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20 de marzo de 2012

Sin seguridad nacional


Por Jaime Castro Ramírez

Las expectativas de desarrollo de un país son directamente proporcionales a la seguridad interna que el gobierno garantice. Simplemente significa que esta garantía de tranquilidad es fundamental para que el sector empresarial logre consolidar sus proyectos de inversión y consiguientemente contribuya a fortalecer la economía productiva. Pero si se habla de bienestar social de sus pobladores, pues no puede ser diferente el argumento para establecer la medición de su eficacia. Si no hay seguridad, no hay inversión privada que se canalice hacia la creación de nuevas empresas, y por lo tanto no habrá generación de nuevos empleos ni seguridad social, y obviamente no puede haber bienestar social.

En el periodo de gobierno 2002-2010 se avanzó en forma muy importante en materia de seguridad nacional, el terrorismo fue desterrado de las zonas donde había hecho presencia histórica, y a partir de este logro en seguridad se estabilizó la economía con buenos márgenes de crecimiento (llegó a crecer hasta el 7%, algo nunca visto en Colombia) a través de la confianza inversionista que se creó y por la cual la inversión nacional creció del 13.1% al 25.8%, también llegó cuantiosa inversión extranjera al país, pues en este mismo periodo la inversión extranjera pasó del 1% del PIB al 4.5% del PIB, además se logró obtener la inflación más baja que se haya registrado históricamente en Colombia, el 2% en 2009. Año y medio después de iniciado el nuevo gobierno, las circunstancias de seguridad han cambiado en forma muy desfavorable.

¿Qué ha pasado después de agosto de 2010 con la seguridad nacional?
Si se le preguntara a un analista serio y sensato en estos temas, lo primero que diría es que cuando las cosas se han planeado eficazmente y han producido resultados exitosos, no hay razón válida para cambiar esa estructura de funcionamiento. El actual gobierno decidió actuar desde su inicio con un modelo insustancial que consiste en tener contento a todo el mundo, es decir, un modelo donde la autoridad no es un factor relevante. En este débil escenario de gobierno, también hubo actuación de “tregua y apaciguamiento” con el terrorismo, lo cual consistió en dejar de lado la Seguridad Democrática impuesta por el gobierno anterior, y que fue la esencia del progreso en tranquilidad para el país.

Entonces aparece clara la razón por la cual Colombia está nuevamente sitiada por el terrorismo, el asalto a poblaciones, asesinato de civiles, atentados contra empresas petroleras, el secuestro, la extorsión, etc. No se requiere mucha reflexión para descubrir que cuando se baja la guardia, y sobre todo en asunto de seguridad, el enemigo de inmediato ataca y responde con la agresividad propia de los terroristas. Sin embargo, el gobierno no lo entendió así, y ahí está el pueblo colombiano pagando las funestas consecuencias.

Todo este panorama de asedio criminal a la población tiene un ingrediente adicional a la política oficial de apaciguamiento, y tiene que ver con la guerra jurídica emprendida contra el ejército de la república, a través de la cual ha sido perseguido por la justicia ordinaria; en la mayoría de los casos acusado por los mismos bandidos a quienes el ejército ha atacado en cumplimiento de la orden constitucional de defender la patria. No se entiende cómo los jueces dan credibilidad a las acusaciones malintencionadas, revanchistas, expresadas por criminales en contra del la fuerza pública, y en base a esa clase de testimonios que persiguen arrinconar a los militares, proceden a dictar orden de encarcelamiento contra ellos. Esto lo que contribuye es a bajarle la moral de combate a las fuerzas del orden, lo cual es muy grave, y por consiguiente a abrirle paso a las intenciones perversas de los criminales. La realidad de la justicia con los militares (como con cualquier ciudadano) tiene que ser: No a la impunidad, pero tampoco condenas a inocentes.

