7 de junio de 2011

No a la despenalización de la droga


Por Erika Salamanca

La semana pasada, en Nueva York, salió el informe de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas, en el cual participaron intelectuales como el peruano Mario Vargas Llosa y el mexicano Carlos Fuentes, ex presidentes como César Gaviria, de Colombia, Ernesto Zedillo, de México y Fernando Cardoso, de Brasil, ex funcionarios de organismos multilaterales como Koffi Annan, Ex secretario general de las Naciones Unidas y empresarios como Richard Branson, fundador del Grupo Virgin y confundador de The Elders, del Reino Unido, entre otros. En dicho informe, propusieron al gobierno de Barack Obama, cambiar el modelo de represión y prohibición de las drogas, por uno de despenalización y legalización de las mismas.

Encontrar dentro de este grupo de destacados al ex presidente colombiano no deja de dar sorpresa. Durante el gobierno Gaviria, Colombia fue, como hasta ahora, defensora de la misma política antidroga que lidera Estados Unidos. A pesar de haber caído en algunas componendas con la cabeza principal del Cartel de Medellín, Pablo Escobar, nunca conocimos durante el mandato de Gaviria posición contraria a combatir a dichas mafias, pues fueron los grandes carteles de la época los que propiciaron los mayores dolores de cabeza a ese gobierno y quienes fueron protagonistas de una de las épocas de mayor violencia y derramamiento de sangre en el país. Los actos de terrorismo de entonces fueron financiados cien por ciento por el narcotráfico. Por eso, que el ex presidente Gaviria hoy defienda una política antidroga encaminada a la despenalización es ridículo.

Tal vez hoy no tengamos los carteles de la droga de los ochenta y noventa, pero tenemos grupos guerrilleros y paramilitares que se financian del narcotráfico, y quienes no sólo no se conforman con la producción y la comercialización sino que usan las tierras de las campesinos colombianos para desplazar y asesinar a todos aquellos que no estén dispuestos a servir de alguna manera a la actividad ilícita implícita de este negocio. Cada kilo de coca, o cada cigarrillo de marihuana que fume un ciudadano cualquiera estará manchado de sangre, y ello no cambiará por el simple hecho de no penalizarlo.

La lucha antidroga no ha sido del todo exitosa, fundamentalmente por dos factores: primero, porque los países consumidores no han sido lo suficientemente fuertes en disminuir los índices de consumo, y segundo, porque a pesar de haber países comprometidos, como en el caso de Colombia, con la erradicación de cultivos y la disminución evidente de la producción de los últimos años, también hay países que se prestan a la cooperación delincuencial. Venezuela, por ejemplo, no es reconocido por cultivar coca ni marihuana, pero en cambio, si es bien sabido que su territorio es usado en las principales rutas del narcotráfico.

El informe señala que la verdadera lucha contra las drogas debe enmarcarse en la despenalización, educando y tratando médicamente. Sobre este particular, comparto la idea de rehabilitar al adicto, pues éste finalmente es una víctima más del flagelo; pero, sobre todo, es necesario llevar a la sociedad campañas de prevención que garanticen la disminución en los índices de adicción.

Dicen los que están a favor del informe, que hemos superado la legalización del tabaco y del licor, pero preguntémonos, ¿ha demostrado nuestra sociedad ser responsable con el uso del tabaco y de el licor? Hemos garantizado el no acceso a los menores de edad? En teoría, la venta de cigarrillos y licores a menores está prohibida, pero ¿quién regula?, ¿quién audita?, ¿quién penaliza? Nadie. Hagan la prueba, envíen a sus hijos de catorce o quince años a una licorería, pídanles que compren una botella de vino y un paquete de cigarrillos, se darán cuenta de que volverán a casa con la misión cumplida.

Y entonces, con base en nuestra propia experiencia, ¿pretendemos dejar abierta la posibilidad de que nuestros niños tengan a la mano drogas? No se trata de dejar la responsabilidad de educar a los hijos al Estado, pero la construcción de una sociedad sana y próspera debe darse de la mano de los padres de familia y también del Estado. Podemos enseñar a nuestros niños los peligros de caer en esa clase de vicios, educarlos para que llegado el día sepan decir no, pero hemos visto casos documentados en los que muy a pesar de la buena educación de la familia, los adolescentes terminan cayendo en esas redes de las que luego es muy difícil que salgan.

