22 de diciembre de 2009

UnoAmérica crea Comisión Internacional para investigar asesinato de activistas de DDHH en Colombia

La Unión de Organizaciones Democráticas de América, UnoAmérica, anunció  la creación de una Comisión Internacional para investigar el vil asesinato de los defensores de derechos humanos Manuel Moya Lara y Graciano Blandón, a manos del Frente 34 de las FARC, hecho acaecido el pasado 17 de diciembre.

Moya Lara y Blandón, formaron parte del grupo de afrodescendientes que denunció ante la Fiscalía 14 de DDHH (Proceso No 2022) los vínculos existentes entre las FARC y la ONG Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, liderada por el sacerdote marxista Javier Giraldo. Además, denunciaron el desplazamiento forzado y sangriento del que ha sido víctima la población afrodescendiente de la cuenca del río Atrato en 1997 a manos de las FARC.

El 4 de febrero de 2008, Moya Lara y Graciano viajaron a Costa Rica, para denunciar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos la acción de las FARC y de la mencionada ONG Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, por sus acciones criminales en contra de las comunidades afrodescendiente de Curbaradó y Jiguamiandó.

En la misma audiencia, Moya Lara y Graciano solicitaron medidas provisionales para lograr la protección del Estado de Colombia frente a las múltiples amenazas que desde mucho tiempo atrás se cernían sobre sus vidas, la de sus familias, y las de sus representados en Puerto Lleras y Pueblo Nuevo.

Irónicamente, el 17 de diciembre de 2009, justo el mismo día en que fueron torturados y asesinados Moya Lara y Graciano, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una resolución negando las medidas provisionales solicitadas 22 meses antes por los defensores de derechos humanos.

Frente a estos hechos tan deplorables, UnoAmérica declara lo siguiente:

Primero, manifestamos nuestra condena más enérgica por el cruel asesinato y previa tortura de los defensores de derechos humanos Manuel Moya Lara y Graciano Blandón a manos del Frente 34 de las FARC.

Segundo, instamos a la Fiscalía General de la Nación de Colombia a investigar los hechos, así como los posibles vínculos del sacerdote Javier Giraldo con esta masacre.

Tercero, denunciamos la omisión cómplice de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la negligencia del Estado Colombiano al no otorgar las medidas provisionales solicitadas oportunamente por los hoy mártires afrodescendientes, Manuel Moya Lara y Graciano Blandón.

Cuarto, solicitamos otorgar el estatus de Alerta Temprana, con medidas provisionales y de protección efectiva a favor de los representados por Moya Lara y Blandón, entre ellos las 231 familias pertenecientes a los Consejos Menores de Puerto Lleras y de Pueblo Nuevo, y al Consejo Menor de Bocas de Curbaradó, así como a las 450 familias desplazadas representadas por el “Comité de Gestión para el Retorno”.

Quinto, anunciamos la creación de una Comisión Internacional para investigar los hechos arriba mencionados, a fin de determinar las responsabilidades a que haya lugar y ejercer las acciones internacionales correspondientes.

Sexto, instituimos el día 17 de Diciembre de cada año, día de duelo humanitario en memoria de los mártires afrodescendientes defensores de los derechos humanos Manuel Moya Lara y Graciano Blandón.

21 de diciembre de 2009

Bogotá vulnerable por el proselitismo disfrazado de autoridad

Clara López, la Secretaria de “Gobierno” de Bogotá salió presurosa ante los medios de comunicación a lavar la cara de las FARC: ella, toda comunista, toda polista, toda heredera del poder de sus antepasados López Pumarejo y López Michelsen; no podía permitir que se manchara el rostro inmaculado del terrorismo.

Por eso tenía que salir ante los micrófonos a informar que la buseta, localizada en el barrio San Antonio, estaba llena de abono y no de explosivos como lo había informado el DAS. A las palabras de López Obregón se unió el general Fredy Padilla, quien respaldó a la cacica electoral del comunismo recalcitrante, posiblemente desinformado por las mismas unidades policiales que reciben el presupuesto de la oficina de la señora López. O de golpe, la penetración de los socios de la señora López en la Policía es más profunda y sigue liderada por el infame Luis Alberto Gómez Heredia.

Sin embargo, ni López ni Padilla de León se interesaron en explicar los detalles y aclarar algunas dudas que surgían del episodio: ¿Se robaron la buseta y secuestraron al conductor para transportar abono? ¿Si querían solo transportar algo, cualquier material, no les hubiese resultado más útil hurtar un camión? Si la buseta estaba para transportar el abono, ¿para qué le dejaban el aviso de la ruta que cubría el vehículo en el momento del robo?

Una simple observación de los hechos bastaba para darse cuenta de que el asunto no tenía nada que ver con el transporte de abono inofensivo, sino con los preparativos de un atentado terrorista en Bogotá, como quedó demostrado en los informes elaborados por el CTI e Indumil en los que se determinó que la buseta estaba cargada con más de una tonelada de amonal.

Pero Clara López tenía que salir, con toallita en mano, a tratar de limpiar cualquier suciedad que les pudiera caer a las FARC. De paso, y en plena campaña política de la señora López y de su marido, el asunto servía para sembrar dudas contra el DAS y de paso salpicar al gobierno nacional con otro presunto falso positivo.

Pero las horas han servido para aclarar los hechos y dejar a Clara López como una mentirosa y oportunista política que prioriza sus aspiraciones personales y familiares sobre la seguridad y bienestar de los bogotanos.

Cuando la Secretaria de Gobierno de Samuel Moreno salió ante los medios a señalar que la desactivación de un posible atentado –y este era de enormes magnitudes- es un montaje de las autoridades nacionales, estaba enviando mensajes equívocos y peligrosos, pues si todos son falsos atentados, la comunidad baja la guardia frente a las arremetidas terroristas de las FARC.

Un mensaje siniestro como el de Clara López, con el propósito político que esconde, abre un enorme boquete para que las FARC actúen y asesinen con total tranquilidad. No importa si estamos a pocos meses de las elecciones. Tampoco influye que las FARC estén arrinconadas y que se sabe que recurrirán al terrorismo como forma de mantenerse vigentes en la tragedia nacional. Esos son factores que no pesan en los cálculos de Clara López, acostumbrada como está a trepar políticamente sobre una pila de cadáveres, pues sus vínculos, y los de su marido Carlos Romero, con el Partido Comunista son de vieja data, casi tan antiguos como la relación de esa agrupación política con las FARC.

Sin embargo, tampoco se puede eximir de responsabilidad al general Padilla de León, quien irresponsablemente respaldó a Clara López en su pronunciamiento: el ahora general de cuatro soles debería solicitar su retiro de inmediato, pues su credibilidad quedó en entredicho y la ciudadanía que confía en las palabras del Comandante de las Fuerzas Militares, ha sido sometida a un enorme riesgo por cuenta de la desidia del oficial.