Ante la arremetida terrorista, ahora el gobierno habla de diálogo y negociación, lo cual bien podría calificarse de debilidad manifiesta ante la falta de autoridad, y lo que terminaría negociándose sería la rendición del Estado de Derecho y entregándolo como concesión a los bandidos.

AL MARGEN: A propósito de militares y la justicia, no se sabe cuál será su suerte ante quien puede ser elegido nuevo fiscal general de la nación (Eduardo Montealegre), pues como magistrado de la Corte Constitucional, fue ponente de una sentencia en la cual dijo respecto a los militares: “Es una fuerza invasiva inadecuada”…

19 de marzo de 2012

El complot

Por Jaime Restrepo Vásquez.

¡Qué palabra tan de moda! De tiempo atrás, todo parece o es descrito como complot. En la última versión “libre” de Salvatore Mancuso, la palabra volvió a aparecer, esta vez para describir lo que a juicio de muchos es una nefasta persecución contra la Corte Suprema de Justicia.

Cuando el criminal explicó el tal complot, contó que lo contactaron para que buscara pruebas sobre los nexos entre el magistrado Yesid Ramírez y el narcotraficante Giorgio Sale. En otras palabras: el gobierno Uribe —así lo sugirió el paramilitar— estaba conspirando contra la Corte al indagar la vinculación de algunos magistrados con personajes sub judice.

Es curioso que, según Mancuso, los paramilitares hubieran infiltrado todas las esferas del poder en Colombia con excepción del poder judicial: ni al criminal le preguntan, ni él se preocupa por dar a conocer los motivos para evitar la cooptación de la cúpula de la justicia nacional.

¿Acaso los operadores judiciales eran los únicos inmunes a la infiltración? Pues no. Entre Giorgio Sale y Salvatore Mancuso hay una relación de “negocios” de vieja data, en la que salen involucrados familiares y hasta empresarios del fútbol internacional. Así las cosas, la relación de Sale con magistrados de las altas cortes cobra especial relevancia, pues ese es un camino por el que el paramilitarismo y el narcotráfico pudieron acceder al control de altos operadores judiciales.

Es que en el complot comentado por Mancuso, lo que resulta claro es que existía preocupación o información por confirmar, en manos del alto gobierno de la época, que comprometía a magistrados de las altas cortes con el narcotráfico y que la ratificación de tales vínculos solo podía surgir de los socios de los criminales, es decir, de los paramilitares. Es bueno recordar que esa sospecha es la génesis del escándalo de las chuzadas, tema en el cual algunos se rasgan las vestiduras por la violación de la privacidad de los aliados de la mafia, pero no se inmutan por la destrucción de la justicia, es decir de la democracia, por parte de los amigos de Sale.

Aquellos que insisten en lo nefasto del “complot” contra la Corte, pasan por alto un aspecto fundamental: los hechos comprobados en los cuales la mafia agasajaba a los togados y les pagaba viajes en primera clase. Esos son hechos suficientes para dejar por el piso la tal majestad de la justicia colombiana y poner en tela de juicio las decisiones adoptadas por las cortes.

No se trata de una intención criminal de desprestigiar a los “ilustres” togados, pues son sus actuaciones las que se han encargado de enlodar su buen nombre: la vergonzosa e ilegal elección de Viviane Morales es solo un ejemplo del suicidio moral y de la prepotencia impune de los que controlan el poder judicial en Colombia.

Pero vamos más allá. Con la ilegítima elección de Morales como Fiscal General, se profundizó el complot para dejar en la oscuridad el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, pues la Fiscalía ha conservado el estatus de impunidad en ese caso, pese a las evidencias sobre falsos testimonios, manipulaciones y desviaciones judiciales que se han presentado durante la investigación del magnicidio, como se comprueba en el libro “¿Por qué lo mataron?”, escrito por Enrique Gómez Hurtado.

