7 de mayo de 2010

En Colombia se juega el continente

6 de mayo de 2010

Mockus y el respeto por el dictador venezolano

Por Jaime Restrepo.

La palabra respeto, según la Real Academia, significa miramiento, consideración, deferencia. En cuanto al término admiración, que es la acción de admirar, significa ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien que llama la atención por cualidades juzgadas como sobresalientes y extraordinarias.

Viendo los dos términos, no se sabe cual enaltece más al sujeto: si la consideración y deferencia que alguien le profesa, o la estima que lo juzga como sobresaliente y extraordinario.

Que Piedad Córdoba sienta admiración y respeto por Hugo Chávez es apenas natural: ella es su más caracterizada defensora, gracias entre otras cosas, a esos dineros que Chávez le entrega a través de la empresa Monómeros.

Más allá de lo que piensen o sientan los venezolanos frente al dictador, los colombianos estamos siendo víctimas de una fuerte embestida del régimen chavista, lo que hasta la fecha ha dejado un saldo de 30 compatriotas asesinados o desaparecidos en Venezuela. El delito que mereció la pena de muerte de esos colombianos fue su nacionalidad.

Hay por lo menos 20 colombianos pudriéndose en las mazmorras del régimen chavista, acusados de espionaje y de no sé cuantas otras cosas más. Los ataques de la Guardia Nacional contra humildes colombianos en la frontera se han vuelto cotidianos.

Ni hablar de la destrucción de infraestructura comunitaria, como la voladura de puentes en el municipio de Ragonvalia, Norte de Santander, que eran utilizados por colombianos y venezolanos para comunicarse, comerciar productos y ahorrarse medio día de viaje para cruzar al otro país.

Tampoco se puede dejar de mencionar que el dictador, respetado por Mockus, les ofrece protección a los terroristas de las FARC en su territorio, convirtiendo a Venezuela en un santuario de imprevisibles consecuencias para la seguridad no sólo de Colombia, sino de toda la región.

Allá se juntan, además de las FARC y del ELN, la banda española ETA, la Guardia Republicana Iraní, elementos de Hamás y Hezbolá, entre otros, como en un cónclave terrorista convocado para ser la fuerza de choque en el zarpazo expansionista que el dictador hará contra Colombia, cualquiera sea el gobernante de turno.

Me niego a admitir que Hugo Chávez merezca algo distinto al desprecio. Resulta esclarecedor que Antanas Mockus sienta respeto, como enmienda de la admiración, por un personaje cuyo régimen está promoviendo la xenofobia contra los colombianos, favoreciendo su asesinato, a veces disfrazándolos de criminales, paramilitares o narcotraficantes.

Parece que la vida humana es sagrada cuando conviene al protagonismo y a la carrera de Mockus, porque, puestos a transmitir las amenazas del dictador, como hace el mockusiano ex ministro Rudolf Hommes, las vidas de esos colombianos humildes son perfectamente olvidables.

Es simple: el mantra “la vida es sagrada” resulta opuesto a respetar a un dictador que, de a pocos, viene promoviendo el asesinato de colombianos en Venezuela a través de los paramilitares chavistas, como las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Liberación, señaladas de secuestrar, torturar y asesinar a casi una docena de jóvenes que integraban el equipo de fútbol Los maiceritos. Las FBL fueron legalizadas por Hugo Chávez mediante la nueva Ley Orgánica de las FAN, y a partir de esa norma, el tirano tiene el control militar y presupuestal de esas organizaciones paramilitares.

Tampoco puede guardarse consideración hacia un individuo que tiene en dificultades a varias empresas colombianas, por cuenta de la mora en los pagos de bienes y servicios que fueron despachados hace casi dos años.

Así mismo, al ver las flagrantes violaciones a los derechos humanos que se cometen en Venezuela, un demócrata no puede manifestar algo distinto al repudio por la extinción de las libertades. Ahí surge una pregunta: ¿cuál es la verdadera disposición del señor Mockus respecto de la destrucción de la democracia que viene adelantando Chávez en Venezuela?

La historia ha demostrado que las políticas de apaciguamiento sólo han servido para envalentonar a todos los dictadores imbuidos de la necesidad de expandir su poder.

