18 de junio de 2012

El “Marco legal para la paz”: un golpe de Estado


Por Jaime Restrepo Vásquez

“Contrista verdaderamente, señor Coronel, el que en un país que se precia de civilizado y a principios del siglo XX, una turba de asesinos cobardes y miserables, en nombre de un partido que promete garantías públicas, y amparados por el pendón rojo del liberalismo, den para la historia el relato de sucesos tan deplorables”. Fragmento de una carta escrita por Miguel Ángel Osorio, ‘Porfirio Barba Jacob’, el 5 de mayo de 1902. (*)

Solo es cuestión de cambiar la fecha y sumar 110 años, para que las palabras de Osorio se ajusten perfectamente a la realidad nacional. Aflige que un país que es mostrado como civilizado, por los medios de comunicación y por la clase política actual, premie a una turba de criminales cobardes y miserables, y a sus jefes de civil, con la impunidad aprobada el jueves pasado por el Congreso de la República.

Los asesinos de la Guerra de los Mil Días cometían sus tropelías en nombre de un partido que prometía garantías civiles. Los terroristas de hoy difunden el terror con las falsas premisas de defender los derechos humanos y sobre todo, de luchar por la paz, entendida y asumida por gran parte de la sociedad, como la claudicación ante el terror y la recompensa a años de barbarie “altruista”. 

A esto se suma que los jefes terroristas de verdad, que no son los que andan con el barro y el verde de la selva desde los pies hasta la coronilla, aluden las tales garantías civiles como justificación para el golpe de Estado que han perpetrado contra Colombia, con la complicidad de los tres poderes públicos: mientras neutralizaron a las Fuerzas Armadas desde los estrados judiciales, incentivaron la desmoralización de las tropas y desconocieron el mandato popular de las mayorías; las componendas y el apego a dogmas jurídicos del siglo pasado se convirtieron en la excusa perfecta para que el Ejecutivo y el legislativo les otorgara a los criminales altruistas, el premio mayor al salvajismo: el acceso al poder político.

Con el Marco legal para la “paz, los “asesinos épicos” de los que habla Fernando Savater tienen a su alcance el poder por el que las tropas de palurdos asesinaron, secuestraron y torturaron… solo es cuestión de una firma y la rápida expedición de una ley reglamentaria, para que los terroristas exijan la entrega del galardón y materialicen, de una vez por todas, el golpe de Estado que les ayudaron a propinar el jueves pasado en el Congreso de la República.

De hecho, el Marco legal para la "paz" es solo el desarrollo de las gabelas que podían fabricarse a partir del concepto de delito político, utilizado como fachada por el terrorismo.  En un ensayo sobre este tema, Eduardo Posada Carbó recordaba la manía colombiana de premiar a los criminales altruistas y darles una consideración especial, bondadosa y extremadamente generosa.

En el escrito, Posada menciona al ex magistrado y militante de la izquierda Luis Carlos Pérez, quien en 1948 publicó el libro Los delitos políticos: interpretación jurídica del 9 de abril, en el que expuso las raíces intelectuales del adefesio que hoy está más que ratificado en la Constitución nacional.  Decía Pérez que “los delincuentes políticos no serían infractores (…) desde el punto de vista moral, pues sus actos aparecen orientados hacia el porvenir, hacia lo grande y próspero”. (**)

Es imposible dejar de pensar en el silencio que en su momento, guardaron los cómplices de las FARC, cuando se exhortaba al grupo terrorista a acogerse a la Ley de justicia y paz: ¿Por qué callaron? Porque eso de tener limitantes políticas y pagar unos cuantos años de cárcel, era una afrenta para esos “héroes” cuyos actos se orientaban hacia el progresismo.

Los grandes críticos de Justicia y paz hoy exhiben el más grande de los cinismos y aplauden la modificación constitucional que premia el crimen altruista, aferrados a las ideas obsoletas de mediados del siglo pasado.

