7 de septiembre de 2011

El porvenir de la entente roja-rojita


Por Jaime Ruiz

Desde el mismo día de su posesión, el plan de Juan Manuel Santos resultó patente y todo lo que ha hecho después no hace más que confirmarlo: se trata de formar una mayoría alrededor del alicaído Partido Liberal, gracias a la cual su sucesor resulte elegido y siga asegurando una hegemonía de esa facción durante varias décadas. ¿Pensará en la reelección? No se sabe, mucha gente piensa que ser presidente de un país como Colombia es como ser rey, y la verdad es que es una responsabilidad agotadora. ¿Por qué no aspirar mejor a la Secretaría General de la OEA, a algún cargo parecido en la ONU o en una de sus agencias o algo así? El gran estadista disfrutaría más de un reconocimiento global, no les quepa duda.

Para entender a Santos hay que recordar su ascendiente sobre la prensa: el director de El Tiempo es su pariente político y "cliente" de su hermano mayor, mientras que el director de Semana es su sobrino, etc. Basta con leer entre líneas esos medios, o a sus columnistas, para entender a qué juega el presidente. Las alianzas de la Unidad Nacional lo son con las poderosas maquinarias políticas, es decir, con las redes de aspirantes a cargos públicos y conseguidores de votos incentivados que durante los noventa se agruparon alrededor de los tres presidentes de entonces. La influencia y el poder de esas redes caracteriza al país, de ahí la unanimidad de los jueces en la persecución del uribismo (pues las altas cortes dependen de sus lealtades con los grandes magnates de la política). La integración en Unasur y la política de entendimiento con Chávez y sus metástasis corresponden también a los cálculos de esa "gran alianza por la restauración", que a toda costa pretende destruir el uribismo y la mayoría vagamente conservadora y anticomunista que imperó durante la década pasada.

Pero lo interesante es si al final Santos se saldrá con la suya e impondrá la hegemonía de esa entente en la que finalmente se integrarán las organizaciones herederas del marxismo, incluidas las FARC. Mi opinión es que sus posibilidades son muchas. Que lo más probable es que tenga éxito. Señalaré algunas razones:

1. Hay Chávez para rato
Las esperanzas de algunos de que el cáncer librara a Venezuela de su azote parecen cada vez más infundadas, y en todo caso ¿quién removería el orden establecido durante estos años? Si Hugo se muriera quedaría Adán. Muy ilusos me parecen los que creen que la boliburguesía va a disputarse el poder con el hermano alineado con los Castro y heredero de la "legitimidad" del mundo académico marxista y la cúpula de los partidos chavistas. Cualquier retorno de la democracia amenazaría el patrimonio de dicha boliburguesía. También creo que se equivoca Carlos Alberto Montaner, quien cree que los venezolanos se cansarán de pagar las facturas del régimen cubano. No se cansarán los que tienen poder gracias al chavismo, y el descontento de los demás se verá amortiguado por la continua entrada de recursos del petróleo y sometido por la eficiencia de la máquina de terror. Tal vez una recesión global profunda que hiciera caer los precios del crudo, o la caída de Obama ante un republicano que se interesara por acabar con los regímenes totalitarios de la región, representarían alguna esperanza. Pero eso está por verse.

2. La economía petrolera asegura el poder al estatismo.
En un texto de 1936 Arturo Uslar Pietri trataba de conjurar el destino venezolano, que se consumó (no como respuesta sino como continuidad de los gobiernos anteriores) con el chavismo.
Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.
Este régimen, que mantiene una altísima popularidad pese a su monstruosa ejecutoria, expresa al pueblo que queda tras varias décadas de prosperidad petrolera. Es lo que le espera a Colombia y sin duda Santos reclutará a los diversos buscadores de rentas, sindicalistas, defensores de derechos humanos, víctimas profesionales y cuanto benefactor de la humanidad haya dispuesto a tomar parte en el reparto de los ingresos del petróleo. Es la gran oportunidad del "liberalismo" y por eso el cada vez más descarado interés en integrarse con las FARC, sea mediante la actividad de Piedad Córdoba, reconocida por todos los columnistas de Semana y por la mayoría de los de El Tiempo así como por los líderes "liberales", sea avalando candidatos señalados como socios de las FARC, como el aspirante a la alcaldía de Cali Sigifredo López. También en Bogotá el candidato "liberal" tiene por principal misión distraer votos que en otro caso irían a Peñalosa, el único que le disputaría el cargo a Petro (que es el candidato de Santos, necesario para legitimar la negociación política y para lograr la integración de los votantes chavistas en la Unidad Nacional).