Los colombianos no debemos obrar como alguien que se olvida de su responsabilidad porque le resulta más grato o cómodo. Miles de soldados y policías se juegan la vida combatiendo a las bandas terroristas que sostiene el sátrapa venezolano. Lo único que falta es que elijamos a alguien que con eficaces recursos de propaganda eche a perder ese esfuerzo y termine permitiendo la recuperación de esas bandas.


5 de mayo de 2010

Idealismo

Por Miguel Yances Peña. myances@msn.com

Ya no hay ninguna duda, sólo hay dos candidatos; los demás tienen que adherir a alguno antes de la primera vuelta, aunque las uniones embolatan los reembolsos, porque ni unidos entre sí tienen opción, y lo más probable es que no haya segunda vuelta.

El Partido Conservador como tercera votación define: puede unirse al partido que mejor represente sus principios —sería lo ético—; a quien más le ofrezca —lo productivo—; o de manera oportunista, al que vea con mayores opciones de ganar. Igual el Partido Liberal y Cambio Radical, que auque tienen una baja votación en las encuestas, sus votos suman.

Lo que está por verse es si la disciplina de partido funciona, porque puede suceder que inducidos a votar por otro, sus simpatizantes se sientan en libertad de votar por quien se les antoje. De manera que por más alianzas que haya, no hay nada seguro.

Lo curioso es que la polarización no se da sobre políticas, o sistemas de gobierno distintos (no, ambos son capitalistas, enemigos de las Farc y defensores de la inversión privada y el libre comercio) sino sobre dos corrientes filosóficas antagónicas: el pragmatismo y el idealismo. O si se quiere, entre dos personalidades, el hombre de mundo y el académico.

“Antanas Mockus es el reflejo del ferviente anhelo de cambio que anima a una gran parte de la población del país que considera que los resultados pragmáticos de estos últimos ocho años se lograron a costa de una creciente falta de transparencia. Buscan un cambio profundo, al punto de estar dispuestos a votar por Mockus para que defienda los principios que ha declarado, incluso a sabiendas de que su gobierno podría tener una difícil relación con el Congreso” Me escribió una lectora.

Por supuesto que no comparto esas apreciaciones que nos han vendido irresponsablemente, la oposición en su afán de destruir, y los medios de comunicación capitalinos de incrementar el rating, la circulación y las utilidades. Modificar el statu quo tiene sus riesgos.

La reelección era una necesidad en la legislación colombiana (el fin justificó los medios); las chuzadas existen porque existe la tecnología y estamos enfrentado un conflicto interno alimentado desde las fronteras, que infiltra todos los poderes públicos, igual que la corrupción (el miti-miti se descubrió por una chuzada); y el AIS y los falsos positivos no son consecuencias de la política de estímulos, que aumentará la siembra y puso a funcionar a las FFAA, si no de la inmoralidad de sus infractores.

La transparencia nació con las veedurías ciudadanas; las audiencias publicas; la reingeniería en tantas empresas estatales; los portales de contratación de compras, obras y empleos públicos; la meritocracia; el referéndum que luego se aprobó en el congreso, y que desarrolló la muerte política (desconocida hasta entonces) y puso tope a las pensiones estatales, entre muchas mas.

Aquí lo que hay es un electorado desinformado, manipulado, o despistado. Confunden el “tapen tapen” y el “todos toman, todos contentos” de antes, con ausencia de corrupción. Y lo contrario, los casos puntuales, con su generalización.

Este es un proceso de mejoramiento continuo (y de nunca acabar), y como dice el refrán “transparencia absoluta, sólo en el cielo y el infierno, donde nadie tiene qué ganar ni qué perder.” Lo demás es idealismo.

Una vez que la humanidad (la sociedad en este caso) da un salto cualitativo, difícilmente retrocede. Por eso sé que sea quien sea el próximo presidente gobernará sobre los hombros del actual; sólo hay que esperar que con la misma eficacia.

4 de mayo de 2010

El techo del equilibrista


Por Jaime Ruiz

No parece tener mucha explicación la certeza de tanta gente de que el candidato Mockus ganará las elecciones, salvo el hecho de que al ser personas que escriben en la prensa suelen pertenecer a grupos sociales privilegiados, entre los cuales la tendencia es innegable. Eso, por supuesto, si son personas que lo creen de verdad. Muchos proclaman que lo creen porque quieren creerlo, y entre los que tienen influencia y están a favor de dicho triunfo, predomina otra actitud, la habitual de la prensa colombiana: crear la realidad.

