14 de febrero de 2011

Ya viene la paz… ¡Espérela!

Por Jaime Restrepo Vásquez.

Piedad Córdoba fue clara:


Y esos mensajes “positivos” no tardaron. El viernes en la noche, en el departamento del Cauca, fue encontrado el cadáver de Fabio Valencia, un pensionado que permaneció varios meses secuestrado por las FARC.

Horas antes, también en el Cauca, las FARC secuestraron a Oscar Orlando Valdéz y a Fredy Cuenca, empleados de una filial de la multinacional irlandesa Smurfit Kappa. Mientras esto ocurría en el Cauca, en Putumayo, cinco personas fueron masacradas por las FARC, incluyendo a una menor de cinco años.

Ciertamente los secuestros y las masacres son mensajes de las FARC. No obstante, el adjetivo de positivos solo encaja en el hecho de que esos símbolos sean favorables a los intereses de quien así los califica. Es más: los mismos compinches de Piedad Córdoba dejan clara la razón para la euforia pacifista de los mensajes “positivos”. Dice Iván Cepeda:
“Un nuevo proceso de paz en Colombia requiere la asimilación de las lecciones del pasado. Su carácter no será el de una simple desmovilización y entrega de armas, pero tampoco el de una negociación maximalista”.
Si el proceso de paz no tiene como objetivo una simple desmovilización y la entrega de armas, ¿entonces cuál será la meta de la negociación? La respuesta es la clave para entender la euforia de los forajidos “altruistas”: el gobierno Santos está dispuesto a negociar las leyes con ellos y viene trabajando activamente en la preparación del camino, como ocurre con la modificación del censo electoral, de tal forma que sea más fácil la aprobación del acuerdo de paz.

Se ha vuelto tradicional que los medios informen brevemente sobre un nuevo acto terrorista, mientras le otorgan un gran despliegue a los “humanitarios altruistas”: junto a la escueta nota sobre la masacre cometida por las FARC en el Putumayo, aparecía en El Tiempo un enlace al análisis del “colombiano por la paz” Iván Cepeda Castro titulado ¿Está cerca el fin del secuestro?

Llama la atención el esfuerzo del hijo de Manuel Cepeda para evitar el uso de la palabra secuestrado. A cambio, utiliza el eufemismo “personas que estaban en poder de la organización guerrillera” para referirse a las víctimas de la tortura del secuestro.

En el documento, Cepeda Castro emprende un burdo trabajo de propaganda a favor de la defenestrada Piedad Córdoba y, en un círculo vicioso, de las liberaciones “humanitarias” y a cuenta gotas que se han venido presentando.
“El trabajo paciente que desde hace años realizamos Piedad Córdoba y un grupo de personas para lograr hechos unilaterales de carácter humanitario puede contribuir a propiciar una situación nueva para alcanzar la paz: la declaración en que las Farc hagan un compromiso solemne y verificable de renunciar al secuestro en todas sus modalidades abriría la puerta para el diálogo y estimularía seriamente otros signos positivos que se han presentado en la actual coyuntura política”.
Así las cosas, según Cepeda, el trabajo de los forajidos “humanitarios” busca un compromiso “solemne” y verificable de las FARC de renunciar al secuestro. Si algo tenemos claro los colombianos es que las FARC utilizan la mentira como una estrategia de guerra: es bueno recordar el caso de Emanuel, o la negación de la autoría del grupo terrorista en el asesinato del gobernador de Caquetá. Entonces, ¿cómo pueden reclamar credibilidad alguna para los palurdos de la organización terrorista?

De otro lado, la verificación es un plato que despierta el apetito de muchas ONG, las que estarán dispuestas -previo pago nacional o internacional- a ejercerla mediante la producción de “investigaciones” al estilo Claudia López y León Valencia.

Cepeda no se queda ahí: asegura que las liberaciones unilaterales son propuestas para poner fin a la guerra, cuando lo cierto es que las mismas FARC anunciaron que las liberaciones eran un desagravio a la señora Córdoba. Al fin qué: ¿son propuestas o desagravios a una de sus aliadas? Todo indicaría que la propuesta contenida en las liberaciones, es que la ex senadora debe tener las “llaves de la paz” y que cualquier acción sancionatoria en su contra, es una afrenta contra las FARC y sus secuaces, lo que deja condicionado un hipotético proceso a la presencia, participación y buena voluntad de Piedad Córdoba.

Sin embargo, la “propuesta de desagravio” de las FARC fue mezquina, pues las FARC escogieron para el espectáculo mediático –con secuestrado de corbata incluido- a los “canjeables” con menor tiempo de cautiverio, y dejaron en la selva a los militares y policías que padecen el secuestro desde hace más de una década, lo que podría denominarse un desagravio a medias, solo para que Piedad y compañía volvieran a las pantallas y contaran con algún espacio en la prensa.

No obstante, en el escrito de Cepeda aparece un relámpago de sinceridad conveniente, pues en la práctica es un saludo a la bandera: “Se ha hecho evidente el rechazo al secuestro en todas sus manifestaciones: como medio de financiación, como forma de resolver el qué hacer con los miembros de las Fuerzas Armadas llevados a rendición -cautiverio que en algunos casos se prolonga por más de una década- o como medio político de presión al adversario.”

Muchos de los entusiastas del “pacifismo altruista” entran en cólera cuando se habla de los militares y policías secuestrados: los llaman retenidos o prisioneros de guerra. Pues bien: Iván Cepeda define la permanencia de los miembros de las Fuerzas Armadas en poder de las FARC como secuestro, lo que podría afianzar internacionalmente el repudio contra el grupo terrorista.

Pero no importa. Como lo insinúa Cepeda Castro en su escrito, lo fundamental son las ganancias que obtendrán en un proceso de paz, así tengan que sacrificar a los díscolos muchachos del monte.

3 comentarios:

jaime ruiz dijo...

Jaime, la disposición del gobierno de Santos ya no puede engañar a nadie. La tragedia ya no está en lo que haga ese gobierno, pues cada vez son menos los que confían en él.

Más cerca cae el señor Uribe, que tampoco plantea hacer oposición porque al parecer no quiere perder la lealtad de Armando Benedetti o de los amigos de Andrés Pastrana. El liderazgo que todo el mundo reconoce se vuelve un aliado del gobierno traidor.

Pero quedan los que al parecer tienen claras las cosas y sin embargo no pueden plantearse una actuación sin Uribe, es decir, contra el gobierno, es decir, contra el premio de los crímenes, porque quedarían en minoría y debilitados.

Está espesa la cosa. Como que la esperanza de recuperar al país ya pasó y se viene otra década, por lo menos, de conflicto.

A ver si de alguna parte surge una conciencia que plantee crear un partido renovador. Tal como están las cosas, eso tiene que hacerse no sólo sin Uribe sino aun contra Uribe. Difícil asunto.

Ojalá que tengan éxito las marchas programadas para el 4 de marzo, que creo que deberíamos promover desde el blog, y así se debilite la determinación del gobierno de premiar a los terroristas. Yo creo que hay que sacar pancartas y camisetas con el lema ¡SANTOS CÓMPLICE!, o ¡SANTOS TRAIDOR!

D. dijo...

Otro lema que se me ocurre es:

"Santos ganó con la voz de Uribe para gobernar con la voz de Samper".

Atrabilioso dijo...

JAIME:

Uribe está paralizado, o jugando a soltar la cuerda para que Santos se ahorque. Sin embargo, el deterioro del país es tan vertiginoso, que el ex está a punto de perder una oportunidad para cumplir con el encargo del liderazgo. Un abrazo.