3. Los "rojos" ya poseen el Estado.
La increíble desfachatez de los jueces de todo rango respecto a la persecución contra el ejército, la impunidad de los terroristas y sus socios y el castigo contra cualquiera que represente el uribismo expresa la hegemonía absoluta de la "izquierda" en la función pública: claro que de por medio están los incentivos de la industria del secuestro y de las diversas redes de traficantes de cocaína, así como de Chávez, pero eso no entra en contradicción con la ideología. La unanimidad del Congreso respecto a las políticas de Santos muestra hasta qué punto el botín petrolero basta para adherirse exactamente a lo contrario de lo que la gente eligió. "El que se mueva no sale en la foto", decía un líder del PSOE español, es el mismo principio que opera en los partidos "uribistas" que hoy son entusiastas de la negociación política con las FARC. Si se piensa en el conjunto de la burocracia, en sus inclinaciones totalitarias, desde el marxismo de la universidad hasta el interés por expandir el poder funcionarial, es completamente claro que Santos no tendrá ahí ninguna resistencia para hacer realidad su proyecto.

4. La idiosincrasia local los favorece.
Recientemente fue noticia un proyecto para permitir el voto desde los dieciséis años. La "ola verde" de 2010 les mostró a los políticos liberales un filón que sin duda explotarán: siempre se puede soliviantar a los adolescentes contra cualquier injusticia que se pueda atribuir a los banqueros o a los militares o policías. Da igual que quienes promueven el descontento sean los mismos banqueros, ¿no ha sido la izquierda universitaria la expresión de rechazo a los políticos de los partidos tradicionales? Curioso que sean los catecúmenos la principal baza de esos partidos tras el ascenso del uribismo. Por mucho tiempo se creyó que ser de izquierda era oponerse a la oligarquía, hasta llegar a la situación actual, en la que es indistinguible una cosa de otra, en la que el rebelde arquetípico compra SoHo como expresión de su modernidad y disfruta con el humor de Daniel Samper Ospina. En el adolescente la idiosincrasia aflora cruda, pero ¿cuántos colombianos adultos se molestan porque en la Constitución se aluda a la propiedad como "una función social"? ¿Cuántos dudan de que la salud y la educación no son negocios y las debe proveer el Estado? ¿Cuántos no atribuyen a Estados Unidos las peores intenciones y a la dependencia de ese país el atraso de Hispanoamérica? Cuando Santos desecha el uribismo para complacer a los empleados de su familia que escriben columnas sabe que se aproxima a una forma de pensar arraigada. El tono chavista de su sucesor dependerá de los vaivenes de la opinión, que podría mostrar una gran añoranza por Uribe (caso en el que la negociación y la unión con las FARC se tienen que retrasar).

5. Santos no tiene oposición.
El rechazo del Caguán condujo al triunfo de Uribe, liberal disidente que prometía mano dura contra los terroristas. Esto produjo una rotunda mejora de la situación del país, pero el fracaso del referendo de 2003 por trampas leguleyas (como la de llamar a la abstención engañando a la gente para anular una decisión mayoritaria por la norma del umbral), ocasión en que ya se vieron unidos Vargas Lleras y los filántropos de Arco Iris, hizo que su impulso reformista perdiera fuelle. Después de 2006 el uribismo podría haber derivado hacia una reforma profunda del país mediante una Constituyente y hacia la hegemonía por un partido nuevo basado en un ideario verdaderamente liberal. Por el contrario, se buscó la adhesión de los políticos samperistas y pastranistas y una nueva reelección. Cuando ésta no fue posible, Uribe se quedó sin verdadera influencia en el Congreso y sin autoridad para hacer verdadera oposición (tendría que reconocer el error atroz de la segunda reelección y de haber permitido a Santos llegar a la presidencia). Todo eso ha determinado que hoy por hoy no haya oposición, y hasta el último quejoso de Santos ve como única solución que Uribe vuelva a la presidencia. Los que niegan que el ex presidente esté pensando en eso se ilusionan con Óscar Iván Zuluaga, pero este ex ministro es entusiasta del gobierno de Santos...

***

Se podrían enunciar muchos más motivos por los que creo que la jugada de Santos tendrá éxito, pero los señalados me parece que bastan. Mucha gente se escandalizó cuando el presidente dijo que Chávez era un factor de estabilidad en Venezuela, pero tenía razón. Incluso se podría decir lo mismo de Correa, Morales y los Kirchner. Baste recordar la situación de todos esos países antes de su ascenso. Por desgracia, los hispanoamericanos son pueblos que optan por esa clase de gobernantes, y Colombia no está propiamente en el mar del Norte.

