7 de octubre de 2010

La constitución del 91 fue inoportuna y debe ser reconsiderada

Por Noel Carrascal

En su momento parecía una buena idea y aproximadamente el 20% de los colombianos eligió la constituyente que redactó a una nueva constitución. Independientemente del contenido, sus bondades, fallas y malas interpretaciones, la constitución del 91 fue escrita poco antes de la llegada de la revolución digital. En ese entonces Internet era sólo un instrumento de personas especializadas. Los computadores no habían irrumpido en los hogares como un electrodoméstico imprescindible. Esa constitución no sólo fue inoportuna por la ausencia de Internet que permitiera información y debate libres, sin depender de los medios tradicionales, sino porque no incorporó esta nueva tecnología de una forma que hubiese sido muy útil en el establecimiento de un gobierno transparente, eficiente y participativo.

Una constitución moderna no puede prescindir de las grandes posibilidades de libre acceso a la información que Internet provee casi que en tiempo real. Era difícil prever que se estaba ad portas de una era que se puede comparar a la de la introducción de la imprenta por Gutenberg. Desde el punto de vista ventajoso de ver la historia retrospectivamente, se puede afirmar que haber escrito una constitución sin considerar Internet sería muy parecido a haberla escrito y no imprimirla para hacerla pública una vez terminada. Casi todas las constituciones del mundo fueron escritas mucho antes de la llegada de Internet o no incluyeron esta herramienta en su redacción, contenido e interpretación.

El ciudadano común no tiene el tiempo o interés de inmiscuirse en los detalles de una constitución. Se podría argumentar que poco hubiese servido estas herramientas ante la apatía de muchos por estos temas. Esto no es cierto. La opinión publica entiende la transcendencia de estas decisiones y buscaría informarse directamente o a través de personas a quienes les han confiado la desmenuzada de temas complejos y extensos.

Atrabilioso recibió en promedio seis veces más visitas de lo normal en los días que precedieron la pasada elección presidencial. Lo que indica que la gente no confía todo el acceso de información y opinión a unas pocas fuentes, que antes del 91 era generalmente limitada a la prensa, televisión y radio, con el subsecuente control e influencias de sus intereses. Una constituyente en la era digital y de Internet permitiría la creación de consensos y evitaría ‘micos’ constitucionales por el intercambio de opiniones y por el beneficio que trae un mayor número de personas escudriñando las consecuencias de lo que la constitución representaría para el país respectivamente.

Internet no solo es importante en la redacción de una constitución sino también en su interpretación. Seria una constitución idealista si se escribe con un alto nivel de consenso y escrutinio ciudadano para que luego quede en manos de personas que la interpreten fuera del marco en el que fue creada y con intereses particulares. Las cortes colombianas interpretan la constitución tan particularmente que sus decisiones lindan con la inconstitucionalidad (como en la elección del fiscal), no se sienten obligadas con la opinión publica y se han inclinado más hacia la oposición política que hacia el balance y contrapeso institucional. La solución a semejante conflicto es difícil de plantear sin controversia. Dejar esa potestad en las cortes y en los jueces es importante bajo la estricta condición de que sus ponencias sean de acceso publico e inmediato vía Internet y con la posibilidad de disolverlas conjuntamente por el legislativo y el ejecutivo si estás persisten en la intransigencia.

Las consecuencias de una constitución bien escrita, bien intencionada, justa y equitativa se pueden ver en el contraste que éstas crean en el destino y prosperidad en diferentes países. Pido al lector que no pase por alto la lectura del editorial de Mary Anastasia O’grady sobre el contraste entre los destinos de Argentina y Estados Unidos. En el articulo “Argentina se empobrece a sí misma, otra vez” se evidencia la influencia que una mala constitución puede tener en el destino de un país.

Las constituciones tienen el poder de definir lo que es correcto y legal en un país. Una vez aprobadas, representan casi que un código de conducta para las instituciones y lo que los ciudadanos pueden esperar. La constitución debe tener un balance delicado entre deberes y derechos. Los deberes de los ciudadanos deben ser obligaciones ineludibles que de no ser ejercidos se deben penalizar (el pago de impuestos). De igual forma, los derechos de lo ciudadanos deben ser garantías que no se pueden expandir abusivamente (Como el uso del derecho a la salud para acceder a cirugías estéticas con ayuda de tutelas).

