la misma resignación que se vivía hace dos décadas frente al terrorismo de Pablo Escobar y por desgracia, es la misma que los ciudadanos asumimos hace escasos 10 años ante las tropelías de las FARC.

En un solo día, una fiscal dejó en libertad a un hombre que confesó el asesinato de su esposa con el argumento de que no tenía orden de captura y un juez decidió que un grupo de terroristas de las FARC, reconocidos ampliamente por la víctima, eran inocentes del atentado cometido contra un comerciante: es que la Fiscalía no fue rigurosa, dice el juez, y los testigos no fueron contundentes. Sin embargo, con testigos alejados de la contundencia y proclives a las contradicciones, como Rafael García y Yidis Medina, en nuestro país han sido condenados varios ciudadanos. Entonces ¿cuál es la medida de la contundencia? ¿Acaso será la presión política y mediática la que determina dicha contundencia?

Para completar, otra fiscal, esta vez una delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, anuló el proceso que se adelantaba contra alias ‘El Indio’ y contra el empresario Felipe Sierra, por vínculos con paramilitares y narcotraficantes de Córdoba y Antioquia. De paso, seguramente es cuestión de días para que caiga también el proceso contra Guillermo León Valencia Cossio, no por falta de méritos, tampoco por ausencia de evidencias, sino por ineptitud de los fiscales que no protegen sus casos de tecnicismos.

Son tres noticias judiciales conocidas en menos de 24 horas. No puede ser que Colombia se sumerja nuevamente en el letargo que mostró durante lustros frente al terrorismo, llegando prácticamente a la rendición, y ahora se someta a la arbitrariedad, a la ignorancia y a la absoluta insensatez de fiscales, jueces y magistrados.

Me aterra confirmar la profunda desconfianza que existe en Colombia en torno a las decisiones judiciales: ¡Nadie les cree! Mientras el transfigurado de los resentimientos, el ministro del Interior Germán Vargas Lleras negocia con las cortes la recomposición de las parcelas de poder, manteniendo intacta la imposibilidad de que alguien de la carrera judicial pueda, con opciones reales, llegar a la cúspide del poder jurisdiccional; los abogados que día a día tienen que enfrentarse al litigio, presentan propuestas para encontrar el camino para cumplir con la aspiración de una justicia pronta y eficaz. Tal es el caso del jurista santandereano Óscar Humberto Gómez Gómez, quien en un escrito titulado Debate a la justicia sostiene lo siguiente:

“Ya dejé de ser el joven abogado idealista que hablaba […] sobre la majestad de la justicia y del derecho, y pregonaba que toda decisión judicial debía merecer nuestro inquebrantable respeto. Hoy, con los pies puestos sobre la tierra, en cuanto a merecimientos ya tengo perfectamente claro que no son pocos los jueces y magistrados que no merecen el cargo que ocupan y que, al contrario, no sólo deberían estar por fuera de él, sino en la cárcel. Y en cuanto a la respetabilidad, tengo igualmente claro que no todo lo que decidan los jueces y magistrados de este país tiene por qué merecerme el mismo respeto. Más aún […]: hay decisiones judiciales que, definitivamente, no me merecen respeto alguno. Uno las acata porque no hay más remedio. Pero eso no significa que las respete.”
En el escrito, Gómez Gómez enumera algunos de los vicios que ha detectado en su extensa práctica como abogado litigante: el clientelismo que se da porque la justicia se ha convertido en el “escampadero de personajes mediocres” que utilizan los cargos judiciales para llegar a una jugosa pensión de jubilación y el leguleyismo en el que se rinde culto “a los más absurdos formalismos o, peor aún, aduciendo enrevesadas y erradas interpretaciones de la ley procesal”.

Pero los vicios descritos por Óscar Humberto Gómez Gómez no paran ahí: habla de la crisis de la imparcialidad que se evidencia, dice, “en el uso que se le está dando a la facultad para decretar pruebas de oficio, la cual no se utiliza para ahondar en la búsqueda de la verdad, sino para ayudar a algunos y perjudicar a otros, según simpatías o antipatías personales”.

