7 de octubre de 2009

Hacia el Nobel de la Paz


Candidata favorita

Es muy llamativo que las portadas electrónicas de El Tiempo y El Espectador del martes 6 de octubre no hayan vuelto a mencionar el rumor sobre la candidatura de Piedad Córdoba al Premio Nobel de la Paz. Como si quisieran evitar a la mayoría de los lectores el desasosiego que semejante noticia produce, tal vez esperando el impacto de la noticia final, tal vez porque los editores realmente dudan de que tal cosa vaya a suceder. De hecho, lo dudan la mayoría de los colombianos. Son tantas las ganas de reconocerse en gente como los noruegos, y en general los europeos, que la posibilidad de que premien a un personaje semejante se les antoja absurda, imposible. Pero no hay tal, la candidata que más probablemente podría obtener ese premio este viernes es la senadora antioqueña.

El director del Instituto de Investigaciones de Paz
De esta noticia copiaré sólo las palabras del director del organismo que selecciona a los candidatos al premio, Kristian Berg Harpviken:
[Córdoba] es lo que significa el Premio Nobel de la Paz, es una interlocutora de los actores del conflicto, interlocutora del Gobierno (colombiano), interlocutora de los grupos alzados en armas. [...]

también representa el diálogo y representa un compromiso a largo plazo, porque ha hecho un trabajo duro [...]

ha logrado liberaciones y de eso se trata, de hacerle ese reconocimiento.

No es una opinión de cualquiera, sino lo que afirma una persona que conoce bien las posibilidades de los candidatos.

Los otros candidatos
Claro que hay muchos más candidatos, pero los rumores y la prensa sólo mencionan tres favoritos: Piedad Córdoba, un jordano, profesor de filosofía de la fe islámica, y una activista afgana. En mi opinión, ambos están en desventaja frente a la senadora: el jordano tiene la desventaja de ser hombre y de que su triunfo no llevaría ningún mensaje claro sobre la paz con el islam, mientras que la afgana forma parte de un gobierno cuestionado y aliado de EE UU. Los premios Nobel "políticos" se dan a personas caracterizadas por su antiamericanismo, según señalaba en alguna ocasión el escritor estadounidense Philip Roth.

Los ganadores hispanoamericanos
Muchos razonan que Piedad Córdoba no podrá recibir el premio por su proximidad a una organización terrorista, olvidando que los otros dos hispanoamericanos que lo han recibido, Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú no son menos próximos a la banda asesina. De hecho, al parecer fue el argentino quien propuso como candidata a la senadora colombiana. En la noticia enlazada arriba transcriben una declaración de Pérez Esquivel:

Ella viene trabajando intensamente desde hace mucho tiempo y con demasiadas dificultades para lograr la paz en Colombia y eso (el premio) ayudaría a encontrar los caminos de la paz para su país.
No hay que engañarse: las presiones que reciben los que van a dar el premio son tremendas, así como los motivos que podrían tener para premiar a Piedad Córdoba: nada les gustaría más que contribuir a la "paz" en Colombia. Es decir, a las negociaciones de paz. Es decir, a la recuperación de uno de los bandos que la puede firmar, con el que la burocracia noruega simpatiza.

Pudo ser Tirofijo
Uno de los motivos por los que Pastrana se obstinaba en mantener el proceso de paz con las FARC con el correspondiente despeje era la posibilidad de obtener el Premio Nobel de la Paz (al respecto, comentario de Gonzalo Guillén, de Saúl Hernández y de Rodrigo Pardo). Sencillamente, un defensor abierto de las FARC como Jan Egeland, que había dirigido el Instituto de Investigaciones de Paz y tenía a su esposa presidiendo el parlamento noruego, había ilusionado a Pastrana con el premio. Claro que él lo niega, pero ¿cómo habría de reconocerlo? Es como si le preguntaran si cree que Piedad Córdoba es cómplice de las FARC. Y de no ser por la torpe certeza de Tirofijo de que estaba a punto de ganar la guerra, si hubiera tenido más conciencia de lo que es el mundo más allá de sus selvas, podría haber conseguido el premio de sus crímenes confirmado por el Nobel. Y nadie debe llamarse a engaño: Mengeland sigue teniendo mucho poder e influyendo en los premios.