La salud es un buen ejemplo del delicado balance que debe haber entre deberes y derechos en una constitución. Debe ser una obligación del estado ofrecer acceso a la salud adecuado a todos los ciudadanos. También es un deber del ciudadano cuidar su salud evitando comportamientos irresponsables como manejar embriagado, fumar o tener malos hábitos alimenticios, lo cual requeriría contribuciones más altas al sistema de salud. La constitución no puede errar en delinear matices para proveer la salud de forma que sea muy generosa o muy austera. Una responsabilidad del estado compartida equitativamente con el ciudadano y con limites fiscales sostenibles en el subsidio a personas de bajos recursos mitigarían, en principio, la crisis perpetua en la salud que Colombia tiene en estos momentos o que las personas mueran por ausencia de hospitales, equipos y personal adecuados.

El dilema de la salud debe ser usado como ejemplo para evolucionar el concepto del Estado Social de Derecho que se ha prestado para llevar a la quiebra a países como Grecia. El Estado Social de derecho es un concepto de origen conservador para evitar la revolución. Este estado social de derecho ha sido extralimitado en sus principios para justificar revoluciones en lugar de evitarlas: eligiendo un gobierno legítimamente y usando el populismo para atornillarse al poder. Se debe crear un concepto que sea un híbrido entre el Estado Social de Derecho y un nuevo concepto que se puede denominar estado de deberes ciudadanos. Este ultimo concepto busca que sean los mismos ciudadanos quienes por acción directa, compasión y unidad ayuden voluntariamente a quienes estén marginados, en desventajas educativas, sin adecuada salud y sin oportunidades en general. La idea es que los ciudadanos le resten terreno al Estado en estas funciones sin omitirlo del todo. Un individuo puede hacer mejor uso de su dinero que un estado corrupto en el que los intereses políticos van mano en mano con las asistencias sociales. Por mandato constitucional, el Estado debe promover su propia sustitución como mediador en programas sociales, limitándose a ser regulador. Como están las cosas, no está prohibido que los ciudadanos se ayuden entre sí, pero el Estado poco promueve este tipo de comportamiento y en su lugar tiende a monopolizar el asistencialismo.

Recientemente se planteó la posibilidad de una constituyente. Colombia no debe dejar pasar la oportunidad de plantear una nueva constitución con ayuda de los beneficios de la era digital. Esta constitución requiere cambiar conceptos que la hagan compatible con la realidad actual y con realidades imprevisibles. Esta constitución debe ser tomada como una oportunidad para que Colombia mantenga un crecimiento en todos los índices económicos y de bienestar de sus ciudadanos; debe ser una constitución que nos enriquezca y no que nos haga más pobres. La constitución tiene que ser innovadora en relación con constituciones de otros países y teniendo muy en cuenta las profundas consecuencias que conlleva.

La constitución del 91 fue escrita sin tener en cuenta la realidad del intercambio de información a través de Internet por parte del constituyente primario. Debido a la ausencia de Internet, se hizo más difícil saber a ciencia cierta hasta dónde llegaron las manipulaciones de intereses particulares, y hasta mafiosos, de la constitución del 91 o hasta dónde llegan los tentáculos de la corrupción institucional; por eso y mucho más la constitución actual terminó siendo inoportuna y 'miope' en su visión de las necesidades del país a largo plazo. Esta nueva era digital amerita una nueva constitución.

*Especial agradecimiento a Jaime Ruiz y Jaime Restrepo por sus comentarios en la preparación de este articulo. Difícilmente se puede creer que se tiene la ultima palabra en un tema tan difícil y no considerar la opinión de otros. Tampoco se talla en piedra todo sobre lo que al respecto de una constitución se escribe, pero si se 'talla' en unos y ceros, en forma digital, de tal forma que las ideas aquí expuestas puedan ser mejoradas... con ayuda de Internet y con contribuciones de todos los interesados en el tema.

6 de octubre de 2010

“Jojoy” la muerte de un verdugo comunista

Por Eduardo Mackenzie.

Las FARC fueron uno de los primeros aparatos de violencia armada que el poder soviético implantó desde los años 1950 para tratar de arruinar la democracia liberal en el continente latinoamericano.

Esa potencia extra continental dirigió y financió cada uno de los pasos que dio el Partido Comunista de Colombia para preparar y organizar la emergencia de esa maquinaria de desolación. Las FARC son uno de los productos más nefastos de la Guerra Fría.

Aun después del fin de ese periodo, y del derrumbe de la URSS, las FARC lograron perpetuar en Colombia, a través de operaciones armadas, de artificios ideológicos y del tráfico de drogas, la empresa de terror y desestabilización creada por el Kremlin para someter al mundo libre.