Hoy en día el microtráfico es llevado a los colegios, los jóvenes encuentran fácilmente a los expendedores de droga, los padres y miembros de la comunidad denuncian, pero dado que los vendedores no llevan en sus bolsillos más que la dosis personal, no pueden ser judicializados. ¿Cómo cambiaría este panorama si legalizamos? Simplemente dejaremos de denunciar, pero ¿dónde dejamos el futuro de los pequeños?

Dice el informe: “Esto nos recuerda que las políticas de drogas inicialmente se desarrollaron e implementaron con la esperanza de alcanzar resultados en términos de una reducción de los daños a los individuos y la sociedad, menos crimen, mejor salud, y más desarrollo económico y social…”. ¿Será entonces que legalizando desarrollaremos la estrategia perfecta para reducir los daños a la sociedad? ¿Se reducirá el número de crímenes? ¿Gozaremos de mejor salud? ¿Vendrá con ello más desarrollo económico y social?

Finalmente, y en el caso de que se tomen en serio el informe, no acabará el flagelo si legalizan o despenalizan únicamente en un país, no se puede dejar a potestad de cada nación el criminalizar o no. No se puede llegar a esta decisión sin que antes el mundo haya hecho verdaderos programas de educación y prevención y sobre todo sin que se hayan tomado verdaderas medidas judiciales contra quienes irresponsablemente incitan a los menores de edad al consumo de cualquier sustancias prohibida para ellos.

6 de junio de 2011

Después de la Ley Lleras nos llega la Ley Córdoba


Una vez más vemos la táctica de muchos izquierdistas colombianos de autovictimizarse montando la tramoya de las autoamenazas para justificar su invitación a la censura y la represión contra quienes se atreven a contradecirlos, tal como había sucedido antes con Daniel Coronell.

Esta vez el turno es de Piedad Córdoba, quien repentinamente incluyó a cuatro usuarios de Twitter en una amenaza de judicializarlos por supuestamente “trollearla” e incluso “poner en peligro” su vida y la de su familia. Hasta recurre a sus influencias con el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo en Estados Unidos y el poder judicial de Colombia y Venezuela para que no queden dudas de su poder para perseguir y amedrentar personas incómodas que afecten su propaganda política:


Lo extraño es que por más que se le pidió públicamente en varias ocasiones, jamás se refirió a ningún comentario amenazante. Quien finalmente admitió haber instigado la “denuncia” fantasma resultó ser Mumma Gnecco, la @Mumismo que en una ocasión intentó amedrentarme con el mismo método de la autoamenaza y la denuncia falsa, tal como quedó expuesto aquí:



https://twitter.com/#!/Mumismo/status/77114028547260416

En medio de su torpeza, Mumma confundió un par de grupos de Facebook con 120 miembros cada uno que piden la “muerte política” de Piedad Córdoba, con “120 grupos que piden la muerte de Piedad Córdoba”:


Entre ese montón de grupos, de los cuales ninguno incita al homicidio de Piedad Córdoba sino a su “muerte política”, término usado en Colombia para la exclusión vitalicia de una persona de la vida política por haber incurrido en algún delito o falta grave, apenas vemos dos grupos que tienen 120 integrantes. Debe ser a ésos a los que se refirió la torpe @Mumismo. Lo demás es pura tergiversación y manipulación para victimizarse. Al ver el perfil de cada grupo no encontré ninguna intención de causarle algún daño a Córdoba más allá de exigir que pierda todos sus derechos políticos:

http://www.facebook.com/group.php?gid=15084623027&v=info

http://www.facebook.com/group.php?gid=31045847059

Aunque muchos saben que la cuenta en Twitter de Piedad Córdoba (@piedadcordoba) es coadministrada por dos de sus ayudantes, Ricardo Montenegro y Andrés Vásquez, la confirmación de que la autora del trino que amenaza con usar el poder judicial para amedrentar y censurar twitteros vino de la noticia que la misma Piedad no demoró en publicar en los medios:

“Piedad Córdoba denuncia amenazas de muerte en Facebook y Twitter”

La ex senadora colombiana Piedad Córdoba, principal mediadora en liberaciones de rehenes de las FARC, denunció este sábado que existen al menos 120 cuentas en Facebook que instigan a que la asesinen y que también es objeto de hostigamientos a través de Twitter, por lo cual sacará de Colombia a sus hijos.

"Muy difícil la situación mía, voy a sacar a mi hija del país nuevamente en los próximos días y a otro de mis hijos. Esto no es justo. Simplemente por el hecho de que yo tengo toda la posibilidad de denunciar y trabajar a favor de los derechos humanos", dijo la ex congresista.

"¿Qué más quieren? Yo estoy esperando a que me peguen el tiro", agregó Córdoba, quien anunció que acudirá a instancias internacionales para abogar por la protección de su familia.