El odio a Piedad Córdoba
Una cosa que yo nunca he entendido, o mejor dicho, sí he entendido pero al precio de sentir un asco tremendo, es el odio que despierta la senadora. Es verdad que su adhesión a las FARC está llena de provocación, afán de protagonismo y desfachatez. Pero ¿es que nadie leía a personajes como Alfredo Molano en los años dorados de la industria del secuestro? Parece que no, que la gente sólo se entera de lo que sale en la televisión. ¿Alguien cree que en las universidades públicas los profesores son más comedidos que la senadora? En ese odio tan focalizado tienen un gran papel el racismo y el clasismo, esos rasgos de la mentalidad colombiana que tanto determinan precisamente la "cultura" de la izquierda democrática. Como si fuera más fácil condenar y rechazar a alguien de piel negra y origen humilde. Ella se aprovecha de eso para ganar protagonismo; a pesar de que los firmantes de la correspondencia con las FARC son varias decenas de miles de personas, la gente sólo se fija en la "levantada".

¿Y si ocurriera?
Yo nunca entiendo que las liberaciones de secuestrados den prestigio a la senadora, siendo tan obvio que las FARC las llevan a cabo para promover a su representante política. Creo que la gente exagera el ascenso en las encuestas de la popularidad de Córdoba. Pero ¿por qué se me ocurre que en caso de que obtuviera el Nobel se haría realmente popular? Los opositores están encantados, por ejemplo Rodrigo Pardo anuncia la posibilidad del premio y se entusiasma de la "lección" que recibiríamos los colombianos acerca de la percepción que hay en otras partes del "conflicto". Es un tema típico: a los colombianos parece fácil convencerlos de que la idea que tenga alguien que no ha visto nada de Colombia es más precisa que la que tengan ellos. Pero yo tengo que insistir: ¿por qué odian tanto a la "negra" y no a Rodrigo Pardo? Yo no encuentro en ningún sentido una actitud menos criminal en el ex canciller. ¿O es que no se muestra a favor de la senadora?

Consecuencias
Sin duda el premio sería muy conveniente a la oposición, pero hasta cierto punto. Ganarían algunos votos, pero no los suficientes para disputar una segunda vuelta con un candidato uribista. El problema (para confirmar mi obstinada certeza en que no hay nada fuera de nuestra mente) es lo que hará el gobierno. Hoy mismo salió el ministro de Defensa afirmando que el gobierno colombiano no cree que Rafael Correa tenga relación con las FARC. ¿Quién esperan que les crea? La desgracia no es que le den el Nobel de la Paz a una líder de una secta criminal, ni que eso arrastre simpatías entre ciertos colombianos, sino que el gobierno tratará de liderar ese triunfo nacional y de congraciarse todo lo posible con la senadora. En lugar de publicar una lista de sus lindezas y de su presencia en los computadores de Raúl Reyes (cuyos documentos no hacía falta publicar, no fuera que molestaran a alguien), incluso de romper relaciones con Noruega, con toda certeza, el gobierno colombiano se mostraría dócil y mostrará reconocimiento a la nueva figura nacional.

Ojalá en lugar de los dos minutos de odio alguien hiciera una lista clara de la trayectoria de la senadora y de su relación evidente e indudable con los terroristas. Lo que no se puede esperar es que eso lo vaya a hacer el gobierno: con tal de hacerse perdonar la reelección hasta le reconocerá una gran altura de miras a los que intentan legitimar a las FARC premiando a su representante política.

Por Jaime Ruiz, columnista de Atrabilioso

6 de octubre de 2009

Una rareza

A la CNTV se le critica, entre otras cosas, el no haber sido capaz de escoger el sistema de televisión digital terrestre (TDT) y de alta definición (HDTV) mas apropiado para el país.

Lo anterior porque dadas las características del actual sistema análogo de la televisión colombiana (NTSC, norma estadounidense) y la necesidad de que el nuevo, digital, sea compatible con él, el haber escogido el europeo, obligará a los fabricantes de televisores y convertidores a fabricarlos exclusivamente para el reducido mercado colombiano, lo cual impedirá que nos beneficiemos de la economía de escala, y de la competencia: en otras palabras, que tengamos que pagar de por vida altos precios.

