Hay gente que defiende al gobierno de Rafael Correa. Incluso algunos muestran indignación cuando se mencionan los vínculos del mandatario ecuatoriano con las FARC.
Viendo los últimos acontecimientos, especialmente la solicitud de captura internacional al ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, quedó al descubierto, por si las dudas, la afinidad y complicidad de Correa con las FARC y con sus esbirros internacionales.
En primer término, el mismo juez que expidió la orden de captura contra Santos había tomado hace ocho meses una decisión similar contra la terrorista mexicana Lucía Morett. La solicitud de incluir en los listados internacionales a la mexicana duerme el sueño de los justos en el escritorio del facineroso Correa, quien no movió un dedo para que la terrorista de las FARC fuera perseguida y capturada: es normal que en un gobierno como el de Correa, ocho meses sean pocos para darle trámite a un documento.
Sin embargo, cuando se trata de un colombiano que ha combatido a las FARC, ahí si apareció en Carondelet una eficiencia insólita, y en poco más de 24 horas el auspiciado por las FARC dio trámite a la solicitud de captura internacional ante Interpol.
¿Cómo podrán explicar los áulicos de las FARC, las plañideras del terrorismo y las viudas de ‘Reyes’ semejante diferencia en el proceder? Es evidente la complicidad del gobierno de Rafael Correa con las FARC, protegiendo a una de sus aliadas internacionales y persiguiendo, así sea con ridiculeces, a aquellos que han liderado el acorralamiento militar y político de la organización terrorista.
Es que los ecuatorianos van de tumbo en tumbo, de ridículo en ridículo, sin ruborizarse: hace apenas un año el “coherente” gobierno ecuatoriano descalificaba a la Interpol, cuestionaba su conformación y dirección e incluso amenazaba con retirarse de la organización policial. Todo porque Interpol tuvo la honestidad de validar la información contenida en los computadores de ‘Raúl Reyes’ al afirmar que los archivos no habían sido modificados por las autoridades colombianas. Así las cosas, Interpol imprimía un sello respetable sobre la validez de la información contenida en los aparatos recuperados en el campamento ecuatoriano de las FARC.
¡Cómo cambian las cosas! Ahora Interpol pasa de ser lo peor de lo peor para convertirse en una institución a la que se debe recurrir para capturar a un persecutor de las FARC, dizque por “delitos contra la vida”, al haber caído un terrorista ecuatoriano que ya había sido señalado por las mismas autoridades de ese país, como colaborador de las FARC… naturalmente el gobierno Correa había desestimado los señalamientos, pues ¿cómo podría perseguir a un colega que ayudaba a los del monte?
Correa estaba seguro de que la publicidad totalitaria en contra de la información de los computadores sería efectiva y por eso tuvo la osadía de ofrecer su renuncia si se demostraba que alguien del gobierno había tenido contacto con ‘Raúl Reyes’ o con las FARC: hace tiempo que José Ignacio Chauvín, funcionario del gobierno Correa, y Gustavo Larrea, miembro del círculo íntimo de Correa, confesaron no solo cercanía sino afinidad con el grupo terrorista, pero como siempre el llorón ecuatoriano ha mentido y su promesa de renuncia ha sido solo una anécdota más en su perorata cotidiana.
Detrás de todo…
No puede pasarse por alto que Rafael Correa es una simple marioneta, llorona y bobalicona eso sí, de un proyecto mafioso en el que él y las FARC son compañeros de puesto: el Foro de Sao Paulo, una “milagrosa” organización que ha permitido que un golpista, con las manos manchadas de sangre, se proclame adalid de la democracia y cuestione un golpe de Estado.
También ha hecho el milagro de unificar las voces que piden el retorno de Cuba a la OEA, sin que nada haya cambiado en la paupérrima isla caribeña; pero han pedido al unísono que Honduras sea expulsada de la Organización.
A la OEA no se le puede pedir más, pues además de las mayorías que actualmente ostenta el Foro de Sao Paulo en esa Organización, es prácticamente una figura decorativa en el contexto latinoamericano: Chávez, por solo citar un caso, ha desconocido sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el respeto a los medios de comunicación, amenazando con retirarse si siguen cuestionando su antidemocrática forma de gobierno.
Pero la actitud cómplice de la OEA no puede ser imitada por el gobierno colombiano. Más allá de las casi imposibles acciones diplomáticas, Uribe debe tomar decisiones económicas, políticas y judiciales.
En lo económico, el cierre de la frontera, más el impedimento de ingreso de ecuatorianos a nuestro territorio, parece una medida importante para demostrarles que cualquier aparecido no puede venir a perseguir a aquellos que han acorralado a las FARC. Además, Colombia debería reiniciar de inmediato las fumigaciones en la frontera, no solo como una medida necesaria para contener el narcotráfico en la zona, sino también como una acción de desprecio al gobierno Correa.
En lo político, las denuncias internacionales que se hagan, más la gestión que realice el Presidente en cada país, permitirá mostrar una realidad a la que muchos se niegan y con el tiempo podría lograrse un aislamiento internacional de Correa, del titiritero y de los gobernantes auxiliadores del terrorismo. El Canciller está en mora de emprender una gira que busque sumar apoyos y mostrar las evidencias que existen contra Correa y sus esbirros.
Y en lo judicial, la Corte Penal Internacional debe estar interesada en procesar a un mandatario que ha auspiciado la permanencia de un grupo terrorista extranjero en su territorio, lo que ha desembocado en ataques, masacres y secuestros en contra de ciudadanos colombianos.