Además, el Director de la Policía tendrá que someter a la Metropolitana de Bogotá a un escrutinio serio, no solo para establecer quién o quiénes cohonestaron el accionar de Clara López, sino para ubicar a los determinadores de una acción que puede costar muchas vidas.

Es que con las limosnas que la señora López autoriza para la Policía de Bogotá –el presupuesto del Fondo de Vigilancia y Seguridad se va en burocracia–, el dinero se convierte en una poderosa herramienta de presión política que en manos delincuenciales, genera la monstruosidad de facilitar la vulnerabilidad de la ciudadanía frente a las FARC.

Pero eso fue lo que decidieron los bogotanos…
AL CIERRE: Ojalá Carlos Medellín cumpla con lo que promete: sería un paso más en la búsqueda de justicia, verdad y reparación en el caso del Palacio de Justicia.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

18 de diciembre de 2009

¿Qué hacer con el Movimiento Continental Bolivariano?

La Fiscalía no puede negarse a abrir investigación sobre los miembros colombianos y extranjeros del Movimiento Continental Bolivariano (MCB). La exhortación del presidente de la República Álvaro Uribe para que ese organismo judicialice a esa gente debe ser atendida, y rápidamente, pues el asunto es de importancia estratégica. Mal haría el Fiscal encargado Guillermo Mendoza al buscar pretextos para aplazar o archivar esa investigación. Nombrar una comisión para ver “si hay pruebas”, cuando éstas ya existen, no es un buen síntoma.

Los miembros del MCB saben en qué están embarcados. El MCB no acoge en sus filas a las FARC sino que tiene a ese movimiento terrorista como núcleo central. Desde antes de su fundación, cuando el MCB se llamaba “coordinadora continental bolivariana”, ya las FARC estaban allí orientándolo todo. ¿Quién ha olvidado que un número de delegados a la reunión de la CCB en Quito entró en contacto personal con Raúl Reyes, número dos de las FARC, en su campamento de Angostura, poco antes del ataque en el que Reyes y otros perdieron la vida?

Ulteriormente, el comunista dominicano multicarta Narciso Isa Conde, cabeza visible del MCB, confirmó que las FARC hacen parte de esa organización y que los principios de éstas, como la “combinación de todas las formas de lucha”, hacen parte del arsenal político-ideológico del MCB. Es más, el MCB incluyó en su presidencia “colectiva” a alias Alfonso Cano y, de manera simbólica, para que no haya dudas, al difunto y tristemente célebre Tirofijo. Yul Jabour, del Partido Comunista Venezolano, reiteró que el MBC no excluye ninguna forma de lucha y que en consecuencia acoge a "cualquier movimiento insurgente, incluyendo la guerrilla de las FARC”. El ELN colombiano ha pedido también ingreso. ¿Por qué Guillermo Mendoza hace como si no viera, ni entendiera, nada al respecto?

El MCB no es sólo una “reactivación” del frente internacional de las FARC, dirigido ahora por 'Iván Márquez', con oficina en Caracas, como lo acaba de confirmar el gobierno ecuatoriano, sino que es un embrión de internacional terrorista como la que construyeron los bolcheviques en 1919.

Como es obvio, la senadora “liberal” Piedad Córdoba se pronunció rápidamente contra la investigación pedida por el presidente Uribe. Ella pretende pasarle al Fiscal Guillermo Mendoza, a través de la prensa, una contraorden en el sentido de que hunda o embolate esa iniciativa de alguna manera. Ya veremos qué hace Mendoza.

Los colombianos deben saber bien qué es el MCB. Cierta prensa lo está presentando como un simpático movimiento de izquierda. Como hizo cuando apareció el M-19, en 1974. Sabemos bien en que terminó esa comedia. En realidad, el MCB, organismo opaco y secreto, será dentro de poco la organización internacional más peligrosa del continente. Sus jefes la están construyendo en las barbas de todos los gobiernos latinoamericanos bajo la apariencia de una inofensiva y bien intencionada organización política que lucha “por la paz”, aunque no ocultan que las FARC están allí bien instaladas.

El MCB es un organismo de guerra. Es la aventura más ambiciosa desde el desmantelamiento, en 1978, de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), de triste memoria. Esa internacional terrorista de extrema izquierda, robó, secuestró y asesinó a miles de personas en el continente y amasó un tesoro de guerra con el que financió a casi todos los movimientos armados del continente, que en la época no eran pocos.

La JCR llegó a tener bases clandestinas en cuatro países (Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia), y simpatizantes en dos otros (Colombia y Paraguay) y discretas oficinas en Francia y Portugal. Uno de sus agentes allá era Carlos, el Chacal, hoy encarcelado en Francia.

Fundada en octubre de 1972 en Chile por delegados de tres movimientos terroristas (dos argentinos: el PRT/ERP, de Roberto Santucho, y Montoneros, de Mario Firmenich, y el MIR del chileno Miguel Enríquez), la JCR se propuso realizar la “revolución continental”. Después se sumaron, el ELN de los hermanos Peredo de Bolivia y los Tupamaros de Uruguay.

La JCR fue más lejos incluso que las redes organizadas por los cubanos. Ese proyecto que implantaba y entrenaba guerrillas en varios países, pero en el campo, será aplastado en todas partes, salvo en Colombia. La JCR se propuso llevar la lucha armada a las ciudades y propiciar movimientos “de masas’ urbanos para destruir las democracias. Durante ocho años causó desastres en varios países, pero finalmente fue brutalmente aplastada por las dictaduras militares del Cono Sur. (Ver Les Annés Condor, de John Dinges, La Découverte, Paris, 2004).

Tras el derrumbe de la URSS, la ambición de las FARC era tener de nuevo un aparato de coordinación continental que las respaldara a nivel logístico, político y militar y que desarrollara, al mismo tiempo, actividades ofensivas en otros países y no sólo en Colombia. Ese proyecto no cuajó durante años pues Cuba estaba en la ruina pero ahora, gracias a Chávez, está tomando forma. Con el respaldo material de Venezuela y la orientación ideológica de Cuba, con los petrodólares venezolanos y el tráfico de drogas de las Farc, con agentes en Europa y quizás en Medio Oriente, el MCB estará en condiciones de abrir un nuevo periodo de graves desestabilizaciones en el hemisferio. Los países que están en su mira no son sólo Colombia, Perú, Panamá, México y Honduras. Son todos los demás, incluidos Chile, Argentina y Brasil (donde habrá en los próximos meses cambios de gobierno y no precisamente favorables a la izquierda). Ni Estados Unidos puede considerarse fuera de la lista. Chávez ha anunciado que quiere derribar el sistema político de esa gran potencia. Lo que busca Caracas es utilizar como palanca de sus intereses las alas radicales del Partido Demócrata, y los grupos extraparlamentarios, para paralizar la ayuda de Washington a las democracias atacadas.