La ex senadora liberal se pronunció en Bogotá en el marco de un evento denominado "Encuentro por la libertad de los presos políticos", en el cual aseguró que en las prisiones colombianas hay más de 7.500 reclusos a quienes se les violan de manera reiterada sus derechos humanos y políticos.”

Mientras la pobre Piedad abogaba por guerrilleros presos a quienes el INPEC les estaba negando el “derecho” a hacer un motín, “denunciaba” que ahora le toca sacar a sus hijos del país porque no le gustan los trinos de la gente en Twitter. Lo de los grupos amenazantes en Facebook es otra falacia igual de grotesca.

Sin embargo otra noticia llegó el mismo día dando la perspectiva completa de la maniobra de Piedad Córdoba y Mumma Gnecco:

“Defensoría repudia amenazas contra ONG y dirigentes"

La amenaza fechada el 2 de junio a nombre de la banda criminal “Los Rastrojos” incluye a Piedad Córdoba entre los mencionados.

Así que aprovechando la amenaza de “Los Rastrojos” Piedad ha usado los grupos que la aborrecen en Facebook y algunos usuarios de Twitter como @Padre_Minero (quien apenas se ha burlado de ella y se puso de avatar una foto burlesca), @piedadgordoba (una cuenta “fake” que le hace parodia), @LSDell (por criticarla fuertemente) y @Jeisyramirez, quien ha publicado señalamientos bastante específicos acerca de actos de corrupción realizados por funcionarios del gobierno venezolano junto con Córdoba.

¿Cuál fue la amenaza real? Ningún grupo de Facebook y ningún usuario de Twitter, sino “Los Rastrojos”, un grupo verdaderamente peligroso y criminal. Sin embargo las declaraciones públicas de Piedad en ningún momento mencionan a estos últimos, algo que de ser cierto sí ameritaría el tener que sacar a sus hijos del país.

¿Pero sacarlos porque en Twitter alguien le dijo cosas incómodas, mas no amenazas? ¿Porque en Facebook hay más grupos aborreciéndola que gente apoyándola? La intención es obvia: la manipulación de los medios que le publican sus “autoamenazas” porque si oculta al verdadero autor de amenazas probablemente reales y potencialmente muy peligrosas y en cambio exhibe públicamente a simples usuarios de Twitter es porque su interés está en censurar las voces críticas. De lo contrario hubiera dicho en su rueda de prensa que las amenazas provenían de un grupo delictivo del cual ya nada nuevo hay que decir acerca de su capacidad de hacer el mal. En cuanto a los usuarios de Twitter, era la ocasión perfecta para tratar de destruir su imagen e intimidarlos para que no se vuelvan a atrever a contrariarla o criticarla. Para eso al día siguiente prosiguió con su actitud amenazante, recurriendo a extraños personajes de inteligencia policial:

https://twitter.com/#!/Coroneltwitt/status/77440611170529280

https://twitter.com/#!/piedadcordoba/status/77444525857062912

El propósito de Piedad de judicializar a quienes la critican en las redes sociales viene a ser una edición de la “Ley Mordaza”, o ley de autocensura que Chávez ha aplicado a los medios venezolanos para reducir la intensidad con que la gente se expresa en su contra. Mientras aquí todavía se discuten los alcances de la llamada “Ley Lleras” que pretende regular los contenidos virtuales y derechos de autor, Piedad Córdoba muestra su deseo de que su “Ley Mordaza” se pudiera aplicar en Colombia a costa de restringir las libertades civiles que tanto alega defender.

3 de junio de 2011

Procesos de paz y sofismas del terror

Por Jorge Monroy


Por estos días se hacen más fuertes los rumores que veníamos oyendo casi desde el principio de año: El presidente Juan Manuel Santos está orquestando por debajo de la mesa una negociación política con las FARC. Las pruebas ya saltan a la vista, el apaciguamiento de la guerra, el recrudecimiento de las acciones de las FARC, las relaciones internacionales, el silencio frente a las inadmisibles decisiones de la justicia que favorecen a las FARC, la presencia de Baltasar Garzón en Colombia, entre muchas otras cosas que ya han sido mejor descritas por otros escritores. El interés de este articulo, no es, por tanto, mostrar de nuevo lo evidente (aquello que por más que quiera, el presidente no puede ocultar más), sino demostrarle al lector de forma contundente por qué un proceso de paz es contraproducente en el largo plazo para la cohesión nacional y el Estado Social de Derecho, y por qué al final sólo logra generar más violencia en el largo plazo.

