7 de mayo de 2010
6 de mayo de 2010
Mockus y el respeto por el dictador venezolano
Los colombianos no debemos obrar como alguien que se olvida de su responsabilidad porque le resulta más grato o cómodo. Miles de soldados y policías se juegan la vida combatiendo a las bandas terroristas que sostiene el sátrapa venezolano. Lo único que falta es que elijamos a alguien que con eficaces recursos de propaganda eche a perder ese esfuerzo y termine permitiendo la recuperación de esas bandas.
5 de mayo de 2010
Idealismo
4 de mayo de 2010
El techo del equilibrista
Por Jaime Ruiz
No parece tener mucha explicación la certeza de tanta gente de que el candidato Mockus ganará las elecciones, salvo el hecho de que al ser personas que escriben en la prensa suelen pertenecer a grupos sociales privilegiados, entre los cuales la tendencia es innegable. Eso, por supuesto, si son personas que lo creen de verdad. Muchos proclaman que lo creen porque quieren creerlo, y entre los que tienen influencia y están a favor de dicho triunfo, predomina otra actitud, la habitual de la prensa colombiana: crear la realidad.
La moda de la "ola verde" ha sido creada a punta de encuestas y de activismo febril de personas que no votaron el 14 de marzo por las listas de Mockus ni por las de Fajardo, pero que esperan una oportunidad para su facción, rechazada por la gente, gracias a la esperada elección de un candidato equívoco, y a las diversas posibilidades de usar los mantras y clisés de la propaganda mockusiana para calumniar al gobierno y aun para amenazar y ejercer todo tipo de violencias.
Pero la realidad es otra, y conviene prestar atención a las encuestas para ver tendencias y datos objetivos. Antes de seguir, conviene entender que mil o dos mil entrevistas no pueden dar ninguna garantía de otra cosa que del estado de ánimo de un momento. Muchas de las personas entrevistadas contestan sin haber tomado una decisión clara, a veces por el puro impacto de la propaganda o por decisiones inducidas por los medios de comunicación, decisiones que al cabo de un mes pueden cambiar.
Y además las encuestas que se publican con un margen de error del 3 % resultan ser tan contradictorias unas respecto de otras que alguien comete algún error grave. Y en algunos casos hay que creer más bien en la mala fe.
Entre los "argumentos" que recitan en medio de temblores y espumarajos los entusiastas del ex alcalde destacan los que tienen que ver con las campañas de la prensa contra el gobierno: que si los "falsos positivos" (que atribuyen al ministro que los denunció), que si la "yidispolítica", etc. Rara vez una persona de esas ha leído una sentencia judicial o siquiera un artículo serio sobre esos asuntos, pero ante la ocasión de convertirse en representantes de la ética, no hay quien los disuada ni les pueda explicar nada. Y no estaría mal que explicaran por qué, si es tal el hastío de la gente con el gobierno, en la encuesta de Datexco publicada el 26 de marzo figura una intención de voto por los tres candidatos que se proclaman uribistas del 62,4 % (34,1 % por Santos, 21,7 % por Sanín y 6,6 % por Vargas), sin contar un 8,3 % de indecisos. Casi lo mismo que obtuvo Uribe en 2006. ¿Es que entonces no se conocían los terribles escándalos que se usan para justificar la cómica histeria ética de los radicales antiuribistas?
Ese dato es sumamente importante porque de entonces ahora ha pasado poco más de un mes, el mismo tiempo que separa la fecha de la última encuesta de Datexco de la de la primera vuelta. Pero también porque permite entender de qué modo una encuesta no es un resultado electoral. Las personas indecisas se niegan a contestar, las personas que encuentran los entrevistadores sólo vagamente representan al conjunto social (una por cada 10.000-20.000 posibles votantes). Lo que pasa es que los exaltados protagonistas de la revolución quieren sacar realidades de su entusiasmo, y fácilmente creen que tanta gente cambia por completo sus ideas y percepciones por efecto de la fiebre juvenil en Facebook (también reforzada con cuentas falsas, puede que incluso de otros países).