Otro de los vicios es la inseguridad jurídica. Dice Gómez Gómez al respecto: “Cambia tanto la jurisprudencia y en tan poco tiempo, que ya nadie sabe a qué atenerse. Se han dado cambios de blanco a negro en apenas unos cuantos días.”

Todo lo anterior afianza mi posición: No le creo a la Corte Suprema de Justicia. Lo mismo les pasa a muchos colombianos que ven los atropellos y la ineptitud de los que deberían ser los más ilustres juristas. Los devaneos políticos y la intención de concretar el viejo anhelo del gobierno de los jueces son situaciones abominables que el país debería rechazar en pleno.

También tengo que decirlo: una camarilla de mediocres que tiene en sus manos la libertad, la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos; es una amenaza mucho más aterradora y siniestra que los carros-bomba del terrorismo: ¡Qué susto caer en sus manos!

18 de mayo de 2009

¿Comenzó la judicialización de la farcpolítica en Antioquia?

Se ha suscitado un gran escándalo en Medellín por cuenta de la reapertura de un proceso penal contra el Polo Democrático Alternativo, la Alianza Social Indígena y algunas organizaciones que presumen de ser defensoras de derechos humanos, por sus nexos con el Partido Comunista Clandestino PC3.

El informe, que sirve de base para la judicialización, señala que la estructura del PC3 (engendro de las FARC lanzado por ‘Alfonso Cano’) tiene como brazo político al PDA y a la Alianza Social Indígena (ASI), movimiento que ha respaldado a Sergio Fajardo en sus diversas aspiraciones políticas, incluyendo la actual candidatura a la Presidencia de la República. Es bueno recordar que en su calidad de alcalde de Medellín, Fajardo llevó a la
junta directiva de EPM a Freddy Escobar Moncada, ideólogo del frente Jacobo Arenas de las FARC.

Además de los partidos, el informe señala a ONGs, sindicatos y movimientos juveniles como parte de la estructura del PC3. A una de las organizaciones implicadas en la investigación, el Instituto Popular de Capacitación, le parece inaudito que se ordene la reapertura del proceso penal que la misma Fiscalía había descartado por falta de pruebas que respaldaran la presunción de la actividad rebelde. La reapertura se dio por la declaración de dos testigos, que denuncia el IPC, ya habían sido “utilizados” en otros procesos y cuya credibilidad, dicen, ha sido siempre cuestionada.

¿Acaso esto no recuerda la reapertura de procesos contra el coronel Alfonso Plazas y el del general Rito Alejo del Río? ¿Será que son menos válidos los cuestionamientos a la credibilidad de los testigos utilizados en el proceso del Palacio de Justicia o en las investigaciones de la parapolítica?

Al IPC le parece “particular” que los testigos ratifiquen los informes de inteligencia militar. Esta afirmación tiene un alto grado de cinismo, pues si los testigos coinciden con los informes de inteligencia, en materia judicial simplemente hay un respaldo probatorio que se suma a los testimonios. Es más: el IPC asegura que los documentos de inteligencia adicionales están sustentados en declaraciones de desertores de las FARC, es decir que diferentes fuentes ratifican los hechos denunciados: ¿Eso qué tiene de particular?

Desde el pasado 3 de abril y por cuenta de la reapertura del proceso penal han sido vinculadas 13 personas, de ellas cuatro comparecieron libremente para definir su situación jurídica. Otras cuatro han sido capturadas en las últimas semanas. Todos están sindicados del delito de rebelión.

La respuesta de la facción
Las organizaciones investigadas sostienen que la Fiscalía y los organismos de seguridad “pretenden estructurar procesos penales” mediante “temerarios informes de inteligencia”. Esto, aseguran, con el propósito de criminalizar el ejercicio de la libertad de opinión, de expresión, de conciencia y de participación. También se quejan por una investigación previa y sostienen que ese mecanismo ha limitado derechos constitucionales de las personas incriminadas y de sus defensores:

”Aunque en esta investigación previa la Fiscalía vinculó a varios integrantes de organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y no gubernamentales debidamente identificados, nunca a estas personas se les informó de dichas actuaciones, lo que impidió que ejercieran de manera oportuna el derecho de la defensa y la posibilidad de controvertir las pruebas incriminatorias que venían siendo recopiladas por la inteligencia militar.”

