4 de octubre de 2010

Piedad Córdoba y la paz forajida

Por Jaime Restrepo.

Todavía estaba fresca la tinta del documento en el que la Procuraduría resolvió la destitución de Piedad Córdoba, cuando sus simpatizantes y aliados gemían de indignación por la decisión.

Algunos sencillamente salieron a dar alaridos, a rasgarse las vestiduras profiriendo lugares comunes que sobrevaloran como ideas argumentadas y profundas. Otros asumieron una posición más despreciable que las arengas, lanzándose al terreno de la justificación para tratar de generar un ambiente menos hostil con la señora Córdoba y con la falacia “humanitaria” que ella representa.

Además de la bravata de Chávez y del intelectual Morales, hay que destacar la protesta del cabecilla de la mafia “progre”, Fidel Castro, quien se mostró indignado por la destitución de la senadora y por la muerte del ‘Mono Jojoy’. Dice El Padrino de la izquierda “democrática” que la reciente muerte de alias ‘Mono Jojoy’ y la destitución de Córdoba "están muy lejos de llevar la paz a Colombia".

Es que la confusión de los términos viene desde la cabeza del movimiento promotor del terrorismo. Para Fidel, como para los simpatizantes, esbirros y beneficiarios de Piedad Córdoba, ella representa la posibilidad de alcanzar la forma particular de paz que ellos quieren imponer: la de la claudicación del Estado y de las leyes a favor de la “insurgencia” y sobre todo de sus líderes.

No les gustan los bombardeos porque cada explosión los aleja de la toma del poder por las armas y se convierten en derrotas que disminuyen sus posibilidades de chantajear, con el terror, para imponer su visión del Estado y de la sociedad. En términos sencillos: Lo de Piedad Córdoba, de confirmarse en el Consejo de Estado, aleja un poco la paz forajida estilo Cuba, Venezuela o Corea del Norte.

La “paz” que se les escapa

Es que las palabras de Fidel, y de muchos otros, demuestran que la paz que representa Piedad Córdoba es una aspiración forajida que se alcanza llamando a la abstención electoral en Colombia, o calumniando a los opositores de esa figura dantesca que es la izquierda “democrática”: así lo hizo la “altruista” Piedad Córdoba, quien en su momento acusó a Álvaro Uribe Vélez de ordenar la desaparición de su hija, cuando en realidad la joven díscola, o desesperada con razón por la clase de madre que le correspondió, estaba respirando nuevos aires en México.

La paz forajida que intentan Castro, Chávez, Piedad et al, se estructura a punta de mentiras, como aquella declaración de la ahora defenestrada senadora en la que señaló que Colombia entera era una fosa común. En el mismo sentido, esa paz forajida es sinónimo de intolerancia inquisitorial, como la demostrada por la defenestrada contra 15 millones de colombianos, a pocas horas de finalizada la monumental marcha del 4 de febrero de 2008: según la señora Córdoba, fue una marcha del racismo que “le resbalaba”, evidenciando su infinito desprecio por un altísimo número de colombianos que, asumiendo las mismas palabras de la Córdoba y de sus secuaces, piensan distinto y se oponen al proyecto totalitario al que le rinden culto.

Volviendo al asunto, la paz forajida se promueve invitando al aislamiento internacional de un país que, para desgracia de la mafia totalitaria, se opone en su mayoría a semejante esperpento que transita de fracaso en fracaso.

La paz forajida se alcanza, eso insinúan sus promotores, admirando a un asesino como Pedro Antonio Marín, alias ‘Tirofijo’, pues las monstruosidades que cometió u ordenó cometer, son crímenes "altruistas" y por eso Piedad no ha dudado en pedir más ‘marulandas’ para Colombia.

Para completar, la paz forajida se busca mediante el amparo cómplice a los terroristas del monte, como alias ‘Danilo’, a quien le ayudaron a evadir la acción de las autoridades para que siguiera cometiendo, impunemente, sus crímenes "altruistas" a lo largo y ancho del territorio nacional.

¿Una baja más?

Dice por ejemplo Luis Noé Ochoa en su última columna: “La acusan de decirle a la guerrilla que no enviaran videos sino mensajes de voz. Si lo hubiera hecho, tenía su lógica. Esos videos, según Íngrid, eran manipulados, los engañan, los obligan a maquillarse, los chantajean y humillan. Los mismos secuestrados que no entregan su dignidad los rechazan”.

¡Vaya justificación! El “altruismo” de Piedad Córdoba la llevó a pedir que no enviaran videos, porque eran manipulables… Parece un chiste de mal gusto. En un video, por lo menos, se ve el estado físico de la persona y no se alcanzan a observar los fusiles que de seguro, apuntan con su boca de fuego a la humanidad de la víctima. En cambio en un audio, la trompetilla de los AK 47 puede estar presionando el cráneo del secuestrado, sin que nadie lo sepa. Es más: si de manipular se trata, por elemental sensatez, es más fácil modificar un audio que un video con audio, de modo que justificar la asesoría “altruista” de cambiar videos por audios es una canallada.

Pero Ochoa no se va por las ramas: sabe que Piedad Córdoba es más que “cercana” a las FARC y lo reconoce sin ambages: “Piedad tenía tratos cercanos con las Farc, el doctor Ordóñez no descubrió que el agua moja y quita la sed. Ella, por ser frentera, y por sus posiciones ideológicas, se ganó la confianza de la guerrilla”.