La moda de la "ola verde" ha sido creada a punta de encuestas y de activismo febril de personas que no votaron el 14 de marzo por las listas de Mockus ni por las de Fajardo, pero que esperan una oportunidad para su facción, rechazada por la gente, gracias a la esperada elección de un candidato equívoco, y a las diversas posibilidades de usar los mantras y clisés de la propaganda mockusiana para calumniar al gobierno y aun para amenazar y ejercer todo tipo de violencias.

Pero la realidad es otra, y conviene prestar atención a las encuestas para ver tendencias y datos objetivos. Antes de seguir, conviene entender que mil o dos mil entrevistas no pueden dar ninguna garantía de otra cosa que del estado de ánimo de un momento. Muchas de las personas entrevistadas contestan sin haber tomado una decisión clara, a veces por el puro impacto de la propaganda o por decisiones inducidas por los medios de comunicación, decisiones que al cabo de un mes pueden cambiar.

Y además las encuestas que se publican con un margen de error del 3 % resultan ser tan contradictorias unas respecto de otras que alguien comete algún error grave. Y en algunos casos hay que creer más bien en la mala fe.

Entre los "argumentos" que recitan en medio de temblores y espumarajos los entusiastas del ex alcalde destacan los que tienen que ver con las campañas de la prensa contra el gobierno: que si los "falsos positivos" (que atribuyen al ministro que los denunció), que si la "yidispolítica", etc. Rara vez una persona de esas ha leído una sentencia judicial o siquiera un artículo serio sobre esos asuntos, pero ante la ocasión de convertirse en representantes de la ética, no hay quien los disuada ni les pueda explicar nada. Y no estaría mal que explicaran por qué, si es tal el hastío de la gente con el gobierno, en la encuesta de Datexco publicada el 26 de marzo figura una intención de voto por los tres candidatos que se proclaman uribistas del 62,4 % (34,1 % por Santos, 21,7 % por Sanín y 6,6 % por Vargas), sin contar un 8,3 % de indecisos. Casi lo mismo que obtuvo Uribe en 2006. ¿Es que entonces no se conocían los terribles escándalos que se usan para justificar la cómica histeria ética de los radicales antiuribistas?

Ese dato es sumamente importante porque de entonces ahora ha pasado poco más de un mes, el mismo tiempo que separa la fecha de la última encuesta de Datexco de la de la primera vuelta. Pero también porque permite entender de qué modo una encuesta no es un resultado electoral. Las personas indecisas se niegan a contestar, las personas que encuentran los entrevistadores sólo vagamente representan al conjunto social (una por cada 10.000-20.000 posibles votantes). Lo que pasa es que los exaltados protagonistas de la revolución quieren sacar realidades de su entusiasmo, y fácilmente creen que tanta gente cambia por completo sus ideas y percepciones por efecto de la fiebre juvenil en Facebook (también reforzada con cuentas falsas, puede que incluso de otros países).

Dos semanas después, el 9 de abril, la misma firma publicaba otra encuesta en la que la votación por los candidatos uribistas sumaba 48,9 % (29,5 % por Santos, 16,4 % por Sanín y 3,0 % por Vargas), casi doblando la de Mockus (24,8 %), con un 10 % de indecisos. Era evidente la concentración del voto de oposición en torno al ex alcalde, con un notorio retroceso del candidato del PDA y también de Rafael Pardo. Se empezaba a notar el efecto de la febril campaña de los medios para promover la "ola verde".

Menciono todos esos datos no porque quiera negar que ha habido una poderosa tendencia de apoyo a Mockus, sino para mostrar hasta qué punto las causas de esa tendencia son más circunstanciales de lo que parece. Y también porque ciertos estudios y ciertos titulares dejan ver la intención de crear una percepción de triunfo que no se corresponde con la realidad. ¿Nadie se ha fijado en que cuando Santos le saca cuatro puntos a Mockus se habla de un "empate técnico", pero cuando es al revés hay una clara ventaja del ex alcalde? Así es todo.

La encuesta de la Universidad de Medellín publicada el 22 de abril le daba a Santos un 34,4 % y a Mockus un 27,7 %. Al no corresponder a ningún encargo de un medio, y sobre todo al averiguar en 124 municipios (las demás encuestas suelen hacerse en las ciudades, entre 13 y 37), es un resultado que parece más ajustado. Aparte, la candidata Sanín obtendría un 16,5 % y Vargas un 3,1 %, lo que dejaría al uribismo con bastante más de la mitad de los votos en la primera vuelta.