Pero hay un número que puede aclarar este asunto: el 26.625. Este es el expediente fantasma que ha venido elaborando el magistrado auxiliar Iván Velásquez para incorporar todas las pruebas o montajes para procesar a los implicados en la parapolítica. El 26.625 es un expediente que ha limitado los derechos constitucionales de los incriminados y no ha tenido control de un Juez de Garantías. Sin embargo, la gran diferencia es que el expediente de la parapolítica ha sido nutrido no solo con testimonios de personas que liban junto al magistrado investigador, sino que además excluye las declaraciones que pueden favorecer al perseguido, como se desprende de la conversación entre Nancy Patricia Gutiérrez y Juan Carlos Díaz Rayo, investigador de la Corte Suprema de Justicia:

- NG: ¿Y qué es el proceso 26.625?
- JCD: Es un proceso que es general (...) Es un proceso madre que llaman, sin previo. De allí se va desprendiendo todo.
- NG: ¿Y contra quién es ese proceso?
- JCD: Contra nadie. Son las previas generales. Si hubiera sindicado, ya no serviría. Por eso, los abogados no tienen acceso a ese... Por eso es que no tienen entrada y es algo muy moral o éticamente reprochable, pero jurídicamente... Tendrían que probarnos que alguna vez... Que uno ya sabría de qué hablar y en qué condiciones iba a hablar ese señor (un testigo)...
- NG: Pero ustedes ya lo saben.
- JCD: Eso uno ya lo sabe, pero eso sería muy difícil de probar, casi imposible.
- NG: ¿Quién maneja el 26.625?
- JCD: El doctor Iván (Velásquez). Él hace y deshace en cada uno, va para donde quiere, busca investigadores. Si no hay informes, busca los informes.
- NG: A mí, por ejemplo, me han contado que llegan a una cárcel a buscar un testigo y, si no dice nada, lo desechan y buscan otro.
- JCD: Ah pues sí, claro (...) Si yo estoy tratando de cogerla a usted y no me dicen nada de usted, yo para qué voy...

Frente al expediente 26.625 no se encuentra ni un solo pronunciamiento de las ONGs que ahora son procesadas con el mismo mecanismo que ha venido utilizando la Corte Suprema de Justicia en la denominada parapolítica. Hasta hace unos meses, el procedimiento de los expedientes preliminares era aceptable, plausible y casi un acto heroico del abusivo magistrado, pues beneficiaba a la facción profariana. La extralimitación judicial no mereció ni una palabra frente a una flagrante violación a los derechos humanos. Pero ahora, cuando el mecanismo es utilizado en contra de algunos elementos con nexos con las FARC, llega el llanto y el rechinar de dientes.

Sin embargo, que las ONGs se quejen por el mismo mecanismo utilizado por la Corte para actuar en la parapolítica es un síntoma de la deformidad de la estructura judicial y del peligro que representa el libertinaje ético y moral de los intocables jueces colombianos. Entonces estamos ante un mecanismo de inquisidores jurídicos, quienes desatan cacerías para colgar las cabezas de sus perseguidos como trofeos infames.

Volviendo a la
carta, las organizaciones de Medellín señalan que el proceso se basa en la “reedición de testimonios desestimados en su credibilidad en otras investigaciones penales”… como no recordar a Rafael García, el testigo estrella de la parapolítica, o a alias ‘Pitirri’, alojado cómodamente en Canadá con toda su familia, gracias a los servicios prestados no solo a la justicia sino a Gustavo Petro. Ambos han sido cuestionados en su credibilidad y sin embargo, cuando los jueces así lo deciden, pasan a ser los testigos más sinceros de los que se tenga noticia. También en estos casos, los presuntos defensores de derechos humanos no musitaron palabra, por conveniencia manifiesta, y ahora son plañideras que lanzan alertas mundiales por lo que ellos mismos cohonestaron con su silencio.