Mientras tanto,  la horda de leguleyos –magistrados, jueces, periodistas y políticos- que se rasga las vestiduras por cualquier acción en contra de los “asesinos épicos”;  permanece atada a los conceptos anticuados y defienden sin pudor la premisa sostenida por Pérez, según la cual, “el sistema jurídico colombiano se había compenetrado de la doctrina moderna sobre la ausencia de peligro en la intención del infractor político y sobre la necesidad de tratar benignamente el resultado criminoso”.(**)

Con el Marco legal para la paz, no solo el sistema jurídico, sino todos los poderes públicos se han compenetrado con la necesidad de tratar con indulgencia los actos terroristas cometidos por los infractores políticos.

De hecho, los jueces y magistrados demuestran que consideran como verdad absoluta e inamovible, lo que el ex magistrado Pérez concluyó en su libro: “el día en que los jueces persiguiesen con tenacidad incomprensiva a las personas que fracasaron en una rebelión, sería el último de su independencia como miembros de una rama del poder soberano y el primero de una claudicante sumisión a los dictados del Ejecutivo que se pretendieron subvertir”. (**)

¿Por qué será que no sorprende que la obsoleta consigna sea aplicada actualmente por el poder judicial colombiano? Es imposible olvidar al abogado de Iván Moreno, el ex magistrado Jaime Araujo, manifestando que era necesario emprender la desobediencia civil contra Uribe, siguiendo los dictados consignados por Pérez en su libro. ¿Y qué decir del Colectivo de Abogados Alvear Restrepo? Se han constituido en defensores y promotores de la subversión y de la supuesta independencia del poder judicial -favorable, claro está, al terrorismo- que en la práctica es solo la sumisión a los dictados de la izquierda nacional y Latinoamericana.

Sin embargo, lo de Pérez era simplemente la repetición y el ajuste semántico de las posiciones expuestas por Enrico Ferri, quien sostenía que los delincuentes políticos sociales, por las metas altruistas que perseguían, no eran temibles a la sociedad. (**)  Ahora, con el Marco legal para la paz, no solo dejan de ser temibles por obra y gracia del Acto legislativo, sino que los convierten en sujetos tan confiables y bien intencionados, que pueden (y deben, dirán algunos) ser elegidos y regir los destinos del país.

Dice Posada Carbó en su ensayo, que “la sobrevivencia de la noción del delito político es un anacronismo incompatible con los esfuerzos de construir una democracia moderna, más aún si con ella se busca legitimar actos horrendos de violencia extrema”.(**)

Por desgracia para Colombia, no solo sobrevive la anacrónica noción del delito político, sino que se le ha dado un marco constitucional que da al traste con la construcción de una democracia moderna, dejando en la más absoluta impunidad y recompensando los actos horrendos de violencia extrema que han cometido las FARC para servir los intereses y propósitos de sus líderes vestidos de civil.


Jaramillo Meza, Juan B. Vida de Profirio Barba Jacob. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1972.


** Gaviria, José Obdulio. A Uribe lo que es de Uribe. Bogotá, Editorial Planeta, 2006.

9 comentarios:

Stanley Schlecter dijo...

Pues parece que desde los tiempos de Don Porfirio Barba-Jacob hasta nuestros dias, Colombia en vez de avanzar, se ha vuelto mucho mas incivilizada que antes.

Es una lastima, porque se ve que historicamente el govierno de estos territorios se hizo para aplastar al ciudadano corriente.

Es un drama de nunca acabar, Colombia esta condenado a vivir permanentemente en una maldicion karmica.

Saludos

Atrabilioso dijo...

SCHLECTER:

Me niego rotundamente a aceptar que estemos condenados a la maldición... al contrario: creo que reconocer y diagnosticar los hechos del pasado, y compararlos con el presente, es una luz para salir de semejantes tinieblas. A pesar de las apariencias, mi querido Stanley, percibo mayor conciencia política y un creciente número de ciudadanos que nos negamos a repetir la historia. Sin embargo, falta lo principal (y ahí está la maldición): Un LÍDER.

Abrazo fuerte y muchas gracias.

BRABONEL dijo...