Durante la última semana aparecieron cuatro encuestas. En la de Ipsos-Napoleón Franco, publicada el lunes 26, Mockus tenía 38 % contra 29 % de Santos y 11 % de Sanín. En todo caso, es la misma encuestadora que diez días antes otorgaba un 5 % de intención de voto a Araújo y otro 5 % a Calderón. El miércoles 28 apareció la de Invamer Gallup, en la que de nuevo aparece Santos por delante con 34,2 % y Mockus con 31,6. Lo más interesante es que la señora Sanín registra un 16,2 %, con lo que de nuevo la votación por candidatos uribistas resulta superior al 50 %. El jueves 29 apareció la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, en la que Mockus aparece por delante con un 39 %. En todo caso, la suma de la votación de los candidatos uribistas se acerca al 50 % (Santos, 34 %; Sanín, 11 %, Vargas 4 %).

Considerando esos pronósticos, resulta del todo increíble el sueño de los mockusianos de ganar en primera vuelta. Pero por lo general se trata de personas tan objetivas que no vacilan en asegurar que el gobierno actual es un atajo de criminales y Piedad Córdoba es una redentora de los cautivos. Es innegable que hay una tendencia ascendente de Mockus en las encuestas, resultado de la presión propagandística, pero ¿qué habrá pasado con el 75 % de personas que contestan y suelen aprobar la gestión de Uribe Vélez?

La última encuesta publicada es el Opinómetro de Datexco, en la que la intención de voto por Juan Manuel Santos cae hasta el 26,7 % y la de Mockus sube hasta el 38,7 %. Es interesante señalar que esta encuesta se hizo prácticamente los mismos días que las de Invamer Gallup y la del Centro Nacional de Consultoría, por lo que la diferencia contradice el "margen de error" que proclaman en las fichas técnicas. Pero más extraño es que cuando se pregunta por quién votaría el entrevistado en segunda vuelta, ¡no se excluyen candidatos! ¿Qué habrán entendido las personas que contestaron? El interés de manipular es evidente, sobre todo cuando no obstante el absurdo de poder votar por cualquiera en segunda vuelta, El Tiempo pone este titular:

Mockus tendría el 41,5% de intención de voto en segunda vuelta y Santos el 29%, según Datexco

En definitiva, hace 40 días dos tercios de los electores (teniendo en cuenta a los indecisos) estaban dispuestos a elegir a un continuador de Uribe y milagrosamente ahora apenas son más de un tercio. ¡Por iluminación súbita, gracias a los mantras que con cara de serio pronuncia el candidato alternativo, todos se hartaron de tanta corrupción y tantos asesinatos del gobierno! ¿O alguien tiene la menor duda de que los partidarios de Mockus son los mismos comentaristas de El Espectador para los que el presidente Uribe es el jefe del tráfico de drogas y el ex ministro Santos el determinador de las ejecuciones extrajudiciales?

Hay algo que en un ambiente como el colombiano es difícil de concebir y es el autorrespeto: los partidarios de la paz y el amor no dejan hablar a quienes no piensan como ellos, como ocurrió con el candidato Santos en la Universidad Santiago de Cali, y si pudieran los matarían. Del mismo modo, a nadie le sorprende que en menos de cuarenta días el electorado dé un vuelco tan rotundo, pero en cambio para una elección, la de segunda vuelta, que está a más de cuarenta días están segurísimos del resultado.


Y no es que piensen con el deseo: es que saben que son una minoría formada por quienes creen que a Chávez se le hace frente mirando para otro lado y por quienes les hacen creer eso porque esperan, al cabo de medio siglo, aprovechar la confusión, el poder mediático, la espectacularidad del candidato y la provisión de recursos y activistas para por fin enrumbar a Colombia por el camino de Cuba. ¿O será que en el mes que queda la gente no se dará cuenta de que casi todos los personajes que tienen esa intención apoyan a Mockus?

El candidato hasta ahora se las ha arreglado para no contrariar a la mayoritaria población uribista. No le durará mucho el hechizo: sus seguidores día tras día muestran lo que son, y la gente, por muy diversos motivos, incluido el rechazo a un presidente famoso por mostrar las nalgas (como si no fuera suficientemente triste la fama del país), irá desanimándose de dar un salto al vacío.