La culpa es de… ¡Uribe!
La visión mesiánica, que padecen la izquierda y la oposición en general con respecto al Presidente, los lleva al extremo de culpar a Uribe de todo lo que pasa en Colombia y en el mundo.

Dicen las organizaciones de Medellín que ellos han ejercido la “promoción y defensa de los derechos (…) de las comunidades y de las víctimas (…), situación que ha conllevado a la estigmatización desde las altas esferas del gobierno, la cual es replicada por integrantes de la inteligencia militar y de la fiscalía”.

Además de la ligereza en que incurren, esta si temeraria, de proclamarse perseguidos por la defensa de los derechos humanos y no por las calumnias, las alianzas, los respaldos y la manipulación originada en la militancia política e ideológica a favor de las FARC; olvidan que en el pasado reciente incumplieron con los supuestos propósitos de defensa de los derechos humanos: como las víctimas de los expedientes previos no pertenecían a la facción profariana, entonces eran buenos y necesarios para la cruzada justiciera que han intentado adelantar… pero ahora, cuando los expedientes previos los tocan, se convierten por arte de magia en una persecución fruto de la estigmatización.

A renglón seguido, los denunciantes señalan que el Presidente los estigmatizó al hablar de los “abogados pagados por organizaciones internacionales, con sesgos ideológicos que les impiden examinar el cotejo de las conductas y el ordenamiento jurídico imparcialmente, y que lo hacen con odio y carga ideológica.”

Según la denuncia, que el Presidente hable de sesgos ideológicos es una estigmatización y eso ha llevado a que el Ejército y la Fiscalía los procese por diferentes delitos. No obstante, los ahora denunciantes olvidan que a causa de los sesgos ideológicos y de la vocación profariana que han profesado desde siempre; han desatado una persecución inclemente contra el Gobierno y contra las Fuerzas Armadas, a quienes, los que ahora posan de víctimas, han estigmatizado nacional e internacionalmente. ¿Pero eso qué tiene que ver con una investigación de inteligencia que tiene méritos para ser procesada por la Fiscalía? Nada. Los denunciantes eluden el debate de las pruebas y no se toman la molestia de defender su accionar… se saben culpables y no víctimas de estigmatización: a lo sumo, si fueran honrados, podrían asumir su responsabilidad como victimarios.

Sin embargo, siempre hay espacio para el humor. Las ONGs dicen insistir "en la validez del principio de imparcialidad e independencia del órgano judicial que se ve cuestionado con la injerencia del poder militar en la dirección de las investigaciones criminales"… ¡Patético! La culpa no es del órgano judicial –ni más faltaba que fueran a responsabilizar a miembros de Asonal- sino de quienes investigan para dejar en evidencia el maridaje entre las FARC y un sector importante de la sociedad civil.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

26 de septiembre de 2011

'Cano', 'Reyes' y 'Jojoy' no pierden vigencia

Por Jaime Restrepo Vásquez.


Todavía retumban las palabras del Presidente Santos, refiriéndose a la inminente captura de ‘Alfonso Cano’: “le estamos respirando en la nuca”. Esa afirmación terminó siendo parte de una larga lista de los “ya casi” del actual gobierno colombiano.

Ahora, según algunos voceros de la oposición a la dictadura venezolana, ‘Alfonso Cano’ será tratado en un hospital de San Cristobal. Incluso, con una torpeza total, se atrevieron a informar el centro asistencial en el que se internaría el máximo comandante de las FARC. Así, de inmediato, aquellos que anhelan la paz versión Santos, se apresuraron a recorrer las inmediaciones del hospital para publicar una información que no deja de ser inquietante: Caracol Radio tituló: Hospital donde supuestamente atenderían a 'Alfonso Cano' está en aparente normalidad".

¿Acaso esperaban encontrarse con un dispositivo de seguridad lleno de guerrilleros protegiendo a su cabecilla, en un país que ofrece todas las garantías de seguridad para criminales y terroristas? ¿O será que el chavismo, con el PSUV a la cabeza, publicaría en alguno de los medios controlados por el gobierno en el Táchira, un saludo efusivo al camarada 'Alfonso Cano'? ¿Creían que ‘Alfonso Cano’ saldría por una ventana a saludarlos?