Aceptemos, sin embargo, que la palabra complot se ajusta a la descripción de los hechos. Entonces surgen varias preguntas: ¿Cuándo Iván Cepeda indaga con los criminales sobre los presuntos vínculos de Uribe con los paramilitares, no es acaso también un complot? ¿No es un complot la versión “libre” de Mancuso, cuando habla, sin pruebas de respaldo, de la financiación de los paramilitares a la campaña de Uribe en 2002? ¿Cómo se puede calificar el hecho de que el único testigo de esa financiación, mencionado por el criminal, sea Pedro Juan Moreno, quien obviamente no puede contradecir o ratificar la versión?

Ahora todo es un complot: Petro asegura que hay una conspiración en su contra, los magistrados se sienten perseguidos por un complot orquestado por Uribe y sus muchachos; Juan Manuel Santos habla de una conjura de las manos negras para torpedear sus leyes y se insiste en una conspiración militar contra el actual gobierno... que buenas cortinas de humo para ocultar la ineptitud, mediocridad y ausencia de liderazgo de todas las "víctimas" de las conspiraciones colombianas.

18 de marzo de 2012

Economistas o ‘Gastonomistas’

Por Noel Carrascal, Ph.D.

Las causas de la crisis económica griega pueden ser fáciles de entender aunque se carezca de conocimientos de economía. La implosión del país helénico fue causada por un desaforado gasto público y una manipulación de índices económicos que le permitieron a Grecia endeudarse mucho más de lo que podía asumir su economía. La solución es también simple e inexorable, aunque dolorosa para la sociedad: cortar el gasto a niveles sostenibles para su estabilización, y mucho más para generar prosperidad. En otras palabras, economizar y no seguir gastando.

Mas en una lógica contraintuitiva, hay quienes creen que la solución es gastar en lugar de economizar, como se puede leer en un artículo en The New York Times por Paul Krugman titulado “¿De que sufre Europa?” Los motivos y las explicaciones de Krugman son altamente sospechosos de manipulación ideológica por no considerar factores que contradicen sus posturas: Krugman argumenta que la crisis Europea no es producto de un excesivo gasto público aludiendo que “Alemania tienen gastos sociales más altos que Italia” sin tener en cuenta que la fortaleza de la economía germana le permite ese lujo.

Otras verdades no consideradas por Krugman son las prestaciones sociales requeridas para contratar empleados en países europeos, que los ha hecho poco competitivos; el envejecimiento de una población cuyo soporte social proviene de generaciones jóvenes que enfrentan altos niveles de desempleo, impuestos o bonos de deuda pública. En cuanto a lo fiscal, Krugman no menciona que es posible tener una crisis de deuda pública aunque los déficits anuales sean bajos pues son las responsabilidades sociales excesivas a mediano y largo plazo los que detonan la crisis prematuramente. Krugman pinta una realidad amañada que no es producto de ignorancia, y no desinforma descuidadamente, sino que refuerza creencias de lectores que ya le creen, o convence a quienes le entregarían su confianza en estos temas gratuitamente y sin cuestionarla. Para Krugman, un corte al gasto público no figuran entre sus soluciones aunque el país este al borde del colapso, por el contrario, su lógica contraintuitiva sugiere más gasto y devaluación.

Para entender la lógica contraintuitiva de Krugman hay que comenzar por su explicación de carácter monetario de la crisis europea. Según Krugman, la inhabilidad de no poder devaluar el euro por parte de países en crisis, lo que si hubiesen podido hacer con monedas propias, es la causa que hundió a estos países. Krugman no considera que el mecanismo de devaluación fue descartado por estos países como requisito para hacer parte de la Unión Europea, y cuya alternativa es adherirse voluntariamente a criterios de convergencia de gasto gubernamental conservadores.

