6 de febrero de 2009

Ofensiva contra las Fuerzas Armadas latinoamericanas

Dentro del marco del Foro Social Mundial, que se realizó en Brasil en enero de 2009, se llevó a cabo el V Foro Mundial de Jueces, cuyo objetivo fue discutir los “crímenes contra la humanidad” cometidos durante las dictaduras en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Paralelamente, abogados vinculados al Partido de los Trabajadores anunciaron que tratarán de derogar la Ley de Amnistía brasileña de 1979, para así poder juzgar a los militares que combatieron los grupos izquierdistas.

Ciertamente, algunos militares cometieron excesos e, incluso, crímenes; pero el objetivo de estas acciones no es hacer justicia, sino cobrar venganza y acabar con las instituciones castrenses. Porque si buscasen justicia, también enjuiciarían a los terroristas de izquierda, que cometieron delitos de lesa humanidad, al colocar bombas, realizar atentados y asesinar víctimas inocentes.

Los guerrilleros de los años 60, 70 y 80, que fueron derrotados militarmente, ostentan actualmente altos cargos de gobierno en catorce países latinoamericanos, cuyos presidentes pertenecen al Foro de Sao Paulo. Y desde el gobierno, están persiguiendo injustamente a sus enemigos de antaño.

El Foro de Sao Paulo aplica tres métodos distintos para destruir las instituciones militares: En Bolivia, Ecuador y Venezuela, las transforman, cambiándoles la identidad, sustituyendo la doctrina tradicional por nuevos conceptos emanados del Socialismo del Siglo XXI. El caso más emblemático es el de Venezuela, donde obligan a los militares a gritar “Patria, Socialismo o Muerte”. El objetivo final es convertir a estas Fuerzas Armadas en guardias pretorianas al servicio de los regímenes socialistas.

En Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, enjuician a los militares que combatieron la subversión armada, derogando las leyes de amnistía y obediencia debida, y aplicando retroactivamente los efectos de dicha derogación. En la mayoría de los casos, se trata de juicios políticos, precedidos de una propaganda feroz, donde no se presentan pruebas, ni argumentos válidos.

En Colombia y El Salvador, donde los mandatarios no pertenecen al Foro de Sao Paulo, las ONGs de izquierda, financiadas desde el exterior, hacen de las suyas, acusando injustamente a héroes militares, para minar la moral de la Institución. La teoría de los “falsos positivos”, inventada por la izquierda, está haciendo estragos en Colombia, al convertir a muchos terroristas y narcotraficantes, en víctimas indefensas del sector castrense.

La destrucción o transformación de las Fuerzas Armadas latinoamericanas tiene dos objetivos: primero, hacer de nuestro continente una región donde la guerrilla, el terrorismo, el narcotráfico y el fundamentalismo islámico, puedan avanzar y fortalecerse sin resistencia alguna; y segundo, asegurar que individuos como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, puedan acabar con la democracia y permanecer en el poder indefinidamente.

Por: Alejandro Peña Esclusa. Columnista de Atrabilioso y Presidente de Unoamérica.

5 de febrero de 2009

Mentiras sobre la paz

¿Qué tiene que ver la paz con la liberación unilateral de algunos secuestrados? Resulta extraña, y conveniente desde las perspectivas política y propagandística, que cuando se habla del intercambio “humanitario” atraviesen sin pudor el tema de la paz.

Nadie ha querido explicar cómo un tema lleva al otro: si bien es cierto que las liberaciones unilaterales llevan tranquilidad a un grupo de familias, eso no se puede confundir con la paz para Colombia.

Más o menos el concepto que pretenden vender es el siguiente: si el Gobierno cede a las pretensiones de las Farc, despeje incluido e inamovible, entonces se darán las liberaciones de todos los secuestrados y eso hará que la paz sea un hecho.

Pero esa premisa rebosa de patrañas: si se despeja una zona del territorio nacional, nadie garantiza que las Farc devuelvan a los secuestrados. Por el contrario: los terroristas siempre han dicho que quieren el despeje para sentarse a dialogar y jamás han garantizado que, como consecuencia del despeje, se den las liberaciones.