Dos semanas después, el 9 de abril, la misma firma publicaba otra encuesta en la que la votación por los candidatos uribistas sumaba 48,9 % (29,5 % por Santos, 16,4 % por Sanín y 3,0 % por Vargas), casi doblando la de Mockus (24,8 %), con un 10 % de indecisos. Era evidente la concentración del voto de oposición en torno al ex alcalde, con un notorio retroceso del candidato del PDA y también de Rafael Pardo. Se empezaba a notar el efecto de la febril campaña de los medios para promover la "ola verde".
Menciono todos esos datos no porque quiera negar que ha habido una poderosa tendencia de apoyo a Mockus, sino para mostrar hasta qué punto las causas de esa tendencia son más circunstanciales de lo que parece. Y también porque ciertos estudios y ciertos titulares dejan ver la intención de crear una percepción de triunfo que no se corresponde con la realidad. ¿Nadie se ha fijado en que cuando Santos le saca cuatro puntos a Mockus se habla de un "empate técnico", pero cuando es al revés hay una clara ventaja del ex alcalde? Así es todo.
La encuesta de la Universidad de Medellín publicada el 22 de abril le daba a Santos un 34,4 % y a Mockus un 27,7 %. Al no corresponder a ningún encargo de un medio, y sobre todo al averiguar en 124 municipios (las demás encuestas suelen hacerse en las ciudades, entre 13 y 37), es un resultado que parece más ajustado. Aparte, la candidata Sanín obtendría un 16,5 % y Vargas un 3,1 %, lo que dejaría al uribismo con bastante más de la mitad de los votos en la primera vuelta.
Durante la última semana aparecieron cuatro encuestas. En la de Ipsos-Napoleón Franco, publicada el lunes 26, Mockus tenía 38 % contra 29 % de Santos y 11 % de Sanín. En todo caso, es la misma encuestadora que diez días antes otorgaba un 5 % de intención de voto a Araújo y otro 5 % a Calderón. El miércoles 28 apareció la de Invamer Gallup, en la que de nuevo aparece Santos por delante con 34,2 % y Mockus con 31,6. Lo más interesante es que la señora Sanín registra un 16,2 %, con lo que de nuevo la votación por candidatos uribistas resulta superior al 50 %. El jueves 29 apareció la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, en la que Mockus aparece por delante con un 39 %. En todo caso, la suma de la votación de los candidatos uribistas se acerca al 50 % (Santos, 34 %; Sanín, 11 %, Vargas 4 %).
Considerando esos pronósticos, resulta del todo increíble el sueño de los mockusianos de ganar en primera vuelta. Pero por lo general se trata de personas tan objetivas que no vacilan en asegurar que el gobierno actual es un atajo de criminales y Piedad Córdoba es una redentora de los cautivos. Es innegable que hay una tendencia ascendente de Mockus en las encuestas, resultado de la presión propagandística, pero ¿qué habrá pasado con el 75 % de personas que contestan y suelen aprobar la gestión de Uribe Vélez?
La última encuesta publicada es el Opinómetro de Datexco, en la que la intención de voto por Juan Manuel Santos cae hasta el 26,7 % y la de Mockus sube hasta el 38,7 %. Es interesante señalar que esta encuesta se hizo prácticamente los mismos días que las de Invamer Gallup y la del Centro Nacional de Consultoría, por lo que la diferencia contradice el "margen de error" que proclaman en las fichas técnicas. Pero más extraño es que cuando se pregunta por quién votaría el entrevistado en segunda vuelta, ¡no se excluyen candidatos! ¿Qué habrán entendido las personas que contestaron? El interés de manipular es evidente, sobre todo cuando no obstante el absurdo de poder votar por cualquiera en segunda vuelta, El Tiempo pone este titular:
Mockus tendría el 41,5% de intención de voto en segunda vuelta y Santos el 29%, según Datexco
En definitiva, hace 40 días dos tercios de los electores (teniendo en cuenta a los indecisos) estaban dispuestos a elegir a un continuador de Uribe y milagrosamente ahora apenas son más de un tercio. ¡Por iluminación súbita, gracias a los mantras que con cara de serio pronuncia el candidato alternativo, todos se hartaron de tanta corrupción y tantos asesinatos del gobierno! ¿O alguien tiene la menor duda de que los partidarios de Mockus son los mismos comentaristas de El Espectador para los que el presidente Uribe es el jefe del tráfico de drogas y el ex ministro Santos el determinador de las ejecuciones extrajudiciales?