Krugman es partidario de la devaluación de la moneda como mecanismo para evitar estas crisis, y defiende políticas fiscales expansionistas para reactivar economías y escapar de la falta de liquidez fiscal (fiscal trap) en la que caen países que no pueden bajar tasas para estimular la economía. Cuando algún país devalúa su moneda, lo hace como recurso al no poder sostener crisis de gasto fiscal, generando inflación que abarate la deuda. Por lo que la devaluación e inflación se comen los dividendos de las empresas, y las entradas por recaudación de impuestos, haciendo de esto un truco monetario que facilita gastar más de lo que se tiene. La devaluación de la moneda por parte de un país en crisis no ocurre sin que su pueblo sienta la pérdida de capacidad adquisitiva o, en otras palabras, empobrecimiento relativo a otros países. Esto explica que como economista Krugman le dé prioridad a reducir diferencias de ingreso entre ciudadanos por encima de elevar los niveles promedios de ingresos. Krugman prefiere que ciudadanos sean pobres con menos desigualdades que más ricos con grandes desigualdades.

Los propósitos de Krauman se podrían respetar si los declarasen explícitamente y en términos simples, pero Krugman y la casa editorial para la que escribe su columna parecen más interesados en manipular taimadamente a sus lectores, y difícilmente aparentarían ser altruistas. Declararse distribuidor de riqueza, gastador fiscal e incitador de guerra de clases sociales no sería muy convincente. Si sus intenciones fuesen claras y honestas, sus propósitos ocultos se podrían revelar como lo hace su competencia,
The Wall Street Journal. En un contraste con The New York Times, en la página de editoriales del The Wall Street Journal se encuentra la siguiente declaración que es tan rara como valiosa para definir la credibilidad y propósito de un diario:
Nosotros hablamos en favor de mercados libres y libertades personales, los principios marcados en el crucial año de 1776 en la declaración de independencia de Thomas Jefferson y La riqueza de las naciones de Adam Smith. De tal modo, en el siglo pasado y en el que comienza, este periódico defiende los mercados libres y la moneda fuerte; se opone a los impuestos confiscatorios y a los ucases de reyes y otros colectivistas; y aboga por la autonomía individual, en contra de dictadores, abusadores e incluso de los estados de ánimo de las mayorías temporales.
Es notable la transparencia y honestidad que esta declaración de propósitos conlleva, además de lo correcto de sus principios. Mientras que Krugman, The New York Times, El Tiempo, Semana y El Espectador no definan algún tipo de filosofía por la que se guían, solo se puede sospechar que sus propósitos son nefastos y manipuladores para la sociedad.

Es hora de que los economistas partidarios de más gasto sean diferenciados en una nueva ramificación de la economía que refleje sus intenciones, la ‘gastonomia’. Los economistas partidarios del gasto gubernamental generan una confusión entre votantes no muy duchos en estos temas que es similar a la que causan políticos autodenominados progresistas a pesar de que sus gobiernos solo evidencian una falta de progreso como es el caso de California, Venezuela o Grecia. Esta falta de distinción en las definiciones de los idiomas auguran que economistas que en realidad son gastistas y políticos progresistas seguirán causando daños en las democracias occidentales. Y es así como la izquierda utiliza términos ambiguamente para despistar a sus seguidores, otro ejemplo de como la lengua causa indirectamente muchos de nuestros problemas latinoamericanos.

16 de marzo de 2012

La ciudad que pudo ser pero no fue. Cuento corto


Por Jorge Monroy

Había una vez una ciudad. Esta ciudad era muy similar a sus otras ciudades hermanas, en general tenia los mismos problemas: corrupción, abandono, suciedad, falta de civismo, etc. Sus calles estaban rotas, los carros la invadían por doquier, pues parqueaban en cuanto lugar libre encontraban. Y las personas armaban viviendas y tiendas en cuanto espacio hallaban.

Lentamente, esta ciudad, que era la capital, se fue rezagando frente a sus hermanas, que lentamente habían superado algunos de sus problemas, después de una larga lucha contra la enfermedad del narcotráfico, que a ellas las había golpeado más duro.

A pocos metros de donde los hombres poderosos se pavoneaban declarando que el país estaba mejor gracias a ellos, se erguía el más grande monumento a la desgracia social que la ciudad tenía enquistado: el área de El Cartucho, donde hombres y mujeres morían diariamente debido a las drogas, la falta de autoridad y la más y absoluta hipocresía de líderes que preferían ignorar lo que ahí ocurría.