Para empezar, quisiera partir de una premisa elemental: para que haya un proceso de paz, debe haber un estado de guerra. En este, existen dos bandos, cada uno intentando imponer una visión del mundo por la vía de las armas. Quien vaya ganando en el campo de batalla sentirá que puede imponerle al contrincante su pensamiento, cualquiera que sea. Así pues, al igual que el Tratado de Versalles o la Conferencia de Yalta, es aquel quien ya ganó quien describe las condiciones en las cuales se instaura la paz. En Colombia, esa era la visión pastranista, sin embargo, el proceso fracasó precisamente porque las FARC iban ganando en el campo de batalla, pero no lo suficiente como para hacer rendir al Estado. Sin embargo, esa visión es errónea para el caso colombiano por múltiples razones; en este escrito discutiré especialmente dos de ellas: la primera, es que los grupos armados al margen de la ley (GAML) han dedicado su existencia estrictamente al accionar criminal. Su única razón de ser es poner bombas, secuestrar, extorsionar, robar, asesinar civiles, traficar con drogas y otros crímenes. Desde esta perspectiva, un interés de subvertir el Estado a favor de una u otra ideología es completamente irrelevante. Es decir, ¿considera el lector que es correcto decir que el Estado está en guerra con las bandas de apartamenteros? ¿Aceptaría usted que el estado dialogara con una banda dedicada al paseo millonario? Si su respuesta es un no rotundo, no hay ninguna razón para considerar que los GAML deban tener un tratamiento diferente.

La segunda razón es que el impacto de las atrocidades de los GAML ha logrado que los colombianos caigamos en un sofisma: creer que de fondo hay un problema político, y como tal, es preciso tener una solución política. En este punto no quiero demeritar las causas que alimentan la violencia día tras día, pues me referiré a ellas más adelante, sino que pretendo mostrar que la tragedia colombiana es solamente producto de que en Colombia el proceso de formación del Estado dentro de la nación ha sido incompleto.

Quiero citar un ejemplo muy simple para ejemplificar este punto, ¿alguna vez se ha preguntado el lector por qué el mismo colombiano que no encuentra problema en conducir de manera absurda en Colombia, respeta las leyes del camino en Estados Unidos? Estoy seguro de que más de un Colombiano ha oído la frase “es que allá sí toca”. Si saltó a su mente un recuerdo, quiero decirle que la explicación es la descrita anteriormente. Ejemplos hay muchos: cuando en Colombia se coloca un parte, en algún momento hay amnistía; cuando no se han pagado todos los impuestos, en algún momento hay un arreglo; cuando se aprehende a un criminal, se le condona la mitad de la deuda; es decir, en todas las esferas, el Estado en general está renunciando a aplicar la fuerza en aras de mantener un statu quo que beneficia a algunos pocos; por esta razón, un proceso de paz, es el más grave ejemplo: si el Estado renuncia a ejercer su fuerza, está básicamente educando a los colombianos para que se perpetúe el esquema de crimen sin castigo. Esto es, un Estado que decide renunciar a completar la tarea que durante años le ha quedado pendiente: establecerse como la única autoridad en el territorio colombiano.

Entonces ¿por qué no debemos hablar de guerra?, porque el Estado no hace la guerra contra los criminales, es su obligación combatirlos y someterlos al imperio de la ley ejerciendo una función de ejemplificación para hacer que todos los ciudadanos sientan que existen reglas claras que no se pueden transgredir.

La segunda razón porque un proceso de paz es inconveniente en el largo plazo, es porque lleva a la sociedad a otro sofisma que el terrorismo ha logrado involucrar eficientemente en el inconsciente colectivo: “las desigualdades sociales llevan a la violencia”. Sin minimizar el impacto de las difíciles condiciones que deben soportar miles de personas en Colombia, las profundas diferencias sociales entre los más ricos y los más pobres y lo excluyente de las posibilidades; ese argumento muestra nuevamente la más insensata renuncia del Estado a imponerse como único ente que rige la sociedad. El argumento según el cual la pobreza es un justificativo valido para la violencia es el sofisma político que nos ha vendido una clase de dirigentes que buscan soluciones facilistas y de muchos grupos armados cuyas palabras vacías han tenido eco por años en los medios de comunicación. Así pues, el Estado tiene dos responsabilidades que en aras de mantener un rebaño de votantes dóciles ha evadido: la responsabilidad de hacer presencia en todos los estadios de la sociedad, (ricos y pobres) y la responsabilidad de hacer que la ley sea una regla no negociable para todos los miembros de la nación.