Lo cierto es que, como en el fútbol, la mejor defensa es el ataque.
Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.
Viendo los últimos acontecimientos, especialmente la solicitud de captura internacional al ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, quedó al descubierto, por si las dudas, la afinidad y complicidad de Correa con las FARC y con sus esbirros internacionales.
En primer término, el mismo juez que expidió la orden de captura contra Santos había tomado hace ocho meses una decisión similar contra la terrorista mexicana Lucía Morett. La solicitud de incluir en los listados internacionales a la mexicana duerme el sueño de los justos en el escritorio del facineroso Correa, quien no movió un dedo para que la terrorista de las FARC fuera perseguida y capturada: es normal que en un gobierno como el de Correa, ocho meses sean pocos para darle trámite a un documento.
Sin embargo, cuando se trata de un colombiano que ha combatido a las FARC, ahí si apareció en Carondelet una eficiencia insólita, y en poco más de 24 horas el auspiciado por las FARC dio trámite a la solicitud de captura internacional ante Interpol.
¿Cómo podrán explicar los áulicos de las FARC, las plañideras del terrorismo y las viudas de ‘Reyes’ semejante diferencia en el proceder? Es evidente la complicidad del gobierno de Rafael Correa con las FARC, protegiendo a una de sus aliadas internacionales y persiguiendo, así sea con ridiculeces, a aquellos que han liderado el acorralamiento militar y político de la organización terrorista.
Es que los ecuatorianos van de tumbo en tumbo, de ridículo en ridículo, sin ruborizarse: hace apenas un año el “coherente” gobierno ecuatoriano descalificaba a la Interpol, cuestionaba su conformación y dirección e incluso amenazaba con retirarse de la organización policial. Todo porque Interpol tuvo la honestidad de validar la información contenida en los computadores de ‘Raúl Reyes’ al afirmar que los archivos no habían sido modificados por las autoridades colombianas. Así las cosas, Interpol imprimía un sello respetable sobre la validez de la información contenida en los aparatos recuperados en el campamento ecuatoriano de las FARC.
¡Cómo cambian las cosas! Ahora Interpol pasa de ser lo peor de lo peor para convertirse en una institución a la que se debe recurrir para capturar a un persecutor de las FARC, dizque por “delitos contra la vida”, al haber caído un terrorista ecuatoriano que ya había sido señalado por las mismas autoridades de ese país, como colaborador de las FARC… naturalmente el gobierno Correa había desestimado los señalamientos, pues ¿cómo podría perseguir a un colega que ayudaba a los del monte?
Correa estaba seguro de que la publicidad totalitaria en contra de la información de los computadores sería efectiva y por eso tuvo la osadía de ofrecer su renuncia si se demostraba que alguien del gobierno había tenido contacto con ‘Raúl Reyes’ o con las FARC: hace tiempo que José Ignacio Chauvín, funcionario del gobierno Correa, y Gustavo Larrea, miembro del círculo íntimo de Correa, confesaron no solo cercanía sino afinidad con el grupo terrorista, pero como siempre el llorón ecuatoriano ha mentido y su promesa de renuncia ha sido solo una anécdota más en su perorata cotidiana.
Detrás de todo…
No puede pasarse por alto que Rafael Correa es una simple marioneta, llorona y bobalicona eso sí, de un proyecto mafioso en el que él y las FARC son compañeros de puesto: el Foro de Sao Paulo, una “milagrosa” organización que ha permitido que un golpista, con las manos manchadas de sangre, se proclame adalid de la democracia y cuestione un golpe de Estado.
También ha hecho el milagro de unificar las voces que piden el retorno de Cuba a la OEA, sin que nada haya cambiado en la paupérrima isla caribeña; pero han pedido al unísono que Honduras sea expulsada de la Organización.
A la OEA no se le puede pedir más, pues además de las mayorías que actualmente ostenta el Foro de Sao Paulo en esa Organización, es prácticamente una figura decorativa en el contexto latinoamericano: Chávez, por solo citar un caso, ha desconocido sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el respeto a los medios de comunicación, amenazando con retirarse si siguen cuestionando su antidemocrática forma de gobierno.
Pero la actitud cómplice de la OEA no puede ser imitada por el gobierno colombiano. Más allá de las casi imposibles acciones diplomáticas, Uribe debe tomar decisiones económicas, políticas y judiciales.
En lo económico, el cierre de la frontera, más el impedimento de ingreso de ecuatorianos a nuestro territorio, parece una medida importante para demostrarles que cualquier aparecido no puede venir a perseguir a aquellos que han acorralado a las FARC. Además, Colombia debería reiniciar de inmediato las fumigaciones en la frontera, no solo como una medida necesaria para contener el narcotráfico en la zona, sino también como una acción de desprecio al gobierno Correa.
En lo político, las denuncias internacionales que se hagan, más la gestión que realice el Presidente en cada país, permitirá mostrar una realidad a la que muchos se niegan y con el tiempo podría lograrse un aislamiento internacional de Correa, del titiritero y de los gobernantes auxiliadores del terrorismo. El Canciller está en mora de emprender una gira que busque sumar apoyos y mostrar las evidencias que existen contra Correa y sus esbirros.
Y en lo judicial, la Corte Penal Internacional debe estar interesada en procesar a un mandatario que ha auspiciado la permanencia de un grupo terrorista extranjero en su territorio, lo que ha desembocado en ataques, masacres y secuestros en contra de ciudadanos colombianos.
Lo cierto es que, como en el fútbol, la mejor defensa es el ataque.
Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.