Con el paso de los años, y por los graves errores de sus adversarios, las FARC terminaron convertidas en la organización terrorista más experimentada de Occidente. En el vasto espacio humano, geográfico, espiritual y político que constituyen los continentes americano y europeo, no hay una organización criminal comparable a las FARC. Ésta supera a las otras por su durabilidad excepcional y por el número de víctimas, civiles y militares, que ha infligido a una sociedad abierta. Sus tentáculos y apéndices intentan, aún hoy, ganar un nivel operativo político y militar en varios puntos del continente.

El éxito de la Operación Sodoma, realizada por el Estado colombiano el 22 de septiembre de 2010, en La Escalera (Meta), debe ser analizado en ese marco. La muerte de Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy” no es un evento únicamente colombiano. Ello tendrá un impacto que va más allá del continente americano.

Los proyectos globales de las Farc y de sus apoyos, dentro y fuera de Colombia, fueron duramente afectados por la acción de los combatientes de la Fuerza Aérea, del Ejército y de la Policía. Esa operación conjunta confirmó que ya no hay un campamento, ni un búnker, por más escondido y eficazmente defendido que sea, que no esté al alcance de la inteligencia y de las armas de la República. Esa operación mostró igualmente la determinación que anima al presidente Juan Manuel Santos, y de la sociedad en su conjunto, de poner fin a décadas de horror, depredaciones y engaños de esa fuerza armada comunista.

Para nadie es la hora del triunfo definitivo. Gracias a la temeridad y al sacrificio de los soldados y policías colombianos durante los ocho años pasados, bajo órdenes del presidente Álvaro Uribe, las FARC viven la mayor de sus crisis. Sin embargo, esa organización tiene un papel central en el proyecto mal llamado “bolivariano”, destinado a precipitar el continente en un nuevo ciclo de despotismo “revolucionario” y de miseria social. Hay un entorno internacional relativamente favorable a ese proyecto y Colombia debe dotarse de mecanismos intelectuales, políticos, diplomáticos y militares para responder a ese desafío.

Alias “Jojoy” era el jefe militar de las FARC. No era uno de los “históricos”, pero si uno de sus cuadros más despóticos, temibles y temidos.

Tras sus 35 años pasados dentro de las FARC (algunos aseguran que pasó más de 42 años en esa banda), el se había convertido en el terror de sus propios hombres. Ellos desconfiaban de él y muchos fueron víctimas de su desmesurada paranoia, en fusilamientos expeditivos dictados por su miedo a ser capturado o ultimado.

Por eso él fue finalmente traicionado: desertores ayudaron a la inteligencia del Ejército y de la Policía a localizar y describir su búnker principal, construido en hormigón y bajo tierra y protegido por montañas y espesos bosques.

Su cuartel general era, según las autoridades, un búnker de 300 metros de largo con varias salidas. Para su protección “Jojoy” monopolizaba entre 600 y 1.000 guerrilleros de la zona.

Miles de colombianos y decenas de extranjeros murieron o perdieron su libertad o su salud por las decisiones adoptadas por 'Jojoy’. Miles más fueron heridos y mutilados de por vida a causa de él. ‘Jojoy era un verdugo impredecible y un mafioso despiadado que había robado miles de hectáreas de tierras a los campesinos. A él le gustaba la buena comida, era amante del whisky, de los relojes ultra caros, de los autos de gran cilindrada y de los caballos, mientras que sus tropas vivían escondidas en la selva como ratas.

La toma de pueblos apartados, los atentados, emboscadas y secuestros realizados contra civiles y militares desde 1990, el minado de campos, incluso muy cerca de escuelas rurales, las “pescas milagrosas” (secuestros masivos), la tortura y asesinato de rehenes, y de algunos de sus familiares, las destrucciones de infraestructuras, el envenenamiento de acueductos, el uso de niños, de mendigos y de animales como bombas vivientes, el intento de inundar a Bogotá, fueron actos instigados, supervisados y dirigidos personalmente por “Jojoy”.

El hombre, cuya verdadera identidad sigue siendo un misterio, fue el mejor discípulo del fallecido Pedro Antonio Marín, alias "Tirofijo", uno de los fundadores de las FARC y miembro del comité central del Partido Comunista Colombiano.