Así pues, cuando la sociedad ha decidido no usar las diferencias sociales como justificativo para la violencia, el objetivo “político” de los GAML se queda automáticamente sin fuerza y no queda ningún otro calificativo más que el de Banda Criminal.

La tercera razón, es, como he sostenido en varios de mis escritos en Atrabilioso, que la justicia es más importante para la estabilidad y cohesión social para una sociedad, que la paz misma. Un proceso implica per se impunidad y deja enormes heridas abiertas en la sociedad, que ésta tarda años en superar. Por otro lado, con un historial tan profundo de violencia con tintes políticos, una paz que implique involucrar a quienes estaban inmersos en una dinámica criminal al aparato del Estado, ante todo generara un ambiente de polarización y más violencia: los colombianos inconformes entenderán, como lo vemos actualmente, que la respuesta del Estado a una agresión siempre conlleva impunidad, razón por la cual muchas de las victimas de hoy serán las victimarias de mañana. Así pues en el momento en el cual la sociedad ha entendido que no importa cuál sea la condición, la justicia es equivalentemente fuerte y genera el suficiente temor, la eficacia de la fuerza pública aumenta, al igual que el acatamiento de la ley y la eficiencia colectiva de las instituciones formales e informales: le pido al lector que imagine cómo sería nuestra sociedad si un contratista tuviera tanto miedo de robar que utilizara el dinero de manera eficiente en la creación de obras civiles; si considera radical este argumento, vale la pena revisar por qué el gobierno chino, logró construir 381.000 kilómetros de carreteras en un año. Es claro que la falta de respeto por los derechos humanos del régimen seudo comunista chino no es lo que profeso, sino el espíritu de respeto y temor hacia el Estado que surge del ejercicio eficiente de la fuerza.

Cuando se hace un proceso de paz, se renuncia a la justicia y como tal al ejercicio eficiente del Estado. El mensaje que se lleva a la sociedad es el mismo que se ha venido llevando durante tanto tiempo: “cometa un crimen, y aguante, que el Estado finalmente cederá”. Qué coyuntura mas paradójica: ocho años de arremetida del Estado contra las FARC, en los que se les dieron golpes que jamás en su historia habían recibido (fueron arrinconados y obligados a dividirse en grupos de no más de 15 personas; fueron llevados casi al borde de su extinción), y el Estado, renuncia a la posibilidad de establecer justicia, premiando su resistencia con un proceso de paz.
En el momento en el cual un criminal es indultado, (cualquiera que sea su GAML) el Estado ha perdido la batalla, y le enseña a los demás ciudadanos que por las vías de hecho, si resiste, finalmente ganará.

Es irónica la conclusión de este artículo, pero no por ello deja de ser falsa: la paz a cualquier precio lleva a la violencia, mientras que la justicia a cualquier precio, lleva a la paz. Colombianos: si la impunidad es el problema, ¿por qué creemos que con impunidad vamos a solucionarlo? El día en que sea cual sea el crimen, el destino sea la cárcel con una pena que deje a la sociedad tranquila, ese día, nuestro proyecto de sociedad funcionará. Mientras tanto, todos los inconformes entenderán que las armas hablan mucho más fuerte que las palabras.


2 de junio de 2011

La complejidad del mundo desafía el intelecto humano

Por Noel Carrascal
¿Por qué el rumbo de Colombia parece estar sugiriendo una gran confusión por decisiones de políticos evidentemente preparados? Un libro reciente comentado por Matt Ridley en la revista Nature siguiere que los humanos difícilmente pueden tener la capacidad de entender la complejidad de la política y el manejo de un país. El libro titulado Adapt: Why success always starts with failure’ (Adaptarse: por qué el éxito siempre comienza con el fracaso) por Tim Harford insiste que el de prueba y error es un método poderoso para resolver problemas en un mundo complejo, mientras que lideres experimentados no lo son. Innovación y descubrimiento provienen de la pluralidad de ideas y un azar calculado, no comando y control.

Juan Manuel Santos es un presidente con experiencia que muestra comando y control de los problemas colombianos. Su agenda legislativa es adelantada por otro experto en temas legales como lo es Germán Vargas Lleras, pero esta agenda seguramente tendrá aciertos y desaciertos, éxitos y graves errores. La presunción de poder tener una solución efectiva a la violencia colombiana en la ley de víctimas es un error que pesará más que sus aciertos. La orden de indemnización por 1.700 millones de pesos a víctimas de terroristas por el ataque a Las Delicias es un presagio de la tronera fiscal que será la ley de víctimas, además de hacer de la beligerancia y una salida política para las FARC una posibilidad latente indeseada.