Matar para que otros vivan mejor sigue pagando en Colombia. Los paracos mataban pero nadie podía hacer política con sus crímenes y por esa sencilla razón se fueron derechito a la cárcel en cambio las guerrillas matan para que otros vivan mejor y vea como los premian. Los crímenes guerrilleros han hecho que muchos hallan escalado dentro de la sociedad Colombiana es el caso de los Garzones los Borjas las Córdobas los Cepedas y etcétera indefinidamente de ahí la celebre frase del filosofo Carlos Gaviria: no es lo mismo matar que matar para que otros vivan mejor. Indudablemente que las clientelas de los congresistas que aprobaron el marco de premios para los crímenes de izquierda también vivirán mejor después de la nueva ley.

Atrabilioso dijo...

BRABONEL:

Una de las tragedias es que los "pacifistas" son irreflexivos y solo se concentran en repetir como loros,y muchas veces sin entender, aquellos postulados que ya están completamente obsoletos y han sido erradicados del mundo desarrollado y libre.

Sin embargo, lo grave es el beneficio para esas castas parasitarias que obtuvieron el triunfo más importante de la historia, con la mayoría del país en silencio o aprobando semejante situación: somos el tercer país más feliz del mundo, en pleno golpe de Estado.

Un abrazo y muchas gracias.

Ruiz_senior dijo...

Jaime, más que un líder creo que hace falta una mínima conciencia de que debe haber un partido resuelto a enderezar el país. No la hay, la gente se indigna cuando uno denuncia a los partidos "uribistas" que apoyaron esa infamia y estarán dispuestos a acompañar a las FARC en su tiranía, ya a medias impuesta.

Sin ir más lejos, la mayoría de los derechistas y radicales de Twitter son en extremo leales a Miguel Gómez Martínez, el cual, según varios tuiteros, respondió así cuando le preguntaron si prefería a Uribe o Santos: "Dificil, me ponen a elegir entre mi papá y mi mamá".

Los dos grandes partidos tradicionales están sometidos a las bandas criminales desde los tiempos de Betancur y Barco. El PSUN es el liberalismo sin votos tras los prodigios de los dos sucesores de Betancur y Barco, hoy comprometido en un proyecto criminal que multiplica las maravillas de esas cuatro presidencias. La de Pastrana fue un resumen anticipado.

La única fuerza que cuenta es la opinión, pero en Colombia no hay una opinión democrática, por eso cuando hubo un líder en el que la mayor parte de la sociedad se reconocía resultó un patán que quiso abolir la democracia para atornillar en los puestos a su clientela y todavía no sabe si va a apoyar algún candidato alternativo a la Unidad Nacional de Santos.

Ojalá pudiéramos transmitir a la gente la conciencia de esa necesidad. Algún día se avanzará.

Atrabilioso dijo...

JAIME:

El asunto del líder se basa en una realidad comunicacional: se requiere un líder de opinión, con fuerza y trascendencia, para que encabece la convocatoria y difunda las ideas. Esto significa que ese liderazgo promueve la creación y el fortalecimiento de un partido resuelto a enderezar el país. Además, ese liderazgo sirve como factor de cohesión de los esfuerzos aislados que se hacen, o de las ideas equivalentes pero que no llegan a la convergencia.

Un abrazo enorme y mil gracias.

Tunombre dijo...

Apreciado Atrabilioso,

no queria molestarlos con mas opiniones en su blog, pero quizas si debo decir algo sobre el tema serio de la deseable paz, y desde el punto de vista civil.

Primero, deja un sabor amargo tanto esfuerzo y tan pocos logros que duren lo suficiente como para levantar un pais caido por circunstancias practicamente evitables por la misma poblacion.

Segundo, si no hay paz, o condiciones cercanas a estas, lo unico que se produce generacion tras generacion es asunto relacionado a guerras solamente. Lo que limita el progreso y especializa a decenas de millones en solo una linea de vida. Casi como clones mentales y de comportamiento, aunque ironicamente diversos geneticamente. Y eso lo rechazo con fuerza y profundo sentimiento, porque es una enorme perdida de capacidad y potencial humano. Es como si se imprimiera un nuevo molde sobre el que debe ser.