El periodista Gonzalo Guillén cuenta una anécdota que muestra quien era "Jojoy”. Una tarde, en agosto de 2001, un viejo Mazda entra lentamente a una finca cerca de San Vicente del Caguán, donde "Jojoy" está protegido por más de 300 hombres armados con fusiles Kalashnikov. Del coche se baja una pareja de campesinos, de más de 50 años. Con ayuda del chofer sacan una caja de cartón que contiene 650 millones de pesos, alrededor de 325 000 dólares. “Jojoy” no responde al saludo y enfurece cuando se entera de que no han traído el millón de dólares que había exigido por la liberación del hijo de ellos, quien había sido secuestrado hacía un año. "El dinero se queda aquí y ustedes regresan a conseguir el resto", eructa "Jojoy”. La pareja ruega que les libere el hijo. "En medio de lágrimas, dice Guillén, afirman que nunca obtendrán esa suma y se niegan a abandonar el lugar. Conmovido, el chofer implora: ‘Comandante, hágales una rebajita’. Cinco minutos más tarde, el jefe militar de las Farc saca su pistola Beretta y elimina la pareja de un disparo a quemarropa en la cabeza. "

¿Toda esa violencia para qué? Para imponer en Colombia un sistema antisocial que fracasó en todas partes.

En sus 35 años de carrera criminal, “Jojoy" acumuló 105 órdenes de captura por actos de terrorismo, rebelión, homicidio, secuestro extorsivo, lesiones personales, fabricación y tráfico de municiones. Los Estados Unidos habían pedido su extradición por delitos relacionados con el tráfico de drogas.

Fue “Jojoy” quien inventó la táctica de hacer un vacío absoluto en las regiones. El 13 de junio de 2002, en el páramo de Sumapaz, a pocos kilómetros de Bogotá, durante una reunión de las FARC, "Jojoy" lanzó la siguiente orden: "Secuestrar o ajusticiar a quien no renuncie a su cargo en cualquier rincón del país". Esas palabras desataron una ola de pánico entre los elegidos del país. Una docena de alcaldes y de candidatos a alcaldes fueron asesinados o secuestrados. Pero los representantes del pueblo resistieron y el Ejército y la Policía comenzaron a barrer a las FARC de las regiones más afectadas.

El comandante militar de las FARC también está detrás de la matanza de doce misioneros pacifistas, entre ellos ocho estadounidenses, que habían caído en sus manos, y de varios intentos de asesinato contra el presidente Álvaro Uribe. “Jojoy” fue el inventor de los terribles campos encerrados con púas donde un cierto número de secuestrados fueron concentrados en algunos momentos. Fue él quien lanzó esta amenaza: “Si no hay canje (intercambio de rehenes por terroristas presos) habrá que liquidarlos”. “Jojoy” fue quien concibió el atentado contra el club El Nogal, del 17 de febrero de 2003, en Bogotá, donde 36 civiles murieron y 200 quedaron heridos.

Todos esos crímenes detestables, cuya lista es interminable, habían quedado sin castigo hasta el pasado 22 de septiembre de 2010. Los dos últimos gobiernos le propusieron a “Jojoy” que se rindiera, a cambio de un proceso legal con garantías. Él respondió con nuevos ataques sangrientos, como la reciente ola de brutales asaltos, de agosto y septiembre, que le costaron la vida a 43 policías y soldados.

La prensa colombiana ha hecho una descripción incompleta de “Jojoy”. Dijo que él era el líder más brutal de las FARC, que era un gran criminal, un gángster, e incluso “un Hitler”. Era todo eso, por supuesto, pero los medios de comunicación han ignorado un detalle fundamental: era, sobre todo, un líder comunista. “Jojoy” fue el jefe militar de una banda creada por Moscú para que se tomara el poder en Colombia en los años 1950-1960 y esa organización nunca ha renunciado a su línea marxista-leninista. “Jojoy” fue, desde 1993, uno de los siete miembros del buró político de las FARC.

Los crímenes de “Jojoy” fueron, por lo tanto, el resultado de una ideología con profundas raíces en las FARC y de una línea política basada en el precepto de que la “revolución proletaria” debe utilizar todas las formas de lucha, especialmente las más violentas.

No es por casualidad que casi todos los partidos comunistas y otras formaciones de la extrema izquierda del continente americano, han lamentado la muerte de ese pavoroso verdugo. El primero en responder fue Jaime Caicedo, secretario general del Partido Comunista de Colombia, quien dijo en un comunicado que la muerte de “Jojoy” fue un “duro golpe”. “No me alegro de este golpe", dijo antes de atacar violentamente al gobierno colombiano y a las fuerzas armadas quienes habrían cometido, según él, una “orgía de sangre”.