Porque es imposible engañar a todos todo el tiempo. Y cuando formulamos diez preguntas que el ex alcalde no contestará recibimos como respuesta de sus partidarios sólo los mantras que en cualquier democracia madura sólo serían propaganda de alguna secta pueril, aderezados con las calumnias que distinguen a los partidarios más rabiosos del chavismo.

Yo podría apostar a que en la primera vuelta la votación por Mockus no será mucho mayor del 40 %, con lo que el robo que anuncian sus partidarios resultará otro sueño tan fútil como la revolución que tres generaciones de artistas de medio pelo llevan medio siglo tratando de hacer.

3 de mayo de 2010

El ejemplo que da el profesor Mockus sobre la "legalidad democrática"


Por Diegoth

Nada mejor que el ejemplo para enseñar. Especialmente para una persona que prefiere hacerse llamar profesor, como el candidato Antanas Mockus, un personaje que ha tenido problemas para asimilar su discurso a su ejemplar vida. O mejor dicho, su ejemplar vida a su discurso.

Como cuando se lanzó a la alcaldía de Bogotá en 1994 por primera vez, y terminó entablando una demanda contra el Estado porque pretendía cobrar un dinero por un monto superior a lo que gastó en su campaña. De esta demanda y su fallo en primera y segunda instancia, se pudo obtener un documento público en la web dmsjuridica.com que se analiza a continuación para ver el alcance en la práctica de la repentina "teoría de la legalidad democrática" de Mockus.

Con base en el documento público del expediente Nº 5248 de la Sala de lo Contencioso Administrativo Sección Primera de Bogotá el 14 de octubre de 1999, se establece un fallo definitivo en segunda instancia en contra del entonces alcalde electo de Bogotá, Antanas Mockus, quien intentó cobrar una reposición de gastos de campaña superior a la cantidad previamente aceptada por él, bajo la orden de pago externo número 045068.

Puesto que la orden de pago inicialmente era por el valor de $ 25.918.000, Mockus decidió demandar dicho pago alegando un nuevo monto por un valor superior de $ 73.858.350, del cual el pago acordado en principio sería solamente "un abono parcial".

La acción de la demanda de Mockus, basada en el artículo 85 del Código Civil Administrativo pretendía anular el artículo 4º de la Resolución número 06 del 25 de enero de 1995, expedida por el CNE, "por la cual se ordena el pago de los gastos de reposición correspondientes a las elecciones celebradas el 30 de octubre de 1994".

¿Y qué dice el artículo 4º que Mockus quiso ilegalizar?

Artículo 4º. En ningún caso la suma de dinero reconocida por concepto de reposición parcial de gastos podrá superar el monto de los gastos efectuados durante la campaña por los respectivos candidatos.

El argumento de Mockus es que según el artículo 13 de la Ley 130 de 1994, la contribución estatal a su campaña electoral debía cubrir la totalidad de los gastos incurridos, lo cual se traducía en un pago adicional a los 25 millones inicialmente reconocidos, de $ 47.940.350, más intereses legales previstos en el artículo 17 de la Ley 130 de 1994, calculados desde el 30 de noviembre de 1994 hasta la fecha de su pago efectivo, más unos intereses sobre el pago reconocido de $ 25.918.000. Pero no solamente eso, sino también una especie de "bonanza electoral" basada en el pago por votos totales obtenidos, llegando así a superar los gastos totales de campaña.

En resumen, el demandante Mockus alegaba que el artículo a ser anulado, el 4º de la Resolución 06 del 25 de enero de 1995, era ilegal puesto que el CNE no tenía facultades para emitirlo. Por tanto, no quedaba de por medio impedimento legal alguno para poder cobrar más dinero que el gastado en su campaña, unos 47 millones de pesos, sin contar intereses corriendo al día.