La segunda mentira es que liberarán a todos los secuestrados. Las Farc no admiten que secuestran por dinero y en tal sentido, todos aquellos colombianos, cerca de mil, que están padeciendo el secuestro con fines extorsivos, seguirán en manos de los criminales mientras las familias no paguen el rescate.

Entonces, de los secuestrados que se habla es de aquellos que los terroristas han denominado canjeables y que hoy por hoy son militares y policías con algún rango en sus respectivas instituciones. A ellos las Farc los pretende canjear por una cantidad de terroristas encarcelados, incluyendo a ‘Simón Trinidad’ y a ‘Sonia’, quienes disfrutan de la bien merecida “hospitalidad” de las cárceles estadounidenses.

En la liberación de terroristas hay dos obstáculos que parecen insuperables: que aquellos que salgan de las cárceles no vuelvan a las Farc y el problema de los dos condenados en EE.UU. sobre los cuales el gobierno colombiano no tiene ninguna capacidad de decisión.

La tercera mentira es que la paz será inevitable si se dan las condiciones anteriores. Al contrario: el escenario que haría estallar a Colombia como un polvorín sería un nuevo despeje para diálogos infructuosos que le dieran un nuevo aire al terrorismo.

Un escenario de fortalecimiento de las Farc, y de sus abusos y crímenes, haría resurgir grupos de autodefensa y las bandas emergentes retomarían la abominable senda del terrorismo de las AUC. Incluso, con las Farc revitalizadas, el paramilitarismo sería inevitable y las consecuencias mucho más graves de las que hemos ido descubriendo a lo largo de estos años.

Además, las familias de los cientos de secuestrados con fines extorsivos que tienen las Farc en su poder, tendrían serios motivos para obstaculizar las supuestas negociaciones y esa discriminación, esa exclusión promovida por la guerrilla y secundada por los áulicos del terrorismo, abriría inmensas heridas en buena parte de la sociedad colombiana.

El país no puede sucumbir conmovido ante el espectáculo politiquero de las liberaciones de los secuestrados y caer en la trampa de abrirle espacios y suministrarle un tanque de oxígeno a las Farc y a los que desde la civilidad, promueven el proyecto político totalitario.

En la práctica, solo hay tres opciones para los secuestrados: el rescate, las liberaciones unilaterales o la fuga. La otra opción, la del mayor Julián Ernesto Guevara, es la que utilizan los favorecedores de las Farc como una amenaza contra el país: o claudican o se mueren.

De igual forma, tampoco se puede admitir que los totalitarios difundan falacias como la paz como consecuencia del intercambio “humanitario”. ¿Es que acaso un canje abre siquiera las puertas de una negociación para la rendición de las Farc? ¿Acaso el país y el mundo van a admitir la impunidad por los miles de crímenes de lesa humanidad que han cometido los integrantes del terrorismo?

Si las Farc, y sus áulicos, quisieran de verdad la paz, se someterían a la ley de Justicia y paz, entregarían a los secuestrados (A TODOS) y en el proceso negociarían su participación en política.

Ciertamente en los meses venideros, las Farc y sus esbirros acelerarán a fondo para tratar de avanzar en una caótica búsqueda de condiciones convenientes que les permitan huir de la Corte Penal Internacional, y para eso se valdrán de la debilidad y del temor tanto de la ciudadanía como de los secuestrados que decidan poner en libertad.

Aterra ver la capacidad de intimidación de las Farc contra los secuestrados. Alan Jara, por ejemplo, se llamó a sí mismo prisionero de guerra y no ahorró elogios para los terroristas. Daba lástima ver a ese pobre hombre repitiendo el libreto que le dieron las Farc (¿o la Colombiana por la paz del turbante?) para hacernos creer que son poderosos, que a él lo cuidaron los guerrilleros en los bombardeos y ataques del Ejército, y que las Farc no están debilitadas.

Curiosamente es el mismo libreto que los uniformados liberados dijeron que tenían que repetir ante los “honorables” miembros de la prensa colombiana… Alan Jara no lo sabía, pero el país ya conocía las líneas del libreto y también que esas palabras eran producto de la coacción y del miedo.