Curiosamente, Jaime Caicedo se olvidó de hablar de “orgía de sangre” unos días atrás, cuando una patrulla de las Farc quemó vivos a 14 policías que fueron atacados con minas antipersonas rociándolos después con gasolina en una carretera de Doncello (Caquetá).

El Partido Comunista de Argentina hizo la declaración más larga. Describió la muerte de “Jojoy” como un “asesinato”. La prensa comunista de Estados Unidos, Cuba, Uruguay, Venezuela, Bolivia y España repitieron las palabras de Jaime Caicedo y del PC argentino. El PC de Venezuela y la publicación chavista Aporrea (que significa “golpea muy duro”), deploraron la muerte del “Comandante Briceño” y anunciaron, como Jaime Caicedo, que las FARC “no se rendirán". L'Humanité, el órgano del PC francés, consideró que con la muerte de “Jojoy” las Farc “perdieron un líder histórico”. El PC argentino, y el Movimiento Continental Bolivariano, convocaron incluso a un “acto público de homenaje” a “Jojoy” en Buenos Aires.

Todos esos grupos parecen estar de acuerdo: el gobierno colombiano debe parar su ofensiva contra las FARC y entrar en “diálogo” con éstas para llegar a una “negociación” y a “acuerdos políticos” para reformar la Constitución. No obstante, ninguno de ellos se atreve a sugerirle a las FARC liberar las decenas de víctimas que aún siguen secuestradas por ellas, y cesar sus acciones violentas. El objetivo de las FARC y de sus aliados es preparar el terreno para una amnistía general para todos esos criminales.

El Estado colombiano continuará su marcha contra el terrorismo. El triunfo definitivo dependerá de tener una visión completa de lo que es la guerra subversiva, con sus componentes visibles e invisibles, ilegales y legales. La protección jurídica de los militares y policías que intervienen en ese combate deberá ser una prioridad de ahora en adelante. Pues los hombres y mujeres que están dando sus vidas por las libertades públicas están siendo víctimas de montajes y acusaciones falsas, de encerronas judiciales. Se los debe proteger contra la guerra jurídica de las FARC. Colombia debe volver a una cierta normalidad. Bajo la presión de algunas ONG de derechos humanos en su versión ideológica, el gobierno dejó de lado la justicia penal militar. La justicia penal militar, sin embargo, no es un capricho de mentes belicistas. Es una creación legítima del Estado de Derecho. Fue creada para castigar las infracciones e incluso los crímenes que algunos pudieren cometer, pero también para proteger a los servidores públicos de las campañas mentirosas y de las falsas pruebas.

5 de octubre de 2010

¿Triquiñuelas Dictatoriales?

Por Noel Carrascal

“Aquí estoy, mátenme si quieren”. La policía solo quiere sus beneficios. ¿Qué hace un presidente conduciendo negociaciones laborales directamente y metiéndose a un cantón policial? ¿No tiene ministros? Normalmente los golpes de estado le llegan a los presidentes in fraganti, en cambio Correa fue no sólo a buscarlo, sino a inventárselo. Las diferentes entrevistas de los policías que rodeaban el sitio donde Correa estaba sitiado argumentaban una restitución de sus bonos y la regla seguida para los asensos. Pero Correa se metió a discutir pendencieramente.

Si a un movimiento sindical de izquierda se le reprime bruscamente, por no decir violentamente, las lloronas de la izquierda gritan a cielo abierto clamando una injusticia social. En el caso de Ecuador, los sindicalistas parecen estar a la derecha del presidente Correa. Como esta vez es la izquierda la que está en el poder, la injusticia que hubiese existido en caso contrario, se dio al revés y con un silencio asombroso. Varios policías cayeron en las trifulcas entre sindicalistas y militares gracias a la torpe actuación de Correa ante semejante crisis ¿Donde están los sindicalistas que defienden tanto a sus colegas, el derecho a la huelga y los derechos humanos?

Una explicación a esta inversión de papeles en tan sencillo, pero delicado, problema laboral, y que se escaló en definición solamente a golpe de Estado, era que este descontento policial sería usado como ‘florero de Llorente’, no para la independencia de un pueblo, sino para su sometimiento por parte del llorón de Correa.

¿Por qué someter a un pueblo donde el líder tiene una popularidad alta? Esta pregunta va tanto para Ecuador como para Venezuela también. Porque se tiene rabo de paja y la opinión pública está de luna de miel con sus mandatarios, políticas y discursos populistas. Tarde o temprano la opinión pública se dará cuenta de que se abusó de su confianza y sus votos fueron usados para otro propósito diferente a la “justicia social” que se les prometió: el sometimiento del pueblo, su debilitamiento por vía del empobrecimiento y la toma del poder.