Hay algo que en un ambiente como el colombiano es difícil de concebir y es el autorrespeto: los partidarios de la paz y el amor no dejan hablar a quienes no piensan como ellos, como ocurrió con el candidato Santos en la Universidad Santiago de Cali, y si pudieran los matarían. Del mismo modo, a nadie le sorprende que en menos de cuarenta días el electorado dé un vuelco tan rotundo, pero en cambio para una elección, la de segunda vuelta, que está a más de cuarenta días están segurísimos del resultado.
Y no es que piensen con el deseo: es que saben que son una minoría formada por quienes creen que a Chávez se le hace frente mirando para otro lado y por quienes les hacen creer eso porque esperan, al cabo de medio siglo, aprovechar la confusión, el poder mediático, la espectacularidad del candidato y la provisión de recursos y activistas para por fin enrumbar a Colombia por el camino de Cuba. ¿O será que en el mes que queda la gente no se dará cuenta de que casi todos los personajes que tienen esa intención apoyan a Mockus?
El candidato hasta ahora se las ha arreglado para no contrariar a la mayoritaria población uribista. No le durará mucho el hechizo: sus seguidores día tras día muestran lo que son, y la gente, por muy diversos motivos, incluido el rechazo a un presidente famoso por mostrar las nalgas (como si no fuera suficientemente triste la fama del país), irá desanimándose de dar un salto al vacío.
Porque es imposible engañar a todos todo el tiempo. Y cuando formulamos diez preguntas que el ex alcalde no contestará recibimos como respuesta de sus partidarios sólo los mantras que en cualquier democracia madura sólo serían propaganda de alguna secta pueril, aderezados con las calumnias que distinguen a los partidarios más rabiosos del chavismo.
Yo podría apostar a que en la primera vuelta la votación por Mockus no será mucho mayor del 40 %, con lo que el robo que anuncian sus partidarios resultará otro sueño tan fútil como la revolución que tres generaciones de artistas de medio pelo llevan medio siglo tratando de hacer.
3 de mayo de 2010
El ejemplo que da el profesor Mockus sobre la "legalidad democrática"
Por Diegoth
Nada mejor que el ejemplo para enseñar. Especialmente para una persona que prefiere hacerse llamar profesor, como el candidato Antanas Mockus, un personaje que ha tenido problemas para asimilar su discurso a su ejemplar vida. O mejor dicho, su ejemplar vida a su discurso.
Como cuando se lanzó a la alcaldía de Bogotá en 1994 por primera vez, y terminó entablando una demanda contra el Estado porque pretendía cobrar un dinero por un monto superior a lo que gastó en su campaña. De esta demanda y su fallo en primera y segunda instancia, se pudo obtener un documento público en la web dmsjuridica.com que se analiza a continuación para ver el alcance en la práctica de la repentina "teoría de la legalidad democrática" de Mockus.
Con base en el documento público del expediente Nº 5248 de la Sala de lo Contencioso Administrativo Sección Primera de Bogotá el 14 de octubre de 1999, se establece un fallo definitivo en segunda instancia en contra del entonces alcalde electo de Bogotá, Antanas Mockus, quien intentó cobrar una reposición de gastos de campaña superior a la cantidad previamente aceptada por él, bajo la orden de pago externo número 045068.
Puesto que la orden de pago inicialmente era por el valor de $ 25.918.000, Mockus decidió demandar dicho pago alegando un nuevo monto por un valor superior de $ 73.858.350, del cual el pago acordado en principio sería solamente "un abono parcial".
La acción de la demanda de Mockus, basada en el artículo 85 del Código Civil Administrativo pretendía anular el artículo 4º de la Resolución número 06 del 25 de enero de 1995, expedida por el CNE, "por la cual se ordena el pago de los gastos de reposición correspondientes a las elecciones celebradas el 30 de octubre de 1994".
¿Y qué dice el artículo 4º que Mockus quiso ilegalizar?
Artículo 4º. En ningún caso la suma de dinero reconocida por concepto de reposición parcial de gastos podrá superar el monto de los gastos efectuados durante la campaña por los respectivos candidatos.