El desafío que plantea el MCB es, pues, enorme. Los países que están en la mira no tienen alternativa distinta a la seguida por Estados Unidos y la Unión Europea en su lucha contra Al Qaida: infiltración, vigilancia electrónica constante y desmantelamiento temprano de los núcleos combatientes. Es en ese contexto donde la Fiscalía colombiana y los organismos de seguridad de los otros países latinoamericanos deben ver el llamado del presidente Uribe sobre el MCB.

El MCB tendrá dos aparatos: uno visible, con una jerarquía más o menos identificable, y otro clandestino con personal, equipos y logística oculta. Empero, si el chavismo logra vender la sigla MCB como un grupo “progresista” y de buenas personas, organizado para hacer el bien en todas partes, el aparato visible hará presión en Colombia para atraer al Partido Liberal y lograr un colapso electoral. Es obvio que Piedad Córdoba y su clique, y el Polo Democrático, al no tener ninguno de ellos diferencias de fondo con el MCB, colaborarán en esa empresa. Su propaganda tratará de que todo el mundo olvide que la nueva internacional no ocultó jamás sus ambiciones ni sus métodos, los cuales incluyen la violencia armada.

En la vida de los Estados, éstos pueden escoger, en general, dos vías para preservar sus intereses y su seguridad: mediante relaciones más o menos amistosas con los otros Estados y gobiernos, o mediante la manipulación de movimientos subversivos diseminados en todas partes. Chávez escogió la segunda vía. Una vía fracasada. Con el MCB, Chávez completa su panoplia de organismos de intervención. Ya tenía el Foro de Sao Paulo, el Alba y Unasur, cada uno con un papel diferente. Ahora, con el MCB no le falta ninguna palanca. Chávez busca “bolivarianizar” la vida de las naciones del continente, como Stalin buscaba “bolchevizar” el mundo entero. ¿Cómo será la combinación de todo eso? Esa vía, muy probablemente, aislará la revolución bolivariana y la llevará al colapso, como le ocurrió, con un notable retraso, al mundo soviético. Haber sido parte del campo vencedor en la Segunda Guerra Mundial retrasó 40 años el hundimiento de la URSS. La diferencia es que Chávez podría no tener esa ayudita de la Historia.

Por Eduardo Mackenzie.

17 de diciembre de 2009

UnoAmérica felicita al Congreso de Paraguay

La Unión de Organizaciones Democráticas de América, UnoAmérica, extiende sus más sinceras felicitaciones al Congreso del Paraguay, por impedir el ingreso de Chávez al Mercosur.

Según la agencia de noticias Reuters “el Congreso paraguayo seguirá negando el ingreso de Venezuela al Mercosur mientras el presidente Hugo Chávez siga interviniendo en asuntos de otros países, dijo el miércoles el titular del Senado, Miguel Carrizosa, un día después de que los legisladores brasileños admitieran su inclusión”.

La decisión del parlamento paraguayo no solamente protege a su patria de la injerencia nociva del comandante golpista venezolano; sino que también impide que avancen otros grandes males, como lo son el narcotráfico, el terrorismo, y el fundamentalismo islámico.

UnoAmérica se ofrece a suministrar a los honorables miembros del Congreso del Paraguay datos que vinculan al gobierno venezolano con el avance del narcotráfico, así como la estrecha relación que Chávez mantiene con las FARC y con el fundamentalismo.

Renacer Democrático adhiere a UnoAmérica

La Unión de Organizaciones Democráticas de América, UnoAmérica, tiene el gusto de informar que el MOVIMIENTO RENACER DEMOCRÁTICO, organización no gubernamental (ONG) proveniente de Honduras, ha decidido formar parte de nuestra plataforma internacional.

En la mañana de hoy, hemos recibido la gentil carta de la Coordinadora General de esa ONG, Rina Callejas de Guillén, informando sobre la decisión de la Junta Directiva de formalizar su adhesión.

Según establecen sus documentos, “RENACER DEMOCRÁTICO es una organización de la sociedad civil que ha sido creada para robustecer los valores cívicos, la paz y la democracia en nuestra Nación”. No tiene militancia política y su “única bandera de lucha es Honduras y su Democracia”.

Los integrantes UnoAmérica sienten enorme alegría y satisfacción por incorporar dentro de sus filas a una organización tan valiosa, que ha contribuido a conservar y a fortalecer la democracia en su país, justamente cuando más ha sido amenazada.

16 de diciembre de 2009

La gran prioridad

Uno de los lugares comunes más frecuentes que uno encuentra cuando lee o escucha opiniones sobre Colombia es que lo urgente no deja tiempo para lo importante. Y es verdad: cuando parecía que la amenaza de las mafias retrocedía tras la muerte de Pablo Escobar se destapó el proceso 8.000 y durante ese funesto gobierno las guerrillas comunistas se hicieron tan poderosas que constituyeron un peligro mayor que el capo del Cartel de Medellín, un peligro capaz de ocasionar más sufrimiento. Pero cuando se consiguió hacerlas retroceder, entonces el dictador venezolano se lanzó abiertamente a reforzarlas, con la nada oculta complicidad de la misma clase de gente que prosperaba durante el gobierno de Samper y del mismo Samper.

De modo que siempre está claro qué es lo urgente, ahora mismo contener la embestida chavista, que en cualquier momento puede volverse real con muchas acciones terroristas encadenadas y combinadas con marchas indígenas, huelgas magisteriales, disturbios estudiantiles y sabotajes sindicales de todo tipo. Lo urgente en especial es impedir que los poderes ejecutivo y judicial del próximo periodo caigan en manos de los aliados del sátrapa, que cuentan con los principales medios de prensa, con cientos de miles de activistas violentos y adoctrinados y con muchos miles de millones de dólares del erario venezolano para comprar votos. Por mucho que parezca que la agresión se ha atenuado últimamente, basta con leer con atención lo que sale en la prensa para entender que en cualquier momento la actividad terrorista se intensificará, cuando ya tengan a la población adormecida y a los exaltados soliviantados gracias a la propaganda.