Con el tiempo uno se acostumbra a desconfiar de los titulares y de los anuncios de cualquier gobierno. Cuando un medio dirigido por un personaje como Darío Arizmendi asegura que hay aparente normalidad, ya la cosa suena a una confirmación de que algo pasa en el lugar.

¿Será que es normal que los militares rodeen las instalaciones de un hospital? Eso, para información de los benefactores informativos de la claudicación, es decir Arizmendi y su banda, no es normal, así las razones para la militarización sean distintas.

Seguramente la Guardia Nacional no está preparando el lugar para alojar al “distinguido huésped”, pues eso lo pueden hacer en cualquiera de los hospitales intervenidos o trasladarlo a Cuba para que lo traten los “actualizados y confiables” médicos de la isla, en quienes ni Fidel Castro ni Hugo Chávez creen, a juzgar por la presencia constante del galeno español José Luis García Sabrido en La Habana.

El rumor de la presencia de Cano en Venezuela no es reciente, ni se da en un miserable hospital: aquel despeje en el que se “perdió” un helicóptero mientras Piedad Córdoba y sus esbirros recogían a un grupo de secuestrados que las FARC liberaron, despertó suspicacias desde el primer momento, las que han sido alimentadas por los “ya casi” del gobierno y por algunas declaraciones de miembros del Ejército.

Mientras esto ocurría en Venezuela, en Colombia se presentaba el libro del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres, recordando algunos de los sórdidos detalles contenidos en los computadores de ‘Raúl Reyes’: que Venezuela es aliada del terrorismo, que las FARC no quieren ni están interesadas en la paz, que Rafael Correa sabía del dinero de las FARC en su campaña, que al fin de cuentas, lo que se ha dicho de la información contenida en esos aparatos, es verdad.

En este sentido, la aspiración sería que un tecnicismo cuestionable, como el que esgrimió la Corte Suprema para descartar la información de los computadores de ‘Reyes’, no fuera obstáculo para conocer todo el contenido de esos aparatos y se procediera a judicializar y declarar, por el tecnicismo, la inocencia de los implicados con la banda terrorista, pero esa oportunidad ya se perdió, por más libros que se publiquen.

Ahora anuncian que ya se ha procesado el 60 % del contenido de los computadores del ‘Mono Jojoy’. Aunque la noticia suene alentadora, soy pesimista en cuanto al uso de la información: si la utilizan al estilo Uribe, como lo ha hecho hasta ahora el gobierno Santos, se conocerán fragmentos y nada más. Pero lo grueso de los datos, esos que amenazarían la dichosa unión del glorioso y vetusto partido Liberal, quedarán en reserva, lo mismo que aquellos que nuevamente dejen en evidencia los nexos con el terrorismo de algunos “defensores de derechos humanos” , colectivos y “movimientos por las víctimas”.

Ya para el momento en que se tenga el 100 % de la información, el artículo 31 de la Ley de inteligencia estará en vigencia y por lo tanto quedará cobijada con la reserva de medio siglo, definida para favorecer la instauración del fracasado socialismo del siglo XXI en Colombia.

Es más: como a algunos les parece encomiable la labor de restauración de las relaciones con las dictaduras venezolana y ecuatoriana, seguramente los vínculos de esas autocracias con las FARC quedarán en reserva, simplemente por una supuesta conveniencia diplomática. Ni más faltaba que los acuciosos medios colombianos vayan a pasar por encima de la reserva, para dar a conocer ese tipo de información, pues finalmente muchos prohombres y “quijotes” quedarían en evidencia y se perdería el dinero que llega de Venezuela para "publicidad".

Seguramente 'Alfonso Cano' se rio a carcajadas, cómodamente instalado en algún lugar de Venezuela, cuando leyó lo de la información de los computadores del 'Mono Jojoy', pues sabe que el actual gobierno la guardará celosamente y la cobijará con reservas, amnistías y renuncias a la persecución penal, todo con tal de favorecer los intereses de los verdaderos propietarios y mandamases de las FARC.