Venezuela despierta, esperemos que no muy tarde, de esa luna de miel con Chávez. El telón encubridor, que también servía como teflón, o 'esa cortina de hierro' que Chávez implanta, está dejando ver abusos paulatinos. Como quien no quiere desnudar una realidad prematuramente; como quien busca una legitimidad que ya perdió en su conciencia hace mucho tiempo.

Chávez ganó una elección con métodos dudosos y por estrecho margen, si es que la ganó. Fraccionó la oposición para facilitar la elección de su cofradía de cómplices en sus propósitos dictatoriales. Influenció injustamente las elecciones de tal forma que haría sentir a la oposición en Colombia afortunada con la ley de garantías electorales. No supo Chávez explicar la desproporción de votos y curules obtenidas por la oposición cuando Andreína Flores (ver video) le pregunto; vestigio de una estrategia dictatorial como el uso de la sudadera al estilo de Fidel Castro.




En otros países latinoamericanos democracia y constituciones se descifran, modifican y manipulan con otros trucos por parte de políticos cuyos intereses son claramente más personales que en pro del país. En Argentina se erosionan garantías como la libertad de prensa. Se ven como enemigos a quienes contrarían el gobierno y se evidencia esto en la retórica divisionista de los mandatarios. La triquiñuela allá es la alternación del poder entre una pareja de políticos, que aunque legal, es definitivamente una oportunidad que se aprovecha con propósitos que pintan afines a los de Correa y Chávez.

En Brasil Lula le da un 'dedazo' a Rousseff. Ésta a su vez tiene una alta popularidad a pesar de las vaguedades que preocupan. Se habla con vaguedad de una reforma política, pero no se especifica cómo será. Sólo se dice que hoy día cualquier persona llega al legislativo, hasta un payaso. ¿No es esa la belleza de una democracia libre y participativa? ¿No es más confiable un payaso noble que un marxista reformado como Rousseff? ¿Por qué en Brasil, como en Ecuador, un político altamente popular siguiere una reforma política si se beneficia de cómo son las cosas actualmente? Porque quieren perpetuarse en el poder de alguna forma u otra.

Cabe preguntarse por que si se cree que se esta haciendo lo correcto se tiene que manipular la democracia para que siga favoreciendo a las personas en el poder. Avaricia, lealtades, deudas políticas y prepotencia intelectual pueden ser algunas de las posibles respuestas.

Por el bien de un país, uno esperaría un discurso conciliador de un presidente que acaba de sobrellevar un 'auto golpe'. Aunque este 'bien' parece ser la perpetuación en el poder de Correa con un discurso que polariza el país y por medio de el debilitamiento de la policía y una posible disolución del congreso. Las acciones y las reacciones de Correa se parecen a una sospechosa triquiñuela para disfrazar una dictadura de democracia.

4 de octubre de 2010

Piedad Córdoba y la paz forajida

Por Jaime Restrepo.

Todavía estaba fresca la tinta del documento en el que la Procuraduría resolvió la destitución de Piedad Córdoba, cuando sus simpatizantes y aliados gemían de indignación por la decisión.

Algunos sencillamente salieron a dar alaridos, a rasgarse las vestiduras profiriendo lugares comunes que sobrevaloran como ideas argumentadas y profundas. Otros asumieron una posición más despreciable que las arengas, lanzándose al terreno de la justificación para tratar de generar un ambiente menos hostil con la señora Córdoba y con la falacia “humanitaria” que ella representa.

Además de la bravata de Chávez y del intelectual Morales, hay que destacar la protesta del cabecilla de la mafia “progre”, Fidel Castro, quien se mostró indignado por la destitución de la senadora y por la muerte del ‘Mono Jojoy’. Dice El Padrino de la izquierda “democrática” que la reciente muerte de alias ‘Mono Jojoy’ y la destitución de Córdoba "están muy lejos de llevar la paz a Colombia".

Es que la confusión de los términos viene desde la cabeza del movimiento promotor del terrorismo. Para Fidel, como para los simpatizantes, esbirros y beneficiarios de Piedad Córdoba, ella representa la posibilidad de alcanzar la forma particular de paz que ellos quieren imponer: la de la claudicación del Estado y de las leyes a favor de la “insurgencia” y sobre todo de sus líderes.