El inefable mártir heredero Héctor Abad Faciolince da un ejemplo impresionante de esa propaganda: hace unas semanas no tenía problemas para condenar la "retórica belicista" del gobierno colombiano (la bajeza del colombiano medio le impide reconocer que ni siquiera en las FARC hay gente tan descarada para mentir: siempre que haya un escritor de clase alta y con apellidos extranjeros y ropa cara todo el mundo está de su parte). Ahora sale con que la amenaza de Chávez y las FARC es mentira porque la gente no quiere a las FARC, como si en las zonas que dominaron a punta de masacres sí las quisieran:
En Colombia y Venezuela estamos en manos de un par de presidentes paranoicos, asustados, que creen que el vecino es el lobo feroz que viene a comérselos, a atentar contra ellos y contra los respectivos sagrados territorios de sus patrias. Pura paja, pura locura, pura paranoia: ni Chávez puede ni quiere invadir a Colombia, ni su apoyo tácito o explícito a la guerrilla es una amenaza seria para nuestra seguridad (pues los colombianos en un 98% detestamos a una guerrilla de las Farc arrinconada)...
Y la verdad es que esa clase de propaganda es una prueba de que sí hay una amenaza seria cuyo núcleo son las elecciones de 2010. Sin el interés de la agresión más o menos inminente no habría necesidad de caer en algo tan obsceno como equiparar la actitud de los gobiernos de Colombia y Venezuela.

Pero eso es lo urgente. Lo importante es lo que subyace a la agresión y a la complicidad de la prensa y la "academia" con el sátrapa. Lo importante en Colombia es la ideología, pues mientras la percepción de la gente siga dominada por los prejuicios y certezas de los que crearon a las FARC y alimentaron las bases del chavismo, el destino del país seguirá siendo inseguro y tanto la miseria como la violencia persistirán.

Sería muy interesante analizar lo que hizo de Colombia el principal centro mundial de producción y tráfico de drogas ilícitas. La doctrina "oficial" (es decir, la de la prensa y la "academia") explica el problema por la prohibición del tráfico, como si no hubiera más países capaces de producir drogas o más pobres y atrasados. Muchos estudiosos y analistas han señalado el prolongado aislamiento del país como el origen de rasgos culturales que hacen propensos a muchos colombianos al delito. Ese aislamiento determina una enorme dificultad para entender lo que ocurre fuera y de ahí una marcada tendencia a creer cualquier cosa que resulte conveniente o grata. El saqueador del siglo XVI se acostumbró a su posición de mando y a la crueldad que necesitaba para conservarla, y no tuvo problemas en atribuirse una misión evangelizadora. Su descendiente se dedicó al comercio basado en la violencia y el engaño, dejando lo más desagradable a los descendientes de los esclavos de entonces, y pronto encontró un pretexto increíble para justificarse: no había ningún problema en lo que él hacía, pues los culpables eran los demás por prohibir lo que de todos modos no se permite en ningún país.

Hay que decirlo claramente de una vez: la producción y el tráfico de cocaína han sido durante las últimas décadas rubros importantes de la economía colombiana, gracias a los cuales decenas de miles de personas se han enriquecido: los propietarios de terrenos urbanos y rurales, los abogados que representan a las bandas de traficantes, muchos jueces, policías, políticos, funcionarios y demás víctimas de la corrupción, los intermediarios del consumo suntuario, los proveedores de bienes costosos para los mafiosos, los tratantes de blancas, etc. ¡Pero según la doctrina oficial todas esas personas son víctimas de los prohibicionistas! Cuando aludo a los "corruptos" como "víctimas de la corrupción" uso el mismo "argumento" con el que la prensa colombiana presenta a Colombia como la víctima del tráfico de drogas gracias a que las personas que se lucran de ese negocio cuentan, muy colombianamente, a sus víctimas, a las personas a las que mandan matar, como víctimas de un enemigo borroso, remoto y muy conveniente.

¿Qué quiere decir esa manía ridícula y persistente de pretender remediar el problema de las mafias del tráfico de cocaína esperando a que se despenalice dicho negocio? Lo que en realidad quieren decir es: "No es nuestro problema sino el de ellos, no tenemos que matarnos entre nosotros para complacer la manía de ellos de prohibir". Y el interés de proteger el negocio es más o menos evidente. Si en Colombia la gente visitara las hemerotecas se podrían encontrar decenas de artículos de Daniel Samper Pizano en los que esa voluntad de defender los intereses de las mafias es casi expresa. Por una parte, la "transferencia de la culpa" (como si un carterista razonara que las pérdidas económicas de las señoras fueran el problema de ellas, que podrían guardar el dinero en el bolsillo), por la otra, la mentira desvergonzada: si el crimen se remedia despenalizándolo pronto habrá que pedir que se despenalice la prostitución infantil y el tráfico de órganos, negocios a los que ya se dedican las mafias colombianas y que sin duda encontrarán quienes los justifiquen culpando a los consumidores.

No se avanza en ninguna dirección sin entender que el tráfico de drogas es complementario de esa justificación habitual. Que la "racionalización" es una forma de intentar salvar el negocio, por mucho que fuera imposible encontrar nexos entre los exportadores de cocaína y los teóricos de la "victimización": no es muy difícil entender que pueden lucrarse indirectamente de esos negocios.
Invito al lector a buscar en la última columna de Enrique Santos Calderón la menor condena al negocio del tráfico de drogas o de las mafias que se dedican a él: para el principal defensor del Caguán no hay un problema en las mafias sino en el hecho de perseguirlas. Todo su escrito es como una ilustración del sentimiento del carterista de mi ejemplo de arriba. Debido al error ajeno el carterista vive de eso y no tiene un trabajo formal. El carterista es la víctima de las señoras que usan bolso.

Una oscura disposición del Congreso estadounidense ¡abre la ventana! a la esperanza. Un patético y arquetípico "académico" que escribe en El Espectador, Francisco Gutiérrez Sanín, se entusiasma con la posibilidad de que cese ya la guerra contra las drogas y el país vuelva por el buen sendero.
Aunque de naturaleza global, la guerra contra las drogas fue una construcción política, y la única manera de cambiarla y domesticarla es por la vía de la política. E, insisto, hacerlo es, por mucho, nuestro primer problema de seguridad. Es un asunto que toca directamente con el futuro de nuestro Estado. Se trata de La gran prioridad.
Y no hay posibilidad de equívoco: ningún colombiano ha tenido jamás ninguna responsabilidad pues todo es el "error político" de prohibir las drogas (y dentro de poco de prohibir la producción de donantes de órganos o de asistentes sexuales menores de edad). Y ciertamente las capturas, las extradiciones, las fumigaciones, las intercepciones son simplemente errores, pues forman parte del Gran Error.

Claro que las mentiras no faltan en ambos escritos, por ejemplo cuando se alude a la creación de una comisión por la Cámara baja estadounidense y se compara con la resolución autoritaria del Senado colombiano, se pasa por alto que el riesgo de ir a la cárcel por parte de los consumidores en la mayor parte de EE UU sigue siendo muchísimo más alto que en Colombia. Sencillamente, si la gente se ilusiona con el fin de los problemas del país gracias a la nueva comisión, no hay forma en que ellos no salgan ganando. Por ejemplo, si la comisión cuestiona la penalización del consumo, siempre se podrá continuar con el negocio, justificado en que no se ha acabado la prohibición, pero si no cambia nada, producir y vender cocaína será de lo más legítimo, una forma de resistencia a ese imperio retrógrado.

Ésa es la gran prioridad para quienes quieren ver a su país florecer a pesar de los criminales y sus valedores: acabar con las organizaciones mafiosas y al mismo tiempo favorecer la expansión del tejido empresarial que trabaja dentro de la legalidad, de modo que el desmonte del tráfico de cocaína, que a fin de cuentas se va desplazando a Venezuela y Bolivia, no se traduzca en dificultades económicas. Y persistir por ese camino es al mismo tiempo rechazar la propaganda que pretende condenar la aplicación de la ley con el pretexto de que los motivos de la ley no son justos y por eso el crimen es producto de la ley.

15 de diciembre de 2009

Ciudadanos indefensos

Uno de los conflictos cotidianos a los que referirse luego de tres columnas consecutivas dedicadas al tema de la justicia al alcance de los ciudadanos, es el que tiene que ver con los servicios domiciliarios que prestan carpinteros, albañiles, plomeros, pintores, electricistas, y todo ese grupo de técnicos, artistas y artesanos independientes, indispensables en el día a día de los hogares.

La fama la cargan los carpinteros, pero la realidad es que el incumplimiento, la mala fe y la mediocridad, están presente en casi todas las actividades humanas de esta ciudad del caribe.

Es como si el cartagenero estuviera destinado sólo para la pesca, el deporte y la “bacanería”, y quienes se vienen de otras partes a atender la demanda insatisfecha de buenos trabajadores, se contagiaran a los pocos años de estar en la ciudad. Es un virus. No sólo pasa con los técnicos y artesanos, eso transciende por toda la jerarquía de oficios, hasta llegar a algunos profesionales universitarios.

Y la peor parte la llevan los constructores. Los empleados de la construcción trabajan de 8 de la mañana a 4 de la tarde, con el merecido descanso y la pereza del medio día. Los sábados son días de pago, y los lunes de guayabo. Es imposible hacerlos trabajar por objetivos, sus motivadores son otros; y son los responsables de los costosísimos materiales que deben aplicar e instalar en el proceso de construcción. Si lo hacen mal, se puede repetir el trabajo, pero se pierde el material y el tiempo, que es dinero. Aun así, los constructores logran el milagro de terminar sus obras (mis respetos a ellos), y el aún mayor: que sus clientes queden más o menos satisfechos.

Pero el ciudadano común que aprovecha las primas y las ofertas de fin de año para hacer sus mejoras en la casa, no cuenta con tanta suerte. Se encuentra con trabajadores que “saben de todo” pero en realidad no están certificados en nada. Piden anticipo sobre la mano de obra que muchas veces reduce el interés por terminar, porque trabajan para el consumo del día, no disponen de capital de trabajo, o si lo tienen no lo van a arriesgar. Hay que salir a buscar el material con ellos, pues si delega esta actividad, lo más probable es que lo tumben.

Y si en construcción es imposible hacerlos trabajar por objetivos, en los trabajos menores a domicilio es distinto: el objetivo es terminar ya, a como de lugar, sin importar la calidad, para salir a buscar otra chamba hasta conseguir el ingreso del día e irse a perecear.

Un primer análisis de la situación lo lleva a uno a concluir, que al no disponer de ingresos fijos, este tipo de trabajadores lo hacen para el consumo del día, y día que no trabajan no comen. Pero si a alguien se le ocurriera crear una empresa para prestar estos servicios garantizándoles un salario fijo (quien se arriesga), uno variable, o una comisión por trabajo realizado, se encontrará con que, quien tiene el contacto con el cliente (el trabajador a domicilio) es quien en últimas hace la contratación. Y el empresario aprende rápido, que estos son oficios independientes en los cuales es imposible intermediar.

De manera que el ciudadano que contrata queda indefenso y resignado a la buena de Dios. Cuando se encuentra uno bueno, hay que conservarlo porque son escasos en el lugar.

Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

14 de diciembre de 2009

Proteccionismo para los mediocres

De domingo a domingo, en cada emisión de noticias, los canales privados presentan algún informe relacionado con la adjudicación del tercer canal de televisión.

Los abogados de Caracol y RCN ya no parecen invitados, sino una parte del equipo de presentadores de los noticieros. Ambos canales han manifestado su inconformidad por la forma como se adjudicará el tercer canal, incluyendo la diferencia entre lo que pagaron ellos y lo que tendrá que pagar el nuevo canal de televisión.

Dicen los juristas que representan a los canales de Santodomingo y de Ardila Lülle, que una tarifa menor es un golpe contra la televisión pública… ¿Cuál televisión pública? ¿Las interminables televentas del Canal 1? ¿Acaso se refieren a algunos de los buenos programas que presentan en Señal Colombia, que se pierden en el anonimato porque La Señal no tiene ni siquiera una parrilla de programación para saber cuándo van a presentar determinado programa? ¡Por favor! La televisión pública hizo crisis hace años, en buena medida por la falta de acuerdo entre los representantes del Canal Uno y del Canal A, que nunca fueron capaces de responder al desafío de los canales privados… y tenían con qué.

Pero hay otras cosas que preocupan a RCN y Caracol: la torta publicitaria es una de ellas. Resulta curioso, por decir lo menos, que por el tema del tercer canal, RCN haya interpuesto una denuncia contra la Comisión Nacional de Televisión, mientras que aplaudieron la decisión de la entidad de regular la publicidad de productos colombianos en canales internacionales.

¿Será que los directivos de los canales privados ignoran que semejante medida, además de ser un saludo a la bandera, se convierte en una intromisión inaceptable del Estado en los asuntos particulares de las empresas? Eso de obligar a las empresas colombianas a pautar solo en los canales nacionales, y de restringir la oferta comercial de los canales internacionales, evidencia la pobreza de la televisión colombiana, que no es capaz de diseñar una programación interesante para la teleaudiencia y tienen que recurrir al Estado para que resguarde sus emporios.

Los patrocinadores no han decidido pautar en los canales internacionales porque sí. Lo están haciendo porque la programación de esos canales resulta atractiva para el público colombiano, que ha desertado masivamente de la programación “estelar” de Caracol y RCN... donde esté el televidente, allí estará la pauta comercial.

Es que las cifras demuestran que los televidentes que pierde RCN no los gana Caracol y viceversa: esos televidentes llegan a Fox, a Universal o a cualquiera de los canales internacionales. La oferta de buenos productos, la variedad que se encuentra y el respeto por el público, resultan cautivadores para los televidentes colombianos.

Mientras Caracol y RCN pelean por la llegada de un nuevo canal, e invierten millones en el combate, sus parrillas de programación son mucho más mediocres que las que se veían hace muchos años a través de la “perubólica”.

Adicionalmente, ambos canales, acostumbrados al monopolio y al irrespeto por sus usuarios, abandonaron por completo la idea de los horarios y han pretendido obligar a los televidentes a estar pegados a la pantalla si quieren ver el siguiente capítulo de la telenovela o serie que están siguiendo. Cuando anuncian un programa, la indicación es que se presenta después de tal o cual novela o noticiero, lo que hace imposible siquiera calcular la hora aproximada de emisión.

Total: los televidentes colombianos que se arriesgan a ver alguna de las “superproducciones” nacionales, tienen que someterse al capricho de los canales privados, que mueven los horarios y amarran los programas de tal forma que el usuario se ve obligado a soportar una, dos o tres novelas antes de ver su programa favorito.

Como esa sumisión ocurre cada vez con menos frecuencia, el televidente deserta de su telenovela favorita y sencillamente cambia de canal para encontrarse con una serie que le llama la atención y es emitida el día y la hora señalada. Esos canales tienen por norma el cumplimiento total de los horarios.

¿En qué canal se quedará el público colombiano? ¿En los nacionales, plagados de novelas mediocres con minifaldas, senos protuberantes y primeros planos, o en los internacionales que ofrecen series y temáticas que atrapan a la teleaudiencia?

Si los canales privados respetaran los horarios y se dedicaran menos a buscar la protección estatal y más a trabajar los contenidos, la variedad y la calidad de sus parrillas de programación, seguramente podrían recuperar algo de la teleaudiencia perdida. Pero mientras tengan la mediocridad como bandera, RCN y Caracol seguirán con sus ratings en declive y la pauta los abandonará, así como los consumidores, pues no se ve un esfuerzo respetuoso por cautivar a la teleaudiencia.

Por Jaime Restrepo, Director de Atrabilioso.

11 de diciembre de 2009

Clara Rojas candidata liberal

Ex rehén de las Farc durante seis años y liberada el 9 de enero de 2008, Clara Rojas anunció la semana pasada que presentará, con el apoyo del Partido Liberal, su candidatura al Senado en las elecciones legislativas de marzo de 2010. Ella explicó que había tomado esa decisión tras la invitación que le hiciera en ese sentido el ex presidente César Gaviria.

Clara Rojas hizo saber que no centrará su campaña en el tema de los secuestrados sino que su prioridad será la lucha por la “renovación de los partidos”. En eso ella se diferencia de otro ex rehén, Luis Eladio Pérez, quien parece dispuesto a hacer del tema del secuestro su plataforma electoral. Sin embargo, Clara Rojas lo ha dicho varias veces: ella quiere lograr algún día que las personas que están secuestradas obtengan su liberación. Además, como escribió en su libro Cautiva, ella desea vivir en un país donde reinen “la reconciliación, el perdón, la tolerancia, el crecimiento y la paz” (p. 10).

Todo eso está muy bien. Es indispensable que los ex rehenes profundicen su compromiso político con el país, participen en las elecciones y alcancen incluso posiciones en el Congreso. El testimonio que ellos pueden ofrecer acerca de lo que son las Farc, de lo que sufrieron en manos de esa organización criminal, es muy importante para el país y para el mundo.

Sin embargo, llama la atención la distancia considerable que puede haber entre los objetivos loables que Clara Rojas anuncia, y los medios que ella tiene, o piensa disponer, para alcanzarlos.

Aunque no es partidaria de la reelección, Clara Rojas dice que admira al presidente Álvaro Uribe. Al fin y al cabo, es gracias a decisiones tomadas por él que ella pudo ser liberada[i]. Además, gracias a Uribe, Emmanuel no fue secuestrado una segunda vez, como trataban de hacerlo las Farc, cuando fueron a buscarlo al Bienestar Familiar de Bogotá el 28 de diciembre de 2007. Empero, ella aceptará trabajar para un partido regido por Piedad Córdoba, quien dijo en España, en junio de 2009, que el presidente Uribe era un nazi que prohíbe violentamente toda forma de “disidencia”, que ha mandado construir “hornos crematorios” y hecho asesinar jóvenes para que los militares “cobren la recompensa”.

¿Cómo puede Clara Rojas respetar un partido que no supo sancionar semejante escalada de calumnias en el exterior contra un presidente elegido democráticamente dos veces por el pueblo colombiano?

El Partido Liberal es un campo en ruinas. Buena parte de sus miembros pasaron a otras filas. Sus dirigentes históricos ya no existen y sus mejores cuadros no tienen allí ni voz ni voto.

El Partido Liberal es hoy, ante todo, el partido de Piedad Córdoba, el partido que tolera todos sus desmanes. Es la formación que impidió que ella fuera sancionada tras su actuación inadmisible en México, el 11 de marzo de 2007, cuando tildó al presidente Uribe de “mafioso, paramilitar y asesino” y pidió a los gobiernos de América latina que rompieran las relaciones diplomáticas con Colombia.

El Partido Liberal ha tenido que tragarse muchas culebras por culpa de esa senadora. El último episodio grotesco que ella protagonizó, sin que el Partido Liberal reaccionara, tiene que ver con alias “Danilo”, un miliciano de las Farc prófugo de la justicia, condenado a varios años de cárcel y que Piedad Córdoba, por razones ideológicas, protege.

Víctima de las Farc, Clara Rojas ingresará a un partido que cohabita con un personaje que es visto por muchos, con razón, como un agente de influencia del gobierno chavista que otorgó a las Farc el estatuto de “fuerza beligerante”.

Las ideas liberales no son bienvenidas en el PL. Son otras las que dominan esa organización. Lo que prevalece allí, no son los valores de Enrique Olaya Herrera, ni los de Carlos Lleras Restrepo, sino la doctrina, bien opuesta, de Piedad Córdoba quien pretende que la democracia representativa colombiana es una “dictadura de clase” que hay que destruir por todos los medios, y que estima que el “socialismo del siglo XXI” de Hugo Chávez es superior a los valores que los colombianos siempre defendieron.

¿Cómo puede pensar Clara Rojas que podrá trabajar por la paz y la prosperidad en Colombia dentro de un partido que no ha hecho ni propuesto nada contra las amenazas de guerra y los actos violentos que está cometiendo la dictadura chavista contra los colombianos en Venezuela? ¿Cómo piensa ella movilizar por la paz a un partido que cuenta entre sus líderes gente que depende de los círculos de poder de Caracas?

En noviembre de 2008, Clara Rojas pidió al presidente Uribe que hiciera de Luis Eduardo Garzón el nuevo Alto Comisionado para la Paz o, en su defecto, a Angelino Garzón. Muchos pensaron que ella se había comprometido con el Polo Democrático. Ella estimaba que uno de esos actores podría entablar un “diálogo” con las Farc y obtener la liberación de los secuestrados. Su ingreso al Partido Liberal muestra que, en realidad, entre el PL, que no sabe para dónde va, y el PD, que lo sabe muy bien, hay similitudes que serán explotadas muy pronto en beneficio del PD.

El Partido Liberal, o lo que queda de él, no tardará en sofocar las iniciativas de Clara. Ella verá que sus buenas ideas chocan con los personajes y las políticas dominantes de esa extraña formación a la deriva.
--------------------------------------------------------------------------------


[i] Clara Rojas fue liberada el 9 de enero de 2008, gracias a que el presidente Álvaro Uribe autorizó al mandatario venezolano Hugo Chávez para que mediara ante las Farc para que entregaran dos rehenes, Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo. Las operaciones militares colombianas cesaron en la zona para permitir la liberación. Esta, donde participó Piedad Córdoba, estuvo a punto de fracasar cuando las Farc se dieron cuenta, días atrás, de que habían perdido el control de Emmanuel, el niño de Clara.


Por Eduardo Mackenzie.

10 de diciembre de 2009

UnoAmérica denuncia masivo fraude electoral en Bolivia

La Unión de Organizaciones Democráticas de América, Unoamérica, denunció hoy que en Bolivia se llevó a cabo un masivo fraude electoral, cuyo propósito es legitimar en ese país un modelo totalitario, diseñado en Cuba y financiado desde Venezuela.

Ya el 6 de noviembre, UnoAmérica había señalado las inconsistencias en el padrón electoral y la feroz persecución a la oposición, lo cual invalidaba de antemano los comicios. Sin embargo, antes y durante la jornada electoral del domingo pasado, nuestros temores fueron reconfirmados, encontrando las siguientes irregularidades:

1. Una intensa persecución judicial contra el principal candidato opositor, Manfred Reyes Villa, inducida desde el gobierno.

2. Impedimento de hacer campaña al principal candidato a vicepresidente, Leopoldo Fernández, quien se encuentra encarcelado desde hace más de un año, sin juicio y sin condena.

3. Violación sistemática del marco normativo electoral por parte de la administración de Evo Morales.

4. Violencia política ejercida por los grupos de choque del partido oficialista.

5. Violaciones al voto secreto bajo la figura de “voto comunitario”.

6. Financiamiento poco transparente de la campaña oficialista.

7. Sospechoso crecimiento del padrón electoral, que en varias localidades sobrepasó el 300% de inscritos.

8. Participación en la elaboración del nuevo padrón de una empresa venezolana acusada de colaborar en el fraude de Hugo Chávez.

9. Denuncias de notarios electorales sobre 175 máquinas de registro biométrico cargadas con 3.000 inscritos adicionales cada una por técnicos de la Corte Nacional Electoral (CNE).

10. Presiones del gobierno a la CNE, como amenazas de juicio y de investigación por parte de la Contraloría, con el fin de manipular a ese organismo.
11. Habilitación irregular de alrededor de 100.000 inscritos observados, a raíz de las presiones del gobierno sobre la CNE.

12. La CNE no entregó el padrón con huellas digitales y fotografías a los partidos políticos.

13. En varias mesas de votación se constató la existencia de papeletas sin fotografías de los candidatos opositores.

14. En varios puntos del país, el partido de gobierno trasladó votantes en camiones y otros vehículos el día del sufragio, contraviniendo las disposiciones legales.

Estas irregularidades y delitos electorales ponen en duda no sólo la validez de los resultados, sino el supuesto 63 por ciento de respaldo popular a Evo Morales; cifra que está siendo manipulada por el oficialismo para justificar cambios drásticos y permanentes en el sistema político boliviano.

UnoAmérica hace un llamado a las misiones de observadores electorales aún presentes en Bolivia a cumplir su labor con responsabilidad y a no hacerse cómplices del fraude, recogiendo en sus respectivos informes las denuncias sobre las evidentes irregularidades existentes en los comicios. Además, hace un llamado a los factores democráticos de América Latina a rechazar el modelo totalitario que pretende implantar Evo Morales en Bolivia, con el apoyo de sus aliados del Foro de Sao Paulo.

9 de diciembre de 2009

Los motivos del lobo

Desde hace un tiempo circula por internet un mensaje de correo electrónico que supuestamente envió por error el arzobispo de Caracas a los destinatarios equivocados y que ha sido copiado en cuanto lugar de propaganda del chavismo hay. La autenticidad de dicho mensaje resulta menos importante que el análisis del contraste que establecen los izquierdistas con él y, más a fondo, del sincretismo de diversos vicios tropicales que representa el chavismo. El escándalo que les produce el sentido de ese mensaje hace recordar los discursos de los años sesenta, los discursos que dieron lugar a las guerrillas. Comentaré por partes el texto, quien quiera leerlo entero sólo tiene que hacer clic en el enlace de arriba.
La Iglesia Católica debe oponerse a todo intento de homogeneizar la educación básica, porque esto sólo nos llevará al caos y a las guerras entre hermanos.
Es el tema grato por antonomasia para los comunistas, el de la desigualdad económica y la exclusión, que pretenden remediar tomando el poder y construyendo la sociedad sin clases. La frase del mensaje parece concebida para retratarlos, porque el medio por el que pretenden hacerse con el poder es la guerra civil. Es decir, la exclusión le parece al arzobispo necesaria para evitar el caos y la guerra, mientras que a los revolucionarios les parece necesaria la guerra para remediar la exclusión.
Los niños de los estratos más pobres querrán acceder a las mismas posiciones que sus compañeros más afortunados, creándose la inconformidad y alimentándose la envidia.

Friedrich Nietzsche decía que la igualdad nos parecía una aspiración irrenunciable porque queríamos igualarnos al de arriba, y que en cuanto lo conseguíamos querríamos ponernos por encima de nuestros iguales. A los intelectuales colombianos los desvela la dificultad que tiene una persona humilde para llegar a las altas jerarquías, lo cual es sumamente extraño porque si tal cosa ocurriera las personas humildes "igualadas" amenazarían los ingresos y hasta el prestigio de esos intelectuales. El caso de Nicolás Castro explica el sentido de esa angustia: las personas humildes no son los niños hambrientos ni los desplazados, que, lo saben, no podrán competir con ellos por las rentas públicas dedicadas al arte, sino que son ellos mismos, agraviados por los privilegios de las familias presidenciales.

De no ser así, ¿qué importancia tiene que alguno de los niños humildes llegue a ser magistrado o senador? ¿Es eso más importante que el que todos tengan posibilidad de alimentarse o que se alargue la esperanza de vida para todos? Bueno, la justicia de los revolucionarios es una desiderata a la que no cuesta nada añadirle adornos, cosa que sólo es muestra del atraso de Hispanoamérica. En el mundo de su ensueño no falta nada mientras que en la realidad de su ensueño materializado la gente se gana diez dólares al mes y sufre palizas y humillaciones si se muestra levemente insumisa. No les importa, pues el núcleo de ese ensueño es su propio poder y protagonismo, que visiblemente no alcanzarán allí donde haya que trabajar.

¿Qué pasaría si excepcionalmente un niño humilde llega a ministro pero la desigualdad entre ricos y pobres, o la pobreza, no se reduce? Es muy interesante de nuevo el contraste entre las inquietudes del arzobispo y los anhelos de los revolucionarios: la inconformidad y la envidia le parecen al primero desgracias que hay que evitar, mientras que para los segundos son los bienes más preciados, pues gracias a esas pasiones conseguirán soldados que los conviertan en oradores luminosos, embajadores y ministros vitalicios y en cualquier caso hacedores de la historia. El molde reaccionario de las ideas del arzobispo no es en absoluto más cruel ni más inmoral que la ambición de unos aventureros cuyo tesoro es el resentimiento que les permitiría provocar la guerra civil y hacerse con el poder.

Los de los estratos superiores perderán motivación para estudiar y alcanzar el éxito.

A primera vista esto resulta extraño. ¿Por qué iban a perder motivación? Pero puede ser cierto: en buena medida las clases altas las forman las personas más refinadas y aun aptas de una sociedad, y la educación suele ser sobre todo la transmisión del refinamiento, de las destrezas y hasta de los conocimientos que previamente alcanzaron los privilegiados sociales. En un contexto en el que sólo se trata de "ser como los demás", los vástagos de esas clases perderían toda motivación. Pero sigue siendo curioso que un arzobispo piense en el éxito. ¿No es éste un valor consumista extraño a los valores cristianos?

Con una educación talla única, lo que crearemos es una nación de envidiosos y conformistas.

A mí este pensamiento me resulta extraño. ¿No está la envidia antes? Por lo demás, la revolución socialista no es, como tanta gente cree, una opción de los pobres y discriminados sino de los ricos y discriminadores. El que lo dude puede averiguar quién hizo la Revolución cubana y de dónde proceden todos los jerarcas del régimen. También en Venezuela los ricachones del régimen bolivariano son en su mayoría personas de extracción social alta que encontraron en el bolivarismo lo que sus primos habían encontrado en la política anterior.

Los niños que, por su origen socioeconómico, tienen desventajas, deben ser educados en el respeto hacia la autoridad, en la diligencia, en la modestia y, sobre todo en el mensaje cristiano del amor.

La rutina ideológica hispánica condiciona los puños apretados y el semblante épico del universitario tropical cuando lee eso. Y yo me pregunto ¿qué pasaría si las ideas del arzobispo tuvieran éxito? Nada peor que el chavismo, pues la insumisión no ha servido para despertar los talentos dormidos de los pobres sino para henchir la nómina de la delincuencia. El hecho de que Colombia fuera el país del tráfico de cocaína y de muchos otros negocios criminales es el resultado directo de la promoción del resentimiento que floreció con Gaitán y siempre tuvo enormes apoyos entre las clases medias urbanas. El ensueño jerárquico del arzobispo y de los reaccionarios de ese estilo cedería ante la presión de la globalización y el mercado, mientras que la rebelión justiciera sólo conduce a jerarquías más brutales y opresivas, como las que sufren los cubanos o venezolanos. ¿Por qué habría de pensar alguien que es mejor una nación de "malandros" que atracan ancianos y matan a sus vecinos que una de cristianos modestos y dóciles? Para los doctores colombianos la respuesta es obvia: los primeros pueden abrir el camino hacia el poder. Los segundos podrían asegurar el ascenso de las clases productivas.

Los hijos de familias pudientes, llamados a ir a las universidades y, más tarde, tomar las riendas de empresas, negocios, ejercer las profesiones libres y ocupar los cargos más altos de la administración pública, deben ser educados para alcanzar estos fines y asumir su responsabilidad social de la forma más responsable y cristiana.

Los hijos de las familias pudientes llamados al mando se convirtieron en los más crapulosos juerguistas y en los más pretenciosos barbilindos, pero no por eso renunciaron a sus privilegios. ¿Por qué habrían de ser mejores que los que describe en su ensueño el arzobispo? Porque son de izquierda, son justos, pacifistas (tanto que quieren el intercambio humanitario para poder ser más pacifistas después, cuando haya más gente retenida para intercambiar), ecologistas, críticos, inconformes, rebeldes, intelectuales (leen a William Ospina), sensibles (algunos ya hasta conocen a Serrat), etc. Ah, y son científicos, se dicen unos a otros que Dios no existe y compadecen a los que no llegan a tan madura y sesuda conclusión. Lo que los diferencia de los que vislumbra el arzobispo es que no son responsables ni servirían para dirigir empresas ni ejercer con acierto ninguna profesión. La adhesión a la ideología revolucionaria reemplaza cualquiera de esas virtudes burguesas.

Nadie debe pensar que en las sociedades totalitarias todo el mundo va a las mismas escuelas, por el contrario, la exclusión siempre es mayor. Pero ¿qué se ganaría si todo el mundo fuera a las mismas escuelas? Lo urgente sería más bien mejorar la calidad de todas las escuelas de modo que todos aprendieran más. Pero ¿qué es "aprender"? En las escuelas colombianas "aprender" significa "hacerse consciente" o "pensante", es decir, razonar como un miembro de las milicias chavistas. Y es una verdadera tragedia que ese condicionamiento para el crimen no sólo se considere "educación", sino también una forma de remediar injusticias y atrasos. Lo que objetivamente han conseguido los revolucionarios en Colombia es multiplicar las desigualdades (gracias a los privilegios inverosímiles de los profesionales de la protesta) y destruir todo rastro de juridicidad (gracias a las tutelas, que sencillamente convierten a los jueces en dueños del erario). Lo único en que se diferencia el mundo que han creado a punta de asesinatos del orden en que sueña el arzobispo es que no hay nada cristiano ni responsable ni modesto ni diligente. Como ya expliqué en otra ocasión, el fruto de la educación colombiana es Pablo Escobar, ese precursor de Chávez.