Ojalá se recupere Alan Jara… ojalá y en unas semanas sea capaz de decir la verdad y se cure del síndrome de Estocolmo.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

4 de febrero de 2009

¿Se desinfló el “No más FARC”?

Hoy se cumple un año de la histórica jornada en que millones de personas salimos en todo el mundo a exigir el cese de la violencia de la banda asesina. Y es una buena ocasión para reflexionar sobre lo que ha ocurrido desde entonces.

En primer lugar, la determinación de la sociedad de condenar sin paliativos los crímenes de ese grupo terrorista reforzó la moral de las fuerzas responsables de la seguridad de los ciudadanos. Eso sin duda tuvo alguna influencia en el acierto de la Operación Jaque y en muchos otros logros obtenidos por las fuerzas militares.

Pero una cosa es la voluntad de millones de personas razonables y otra la determinación de quienes han vivido siempre pensando en la forma de apoderarse de las riendas del Estado mediante la violencia: la prensa, cuyos dueños son a fin de cuentas los primeros empresarios del terrorismo, fingió apoyar la marcha cuando no había remedio, al tiempo que no vacilaba en intentar convertirla en la segunda parte de las marchas de 1997 por el diálogo. Tímidamente asomaban las sugerencias de que el objetivo de la marcha era el “intercambio humanitario”. Pero la gente no estaba para medias tintas y la prensa no tuvo más remedio que dar cuenta del hecho.

El bando fariano reaccionó rápido, con la obvia colaboración de la prensa, convocando marchas de desagravio con las que se pretendía equiparar a la tropa de la izquierda democrática con las instituciones legítimas. El resultado no fue el mismo, pero a fin de cuentas las fuerzas que maquinan a favor del terrorismo son ingentes y llevan casi un siglo conspirando para tomar el poder.

Tras el triunfo de la Operación Jaque pareció que los terroristas y sus patrones estaban desanimados, pero pronto encontraron el filón del Caso Tasmania y muchos otros para deslegitimar al gobierno que tanto daño les había hecho. El fracaso del trámite del TLC en el Congreso estadounidense, el triunfo demócrata en las elecciones en ese país y los desgraciados episodios de los asesinatos de inocentes para presentar resultados favorecieron el resurgir de la esperanza de los socios del terrorismo.

Se dice que Hugo Chávez obra con lógica de militar, que no renuncia a tomar la fortaleza tras un primer fracaso, sino que lo vuelve a intentar. La reelección indefinida ya fue rechazada por los venezolanos en 1999 y también en 2007. Le da igual, vuelve a proponerla hasta que la aprueben. Eso mismo ponen en práctica sus seguidores colombianos. Después de que el show de la liberación de Emmanuel fracasara, la senadora Piedad Córdoba volvió a ser protagonista de otro espectáculo de liberación de secuestrados, el cual sigue teniendo lugar estos días.

Desde el principio era evidente que se trataba de una operación propagandística para legitimar y alentar a los terroristas en busca de una recuperación que abriera el camino a la negociación política y echara por tierra el clamor de hace un año. Pero el respaldo de “la academia”, de la prensa y de los sectores políticos de oposición fue unánime. Aparte de las denuncias del presidente sobre el carácter de celada de la operación, no he leído ninguna denuncia ni crítica.

El espectáculo de esta semana es el de la mayor infamia: los esclavistas se permiten regalar unos esclavos a sus promotores a cambio de un gran protagonismo en la prensa que a fin de cuentas siempre los ha respaldado. La gente asiste impotente a la exhibición de poder y chantaje de unos sectores sociales y políticos que a fin de cuentas representan el poder tradicional en la sociedad. Aparte de ciudadanos aislados y del gobierno, no hay ninguna condena de la infamia de ese espectáculo.

Los mismos promotores de las marchas de hace un año están dedicados a favorecer el espectáculo con la maratón de firmas de apoyo a los secuestrados. Quien visite la página
http://colombiasoyyo.org/ se enterará de que esas firmas son a favor de “la libertad y la reconciliación”, binomio que no deja de producir espanto y asco.