6 de septiembre de 2011

¿Quién mató al soldado William Domínguez?


Por Erika Salamanca

Este fin de semana, conocimos la trágica noticia del asesinato del soldado William Domínguez, a manos de un desconocido en el barrio Bachué de Bogotá. En su edición del 3 de septiembre, el diario El Espectador, registró la noticia, que nos escandalizó a todos. No sólo era triste el asesinato, sino que según este medio de comunicación el soldado William Domínguez se había convertido en drogadicto y habitante de la calle. Así mismo, quedaba la percepción de que la culpa del trágico final del soldado habría sido del ejército y del Estado por no haber ofrecido tratamiento sicológico y seguimiento adecuado al ex secuestrado.

Sin embargo, pocas horas después de la publicación de la noticia, la cual fue replicada por varios medios de comunicación, se empezaron a conocer versiones encontradas sobre lo publicado en el diario capitalino. Finalmente, los colombiano tuvimos oportunidad de oír las declaraciones de la madre del soldado, quien se mostró extrañada por lo publicado en El Espectador, y confirmó que su hijo no era un habitante de la calle y tampoco un drogadicto como ya lo habían afirmado varios medios.

Por el contrario, contó que su hijo vivía con ella, que era padre de una niña de 4 meses y que no tenía problemas de drogadicción. Así mismo, expresó a la opinión pública a través de entrevista con la periodista Vicky Dávila, de la FM, que su hijo había quedado seriamente lesionado sicológicamente por la terrible experiencia del secuestro, pero sobre todo, por el periodo de 10 meses que pasó en cautiverio, en un cambuche, solitario y amarrado con cadenas 24 horas al día.

Según narró la señora Castro, madre del soldado William, su hijo había sido internado un mes en la Clínica La Paz, en las semanas posteriores a su liberación. Una vez fue dado de alta, el soldado Domínguez debía continuar asistiendo a citas periódicas con sicólogos y el personal profesional que estaba a cargo de su caso, sin embargo, como lo expresó su madre, el soldado William no siguió atendiendo las consultas porque su tiempo lo absorbía su compañera sentimental. De igual forma, la madre de Domínguez agregó que el soldado nunca dejó de recibir visitas de seguimiento por parte del ejército aún cuando se había negado a asistir a las sesiones de terapia recomendadas para su caso.

De otra parte, el padre de Domínguez, en reportaje para un noticiero de televisión, expresó su preocupación por la relación que podría tener el crímen de su hijo como continuación al ataque que había sufrido el hermano de William algunos días atrás en circunstancias similares.

Así las cosas, lo que terminamos leyendo en uno de los principales diarios del país no era cierto, y lo que muchos periodistas empezaron a cuestionar sobre el abandono del ejército con aquellos miembros que han sufrido la penosa experiencia del secuestro tampoco.

Contrario a los hechos, la madre de Domínguez expresó su pesar porque a su hijo le había marcado negativamente la promesa no cumplida de quienes le aseguraron que lanzarían su disco ''Como nos cambia la vida" al mercado nacional. El soldado William, según contó su madre, había construido un sueño con la promesa que le hicieron de volverse un "cantante famoso", entre otras cosas, él había prometido a su mamá una casa y un mejor futuro para todos y desafortunadamente era un joven desempleado esperando una buena oportunidad para generar ingresos.

Entonces ¿quién mató a Domínguez? ¿Se trató de una venganza por problemas de su hermano? ¿El ejército? ¿El Estado? ¿Quienes prometieron grabar y lanzar un disco al mercado? ¿Las FARC? ¿Quienes secuestran no matan en vida a una persona que es sometida al maltrato sicológico y a veces físico? ¿Quienes secuestran no logran borrar por momentos la esperanza de vivir de sus víctimas?

Las FARC no empuñaron el arma que quitó el último aliento de vida al soldado William, pero sí quitaron los sueños y lo que ha debido ser su vida si el rumbo de su carrera en el ejército no lo hubiera detenido su secuestro. Las FARC, a quienes veíamos con la esperanza de pronto ser acabadas, hoy resurgen. el Estado tendrá que disponer de más presupuesto, de más esfuerzos, máxime cuando se está pensando en la posibilidad de una segunda etapa del Caguán. Cuando el gobierno compruebe que no se puede negociar la paz con quienes no tienen la voluntad para lograrla, será un poco tarde. Recursos que podrían haberse dispuesto entonces para generar planes y oportunidades para jóvenes como Domínguez, que buscan superarse, estarán dirigidos a comenzar casi de cero una lucha contra el terrorismo.