Interesante: por sus posiciones ideológicas se “ganó la confianza" de las FARC y por eso tenía tratos cercanos con esa organización terrorista, al punto de convertirse en asesora “altruista” para el asunto de los que ella denomina, junto con su tropa de palurdos, “retenidos” o “prisioneros de guerra”.

Puede que la justicia finalmente envíe a Piedad Córdoba a la cárcel, aunque eso poco importa: lo fundamental es la condena moral, el repudio masivo contra cualquier expresión de respaldo y justificación al terrorismo y sobre todo, la derrota implacable en las urnas a los promotores y beneficiarios del crimen "altruista" y del "humanitarismo" que esconde a los mensajeros de la muerte.

Que ratifiquen la destitución es algo que se tomará un buen tiempo e incluso podrían llegar las siguientes elecciones sin que se conozca la decisión del Consejo de Estado. Lo importante es que los ciudadanos, como lo están haciendo desde ya, la defenestren de cualquier posición política distinta a los disparates “humanitarios” que lanza a diestra y siniestra… es que una manifestación de solo 50 pelagatos, que protestaban por la decisión de la Procuraduría, es una patética evidencia de la impopularidad de lo que representa Piedad Córdoba para los colombianos.

1 de octubre de 2010

Crisis en Ecuador: gemidos de indignación golpista

Por Jaime Restrepo.

Al presenciar los confusos hechos que se registraron en Ecuador, resultan llamativos algunos pronunciamientos de condena contra la revuelta, con aroma de golpe de Estado, que se desarrolló en contra de Rafael Correa.

A medida que se conocían los escasos datos sobre lo que acontecía en Quito, salían a la palestra algunos protagonistas internacionales para lo que será conocido como la intentona golpista del 30 de septiembre. Uno de los primeros pronunciamientos se produjo en Cuba, en donde el canciller Bruno Rodríguez manifestó la indignación del régimen castrista por la revuelta contra Correa.

Unos minutos después, Hugo Chávez Frías, vía Twitter, manifestó su rechazo al presunto golpe de Estado en Ecuador y pidió una movilización de “los pueblos” del ALBA y de UNASUR.

Luego, a eso de las 4 de la tarde (hora colombiana), el presidente Juan Manuel Santos concedió una improvisada rueda de prensa antes de viajar a la reunión extraordinaria de UNASUR: al pie de la escalerilla del avión, Santos condenó enérgicamente lo que a su juicio era un golpe contra Rafael Correa.

¿Y qué tenía de raro que la tiranía castrista hiciera un pronunciamiento feroz contra el supuesto golpe de Estado en Ecuador? Además de la paradoja que significaba la protesta por la ruptura del orden democrático nada menos que por parte de una dictadura despiadada, resultaba cínica la indignación de un régimen que ha promovido la barbarie para que sus esbirros accedan al poder, en tierras distintas a la isla, precisamente por las sendas del golpismo y de la violencia.

Por el mismo carril del cinismo transitó Hugo Chávez, quien supuso que la memoria es corta para recordar que precisamente él encabezó una intentona contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Además, ninguna autoridad moral le asiste a aquel que ha homenajeado y respaldado a los “insurgentes” colombianos y a sus estructuras de poder. No obstante el golpista se indignó por la grave situación que se presentó en Ecuador.

En cuanto a Juan Manuel Santos, era inevitable recordar sus actividades durante el gobierno del despreciable Ernesto Samper, cuando el ahora mandatario colombiano llegó incluso a apostar su frondosa barba por la inminente caída de Samper Pizano, situación que él lideraba con entusiasmo, buscando apoyos entre Tirios y Troyanos. No obstante, como apóstata, Santos rechazó enfático el presunto golpe de Estado en Ecuador y viajó raudo a Buenos Aires para asistir a la reunión extraordinaria de UNASUR en la que los mandatarios evaluarían la situación de Rafael Correa.

¿Qué les pasó a todos los que antes veían con simpatía, promovían o participaban en planes golpistas y ahora los condenan con solemnidad? En el momento de repudiar en coro los hechos que se desarrollaron en Ecuador, no importaron las ideologías, ni la direccional utilizada para gobernar.

Mucho me temo que para ellos el asunto no pasó por la defensa de la democracia: es evidente que el rechazo surgió de la solidaridad de cuerpo que los lleva a cuestionar cualquier amenaza contra el poder que han alcanzado, así la situación condenada cumpliera en lo básico con los mismos códigos de   aquello que tiempo atrás ellos impulsaron con pasión.

Todo lo anterior no significa que la condena a un golpe de Estado no tenga validez. Por el contrario: los hechos ocurridos en Ecuador merecen el repudio de cualquier demócrata, pues Rafael Correa no sólo ha sido elegido dos veces, sino que cuenta con el respaldo mayoritario de los ecuatorianos.

Ciertamente es cuestionable la financiación de sus campañas y sus viajes a las haciendas de los Chávez en Venezuela. También son repudiables sus anhelos de mordaza. Es más: son válidos la crítica y el desprecio que suscita la alianza de miembros cercanos de su gobierno con las FARC, pero nada de esto puede justificar un golpe de Estado. Si alguien quiere sacar a Correa, que lo venza en el terreno en el que él ha ganado: en las urnas.