El problema parece ser que Santos, al igual que los políticos caguaneros, creen tener una solución más inteligente a la que llegó Uribe con su seguridad democrática tras décadas de pruebas y errores con muchos intentos de soluciones negociadas para lograr una paz definitiva. La relativa simplicidad de la efectiva seguridad democrática de Uribe contrasta con la creación intelectual de un marco jurídico-social-político con muchas gabelas legales, soluciones monetarias y complejidad en contenido para llegar a la paz. El regreso de Santos a una solución del conflicto ingeniada a base de intelecto, y no de experiencias previas, presumen una inteligencia artificial y superior a la evolución de fallidas soluciones históricas del conflicto.

Lo que le escapa al intelecto de Santos es que los problemas evolucionan más rápidamente que las soluciones, en este aspecto Harford cita a la química Leslie Orgel quien dice que la evolución es más inteligente que los humanos. En farmacología, científicos notan como vacunas para enfermedades son soluciones que se hacen inefectivas rápidamente ante la evolución de los patógenos. En políticas de paz, arrestos de capos de carteles, desarticulación de los paramilitares, perdón a terroristas del M-19 y dadas de bajas de jefes guerrilleros han hecho que el conflicto evolucione y trascienda las fronteras al mismo tiempo que el crimen organizado se desmorona en vulgares BACRIMS. Soluciones elaboradas a la violencia se hacen inefectivas rápidamente como las vacunas.

Las políticas de paz y de relaciones internacionales creativas de Santos se harán inefectivas con el pasar del tiempo. De ahí que el comentario certero del comediante Groucho Marx le cae muy bien a Santos: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". Santos encontró en la ley de víctimas y la distensión de relaciones con su nuevo mejor amigo un problema al que le hizo un diagnostico falso y le aplicó una vacuna inefectiva con graves efectos secundarios.

Otros ejemplos de soluciones creativas que se desentienden de la cambiante realidad es el proyecto Transmilenio de Peñalosa. La idea es una solución efectiva de corto plazo y bajo costo, pero tiene sus limitaciones. El metro sería costoso pero podría transportar una mayor densidad de pasajeros. No se puede desentender la evolución de casi todas las urbes del nivel de Bogotá, que han construido metro sin importar el costo.

Mockus creía que con girasoles, legalidad y educación se solucionarían los problemas colombianos. Solución que parece ignorar los ocho años de resultados alentadores a los que él le quería cambiar el rumbo con su ‘ingeniosa’ agenda presidencial. Este es un ejemplo de cómo algunos intelectuales no hacen buenos políticos: ellos creen sabérselas todas y no son humildes ante una compleja realidad que no parecen tratar de entender.

Los grandes líderes políticos se distinguen porque el comentario de Marx no se aplica a ellos, ven la compleja realidad más claramente y le aplican buenas soluciones basadas en pruebas y errores de otros políticos, sin la presunción de tener grandes soluciones a los grandes problemas. Los líderes políticos malos tienden a repetir errores probablemente creyendo que ellos tienen una solución más elaborada que cae nuevamente en errores históricos previos. Santos está planeando una solución elaborada que los votantes creían haber eludido no eligiendo a Mockus.

Los beneficios de prueba y error no quiere decir que deban ser aplicados ciegamente, por ejemplo, a plantas nucleares, bancos y políticas de gobierno, las cuales deben funcionar sin fallar mucho, o siquiera una vez. Hartford dice que eliminar errores es imposible y que la única alternativa es simplificar políticas y separar altos riesgos en sectores que puedan fallar. Harford siguiere que puede llegar una nueva era de negocios evolutivos, en la que se confinan los problemas a un espacio en el que es seguro fallar. A los empleados de la compañía Google se les permite jugar con 20% de su tiempo de trabajo, ideas de negocios viables emergen de entre la variedad de distracciones que se permiten a estos empleados, muchos de los cuales probablemente yerran en sus proyectos.

Definir el espacio dentro del cual se puede fallar es mucho más difícil en leyes y regulaciones gubernamentales que se aprueban asumiendo infalibilidad pero terminan siendo aprovechadas injustamente por oportunistas. Por eso las soluciones a los problemas de Colombia se deben simplificar, basar en experiencias y errores previos, y dar un margen de error que exima al Estado de compensaciones injustas por crímenes ajenos. Por eso políticos preparados y con experiencia como Santos están creando dudas sobre sus capacidades como presidente, a menos que políticas como la ley de víctimas tengan fines politiqueros secundarios como engrasar la corroída maquinaria política del Partido Liberal, en cuyo caso las dudas como presidente se disiparían ante renovadas dudas de mañoso.