Según nos comenta Miguel A. Suárez, estudioso conocedor del tema, los televisores digitales disponibles en el comercio, están diseñados para funcionar en ambientes que se rigen por la norma norteamericana de Televisión Digital Terrestre, ATSC, que no es compatible con la DVB-T europea; y únicamente servirán para ver canales de televisión norteamericana y películas en formato DVD y Blu-ray; además de la televisión analógica tradicional, siempre y cuando tenga integrado el sintonizador.

En Europa la televisión analógica utiliza un sistema diferente al nuestro (tanto para el video, que presenta 50 cuadros por segundos, y otro tipo de modulación, como para el audio. Unos ojos acostumbrados a ver 60 cuadros por segundos, los nuestros, alcanza a notar el parpadeo fastidioso e intolerable de la pantalla: este es un dato objetivo, empírico y verificable.

Por otro lado, para compatibilizar la nueva tecnología digital con los televisores actuales (PAL/SECAM) los convertidores europeos deberán entregar señales moduladas para esos sistemas; y los nuevos televisores deberán ser capaces de recibir esas señales, al menos mientras todos los transmisores se pasan a la nueva tecnología.

Al adoptar en Colombia el sistema digital europeo, teniendo el analógico NTSC estadounidense y no el PAL/SECAM europeo, los fabricantes que atienden el mercado europeo tendrán que producir una variante de televisores digitales capaces de recibir señales NTSC, y convertidores capaces de convertir del sistema digital europeo (DVB-T) al analógico NTSC colombiano: una rareza en el mundo.

Descubierto el entuerto, y para no tener que reconsiderar la decisión (si hubo comisiones es muy complicado hacerlo), la CNTV publicó un paper en el que define los requisitos que deben cumplir los televisores que se fabriquen para el país (incomprensibles para el consumidor). Y para salvar esa dificultad, los televisores deberán venir con etiquetas distintivas.

Dice el comunicado que una vez sean emitidas las primeras señales de Televisión Digital en Colombia, para acceder a esta tecnología, los actuales televisores pueden funcionar conectados a un decodificador (querrá decir convertidor), que se podrá adquirir en el mercado, luego de que sean desarrollados por los fabricantes; y que cuando se anuncie la llegada de los primeros televisores de TDT, deben verificar que tengan el sello ‘TDT Colombia’, que garantiza que cumplen con las especificaciones técnicas exigidas por la CNTV”

En Colombia somos 42 millones, si asumimos un promedio de cuatro por familia (podría ser mayor), tendremos 10 millones de hogares, o menos. Si el 10% tiene capacidad para adquirir un televisor digital (podrían ser menos) el país demandaría un millón de televisores en, digamos, unos cuatro años. ¿Quién produce para un mercado tan reducido -que además tiene una moneda débil- y a que costos?

Yo veo el futuro más que hacia la alta definición, hacia televisores que sean capaces de navegar en la red, y bajar stream y videos de YouTube, o similares (IPTV), privilegiando el contenido sobre la calidad de la imagen: el tiempo hablará.

Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

5 de octubre de 2009

¿Le queda algo de democrático al Polo?

El Polo está temblando. Sus cimientos se han sacudido y las señales que las directivas de ese partido están lanzando muestran el talante totalitario que la izquierda ha tratado de disimular en los últimos tiempos.

La primera señal es la actitud de Carlos Gaviria Díaz frente a la candidatura oficial de Gustavo Petro: en una muestra de soberbia y desprecio por las decisiones de los electores, el ex Magistrado anunció que
no acompañará al candidato de su partido durante la campaña a la presidencia. La razón: que Petro lo acusó de estar viejo y caduco.

¿Y qué pasó con el compromiso de los precandidatos de acompañar en la plaza pública al aspirante que resultara ganador de la consulta? Nada: los compromisos son deshonrados sin el menor pudor. Carlos Gaviria demuestra su convicción de que los acuerdos son para romperlos, pues lo único comprensible era que el pacto le fuera útil en sus aspiraciones. Un resultado distinto, como el obtenido, lo ha llevado a desconocer la decisión de las pequeñas pero respetables mayorías del Polo y plantear una división física –relativa en realidad- entre el bando más frontal (pro-FARC) y el sector del chavismo oculto (FARCsante), es decir, el de Petro.

