14 de mayo de 2012

Colombia procrastina


Por Jaime Restrepo Vásquez

Pareciera que formara parte del mapa genético del colombiano: dejarlo todo para última hora, cuando ya solo se pueden salvar los restos, ha sido un factor que ha influido en numerosos errores y pérdidas para el país y su gente.

Cinco años han pasado desde que oí un coro que me sorprendió por lo absurdo: ¡Uno, dos y tres, Uribe otra vez! En aquel momento pensé que el asunto pasaba por una cuestión de adulación excesiva y nada más. Pero me equivoqué. El grito de guerra era verdad y lo que se estaba cocinando era, ni más ni menos, que la segunda reelección de Álvaro Uribe Vélez.  

En el mismo evento en donde oí una y otra vez el coro de marras, estaban presentes varios analistas internacionales como Alejandro Peña Esclusa y un representante del partido Arena de El Salvador. Ellos y otros asistentes señalaban la inconveniencia del personalismo uribista y planteaban la necesidad de establecer un proyecto político serio, de largo aliento, que permitiera la continuidad de las ideas y no del hombre en el poder.

Pero los directores de la coral de aduladores hicieron caso omiso de las advertencias, se empeñaron a fondo en el disparate y desperdiciaron el escenario ideal del que disfrutaban en aquel momento: además de tener el poder ejecutivo, el legislativo estaba a sus pies, la ciudadanía respaldaba las iniciativas del gobierno y los resultados de las políticas centrales del uribismo eran evidentes.

Ese era un capital que difícilmente podrá exhibir otro gobierno en la historia de Colombia.  ¿Y para qué lo utilizaron? Para impulsar y defender a rajatabla la segunda reelección, despreciando una oportunidad incomparable para emprender las reformas necesarias, cegados por el empeño caprichoso de conservar el poder por el poder.

Ya se conocen las consecuencias de semejante error, de las improvisaciones políticas, de la sordera soberbia expuesta por los líderes del uribismo, quienes en una cortedad de miras pavorosa, quisieron apostarle solamente a mantenerse en sus parcelas de poder y se negaron a liderar la construcción de un verdadero proyecto de país.

Ahora, con el viento en contra, los mismos que aupaban a “Uribe otra vez”, claman por la creación de un partido político con ideario, cuerpo de doctrina y un cuadro de líderes que asuma la tarea de rectificar el rumbo y retomar las ideas fundamentales de la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social… ¡Cinco años después!

Esos mismos sordos y ciegos que ahora sí le piden a Uribe que asuma la conformación de un verdadero proyecto político de largo aliento, son los que se sienten traicionados por el actual Presidente, cuando la realidad es que fue la escasez de visión y la ausencia total de análisis de las propuestas y discursos del candidato lo que permitió un apoyo irrestricto y sin sustento a la campaña Santos Presidente.

Que Juan Manuel Santos sea el inquilino de la Casa de Nariño es el resultado de la tradición de procrastinar, pues se dejó para última hora —en el mejor de los casos— la elección de aquel que pudiera seguir ondeando las banderas programáticas del uribismo… y como no había más, pues depositaron las esperanzas en aquel que suponían, les permitiría conservar una parte del pastel y haría el intento de continuar con la construcción de los pilares sembrados durante el gobierno Uribe.

Incluso al principio del gobierno Santos, era prácticamente una herejía señalar el mal camino que emprendía el nuevo mandatario. Tuvieron que pasar dos años para que finalmente se estrellaran contra la realidad y, otra vez a última hora, buscan desesperadamente improvisar liderazgos y afanan a Uribe para que estructure un nuevo partido.

Lo lamento. No puedo apoyar a semejante gavilla de oportunistas que solo buscan el salvavidas cuando el agua les llega al cuello. Tampoco puedo respaldar a personas que carecen por completo de visión de país, ni está dentro de mis planes el apoyar a un hombre que fue incapaz de asumir el liderazgo que le otorgó la ciudadanía: aunque ciertamente las ideas de Álvaro Uribe son valiosas y podían marcar un nuevo rumbo, desperdiciar las oportunidades y el momento histórico son errores difíciles de perdonar.

2 comentarios:

jaime ruiz dijo...

Jaime, es la primera noticia que tengo de que hay alguien que le pide a Uribe crear un nuevo partido, como no sea en este blog la carta de Jorge Monroy. Por el contrario, los godos se defienden con uñas y dientes contra cualquier reproche que se les haga por su adhesión a Pastrana y al chavismo: pretenden que están a la vez con y contra Santos. Lo mismo pasa con los del Partido de la U.

De hecho, el mismo Uribe señaló recientemente a las personas a las que apoyaría: Marta Lucía Ramírez, Juan Lozano, Óscar Iván Zuluaga (que no desaprovecha ocasión para felicitar a Santos) y Angelino Garzón. No me suena que ninguna persona de ésas esté buscando crear un nuevo partido. Tal cosa no la he leído en ninguna parte.

Para renovar la política colombiana la Unidad Nacional es una ocasión maravillosa: toda el hampa está agrupada alrededor de Santos y a pesar de la "educación" y los medios hay una fracción de la ciudadanía que es sensata. El gran obstáculo es el uribismo, que es el usurpador de una corriente ciudadana muy valiosa, a la que utilizó para que lagartos de la calidad de Roy Barreras (el resto del partido de la U, incluidos TODOS los uribistas que tienen por oficio la política y tienen relación con ese partido, sólo es menos influyente y bien relacionado que Barreras) expandieran sus negocios. El uribismo tiene la misma función que el Partido Conservador, agrupa un descontento ciudadano para llevarlo a apoyar a Angelino Garzón, que sería mucho más típico demagogo chavista que el mismo Santos.

Es decir, para 2014 el hastío con el terrorismo podría movilizar a una mayoría. El uribismo la distraerá en cuentas de tinterillos de modo que el hampa seguirá reinando durante al menos otra década.

Atrabilioso dijo...

JAIME RUIZ:
La petición se ha presentado en algunos grupos creados en Facebook, incluyendo a algunas de las figuras que participaron en los eventos académicos de Primero Colombia que, en detalle, te describí.

Veo el asunto desde otra perspectiva: la ausencia de liderazgo, la falta de cabezas visibles que sean capaces, y tengan lo necesario, para emprender una campaña de posicionamiento y ser verdadera opción en 2014. Y de ahí surge la baraja de nombres, motivada por el desespero de la vertiginosa pérdida de poder.

Saludos y mil disculpas por la respuesta tardía.