Quizás, al soldado Domínguez lo mató una sociedad egoísta y despreocupada, una sociedad que estuvo antenta a pasar un rato de burla y amarillismo al oír a un joven y simpático soldado con voz desafinada que quería ser la estrella de los colombianos. A Domínguez lo mataron las FARC en vida, pero quizás nuestro abandono como sociedad lo llevó a estar en el lugar equivocado.

Esta tragedia nos pone a pensar en las circuncias que pueden estar pasando otros soldados ex secuestrados, qué podemos hacer como sociedad para retribuir de alguna manera lo que ellos han hecho por nosotros

¿Es suficiente lo que hace el ejército haciendo seguimiento exclusivamente a un caso clínico? ¿Debería el Estado garantizar a estos muchachos un empleo digno, no necesariamente en las filas del Ejército? Estos son interrogantes que dejo en el tintero para quienes tienen la posibilidad de evaluar si estamos haciendo lo suficiente y si es factible lograr un cambio positivo en pro del bienestar de otros colombianos.

Por cierto, no esta de más aprovechar esta oportunidad para pedir a los medios de comunicación un poco más de mesura y menos amarillismo. ¡Que demuestren profesionalismo y respeto por el lector y por el protagonista de la noticia!

5 de septiembre de 2011

Colombia no se arregla ni a patadas


"@JavierAdaime @mesazoico @migueluribel Dile que claro que puede ir pero tiene que llevar a su amiga Erika Salamanca, los cogemos a pata 2x1".

Así define cierta candidata a la JAL de Usaquén la manera en que es válido tratar a personas que no comparten su punto de vista sobre la política colombiana. La mención sobre @NataliaDeLaV reseñada en el blog No Me Crea Tan Pendejo nos dice mucho del nivel de las personas que aspiran a vivir del erario colombiano mediante un cargo público, incluso uno de elección popular.

En cuanto a Natalia no hay tanto que decir como del círculo en el que se mueve en las redes sociales. Amiga cercana del repugnante Gonzalo Guillén (@HELIODOPTERO), el mismo que pretendía ofrecer dinero para perseguir twitteros críticos de Daniel Coronell, intenta suplir su carencia laboral postulándose a un cargo a nombre del partido progresista de Gustavo Petro.

Emulando a Rodrigo Lara, "el happy Lara", como quedó bautizado cuando desafió a golpes a un portero que no le permitió entrar a un centro de votación cerrado en horas de la noche, Natalia goza no sólo del respaldo político del partido de Petro, sino del silencio sepulcral de éste cuando muchos twitteros le preguntaron al ex M19 su opinión con respecto al comentario pendenciero de su pupila.

El cerrado círculo en que se mueven Natalia, Vladdo y Gonzalo Guillén es muy particular. Ellos son los que viven en una cruzada política contra todo aquel que no esté en su rosca, pero actúan con cierta licencia para exhibir su bajeza moral ante los demás. No es raro que incluyan labores tan nobles como la elaboración de listas negras de tuiteros críticos con Piedad Córdoba, y otras formas de intimidación.

De la época de la "ola verde" viene Natalia compartiendo cercanía con Antanas Mockus para pasar a apoyar la alcaldía de Petro sin romper el listón verde que la ataba al candidato del "no todo vale". ¿O sí valen ciertas cosas como el trasteo de votos?

Natalia es muy representativa de cierto grupito, que ni intentando disculparse puede dejar de demostrar su bajo nivel (¿contagiado de tanto juntarse con Guillén, Vladdo, Petro y Mockus?). En un lamentable intento de disculpa terminó mostrando que tampoco es que sea muy brillante para entender contextos.

Citando a la kickboxer de Usaquén, "la llamaron hasta moza de Petro", cosa que no es cierta. Me atribuyo el origen del comentario, que era exactamente "moza de @Heliodoptero tenía que ser". O sea, de Gonzalo Guillén, a quien conocemos con un "coquetón twittero de la tercera edad". Petro se limitó a preguntarme si era "machismo de derecha" llamar moza a Natalia, a lo cual le respondí que si le parecía mejor, llamáramos a Guillén "mozo de Natalia" y asunto arreglado. Aquí no hay lugar para manipulaciones sexistas de quien no tiene ni una palabra de reproche para su violenta pupila en nombre del "progresismo".

En cuanto a las personas agraviadas por el comentario de Natalia, es decir, las destinatarias de sus patadas, uno no puede comparar para nada a Alberto Bernal y Erika Salamanca con el personaje de la conversación telefónica en que Uribe le dedicó "darle en la jeta, marica": un funcionario del cual se sospechaba que estaba incurriendo en actos de corrupción.