Es que Gaviria hizo muchos esfuerzos para repetir candidatura: invirtió cientos de millones en propaganda.
Evitó los debates con Petro. Se acostó, políticamente hablando, con todo aquel que le pudiera ser útil para la consecución o la compra de votos: los miles de parásitos, fruto del asistencialismo del Polo, unidos a la maquinaria clientelista de la casa Moreno Rojas, se pusieron al servicio de la causa. También recibió el apoyo del renovado samperismo, y de los más recalcitrantes columnistas de la prensa tradicional colombiana que ya manifiestan su descontento con Petro porque no habla tan bonito como el “decente” Gaviria, pues lo importante era asegurar, a cualquier precio, la segunda candidatura a la presidencia.

Tampoco se puede pasar por alto la incoherencia encabezada por Gaviria Díaz de respaldar, por aquello del “
pluralismo”, el referendo que le permitirá perpetuarse en el poder a Hugo Chávez… la reelección venezolana es aplaudida y respaldada por el PDA, mientras la colombiana les produce escozor y, según Gaviria Díaz y su cohorte, la voz del pueblo venezolano merece respeto, mientras que la voz del pueblo colombiano es cuestionable y hasta criminal.

Claro que eso de aplaudir las reelecciones que le convienen, y satanizar las que van en contravía del proyecto totalitario que lidera, no se dio una sino dos veces: los estatutos del Polo prohibían la reelección del presidente, pero con tal de mantener al “decente” defensor de los crímenes altruistas de las FARC, si fue válido
modificar un articulito y permitirle que siguiera al mando de ese partido.

Fue hasta que se lanzó nuevamente como precandidato que le entregó el control del Polo al siniestro Jaime Dussán, una de cuyas funciones era ser un garante de neutralidad en la contienda… ¡Pero qué va! Si algo caracteriza a la izquierda “revolucionaria” es su rebeldía ante las normas y en eso Gaviria y Dussán son expertos: el flamante presidente interino del Polo, el mismo que debía ser imparcial, anunció descaradamente que una vez cerradas las urnas de la consulta, le entregaría la presidencia del Polo a Carlos Gaviria… pero a las 11 de la noche tuvo que tragarse la amargura de la derrota.

Sin embargo la debacle no podía quedar en la impunidad. El Comité Ejecutivo del Polo
no va a permitir que Petro participe en una consulta interpartidista y quiere obligarlo a que llegue a la primera vuelta sin aliarse con nadie. Esa es otra forma de desprecio por la decisión de las mayorías –valga reiterar, de la democracia- las cuales respaldaron en las urnas la propuesta de Petro de hacer una gran coalición de los sectores de oposición.

Esa
decisión del Comité es un ejercicio violento en el que se impone a la fuerza la voluntad de una minoría y se pretende que sea esa voluntad la que rija los destinos de la mayoría… entre lo que han venido haciendo las FARC durante medio siglo y las decisiones de la dirigencia del Polo no hay diferencia, pues todo obedece al mismo modelo totalitario que siempre ha practicado la izquierda: imponer a la fuerza.

Pero en la semántica izquierdista, que no quepa duda, la imposición violenta de las minorías sobre la decisión de la mayoría será bautizada por el PDA como democracia.

No obstante, los movimientos del Polo sugieren que salvo la diferencia en el discurso, ganadores y perdedores son la misma caterva que va por el gran botín. Petro aceptó que
Jaime Dussán continúe en la presidencia del PDA hasta el 15 de octubre, lo que habla muy mal de la posición del ahora candidato frente a la corrupción y al incumplimiento de las misiones que le son asignadas a un funcionario, sea del gobierno o de un partido político: ¿Si Jaime Dussán violó su compromiso de neutralidad, si encabezó una diplomacia paralela que supuestamente molestó al candidato, por qué va a continuar en la presidencia de la colectividad?