No les gustan los bombardeos porque cada explosión los aleja de la toma del poder por las armas y se convierten en derrotas que disminuyen sus posibilidades de chantajear, con el terror, para imponer su visión del Estado y de la sociedad. En términos sencillos: Lo de Piedad Córdoba, de confirmarse en el Consejo de Estado, aleja un poco la paz forajida estilo Cuba, Venezuela o Corea del Norte.

La “paz” que se les escapa

Es que las palabras de Fidel, y de muchos otros, demuestran que la paz que representa Piedad Córdoba es una aspiración forajida que se alcanza llamando a la abstención electoral en Colombia, o calumniando a los opositores de esa figura dantesca que es la izquierda “democrática”: así lo hizo la “altruista” Piedad Córdoba, quien en su momento acusó a Álvaro Uribe Vélez de ordenar la desaparición de su hija, cuando en realidad la joven díscola, o desesperada con razón por la clase de madre que le correspondió, estaba respirando nuevos aires en México.

La paz forajida que intentan Castro, Chávez, Piedad et al, se estructura a punta de mentiras, como aquella declaración de la ahora defenestrada senadora en la que señaló que Colombia entera era una fosa común. En el mismo sentido, esa paz forajida es sinónimo de intolerancia inquisitorial, como la demostrada por la defenestrada contra 15 millones de colombianos, a pocas horas de finalizada la monumental marcha del 4 de febrero de 2008: según la señora Córdoba, fue una marcha del racismo que “le resbalaba”, evidenciando su infinito desprecio por un altísimo número de colombianos que, asumiendo las mismas palabras de la Córdoba y de sus secuaces, piensan distinto y se oponen al proyecto totalitario al que le rinden culto.

Volviendo al asunto, la paz forajida se promueve invitando al aislamiento internacional de un país que, para desgracia de la mafia totalitaria, se opone en su mayoría a semejante esperpento que transita de fracaso en fracaso.

La paz forajida se alcanza, eso insinúan sus promotores, admirando a un asesino como Pedro Antonio Marín, alias ‘Tirofijo’, pues las monstruosidades que cometió u ordenó cometer, son crímenes "altruistas" y por eso Piedad no ha dudado en pedir más ‘marulandas’ para Colombia.

Para completar, la paz forajida se busca mediante el amparo cómplice a los terroristas del monte, como alias ‘Danilo’, a quien le ayudaron a evadir la acción de las autoridades para que siguiera cometiendo, impunemente, sus crímenes "altruistas" a lo largo y ancho del territorio nacional.

¿Una baja más?

Dice por ejemplo Luis Noé Ochoa en su última columna: “La acusan de decirle a la guerrilla que no enviaran videos sino mensajes de voz. Si lo hubiera hecho, tenía su lógica. Esos videos, según Íngrid, eran manipulados, los engañan, los obligan a maquillarse, los chantajean y humillan. Los mismos secuestrados que no entregan su dignidad los rechazan”.

¡Vaya justificación! El “altruismo” de Piedad Córdoba la llevó a pedir que no enviaran videos, porque eran manipulables… Parece un chiste de mal gusto. En un video, por lo menos, se ve el estado físico de la persona y no se alcanzan a observar los fusiles que de seguro, apuntan con su boca de fuego a la humanidad de la víctima. En cambio en un audio, la trompetilla de los AK 47 puede estar presionando el cráneo del secuestrado, sin que nadie lo sepa. Es más: si de manipular se trata, por elemental sensatez, es más fácil modificar un audio que un video con audio, de modo que justificar la asesoría “altruista” de cambiar videos por audios es una canallada.

Pero Ochoa no se va por las ramas: sabe que Piedad Córdoba es más que “cercana” a las FARC y lo reconoce sin ambages: “Piedad tenía tratos cercanos con las Farc, el doctor Ordóñez no descubrió que el agua moja y quita la sed. Ella, por ser frentera, y por sus posiciones ideológicas, se ganó la confianza de la guerrilla”.

Interesante: por sus posiciones ideológicas se “ganó la confianza" de las FARC y por eso tenía tratos cercanos con esa organización terrorista, al punto de convertirse en asesora “altruista” para el asunto de los que ella denomina, junto con su tropa de palurdos, “retenidos” o “prisioneros de guerra”.

Puede que la justicia finalmente envíe a Piedad Córdoba a la cárcel, aunque eso poco importa: lo fundamental es la condena moral, el repudio masivo contra cualquier expresión de respaldo y justificación al terrorismo y sobre todo, la derrota implacable en las urnas a los promotores y beneficiarios del crimen "altruista" y del "humanitarismo" que esconde a los mensajeros de la muerte.