1 de junio de 2011

En defensa de Mockus


Por Jaime Ruiz

Moral colombiana
Cuando se piensa en los innumerables atropellos de los jueces contra cualquiera al que puedan asociar con la resistencia a las bandas terroristas o con el gobierno que encarnó esa resistencia, siempre hay algo incomprensible para quien no está impregnado de la vida colombiana. Una vez lo intenté explicar comparando esa conducta con las máscaras rituales africanas, que, por contraste, pretenden ser una legitimación de cualquier castigo más allá del interés de un particular. En Colombia es descarado el atropello, los "jueces" colombianos saben que ninguna infamia despertará rechazo entre los "periodistas", todo lo contrario, y obviamente tampoco entre el público de éstos. La tarea del "juez" es la iniquidad porque los grupos poderosos en la sociedad lo aplauden. No hay peor signo de barbarie que esa disposición, y eso se detecta en muchos niveles. Por eso sería muy grave que quienes desaprobamos a esos malhechores togados incurramos en una conducta parecida al exigirle al ex alcalde Antanas Mockus que obre como a nosotros nos gustaría so pena de llenarlo de improperios. Yo quiero reivindicar su derecho a obrar según su conveniencia, y lo seguiría aborreciendo y despreciando si apoyara a Peñalosa.

¿Qué le pasa a Mockus?
Verdaderamente es absurdo esperar que Mockus se resigne a apoyar a Peñalosa si éste se alía con Uribe y termina dependiendo de un Concejo uribista y de una legitimidad basada en ese apoyo. No porque el recitador de mantras sea un cruzado que se obstina en sus principios, como con indecencia estremecedora proclama Alejandro Gaviria, sino porque obrando así no tiene nada que ganar y sí perdería la adhesión de su público. Durante la campaña electoral de 2010 mostramos en numerosos artículos de este blog la condición moral del personaje, su capacidad de mentir acerca de su falsa renuncia al dinero de reposición de las campañas, la repugnante calumnia de atribuir al gobierno de Uribe voluntad en los asesinatos de inocentes o a quienes apoyaban al candidato Santos el obrar por incentivos monetarios, y la mucho más repugnante incongruencia entre la babosa proclamación de la sacralidad de la vida humana y la disposición a aceptar el apoyo de asesinos "lavados" como León Valencia o promotores del asesinato como Sergio Otálora Montenegro o William Ospina. De hecho, su campaña se fortaleció después de que Héctor Abad Faciolince, el antiguo promotor de Carlos Gaviria (que justificaba matar para que la gente viva mejor), lo invitara a unirse con Sergio Fajardo (fracasado en su proyecto de acaudillar una opción novedosa y misteriosa en compañía del propagandista de las FARC Luis Eladio Pérez y del ex embajador en Cuba Londoño Paredes, para el que la infame satrapía de los Castro es una "democracia de bienestar"). Después se evidenció su papel en la carrera de los Nule y su curiosa disposición a ser conveniente a los intereses de quien lo promovió: César Gaviria. El Quijote inspirado y rebosante de honradez es un pícaro bien disfrazado, a la altura de los rateros y asesinos que lo promueven.

Mockus contra Peñalosa
Lo anómalo, lo que carece de sentido, no es que Mockus no secunde la aspiración de Peñalosa a la Alcaldía, sino que ambos estén en el mismo partido. En rigor representan principios opuestos, y de no ser por su relativa distancia respecto de los otros polos (el comunismo y el uribismo), todo el mundo habría tomado partido por uno contra el otro. Mockus representa a la Universidad Nacional cuando el proyecto comunista ya no se puede "vender". Su lugarteniente más característico es Salomón Kalmanovitz, ex marxista partidario de ensanchar el Estado a costa de la iniciativa privada (y calumniador sicarial digno de competir con Gonzalo Guillén o con Felipe Zuleta). Dicha opción encarna la defensa del viejo orden y recauda apoyos de los descendientes de las castas poderosas: su principio es la jerarquía y su materialización es la ingeniería social, cosas todas muy evidentes en todo lo que rodea al cómico Savonarola del trópico. La retórica contra la corrupción no alcanza a tapar la tosca ostentación clasista de los prosélitos. ¿Alguna vez se preguntarán si es o no corrupción pagar sueldos fabulosos a enemigos del Estado para que adoctrinen seguidores, como ocurre con políticos sin votos como Pedro Medellín o Francisco Gutiérrez Sanín? Bueno, Peñalosa es lo contrario: pese al apellido, sus ideas son las de alguien que ha pasado buena parte de su vida en el exterior y ve las singularidades de Colombia. Su obsesión por el espacio público lo es por la igualdad real entre los ciudadanos que reina en otras partes, es decir, contra la jerarquía; sus obras van en el mismo sentido, pues tanto los bolardos como el Transmilenio plantean reducir la ventaja de los que tienen carro sobre los que van a pie. Otro tanto se podría decir de los colegios en concesión: lo contrario de la retórica de la llamada izquierda democrática, que adoctrina exaltados y justicieros en los colegios de Fecode pero jamás manda a sus hijos a ellos. Hay algo que falla en la relación de Peñalosa con los ciudadanos, tal vez la habitual dependencia de las nociones de la prensa, y de ahí el aislamiento que determinó su asociación con los otros ex alcaldes. Su lugar habría sido el uribismo y tal vez habría ganado la Alcaldía en 2007 si no pretendiera ser un caudillo diverso (que fracasó estruendosamente como líder nacional en 2006).

