Por Jaime Restrepo.
La palabra respeto, según la Real Academia, significa miramiento, consideración, deferencia. En cuanto al término admiración, que es la acción de admirar, significa ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien que llama la atención por cualidades juzgadas como sobresalientes y extraordinarias.
Viendo los dos términos, no se sabe cual enaltece más al sujeto: si la consideración y deferencia que alguien le profesa, o la estima que lo juzga como sobresaliente y extraordinario.
Que Piedad Córdoba sienta admiración y respeto por Hugo Chávez es apenas natural: ella es su más caracterizada defensora, gracias entre otras cosas, a esos dineros que Chávez le entrega a través de la empresa Monómeros.
Más allá de lo que piensen o sientan los venezolanos frente al dictador, los colombianos estamos siendo víctimas de una fuerte embestida del régimen chavista, lo que hasta la fecha ha dejado un saldo de 30 compatriotas asesinados o desaparecidos en Venezuela. El delito que mereció la pena de muerte de esos colombianos fue su nacionalidad.
Hay por lo menos 20 colombianos pudriéndose en las mazmorras del régimen chavista, acusados de espionaje y de no sé cuantas otras cosas más. Los ataques de la Guardia Nacional contra humildes colombianos en la frontera se han vuelto cotidianos.
Ni hablar de la destrucción de infraestructura comunitaria, como la voladura de puentes en el municipio de Ragonvalia, Norte de Santander, que eran utilizados por colombianos y venezolanos para comunicarse, comerciar productos y ahorrarse medio día de viaje para cruzar al otro país.
Tampoco se puede dejar de mencionar que el dictador, respetado por Mockus, les ofrece protección a los terroristas de las FARC en su territorio, convirtiendo a Venezuela en un santuario de imprevisibles consecuencias para la seguridad no sólo de Colombia, sino de toda la región.
Allá se juntan, además de las FARC y del ELN, la banda española ETA, la Guardia Republicana Iraní, elementos de Hamás y Hezbolá, entre otros, como en un cónclave terrorista convocado para ser la fuerza de choque en el zarpazo expansionista que el dictador hará contra Colombia, cualquiera sea el gobernante de turno.
Me niego a admitir que Hugo Chávez merezca algo distinto al desprecio. Resulta esclarecedor que Antanas Mockus sienta respeto, como enmienda de la admiración, por un personaje cuyo régimen está promoviendo la xenofobia contra los colombianos, favoreciendo su asesinato, a veces disfrazándolos de criminales, paramilitares o narcotraficantes.
Parece que la vida humana es sagrada cuando conviene al protagonismo y a la carrera de Mockus, porque, puestos a transmitir las amenazas del dictador, como hace el mockusiano ex ministro Rudolf Hommes, las vidas de esos colombianos humildes son perfectamente olvidables.
Es simple: el mantra “la vida es sagrada” resulta opuesto a respetar a un dictador que, de a pocos, viene promoviendo el asesinato de colombianos en Venezuela a través de los paramilitares chavistas, como las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Liberación, señaladas de secuestrar, torturar y asesinar a casi una docena de jóvenes que integraban el equipo de fútbol Los maiceritos. Las FBL fueron legalizadas por Hugo Chávez mediante la nueva Ley Orgánica de las FAN, y a partir de esa norma, el tirano tiene el control militar y presupuestal de esas organizaciones paramilitares.
Tampoco puede guardarse consideración hacia un individuo que tiene en dificultades a varias empresas colombianas, por cuenta de la mora en los pagos de bienes y servicios que fueron despachados hace casi dos años.
Así mismo, al ver las flagrantes violaciones a los derechos humanos que se cometen en Venezuela, un demócrata no puede manifestar algo distinto al repudio por la extinción de las libertades. Ahí surge una pregunta: ¿cuál es la verdadera disposición del señor Mockus respecto de la destrucción de la democracia que viene adelantando Chávez en Venezuela?
La historia ha demostrado que las políticas de apaciguamiento sólo han servido para envalentonar a todos los dictadores imbuidos de la necesidad de expandir su poder.
Los colombianos no debemos obrar como alguien que se olvida de su responsabilidad porque le resulta más grato o cómodo. Miles de soldados y policías se juegan la vida combatiendo a las bandas terroristas que sostiene el sátrapa venezolano. Lo único que falta es que elijamos a alguien que con eficaces recursos de propaganda eche a perder ese esfuerzo y termine permitiendo la recuperación de esas bandas.
Los colombianos no debemos obrar como alguien que se olvida de su responsabilidad porque le resulta más grato o cómodo. Miles de soldados y policías se juegan la vida combatiendo a las bandas terroristas que sostiene el sátrapa venezolano. Lo único que falta es que elijamos a alguien que con eficaces recursos de propaganda eche a perder ese esfuerzo y termine permitiendo la recuperación de esas bandas.