¿Es que alguien se podría proclamar contra la libertad? Ésta no requiere que la deseemos, sino que estemos dispuestos a hacer frente a quienes la coartan, que denunciemos el secuestro y la existencia de bandas de asesinos que pretenden anularla como la mayor amenaza.

Pero ¿cuál reconciliación? Parece que los familiares de la niña del barrio Fátima asesinada por una bicicleta bomba y de varios cientos de miles de personas que han caído por la ambición de una secta criminal y la complicidad de unos cuantos aventureros de las clases altas tuvieran que ir a pedir perdón a sus verdugos por no haber colaborado con ellos. El que cree que las víctimas deben “reconciliarse” con los verdugos es lisa y llanamente un cómplice.

La infamia de estos días forma parte del año electoral y es de algún modo el lanzamiento de una facción política aliada con las FARC que pretende unir al PDA, al “Partido Liberal”, a los visionarios de Mockus y a los pastranistas como alternativa al gobierno. El Gran Acuerdo Nacional requerirá infinidad de asesinatos para convencer a la gente de las ventajas de la paz. Los episodios de las últimas semanas, como los asesinatos de Roberto Payán, del Blockbuster de Bogotá o de Cali, son sólo el comienzo de esa campaña combinada de mentiras y crímenes.

Esa facción ya ha encontrado el apoyo más o menos expreso de los sectores mencionados, y en la medida en que diciendo que las FARC son “el ejército del pueblo” no conseguirán grandes mayorías, menos cuando el petróleo baja de precio y las posibilidades del mico de proveer recursos para comprar votos se reducen, lo que ocurrirá será que el uribismo resultará favorecido, al rechazar la mayoría de la gente la complicidad de esos sectores con las FARC.

Y eso no es una buena noticia. Viene a significar que el uribismo se vuelve un monopolio de la política, al no tener competencia legítima. Y la calidad de lo que producen los monopolios tiende a decaer. Tanto el peligro de corruptelas como de conductas políticas frívolas, ineptas o espurias se multiplica al no haber críticos que encuentren el respeto de los ciudadanos honrados.

Y a la larga el efecto de todo eso será mucho peor: la adhesión que encontraron los viejos comunistas y dirigentes de sectas totalitarias que firman la correspondencia con las FARC por parte de todos los grupos opositores terminará reforzando el peso de esa facción. Y la hegemonía del uribismo, que persiste en sus errores (como la continuación de la parafiscalidad o de la tributación a la importación de alimentos), hará que los descontentos empiecen a tomar partido por la disidencia o alternativa: por las FARC.

Ojalá que el presidente y quienes lo aconsejan se tomen en serio esa amenaza en el largo plazo y conviertan el alineamiento con las FARC de la oposición en una oportunidad para renovar la política. Primero deberían desistir del referendo y de la segunda reelección y correr el riesgo de lanzar al político mejor situado, Juan Manuel Santos, como candidato presidencial.

Y después desarrollando un programa político y un partido cuyas listas al Congreso en 2010 arrasaran al representar el rechazo al contubernio con los terroristas de las viejas mafias políticas y sociales (no otra cosa son la “academia” y los grupos económicos que controlan la prensa como medio de acceder al favoritismo oficial con sus negocios).

Pero no parece que vaya a haber tal.


Por Jaime Ruiz. Columnista de Atrabilioso.

3 de febrero de 2009

Paradojas de la intervención

Con la caída de los precios del petróleo y la existencia de una formula reguladora del de la gasolina, tenia que caer el de ésta última arrastrando hacia abajo también todos los cargos con que se la grava. Eso es matemático, exacto.

Sin embargo por una maniobra que le restó credibilidad al gobierno, los precios se mantuvieron altos. Todo lo que se dijo y se hizo para justificarlo, fueron falacias que nadie se creyó (no es posible defender una fórmula de precios cuando le conviene al gobierno, e ignorarla unos días más tarde cuando no) pero impotente ante la soberbia gubernamental, el consumidor terminó aceptándolo.