Eso no tiene buena apariencia… huele a que la consulta fue una especie de operación avispa y tiene un sabor de acuerdo por debajo de la mesa para llevar a las urnas a todos los sectores de la izquierda, ya sea con falsas promesas o discursos aparentemente opuestos e irreconciliables, pero cuyo propósito es monolítico en el seno de la dirigencia polista: conquistar el poder por los votos para luego destruir la democracia… es que el Polo no va a renunciar a los dogmas y estrategias mafiosas que vienen imponiendo sus colegas del Foro de Sao Paulo en toda Latinoamérica.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

2 de octubre de 2009

UnoAmérica defenderá presos políticos latinoamericanos

Los delegados UnoAmérica que asistieron a los congresos sostenidos en Buenos Aires y Montevideo, acordaron, entre otras iniciativas, defender a los numerosos presos políticos latinoamericanos, víctimas de "juicios revolucionarios vindicativos".

El ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti clausuró el congreso de UnoAmérica en Montevideo, haciendo una dura crítica a los regímenes populistas, que usan la democracia y los derechos humanos como excusa para perseguir a sus adversarios.

Los delegados de UnoAmérica, provenientes de Argentina, Bolivia, Colombia, Honduras, Uruguay y Venezuela, comprobaron in situ que "existen cientos de presos políticos, sin haber sido sometidos a un debido proceso, incurriendo los Estados en graves, reiteradas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos de civiles, policías y militares del continente"; como consecuencia de "la existencia de un proactivo terrorismo Jurídico, judicial, mediático y político".

Según la declaración emitida (ver más abajo), los integrantes de UnoAmérica se comprometieron a "realizar las acciones necesarias, jurídicas, políticas y las comunicaciones en el ámbito nacional e internacional y ante los organismos competentes para lograr el restablecimiento inmediato de los derechos conculcados, la reparación y la consecuencial justicia por la responsabilidad de los Estados" y, para tal fin decidieron, "constituir un equipo internacional interdisciplinario para la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia, integrado por direcciones o departamentos en lo jurídico, político y mediático".

La injusta realidad que viven los presos políticos no se limita a los países donde se realizaron los congresos -Argentina y Uruguay- sino que se corrobora también en otros países donde opera el Foro de Sao Paulo, por lo que la iniciativa de UnoAmérica es extensiva a Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela.

Durante los próximos días se darán a conocer el resto de las declaraciones, referentes a la situación que vive Honduras y a las irregularidades detectadas en Bolivia y Venezuela; así como la declaración final los dos encuentros sostenidos.


UnoAmérica pide frenar acciones de Lula en Honduras

La Unión de Organizaciones Democráticas de América - UnoAmérica, que realizó un congreso en Buenos Aires, hizo un llamado urgente a los sectores democráticos del continente -particularmente a los brasileños- a poner un freno a las acciones que lleva a cabo el presidente Lula en Honduras, las cuales prodrían generar una escalada de violencia en esa nación centroamericana.

UnoAmérica responsabiliza a Lula de la desestabilización que podría desatarse en Centro América, puesto que introducir subrepticiamente al ex-presidente Zelaya en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa tiene un solo fin: provocar un baño de sangre, que sirva de justificación para una invasión militar a Honduras y para reponer a Zelaya con el uso de la fuerza.

Es evidente que la crisis provocada por la sucesión presidencial en Honduras estaba a punto de solucionarse, puesto que las elecciones están fijadas para dentro de apenas dos meses, tras las cuales Micheletti entregaría el mando y asumiría un nuevo presidente.

El regreso clandestino de Zelaya -apadrinado por Lula- tiró por la borda un posible acuerdo en San José y encendió de nuevo los ánimos, sobre todo porque el propio Zelaya está haciendo llamados a la violencia a través de los teléfonos de la Embajada del Brasil.

UnoAmérica solicita a las instituciones brasileñas -como el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, los partidos politícos, los gremios, las academias, las iglesias y las fuerzas vivas del país- que emitan una severa condena contra Lula por sus irresponsables acciones intervencionistas y lo obliguen a desactivar su plan de violencia en Honduras.