Que ratifiquen la destitución es algo que se tomará un buen tiempo e incluso podrían llegar las siguientes elecciones sin que se conozca la decisión del Consejo de Estado. Lo importante es que los ciudadanos, como lo están haciendo desde ya, la defenestren de cualquier posición política distinta a los disparates “humanitarios” que lanza a diestra y siniestra… es que una manifestación de solo 50 pelagatos, que protestaban por la decisión de la Procuraduría, es una patética evidencia de la impopularidad de lo que representa Piedad Córdoba para los colombianos.

1 de octubre de 2010

Crisis en Ecuador: gemidos de indignación golpista

Por Jaime Restrepo.

Al presenciar los confusos hechos que se registraron en Ecuador, resultan llamativos algunos pronunciamientos de condena contra la revuelta, con aroma de golpe de Estado, que se desarrolló en contra de Rafael Correa.

A medida que se conocían los escasos datos sobre lo que acontecía en Quito, salían a la palestra algunos protagonistas internacionales para lo que será conocido como la intentona golpista del 30 de septiembre. Uno de los primeros pronunciamientos se produjo en Cuba, en donde el canciller Bruno Rodríguez manifestó la indignación del régimen castrista por la revuelta contra Correa.

Unos minutos después, Hugo Chávez Frías, vía Twitter, manifestó su rechazo al presunto golpe de Estado en Ecuador y pidió una movilización de “los pueblos” del ALBA y de UNASUR.

Luego, a eso de las 4 de la tarde (hora colombiana), el presidente Juan Manuel Santos concedió una improvisada rueda de prensa antes de viajar a la reunión extraordinaria de UNASUR: al pie de la escalerilla del avión, Santos condenó enérgicamente lo que a su juicio era un golpe contra Rafael Correa.

¿Y qué tenía de raro que la tiranía castrista hiciera un pronunciamiento feroz contra el supuesto golpe de Estado en Ecuador? Además de la paradoja que significaba la protesta por la ruptura del orden democrático nada menos que por parte de una dictadura despiadada, resultaba cínica la indignación de un régimen que ha promovido la barbarie para que sus esbirros accedan al poder, en tierras distintas a la isla, precisamente por las sendas del golpismo y de la violencia.

Por el mismo carril del cinismo transitó Hugo Chávez, quien supuso que la memoria es corta para recordar que precisamente él encabezó una intentona contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Además, ninguna autoridad moral le asiste a aquel que ha homenajeado y respaldado a los “insurgentes” colombianos y a sus estructuras de poder. No obstante el golpista se indignó por la grave situación que se presentó en Ecuador.

En cuanto a Juan Manuel Santos, era inevitable recordar sus actividades durante el gobierno del despreciable Ernesto Samper, cuando el ahora mandatario colombiano llegó incluso a apostar su frondosa barba por la inminente caída de Samper Pizano, situación que él lideraba con entusiasmo, buscando apoyos entre Tirios y Troyanos. No obstante, como apóstata, Santos rechazó enfático el presunto golpe de Estado en Ecuador y viajó raudo a Buenos Aires para asistir a la reunión extraordinaria de UNASUR en la que los mandatarios evaluarían la situación de Rafael Correa.

¿Qué les pasó a todos los que antes veían con simpatía, promovían o participaban en planes golpistas y ahora los condenan con solemnidad? En el momento de repudiar en coro los hechos que se desarrollaron en Ecuador, no importaron las ideologías, ni la direccional utilizada para gobernar.

Mucho me temo que para ellos el asunto no pasó por la defensa de la democracia: es evidente que el rechazo surgió de la solidaridad de cuerpo que los lleva a cuestionar cualquier amenaza contra el poder que han alcanzado, así la situación condenada cumpliera en lo básico con los mismos códigos de   aquello que tiempo atrás ellos impulsaron con pasión.

Todo lo anterior no significa que la condena a un golpe de Estado no tenga validez. Por el contrario: los hechos ocurridos en Ecuador merecen el repudio de cualquier demócrata, pues Rafael Correa no sólo ha sido elegido dos veces, sino que cuenta con el respaldo mayoritario de los ecuatorianos.

Ciertamente es cuestionable la financiación de sus campañas y sus viajes a las haciendas de los Chávez en Venezuela. También son repudiables sus anhelos de mordaza. Es más: son válidos la crítica y el desprecio que suscita la alianza de miembros cercanos de su gobierno con las FARC, pero nada de esto puede justificar un golpe de Estado. Si alguien quiere sacar a Correa, que lo venza en el terreno en el que él ha ganado: en las urnas.