El hombre al fin y al cabo es un animal de costumbre, y a eso le jugó el gobierno para poder desmontar los subsidios que se producían con la aplicación de la fórmula, que no por matemática y exacta es justa, por un lado, y para recaudar dineros extras, construir infraestructura, o crear un fondo de estabilización, por el otro. Qué paradoja, un fondo para que los precios se mantengan en lo que la humanidad, registró como el “techo”.

El precio de los combustibles impacta negativamente la economía, y en especial el transporte de los bienes materiales y de los individuos y con ello también al turismo, sin lograr, como se esperaba, reducir el número de vehículos en las vías municipales.

El propio gobierno –viceministro de transporte- pidió recientemente reducir el costo de los tiquetes aéreos, lo cual no sólo se consigue con una reducción del precio de los combustibles -al cual es muy sensible- si no, con competencia de aerolíneas también en vuelos nacionales, y una reducción significativa de los impuestos aeroportuarios. En esto deben trabajar de mancera coordinada varios ministerios.

La pregunta insoslayable es ¿dónde es más efectivo el dinero, en manos de la gente que al gastar menos en combustibles lo hace más en bienes de consumo e inversiones, o en manos del gobierno al recaudar mas impuestos? La respuesta dependerá de la ideología de quién la responda: en manos de la gente dinamiza la economía, en manos del gobierno focaliza el gasto.

Pero cualquiera sea, lo cierto es que se hizo trampas; y mas que una crisis del sistema capitalista, o del capital especulativo (cómo si fueran diferentes) lo que estamos viviendo es una crisis de honestidad, de confianza, dinamizada por el marketing y el afán de lucro. Lo que tiene que cambiar entonces no es el sistema, sino el individuo, y ya lo hizo, de ahí la crisis.

Toca pues recuperar la desconfianza propia del animal en la selva, porqué en la medida en que el hombre desarrolla su inteligencia, también sofistica la capacidad del engaño, y en reacción contraria la de no dejarse engañar. El resultado de más desconfianza será inevitablemente mayor preocupación por ganársela, que conduce a mayor honestidad. Meterle más regulación (y Estado) a esto, es simplemente seguir engañando a la humanidad.

De manera que, primero, reescribamos la fórmula de la gasolina para que sea justa, y transmita una señal económica positiva para el mercado; y segundo aceptemos el resultado de su aplicación. La intervención ya arroja la gran paradoja que justificó el titulo de la columna, y es equiparar en la práctica, el precio de la gasolina extra (más elaborada) que no tiene fórmula, con la corriente que si.

Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

2 de febrero de 2009

Transacción exitosa

Una vez más, Colombia asiste al espectáculo atroz que montan las Farc y sus aliados para la liberación de los secuestrados que denominan canjeables.

Y como ha ocurrido en ocasiones anteriores, también ha hecho su aparición la actitud pusilánime de la sociedad colombiana, y de los medios de comunicación, que se prestan para difundir hasta el más mínimo detalle de los novelones que estructuran cuidadosamente los secuestradores y sus secuaces, buscando escurrir hasta la última gota de las utilidades políticas que otorgan las acciones “humanitarias” de los terroristas.

Cada familiar emocionado que concede una entrevista, cada arbolito de Navidad que emerge en las casas de los secuestrados -como un testimonio de que el tiempo es del todo irreal para los plagiados y para sus familias- son ganancias mediáticas para los victimarios. Las familias no tienen por qué darse cuenta de lo que ocurre, en especial ante semejante expectativa, pero los medios deberían respetar el espacio de esos colombianos que han padecido el infierno del secuestro y de paso, dejar de ser idiotas útiles al servicio de las Farc y de sus esbirros.

Además, porque en estos procesos “humanitarios” nadie quiere ser señalado como políticamente incorrecto, o correr el riesgo de que las Farc lo exhiban como pretexto para suspender las liberaciones. El que se atreva a decir algo será condenado como enemigo de la “paz” o por lo menos como un insensible que no disfruta de la felicidad que siente un grupo de compatriotas por la libertad.