Tercero, como hay mucha distraccion por todos lados, yo creo que a Colombia y su gente le toca por razones de sobrevivencia y derecho natural humano (no del politiquero) hacer un esfuerzo por lograr las condiciones suficientes para por fin despegar al pais de la violencia y hacia un futuro cercano que sea viable, y donde la memoria de tragedias este presente solo como leccion para impulsar el bienestar y progreso. Y eso no se logra si la poblacion no tiene metodos que permitan asi sea una paz real mediana, no solo por votos y de embuste. La tarea de la poblacion seria decidir como y trazar su linea de tolerancia.

Cuarto, toda esta continua guerra e imposibilidad de desarrollo del pais, el transito sin peligros sobre el territorio nacional, y la dificil interaccion con otros paises resulta inexplicable. Es sospechoso, es como si ese fuese el resultado buscado, pues nunca acaba. Si es asi, la pregunta es que pasa en las zonas donde no hay transito normal de la poblacion no armada? Somos muchos los que no conocemos tierras nacionales, pero cualquier hp de otra parte llega, hace lo que le provoque, hasta sacan provecho, y fama, y quedan en los anales de la historia y propagados por los senoritos de turno como un verdadero orgullo foraneo para la patria.

Es increible como no reconocen, y ni se acuerdan, del trabajo positivo de administraciones pasadas, incluyendo a Uribe, y hasta de Santos.

Es necesario arreglar los problemas porque el horizonte esta opaco...

Atrabilioso dijo...

APRECIADA MARY T:
Sus comentarios NUNCA serán molestias. Por el contrario: leí con mucha atención sus inquietudes y voy a tratar de responderlas una a una.

1 Ciertamente deja un sabor amargo la poca duración de los logros obtenidos con tanto esfuerzo.

2 Coincido con usted: si no hay paz, lo único que se hereda es más violencia, con las consecuencias que usted menciona, sobre todo en las pérdidas sociales, familiares y económicas que son enormes. Sin embargo, quiero hacer una precisión: el mal uso de la palabra paz. Lo que en la actualidad se vende con esa palabra, es lo más lejano a nuestros anhelos, pues lo de hoy significa impunidad, obstrucción a la justicia, olvido de la barbarie y aprovechamiento de la frágil memoria colombiana, para que en unos años, los mismos salvajes que destruyeron al país, sean elegidos como grandes héroes que solo estarán cobrando el premio a las masacres que cometieron desde diversos cargos públicos. Eso, mi querida Mary T, es lo más lejano a la paz.

3. Coincido con usted: la tarea de la población debe ser –y creo que es inaplazable- tomar una decisión de cómo alcanzar algunas porciones de la verdadera paz, y trazar una línea sobre lo que es tolerable, y lo que no lo es.

4. La perpetuación de la guerra tiene múltiples factores, como la influencia y el mando que tienen sectores civiles sobre los combatientes, pues lo que se gana en el campo de batalla, se pierde en los escritorios de esos siniestros personajes. Fíjese: en las urnas ganó claramente una posición política y fueron derrotadas –humilladas en realidad- las facciones partidistas que hoy tienen el control del gobierno central.

Desde el año 2002, comenzó una lenta pero segura recuperación del tránsito en todo el territorio nacional, al punto que en 2005 se llegó a un record de viajeros por todas las carreteras del país. Pero eso necesita continuidad en las políticas y sobre todo, enfrentar la persecución inclemente y mentirosa con la que están acuartelando a las unidades militares y policiales en todo el país.

Un abrazo enorme.

Tunombre dijo...

Atrabilioso, tiene razon en lo de aclarar el significado de paz, y de acuerdo con que hay que ejercer disciplina en ciertos asuntos que tienen consecuencias para largo rato.

Como que hay demasiadas ilusiones por algunos sectores, sera que no es posible sin agregar mas tragedia?

Como hay tanta tergiversacion en muchas cosas tuve que ponerme un antifaz, en honor a una mascota que conoci. Saludos.