Asímismo, UnoAmérica pide a los gobiernos democráticos de America Latina -entre ellos los de Colombia, México y Perú- que se pronuncien públicamente contra la injerencia indebida de Lula en Honduras.

Finalmente, UnoAmérica hace un llamado a los sectores más conscientes de los Estados Unidos para que presionen al presidente Obama a fin de que retire su respaldo al plan desestabilizador de Lula. Una escalada de violencia en Centro América significaría un grave retroceso y una seria amenaza a la seguridad hemisférica.

En lugar de apoyar el plan violento de Lula contra un país aliado de los Estados Unidos, como lo es Honduras, el gobierno norteamericano debería enfocar sus esfuerzos en combatir a sus verdaderos enemigos: el narcotráfico, el terrorismo, y el fundamentalismo islámico.

Chávez y Ahmadineyad deben estar felices, al ver que Estados Unidos comete un error estratégico de tan grandes proporciones.

1 de octubre de 2009

Crónica de la esposa de un soldado de Colombia

Medio día. Salgo de un ascensor del Hospital Militar de Bogotá y encuentro en la pared un letrero que dice: “Heridos en combate”. Jamás pensé que mi esposo, el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, 17 años después de haberse retirado del Ejército, iba a estar en este pabellón. La verdad es que este es otro tipo de combate, diferente a los que él libró estando activo. Este es un nuevo tipo de combate que está siendo muy fructífero para los enemigos de Colombia: ¡el combate jurídico!

Entro a la habitación y encuentro a mi marido profundamente dormido. Esto me hace ser más consciente de que él está realmente herido. Él es un hombre hiperactivo, lleno de energía. No es normal que duerma a esa hora. Obviamente, está en un tratamiento contra la ansiedad y el pánico, y las medicinas que toma le obligan a que su mente descanse.

En el silencio de la habitación y con la mirada sobre la ciudad, siento el deseo de plasmar mis pensamientos y decido sentarme a escribir lo que está pasando por mi mente.

Cuando hace 38 años me casé con un soldado de Colombia, y a pesar de ser hija de un gran militar, no era consciente de lo que eso significaba. Es muy diferente la perspectiva de una hija y la de una esposa. Pero muy pronto me di cuenta: me había casado con un patriota. ¡Sí, un patriota! Uno de esos que estudiaba uno en el colegio en una materia que se llamaba Historia Patria que según entiendo ya no existe en los colegios de Colombia. ¡Los patriotas existen! ¡Yo me casé con uno de ellos!

Empecé a darme cuenta de qué es lo que realmente significa para un soldado de Colombia su país, su patria, cómo se preocupa por ella y como la quiere. Entendí lo que significa el juramento que hace cuando el es graduado como oficial y promete “no abandonar a nuestros jefes, superiores ni compañeros en acción de guerra, ni en ninguna otra ocasión”. O cuando reza la oración patria y dice: “Colombia, Patria mía, te llevo con amor en mi corazón, creo en tu destino y espero verte siempre grande respetada y libre”. O cuando dice: “¡Ser soldado tuyo es la mayor de mis glorias, mi ambición más grande es la de llevar el título de colombiano y llegado el caso morir por defenderte!”. Cuando dice todo eso, el soldado colombiano está absolutamente convencido de ello.

Y así lo demostró mi esposo a través de una brillante carrera militar. El es un enamorado de su vocación. Porque ser oficial del Ejército colombiano no es un empleo, es una vocación. Así como los sacerdotes dejan todo por servir a Dios, el militar deja todo para servir a su patria. Y eso lo saben todas las mujeres y esposas que tienen por compañero a un soldado de Colombia. Algunas viudas y otras con sus compañeros secuestrados desde hace más de 10 años lo saben. Otras, frente a su hogar y sus hijos, mientras sus maridos están en los lugares más recónditos de este país, luchando por la tranquilidad de los colombianos, también lo saben.

Por eso ese 6 de noviembre de 1985, cuando el grupo terrorista M-19 decide tomarse las altas Cortes para secuestrar a la justicia y juzgar a un presidente de Colombia, no sólo mi esposo, sino todos los militares que por orden presidencial fueron a rescatar a los magistrados, también iban a cumplir esa consigna de “¡llegado el caso morir por defenderte!”. De hecho algunos murieron. Fueron once los fallecidos en esos dos días, entre policías y militares. Y hubo más de 50 heridos. Yo quisiera saber, si fuera de sus familiares, alguien en Colombia recuerda a alguno de esos héroes. Ellos rescataron por lo menos a 260 personas, entre ellos a 42 magistrados. ¿De qué valió?