Entre otros argumentos, Mockus indica que fue el único candidato al cual no se le reconoció el monto a reponer de su campaña en los $ 150 pesos por voto sino a $ 52,63 mediante una aplicación matemática poco digna de su título de matemático, ya que pretendía pasar por encima del artículo 4º asumiendo que el cálculo del monto a reponer se basa meramente en la multiplicación del valor por voto válido, sobre el total de votos válidos obtenidos por el candidato, sin considerar que no es ésta la razón de la reposición del dinero más allá de los gastos reales incurridos, tal como si se tratase de un negocio de compra-venta donde quepa la posibilidad de la RENTABILIDAD, sino meramente un acto de REPOSICIÓN de gastos efectivos de campaña, por un monto máximo equivalente al valor total gastado en la campaña. Es decir, Mockus pretendía cobrar dinero basado en la votación obtenida, incluso si el monto llegaba a ser superior a los gastos de campaña en que incurrió, dejándole una insólita "bonanza monetaria postelectoral".

En definitiva el caso lo perdió Mockus debido a que procedió a una demanda en lugar de hacer el reclamo administrativo correspondiente, en el cual se le hubiera dado la razón precisa por la cual no era procedente su exigencia del pago adicional de los 47 millones de pesos.

En la primera instancia, Mockus perdió la demanda debido a que "el Tribunal de origen se declaró inhibido para pronunciarse sobre el fondo del asunto, puesto que se presentó, a su juicio, una indebida acumulación de pretensiones, pues el artículo 4º objeto de demanda se encuentra contenido en la Resolución núm. 06 de 25 de enero de 1995, expedida por el Consejo Nacional Electoral, acto que es de contenido general e impersonal y de cuya legalidad tiene conocimiento el Consejo de Estado, de conformidad con las normas que sobre competencia consagra el C.C.A."

Y en vista de la aceptación del pago de $ 25 millones por parte de Mockus constituía un "acto definitivo", el cobro del respectivo cheque expedido por el CNE constituyó el consentimiento final del demandante de dicha cantidad como cobro único y definitivo de la cuenta de reposición de gastos electorales de su partido.

Finalmente el Tribunal hizo un reconocimiento del concepto del artículo 4º de la Resolución número 06 del 25 de enero de 1995 y su clara delimitación de los montos a reponer a las campañas de los candidatos dentro del total de dinero gastado en las mismas sin excederse en dichos pagos en ningún momento.

Así que el "candidato de la honestidad" pretendió cobrar un dinero adicional estirando una regla de reposición de votos de $ 150 pesos por voto válido logrado, conservando como tope máximo el gasto total de su campaña, sobre el total de votación válida lograda, incluso más allá del monto total gastado en la misma.

Quizás en 1994 Antanas Mockus no era un visionario en camino a la presidencia sino sólo un académico que quería incursionar en la alcaldía capitalina y por tal razón no fue muy cuidadoso o escrupuloso con lo que intentó hacer con los dineros públicos, pero el pasado no perdona, especialmente cuando una persona adopta un discurso de supuesta pulcritud y legalidad democrática.

2 de mayo de 2010

En alas de la legalidad y la decencia


Ya estamos acostumbrados a leer las hondas y ponderadas reflexiones de los entusiastas de la legalidad y la decencia. Aquí las vemos en la práctica: son los excluidos de la Universidad Javeriana.

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1 de mayo de 2010

Lo que se vendría con Mockus

Por Eduardo Mackenzie

La “decencia” que Antanas Mockus le promete al país es un mal chiste. ¿Que “decencia” puede impulsar una persona que dice “respetar” al tirano venezolano Hugo Chávez, después de haber dicho que lo “admira”? El admirado por Mockus es el mismo que otorga todo tipo de respaldo a las FARC, el mismo que amenaza a Colombia con sus agentes secretos, con sus batallones de combate y sus bombarderos rusos. El hombre que Mockus “respeta” es el mismo que está llevando la miseria y la opresión más inaudita al hermano pueblo venezolano, el mismo que fomenta la conspiración contra Colombia en Nicaragua, en Ecuador, en Bolivia, el mismo que agita la histeria anti colombiana entre las turbas chavistas, lo que ha llevado al vil asesinato de una docena de colombianos inocentes. Es el mismo que encarcela colombianos con el pretexto de que son “espías”. Las frases de Antanas a favor del déspota venezolano prueban que el candidato del partido Verde vive en Babia, o está perdiendo la cabeza, o no sabe qué pasa en Colombia, ni que pasa en Venezuela. Peor: que no entiende cuál debe ser el papel de Colombia en la lucha de los pueblos del continente contra la amenaza totalitaria que Hugo Chávez representa.