Durante el fin de semana vimos largos informes en televisión, transmitidos en directo desde la casa de Alan Jara. Su hijo, junto al árbol de Navidad, era la ansiedad personificada y explicaba detalladamente lo que esperaba del reencuentro con su padre. El mensaje para el público era claro: las Farc, en una acción “humanitaria”, van a liberar al político llanero. Sin embargo todos se cuidaron de no mencionar que los mismos “humanitarios” secuestraron a Jara en un vehículo con los emblemas de la ONU y matrícula diplomática, cuando él se desempeñaba como asesor de Naciones Unidas.

Ese pedacito de la historia, el más importante para descartar el cacareado humanitarismo de las Farc, no se menciona, pues nadie debe recordarle al mundo que las Farc son secuestradores que no respetan ninguna norma internacional, como el respeto de los símbolos y del personal acreditado ante la ONU. De paso se podría también recordar que el desprecio de las Farc por el Derecho Internacional Humanitario es de vieja data y que incluso masacraron a 118 personas que intentaban protegerse en una iglesia en Bojayá, Chocó.

Mientras eso ocurre, las Farc y su séquito abordan el asunto como una transacción de mercancía humana por publicidad nacional e internacional. Es simple: si las Farc no quisieran la publicidad, los suyos no harían semejante alboroto, ni armarían la parafernalia para liberar a solo un pequeño grupo de secuestrados.

Es tan elaborado el libreto que no descuidaron ningún detalle: hasta dispusieron de teléfono satelital para que el periodista Jorge Enrique Botero pudiera comunicarse con Telesur y difundir, en vivo y en directo, las declaraciones de un guerrillero que estaba indignado por la persecución del Estado en contra de las Farc. Según el terrorista, con cierto acento venezolano, el Gobierno había perseguido a los delincuentes que se trasladaban con un grupo de secuestrados, camino a la libertad. Lástima para ellos que en la primera declaración, uno de los liberados dijo que no había visto ni bombardeos ni combates en su largo camino a la libertad.

Paralelamente Iván Cepeda salía vociferante, también en Telesur, exigiendo explicaciones al Gobierno por la presunta obstaculización de la operación. ¿Por qué Cepeda no les exige a las Farc, con la misma vehemencia, la liberación de todos los secuestrados sin ninguna condición y sin ningún espectáculo? ¿Por qué no les exige su desmovilización inmediata y que se acojan a Justicia y paz?

Aquellos que presumen de encabezar los buenos oficios salieron sin inmutarse ante los medios para hablar del “ejército del pueblo” que liberaría a un puñado de secuestrados políticos, pero se cuidaron de no mencionar que ese mismo disque ejército del pueblo es un grupo de asesinos, secuestradores y torturadores que tendrán que responder, con sus inspiradores en primera fila, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido a lo largo de su historia.

Sin embargo, el colmo del cinismo es que se llame gesto “humanitario” el hecho de que las Farc liberen a un grupo de secuestrados que NUNCA debió ser sometido a semejante vejamen. Pero claro, la propaganda tiene que incluir frases de alto impacto que traten de borrar de la memoria, el daño irreparable que las Farc le han hecho a la sociedad colombiana y en especial, a miles de familias que todavía tienen que padecer el secuestro de algún ser querido que, dicho sea de paso, no es noticia porque no tiene apellidos rimbombantes o porque es un secuestrado con fines extorsivos. De esos, como es obvio, se habla poquito y en voz baja, como para no incomodar ni a los criminales ni a sus esbirros.

El dichoso gesto humanitario es un simple trueque de libertad por publicidad en el que se les otorga el triunfo a las Farc y se abre la vitrina mediática para aquellos que cobran dividendos políticos en su anhelo de revivir la experiencia de El Caguán.

AL CIERRE: La senadora del partido Liberal Piedad Córdoba anunció que le comunicaron, cuatro días atrás, que uno de los secuestrados estuvo en riesgo de morir en medio de un operativo militar. ¡Que no nos engañe Teodora! Pero que además nos cuente, con esa altanería que la caracteriza, cómo es posible que mantenga tan buenos contactos con las Farc y se entere, casi en tiempo real, de lo que ocurre en los campos de batalla: eso parece más la comunicación entre superior y subalternos, que entre mediador y bando en conflicto.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.