AL CIERRE: Hay indignación por el trato que le dieron Salud Hernández Mora y Ernesto Yamhure a Carlos Castaño. Comparto plenamente dicha indignación, pero en lo personal, la mía se extiende a gente como Piedad Córdoba, quien ha pedido más marulandas; a Petro, quien admiraba y respetaba a Chávez mientras amenazaba a Colombia con sus juguetes bélicos, y a una periodista de Noticias Uno que trata a los comandantes de las FARC como camaradas, compañeros, etc. ¿Será que la indignación se debe concentrar únicamente en los que no les rinden honores a los criminales "altruistas"?

28 de enero de 2011

Comunicado de los Altos Mandos de la Reserva Activa

AL : Doctor Juan Manuel Santos
Presidente de la República

DE : Ex Comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, Presidentes de las Asociaciones de Militares y de la Policía de la Reserva Activa, en todos los grados y jerarquías.

Ante la imposibilidad de obtener una audiencia con el señor Presidente, distanciado del país por urgentes asuntos de su cargo, y urgidos de exteriorizar ante la opinión pública el pensamiento y la ansiedad justificada de miles de integrantes de la Reserva Activa, de sus familias y de los militares recluidos en prisiones especiales autorizadas por las leyes con base en la Constitución Nacional, sobre la suerte que les espera después de escuchar tales pronunciamientos públicos hechos desde los más altos niveles del Estado, nos permitimos hacerle llegar el texto de la carta que quisimos entregarle personalmente, antes de darla a la publicidad, en la audiencia que resultó irrealizable con la prontitud requerida por una materia escandalosamente difundida por los medios de comunicación y por la resonancia que le dieron precipitadamente funcionarios del gobierno, pero que la disciplina militar del Alto Mando les impide emprender una defensa pública de las instituciones armadas bajo su responsabilidad, merecedora de nuestra comprensión y aplauso, tiene que hallar intérpretes en quienes fuimos comandantes y hoy lideramos entidades y agrupaciones de antiguos servidores de la República en su Reserva Activa.

Respetado Señor Presidente:

Nos dirigimos a nuestro Comandante Constitucional en calidad de ex Comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, Presidentes de las Asociaciones de Militares y de la Policía de la Reserva Activa de la Nación, para exponerle nuestras indignadas preocupaciones ante declaraciones públicas de altos funcionarios de su gobierno por posible desconocimiento de la ley 65 de 1993, que en su artículo 27 establece con precisión lo pertinente al régimen penitenciario y carcelario aplicable a los hechos bochornosos acaecidos en la guarnición de Tolemaida, que somos los primeros en repudiar, en momentos en que políticos movidos por intereses electorales, medios informativos, congresistas en busca de notoriedad y hasta intelectuales, atacan al sistema carcelario castrense con efectos nocivos para las instituciones armadas.

La generalización toma cuerpo una vez más. Acusaciones ofensivas obran en demérito de los estamentos militares y policiales, en forma que lastiman su autoestima, lesionan el honor y hieren los sentimientos patrios de hombres y mujeres, que se desmoralizan al ver cómo desde elevadas posiciones del Estado se cuestiona la dignidad y el decoro de sus veneradas instituciones.

No es ecuánime y en nada contribuye a la salud pública, que se magnifiquen actuaciones punibles aisladas de miembros de las Fuerzas Armadas y se anuncien remedios que resultarían peores que el mal, cuando aún cursan investigaciones aclaratorias y se carece de suficientes elementos de juicio. Nuestros ejércitos de tierra, mar, aire y las fuerzas policiales, cumplen gigantesca tarea que requiere apoyo de todas las entidades gubernamentales y de la, un tanto voluble, opinión pública. Las fallas de algunos no deben enlodarlos. El Comandante del Ejército emprendió con encomiable diligencia las investigaciones y emitió las órdenes que condujeron a la captura del oficial evadido y a la destitución de los responsables inmediatos de las irregularidades ocurridas.