Mockus sueña, más bien, con una Colombia sin Ejército, “como en Costa Rica”. Hace unos meses, cuatro magistrados del Consejo de Estado firmaron una sentencia que pretendía quitarles a las Fuerzas Militares el 76 % de sus combatientes y el 40 % a la Armada. Pocos se enteraron de eso. Algunos protestaron y todos lo olvidamos. Hoy el desmonte de las fuerzas militares ha vuelto, por la vía del auge de la candidatura de Mockus. ¿Una casualidad? No, los jefes del partido Verde, desmovilizados del M 19, sueñan con eso. Si Mockus gana la elección tratará de llegar a eso. Dirá que sin un aparato militar Colombia está más protegida. Antanas es el hombre del buenismo simplón y de las falsas paradojas diseñadas para seducir a los jóvenes sin pilas. Para disolver el Ejército Mockus tendrá que reformar la Constitución. Chávez no se opondrá a eso y Mockus propondrá, para burlarse un poco más de todos, la disolución verbal de las FARC, para preservar el equilibrio. Y éstas, tan buenas humoristas como él, responderán que están encantadas, pero que habrá que negociar esa idea. Y que para empezar habrá que darles la mitad del país y una capital como Cali, incluyendo a Buenaventura. Pues el sueño de Mockus coincide con la ambición de Alfonso Cano de quedarse, al menos, con la mitad de Colombia, quimera que el jefe de las FARC lanzó en la época aciaga de los diálogos del Caguán. Y Mockus, quien tiene una política, como él dice, “durísima” con las FARC, dirá claro que sí, pues Cano, a esa altura, ya lo habrá convencido de que las FARC, en realidad, no tienen secuestrados (sólo “prisioneros”). Y así, sin Ejército y sin la mitad del país, Colombia habrá avanzado mucho.

Todo eso es posible con Antanas Mockus, quien el 9 de abril pasado anunció que sufría un párkinson, en un nuevo falso acto de transparencia: hacía casi un año que él sabía eso y no lo dijo. Las encantaciones de quien se hace llamar un “anfibio cultural” no nos hacen reír. Son patéticas y nos prometen el abismo.

Los colombianos no debemos olvidar esto: la campaña electoral está intervenida. La injerencia venezolana es cada vez más descarada. Chávez se permite vetar a Juan Manuel Santos, amenazar a Colombia con las peores desgracias si los colombianos votamos por él. La parsimonia de los candidatos ante eso es asombrosa. La protesta del presidente Uribe contrastó con el silencio de los medios y de la clase política. Inmediatamente, Mockus, el “admirador” de Chávez, subió en los sondeos. ¿Eso es normal? Hoy las campañas electorales de América Latina, todas, son entorpecidas por el poder expansionista de Chávez. Inflado por dos radios bogotanas y ciertas oficinas de sondeos, el fenómeno Mockus es inquietante. Muy hábil es haber ocultado su juego hasta última hora.

¿Antanas Mockus, es el Zelaya colombiano? Ante la vasta operación de desorientación, todo es posible. Las campañas electorales en América Latina, sobre todo las presidenciales, están bajo el rigor de la conspiración chavista. Ocurrió en México (¿se acuerdan de López Obrador?) Ocurrió en Perú (¿se acuerdan de Ollanta Humala?) Ocurrió en Panamá (¿se acuerdan de Balbina Herrera, la amiga de Piedad Córdoba?). Esa conjura triunfó en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina y Uruguay. En Honduras, el chavismo hizo de un ricachón liberal un fanático que intentó destruir la Constitución de su país. Su destitución por el Congreso fue tomada por Chávez como un “putsch contra la alianza bolivariana”. ¿Mockus querrá jugar en un escenario parecido? La desestabilización que conoció Honduras comenzó con un candidato bonachón, que aparecía muy decente. El ángel de Zelaya ocultaba otra cosa. El discurso taimado y cambiante de Mockus, sus cálculos matemáticos errados, su programa inexistente, pero inventado cada día, sus propuestas “decentes” (como legalizar la marihuana para abandonar a los jóvenes ante las pandillas de traficantes), hacen de Mockus un candidato impredecible, aciago, que avanza enmascarado y que fascina, por ahora, a un sector necio y gamberro de la opinión urbana. Esperemos que el buen juicio de los colombianos desbarate la opción suicida.