Mockus y Petro
La insinuación de que Mockus debería unirse a Petro apareció en El Espectador como una "noticia" típica de una prensa dedicada a crear la realidad. Como ya he explicado, la ola verde surgió de una columna de opinión de intención parecida. Y el caso es que tienen razón los que dicen que el apoyo de Uribe a Peñalosa no le suma muchos votos y más bien le resta: la Ola Verde surgió como solución desesperada contra el uribismo y recogió a todos los antiguos promotores del PDA junto con algunos jovencitos ansiosos de encarnar la nueva ola colectivista (con razón decía Gómez Dávila que cada generación reinventa las mismas tonterías). Los promotores y activistas de la ola verde que tuvieran edad en 2007 votaron por Samuel Moreno. Como candidato uribista, Peñalosa perdería muchos votos de esa clase y no es seguro que ganara muchos votos uribistas. Su victoria sería más dudosa. En cambio, Petro tendría grandes oportunidades con el apoyo de Mockus: representan el mismo segmento sociológico y la misma moralidad. La chusma emética que proclama "la vida humana es sagrada" sólo quiere explotar lo de los falsos positivos y como mucho decir que no participa en los crímenes terroristas, pero obviamente no piensa jamás en lo que se debería hacer para contener a las bandas de asesinos. Petro concentraría además los recursos de Chávez y sus socios colombianos, así como las formidables clientelas del PDA y aun la maquinaria del samperismo. Y la presencia de Mockus haría mucho para lavar esa imagen: a fin de cuentas la parte de la sociedad que lo siguió sólo buscaba un remedio desesperado ante el naufragio del comunismo.

El contexto del Alba
Lo extraño es que en medio de una situación más angustiosa que cualquiera en la historia del país, con el avance a pasos agigantados de una tiranía asociada al chavismo y respaldada por el poder militar del sátrapa y sus aliados iraníes, todo el mundo crea que puede haber unas elecciones centradas sólo en aspectos locales. La alianza de Santos con las FARC es evidente y no se puede dejar pasar la ocasión de consultar a los ciudadanos ocupándose de otros asuntos. En ese contexto creo que hace falta una votación abrumadora por candidatos claramente críticos con Santos, para impedir la negociación que planea y que avanzará a punta de compra de conciencias y asesinatos como los que ya se han cometido con Germán Restrepo, Hernán Yesid Pinto Rincón o los candidatos a la Alcaldía de Campamento, esta misma semana, y se han intentado con Fernando Vargas. Por eso sería deseable que el candidato a alcalde de Bogotá fuera Álvaro Uribe y que planteara su aspiración desde la condena clara de la labor del gobierno. Se puede objetar que eso alentaría la persecución judicial, pero ¿otra cosa la disuadiría? Tal vez Uribe debería anunciar su retiro de la política y pactarlo a cambio de indulgencia de los hampones que pretenden juzgarlo, o exiliarse y denunciar la tiranía. Si quiere liderar algo en Colombia, no puede decir que personalmente no se arriesga a participar en elecciones sin que su liderazgo no resulte un estorbo para el surgimiento de una corriente que de verdad le haga frente al chavismo. Y obviamente TAMPOCO debe creer que en 2014 podrá volver a ser candidato presidencial: eso sería regalarles a los chavistas la bandera de la defensa del sistema democrático, como ya ocurrió entre 2007 y 2010 con la patochada de la segunda reelección.