El argumento de Mockus es que según el artículo 13 de la Ley 130 de 1994, la contribución estatal a su campaña electoral debía cubrir la totalidad de los gastos incurridos, lo cual se traducía en un pago adicional a los 25 millones inicialmente reconocidos, de $ 47.940.350, más intereses legales previstos en el artículo 17 de la Ley 130 de 1994, calculados desde el 30 de noviembre de 1994 hasta la fecha de su pago efectivo, más unos intereses sobre el pago reconocido de $ 25.918.000. Pero no solamente eso, sino también una especie de "bonanza electoral" basada en el pago por votos totales obtenidos, llegando así a superar los gastos totales de campaña.
En resumen, el demandante Mockus alegaba que el artículo a ser anulado, el 4º de la Resolución 06 del 25 de enero de 1995, era ilegal puesto que el CNE no tenía facultades para emitirlo. Por tanto, no quedaba de por medio impedimento legal alguno para poder cobrar más dinero que el gastado en su campaña, unos 47 millones de pesos, sin contar intereses corriendo al día.
Entre otros argumentos, Mockus indica que fue el único candidato al cual no se le reconoció el monto a reponer de su campaña en los $ 150 pesos por voto sino a $ 52,63 mediante una aplicación matemática poco digna de su título de matemático, ya que pretendía pasar por encima del artículo 4º asumiendo que el cálculo del monto a reponer se basa meramente en la multiplicación del valor por voto válido, sobre el total de votos válidos obtenidos por el candidato, sin considerar que no es ésta la razón de la reposición del dinero más allá de los gastos reales incurridos, tal como si se tratase de un negocio de compra-venta donde quepa la posibilidad de la RENTABILIDAD, sino meramente un acto de REPOSICIÓN de gastos efectivos de campaña, por un monto máximo equivalente al valor total gastado en la campaña. Es decir, Mockus pretendía cobrar dinero basado en la votación obtenida, incluso si el monto llegaba a ser superior a los gastos de campaña en que incurrió, dejándole una insólita "bonanza monetaria postelectoral".
En definitiva el caso lo perdió Mockus debido a que procedió a una demanda en lugar de hacer el reclamo administrativo correspondiente, en el cual se le hubiera dado la razón precisa por la cual no era procedente su exigencia del pago adicional de los 47 millones de pesos.
En la primera instancia, Mockus perdió la demanda debido a que "el Tribunal de origen se declaró inhibido para pronunciarse sobre el fondo del asunto, puesto que se presentó, a su juicio, una indebida acumulación de pretensiones, pues el artículo 4º objeto de demanda se encuentra contenido en la Resolución núm. 06 de 25 de enero de 1995, expedida por el Consejo Nacional Electoral, acto que es de contenido general e impersonal y de cuya legalidad tiene conocimiento el Consejo de Estado, de conformidad con las normas que sobre competencia consagra el C.C.A."
Y en vista de la aceptación del pago de $ 25 millones por parte de Mockus constituía un "acto definitivo", el cobro del respectivo cheque expedido por el CNE constituyó el consentimiento final del demandante de dicha cantidad como cobro único y definitivo de la cuenta de reposición de gastos electorales de su partido.
Finalmente el Tribunal hizo un reconocimiento del concepto del artículo 4º de la Resolución número 06 del 25 de enero de 1995 y su clara delimitación de los montos a reponer a las campañas de los candidatos dentro del total de dinero gastado en las mismas sin excederse en dichos pagos en ningún momento.
Así que el "candidato de la honestidad" pretendió cobrar un dinero adicional estirando una regla de reposición de votos de $ 150 pesos por voto válido logrado, conservando como tope máximo el gasto total de su campaña, sobre el total de votación válida lograda, incluso más allá del monto total gastado en la misma.
Quizás en 1994 Antanas Mockus no era un visionario en camino a la presidencia sino sólo un académico que quería incursionar en la alcaldía capitalina y por tal razón no fue muy cuidadoso o escrupuloso con lo que intentó hacer con los dineros públicos, pero el pasado no perdona, especialmente cuando una persona adopta un discurso de supuesta pulcritud y legalidad democrática.
2 de mayo de 2010
En alas de la legalidad y la decencia
Ya estamos acostumbrados a leer las hondas y ponderadas reflexiones de los entusiastas de la legalidad y la decencia. Aquí las vemos en la práctica: son los excluidos de la Universidad Javeriana.