Abolir las prisiones militares equivale a que nuestros hombres de armas compartan cárceles comunes con la profusa ralea de maleantes que las congestionan y se desconozca que los establecimientos carcelarios especiales tienen basamento constitucional y legitimidad consagrada en la Ley. Si se estima impropio que antiguos subalternos custodien en algunos casos a quienes fueron sus jefes, más lo sería que soldados y policías compartieran la promiscuidad de cárceles comunes con asesinos, subversivos, “paramilitares” y terroristas a quienes combatieron a riesgo de sus vidas. Numerosos han sido los casos de vejámenes y maltratos sufridos por militares, encarcelados muchas veces en forma injusta, con ocasional participación o connivencia de guardas del INPEC.

Al alto mando castrense se le ataca con dureza porque militares condenados por delitos atroces no se hallen purgando las penas en cárceles ordinarias. No lo están porque tales sentencias se hallan pendientes de fallos, que por recursos ante instancias superiores, podrían ser modificadas o anuladas. A ningún ciudadano, porte uniforme o no, se le puede negar el debido proceso. Si el fallo final favorece al sindicado, se cometería inicuo atropello sometiéndolo por anticipado a humillaciones lesivas de su honor, buen nombre y situación familiar que nada podrá compensar, mucho menos reparar.

En mérito de lo expuesto, le solicitamos, señor Presidente, en forma tan encarecida como respetuosa, obtener de los miembros de su ilustrado gobierno, que se abstengan de pronunciar declaraciones públicas improvisadas y anunciar medidas no bien estudiadas, que puedan repercutir en forma nociva sobre las instituciones armadas que usted y nosotros valoramos en su exacta dimensión histórica y en los ingentes sacrificios implícitos en la defensa de la democracia y del Estado de Derecho que sin ellas habrían dejado de existir en Colombia.

Soldados y policías de diferentes grados y jerarquías, víctimas muchos de ellos de la “combinación de todos los medios de lucha”, más intensos cuanto más inminente aparezca la victoria militar, esperan y confían en que su Comandante Supremo, miembro eximio de la Reserva Activa de la patria, sea el primero en defender con su prestigio y aceptación nacional a sus Fuerzas Armadas, de la generalización y la injusticia. Si militares y policías delinquen, que se les investigue y juzgue con la severidad del caso, pero con imparcialidad, rectitud y sujeción al debido proceso, sin condenas anticipadas ni admisión de influencias adversas al estamento militar y policial.

Acepte, señor Presidente, las reiteradas seguridades de respeto, espíritu de colaboración y lealtad, de la Reserva Activa que presidimos y representamos.


FIRMAN
CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES DE LA RESERVA ACTIVA FF.MM.
GR. RAFAEL SAMUDIO MOLINA
Presidente
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POR LOS EX COMANDANTES GENERALES DE LAS FUERZAS MILITARES

GR. CAMILO ZÚÑIGA CHAPARRO
GR. HAROLD BEDOYA PIZARRO
GR. JORGE MORA RANGEL

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POR LOS EX COMANDANTES DEL EJÉRCITO NACIONAL

GR. ALVARO VALENCIA TOVAR
GR. GUILLERMO JARAMILLO BERRÍO
GR. HERNÁN GUZMÁN RODRÍGUEZ
GR. MARIO GALÁN RODRÍGUEZ
GR. REINALDO CASTELLANOS TRUJILLO
GR. OSCAR GONZÁLEZ PEÑA

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POR LOS EX COMANDANTES DE LA ARMADA NACIONAL

ALM. MANUEL AVENDAÑO GALVIS
ALM. HERNANDO GARCÍA RAMÍREZ

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POR LOS EX COMANDANTES DE LA FUERZA AÉREA COLOMBIANA

GR. ALFREDO ORTEGA CAICEDO
GR. MANUEL SANDOVAL BELALCÁZAR

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CONFEDERACIÓN DE ORGANIZACIONES DE RETIRADOS DE LA FUERZA PÚBLICA (CONFECORE)

MG. JUAN SALCEDO LORA
Presidente

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ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE OFICIALES RETIRADOS DE LA POLICÍA (ACORPOL)

CO. PEROZA ARTEAGA
Presidente