Mientras escribo tengo el televisor puesto sin volumen y, cuando levanto la mirada, veo en la pantalla al senador Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19, si así se le puede llamar. El está en la Plaza de Bolívar rodeado de seguidores, participando como precandidato presidencial para las elecciones de 2010. ¡Cómo me duele el alma, cómo me duele el corazón, cómo me duele la injusticia! ¡Cómo me duele la inversión de valores! ¡Cómo me duele la ingratitud de un país! ¡Y cómo me duele la indolencia de la gente! Llevamos dos años de amargura desde cuando mi esposo fue detenido injustamente y sin pruebas, sólo por ser considerado “persona peligrosa para la comunidad” por una fiscal que no tenía ni la menor idea de lo que es una operación militar, como la del 6 y 7 de noviembre de 1985 en el Palacio de Justicia, realizada para enfrentar un asalto terrorista. Esa fiscal estima que lo que allí hubo ese día fue una “retención de algunos magistrados”.

Mientras tanto, el señor que aparece en la pantalla, por sentencia del 15 de mayo de 1992, fue condenado por una juez sin rostro por los delitos de rebelión, terrorismo, secuestro agravado, homicidio, lesiones personales, falsedad en documentos e incendio. Sin embargo, él no pagó un solo día de cárcel. El Gobierno de entonces, se apresuró a citar a sesiones urgentes al Congreso para amnistiar a esos asaltantes. Mientras tanto, nosotros llevamos dos largos años en que la vida nos ha robado la libertad y la calma, por culpa de una fiscal y de una juez. Recuerdo momentos como la inesperada muerte de mi hermana menor, cuando tuve que ir sola a Medellín porque mi esposo estaba detenido hacía diez días. Ése es un duelo que no he podido hacer porque la vida me ha atropellado con tanto dolor y angustia que no he tenido tiempo para hacerlo. También recuerdo el triste momento en que murió mi suegro, cuando la juez no le permitió a mi esposo ser llevado al Hospital Militar a despedirse de su padre. Tampoco hemos podido disfrutar de momentos felices como el nacimiento, hace tres meses, de nuestro primer nieto, fuera del país, ya que mis hijos tuvieron que irse de Colombia. Tuvieron que irse por amenazas desde cuando ese soldado con vocación de servicio al país decidió enfrentarse a los narcotraficantes en su calidad de Director Nacional de Estupefacientes, en busca de un mejor país. Recuerdo el día de ayer cuando tampoco pudimos estar con ellos en un momento tan importante para nuestra formación religiosa como es recibir el sacramento del bautismo.

Reflexiono y pienso. Todo esto parece el mundo al revés. Colombia definitivamente no tiene memoria. ¿Quién ha cambiado la historia verdadera? ¿Quién inventó la nueva idea de que hay que acabar con los defensores de la patria? Creo saber quiénes son. Pero es mejor que usted, lector, haga su propio análisis. Ellos tienen una gran responsabilidad ante los colombianos y especialmente ante sus propios hijos, ante sus mismas descendencias quienes seguramente vivirán en este país. ¿Será que es muy difícil juzgar sobre la verdad verdadera? Pienso en los vecinos de habitación aquí en el Hospital Militar. Todos son muchachos que están comenzando a vivir y ya están heridos, algunos quedaron mutilados. Algunos perdieron sus piernas, otros perdieron sus brazos. Todo ello por ser soldados de Colombia. ¿Es muy tarde para decirles que eso no vale la pena? ¿Que se lo dice una mujer de más de cincuenta años que ha vivido al lado de un soldado de Colombia? No, no quiero decirles eso, a pesar de todo lo vivido. La Patria vive un momento difícil, es cierto. ¡Pero sus enemigos no la vencerán mientras haya soldados de Colombia!

Por Thania Vega de Plazas, esposa del coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega.