La han tomado nuevamente contra Colombia como si fuera información fabricada con el ánimo de hacerles daño. Se requerirían muchos años de manipulación para crear tal cantidad de archivos, y una organización y un plan que trascendiera varios gobiernos -difícil de mantener en secreto- esperando el momento para sacarlo a relucir. Es simplemente información, (verdadera o falsa, sólo su concatenación con otros hechos lo dirá) que se encontró en manos de quien era el segundo al mando: el secretario ejecutivo de la Farc.
Pero para estos dos presidentes era más práctico cuestionar primero el propio operativo y luego la autenticidad de los computadores, que la veracidad de su contenido: que lo escribiera Reyes no es prueba de nada, pudieron haber dicho; de hecho no se conocía que contenían, aunque amenazaba ser confirmación de lo que hasta entonces eran sólo rumores. No previeron que la autenticidad de los computadores podría ser probada científicamente, y se han vuelto lanza en ristre, contra quien lo certificó, Interpol, y contra quien no tuvo más responsabilidad que la de encontrar en medio de la guerra toda esa información.
¿Qué habría que hacer con tanta información, botarla o mantenerla en secreto? Debió ser una decisión difícil. ¿Qué hubieran hecho esos gobiernos, o cada uno de nosotros, en una situación similar? Borrarla habría sido complicidad con la guerrilla y sus alcahuetas, o el extremo de la torpeza; y guardarla no habría servido ni para montar un repugnante chantaje (que no es del talante de este gobierno) porque al no mostrarla inmediatamente, podría –ahí si- perder autenticidad.
Lo transparente, ético, lo más indicado, era buscar una autoridad superior y neutral que certificara el origen de la información antes de hacerla pública. Lo mismo que se hizo con el ADN del hijo de Clara Rojas antes de declarar el parentesco. No obstante también en ese caso Chávez cuestionó el procedimiento; y si mal no recuerdo pretendía que fuera Venezuela (sin duda alguna, parte comprometida en el conflicto interno colombiano) quien diera ese aval.
¿Hubiera sido más efectivo mantener la información secreta y utilizarla para y hasta obtener más pruebas? Quizás peor, porque en este momento la información acusa pero no condena, es simplemente preventiva –así se escamen los implicados- y correctiva, pero cogidos in fraganti, podría ser sancionatoria.
Ahora cabria preguntar, ¿qué ganó Colombia con este proceder? Para empezar reconocimiento de honestidad, transparencia y seriedad, tres intangibles que enaltecen a la nación y su lucha contra la guerrilla, en contraste con la forma en que ésta manipula políticamente los acontecimientos: uno de los más importantes descubrimientos hallados en los computadores.
Eso sólo justifica el proceder, pero ¿aun a costa de ganarse la malquerencia de los presidentes de Venezuela y Ecuador? Creo que sí, los países transcienden a sus gobernantes.
Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.
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