En esta ciudad las personas no tenían un lugar. Los autos ocupaban las calles y las personas tenían que caminar arriesgando sus vidas. El sistema de transporte de esta ciudad era en general la peor muestra de subdesarrollo. Sin ningún orden, buses arcaicos, dañados y malolientes luchaban entre sí parando en los lugares más inverosímiles al ritmo de un timbre viejo o de un grito insultante hacia la progenitora de los hombres que conducían estos vetustos aparatos. La cruceta era la ley; el pito, el lenguaje; las balas, la música; y el temor a la muerte, la clave de la tonada.

La ciudad estaba triste, pues no tenía metro, no tenía nada que mostrar; las personas que vivían en ella lo hacían por necesidad y obligación mientras los visitantes llegaban con ceños fruncidos y salían con sonrisas. Un día, la ciudad decidió que quería cambiar.

Un alocado hombre, a quien después habría que cobrarle prestarse para los más sucios juegos políticos, pero que en esta historia sigue siendo digno de un espacio, logró que las personas creyeran en la ciudad, haciendo grandes ejercicios de transformación de la conducta de las personas. Los cambios fueron enormes.

Lentamente, la ciudad empezó a creer en sí misma y a transformar las bases de las ideas del subdesarrollo. La ambición (lo que siempre terminó destruyendo a este personaje) cobró su factura, y el alcalde abandonó la ciudad. Sin embargo, con él o sin él la ciudad había decidido transformarse. Tan solo un año después un hombre mucho mejor, buscando la ciudad que soñábamos logró transformar en tres años una ciudad completamente inviable. Pero no fue solo el, fueron los habitantes de esta ciudad que lentamente entendieron que podían tener una ciudad digna de sus sueños.

La horrible mancha de El Cartucho desapareció y como por arte de magia se convirtió en un hermoso parque. Como por arte de magia las personas tuvieron de repente andenes para caminar. Y como por arte de magia, los ciudadanos de esa ciudad se sacudieron del ancestral paradigma del transporte público y libraron la batalla de sus vidas para construir el primer sistema de transporte de buses del país con orden, limpio, digno y sin la guerra del centavo.

Por donde pasó el sistema la ciudad se transformó: la ciudad volvió a sonreír, pues empezó a atraer inversión y volvió a recuperar su dignidad de capital. Miles de escuelas y colegios se construyeron dejando prácticamente a la ciudad con el 100% de niños con cupos en los colegios distritales, bibliotecas, hospitales, parques, la ciudad sonreía.

El personaje regresó después de pedir perdón y terminó cumpliéndole a la ciudad. Construyó sobre lo construido y continuó el sendero de crecimiento de la ciudad. Gracias a este par de hombres que lograron que la ciudad creyera en sí misma, la hicieron sonreír, la hicieron valer, la hicieron crecer de nuevo. Parecía que la horrible noche de esa terrible e hipócrita ciudad de una elite arribista había terminado para jamás volver.

Pero el enemigo se rearmó desde donde se esperaba (aunque sea contrario a la lógica global). En esta ciudad, el arribismo destructor llegó con los socialistas. Hombres que representan los intereses de quienes aseguraron sus rentas en el caos y el desorden los apoyaron y basados en la falta de visión y de la incapacidad de los lideres para entrenar nuevas generaciones, llegaron al poder para no soltarlo nunca.

El ritmo de crecimiento se detuvo, aumentaron las políticas asistencialistas, regresaron las personas a ocupar los andenes y los espacios, pero sobre todo, empezó un cáncer que hoy hace metástasis: El poder del socialismo se basó en el odio de clases y en el desprecio por el capital. El primero de los socialistas, ganó con una gran cantidad de calumnias y mentiras que sembraron odio y desprecio sobre surcos de mentiras e ignorancia.

Durante tres largos gobiernos le dieron a la ciudad una dosis de odio que empezó a degenerar en un incontrolable cáncer. Mientras quienes estaban a favor del cambio y del sendero de crecimiento ignoraron el llamado de su ciudad, los socialistas invadían cada espacio preparándose para este momento. Todos gobernaron con la idea del complot y el paradigma de ser víctimas, insertando en la cabeza de los habitantes de esa ciudad discusiones que los alejaban de la senda de crecimiento y de desarrollo.

La cleptocracia invadió la ciudad, destruida calle a calle, espacio a espacio, lugar a lugar. La ciudad ya no sonreía, de hecho ya ni siquiera estaba triste, ahora hervía llena del odio que sembraron deliberadamente estas tres personas preparándose para este momento.
De repente, ya no se quiso mejorar lo que se tenía, sino volver a lo que había. El sistema de transporte empezó a ser lentamente destruido por esporádicas protestas, patrocinadas, organizadas, pensadas y diseñadas con el sello característico del M-19, lo cual justificaba una intervención. Durante años el problema fue “¿Cómo mejoramos el sistema?”, pero gracias a las semillas de odio que se sembraron durante años, la cosecha ahora es preguntando “¿Por qué hay gente que gana tanto?”.

Gracias a estos hombres, la ciudad ahora odia sus pulmones y su corazón. El odio por la riqueza es ahora el paradigma de gobierno, con apoyo de la prensa y del hombre fuerte del poder.

Un día, el hombre que estaba a cargo de la ciudad, decidió cerrar definitivamente el sistema de transporte masivo, bajo el argumento de que el sistema había llegado a su fin, y la “avaricia” de sus dueños había hecho necesaria su valiente intervención. El hombre a cargo del país sonreirá, mientras juntos prometen sonrientes instalar el metro para la ciudad.

Poco a poco los buses invaden las calzadas de los buses mientras las antiguas estaciones se convierten en refugio de personas de la calle, a quienes no se puede sacar debido a la política del amor, so pena de ser echado vía twitter. Ahora algunos renegados buses rojos recogen pasajeros en las calles sin control, mientras otros se agrupan y se pudren a la intemperie en algún lugar de la ciudad. La ciudad hierve en odio nuevamente, mientras los socialistas aseguran unas condiciones sociales que los permitirán estar en el poder para siempre.

Lentamente, el administrador de la ciudad logró pasar con relativamente poco apoyo la ley que le permite insertar, como propuso, un grupo de vigilantes a su servicio por fuera de la policía. Cada año, entraran más autos, y debido a que habrá destruido el sistema de transporte, regresaran los buses chatarrizados. Debido a que los alcaldes menores son despedidos por twitter, nadie en esa ciudad será capaz de ejecutar órdenes de desalojo, por lo cual se crearan enormes y nuevos barrios como El Cartucho, ante la mirada impotente de la política del amor.

Las plataformas chavistas habrán logrado establecer una maquinaria electoral con ayuda del administrador del país, que les permitirá hacer de Bogotá un barrio 23 de Enero, capaz de ser una fuerza de choque. Las bahías han sido abiertas y los andenes ahora son un recuerdo lejano, las personas no tienen trabajo debido a que las políticas económicas han generado pánico en los inversionistas que buscan como sacar sus inversiones de la ciudad.

Es ahora el 2015, pero para esta ahora triste ciudad el tiempo ha retrocedido. El administrador no habrá logrado mantener todas las peleas y ahora enfrenta varios procesos judiciales, sin embargo, gracias a su amigo recientemente reelegido, y de un ex administrador del país, saldrá airoso de todos estos procesos para ser presidente en el 2018.

Han pasado veinte años, pero para esta ciudad el tiempo ha ido de para atrás. Ahora la ciudad está de nuevo en 1994, mientras el país regresa a los ochenta, y así como por arte de magia, este cuento tendrá que volver a empezar: Erase una vez una ciudad triste…