Si alguien ha podido ver alguna vez a Alberto Bernal o a Erika Salamanca faltándole el respeto a Natalia o a quien sea, que tire la primera patada. No es justo compararlos con un bribón que negociaba por debajo de la mesa expropiaciones de bienes producto del lavado de dinero a nombre del gobierno nacional.

Pero para la pupila de Gustavo Petro y por ende para éste con su silencio, el trasteo de votos, el ofrecimiento de patadas a contradictores decentes y respetuosos, y el engaño a las aerolíneas con el peso del equipaje son actos morales endosables al progresismo, del cual Antanas Mockus no parece querer desprenderse con la misma indignación con que hizo a un lado a su ex compañero, ex amigo y ex copartidario Enrique Peñalosa en cuanto se hizo público el apoyo que el expresidente Uribe le dedicó. Da pesar con el país que semejantes personajes resulten los campeones de la moral y acusen a los demás del "todo vale": nadie lo representa mejor, y aun los demás tendrían algún pudor en jactarse de cometer un fraude.

Es el mismo círculo de Guillén, el que comparte la dirección de Un Pasquín de Vladdo, el que "asesora a diversos medios impresos de América Latina", y conociendo su enfermizo antiuribismo, no sería raro que resultaran ser medios sostenidos, financiados e incluso creados por el expansionismo chavista en la región. Libros y documentales destinados a desvirtuar el mayor logro militar en el gobierno de Uribe no suelen ser financiados por bolsillos desinteresados y mucho menos flacos. ¿Quién más que el comandante vecino para engordar a quienes están sedientos de desquite contra el gobierno anterior?

Se ve, con esta desvergonzada candidata, cuál es el talante que las huestes vencidas del Polo, las mismas que arrastraron a cientos de adolescentes adoctrinados a la "ola verde", impondrán a una alcaldía de Petro, al que sin la menor duda se sumará Mockus: trampas y agresiones y al mismo tiempo ostentosa rectitud, todo lo cual deja mucho qué pensar sobre los nexos de tales angelitos con Chávez y con los órganos armados del chavismo en Colombia.


Da miedo pensar que en octubre habrá otro BigWIN de personajes de tal categoría, aunque sabiendo cuál es la biografía de Petro y sus relaciones problemáticas con el tirano venezolano, y aun el cinismo de su socio Antanas Mockus, nada raro tendría que exhibieran con tanta desfachatez su inmoralidad.

4 de septiembre de 2011

Reforma a la justicia

Por Jaime Catro Ramírez

En el orden institucional de la república, la justicia es un baluarte de la democracia. Pero desde luego que es indispensable ver en el poder judicial la transparencia de una justicia aplicada con la dignidad con que se concibe la verdadera misión de los jueces. Esto significa que no debe haber tentaciones perversas que desvíen la atención exclusivamente jurídica que requiere la administración de justicia.

La justicia colombiana adolece de dos falencias: una de orden operativo y otra de poder, de origen político.

1. Operativamente es prioritario encontrar los mecanismos adecuados para descongestionar los juzgados y otros niveles del aparato judicial, pues la acumulación de procesos es tan grande que le da a la justicia la fama de ineficaz, paquidérmica, e inoperante. Expertos en este tema sabrán disponer las soluciones.

2. El poder judicial no tiene que tener poder político. Hay que empezar por corregir el origen político inapropiado de la elección de magistrados de las altas cortes por parte del Senado de la república, pues por ahí aparecen los quemados en elecciones aspirando a la solidaridad de cuerpo de sus colegas para que los elijan magistrados. ¿Cuál será el papel que desempeñe un magistrado de este origen? Pues no puede ser otro que llegar a politizar la justicia. Un buen ejemplo es el de un presidente de la Corte Suprema de Justicia (político quemado) que dijo: “estamos en el siglo de los jueces”. A la magistratura deben llegar verdaderos juristas.

También se debe abolir el poder de nominación que le ha otorgado la Constitución a las Cortes para ternar candidatos a importantes cargos como Procurador General de la Nación y Contralor General de la República. Esto lo que logra es un efecto político contaminante para las altas cortes, que luego se convierte en traumático para la administración de justicia. Se pueden citar los casos del Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia que presentan dos ternados para Procurador (el tercer miembro lo terna el presidente de la República), y nuevamente el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia, y se suma la Corte Constitucional, que ternan los candidatos para elegir Contralor.

A lo anterior hay que agregar el poder de la Corte Suprema de Justicia para elegir al Fiscal General de la Nación, de terna que le envía el presidente de la República, en lo cual dieron una prueba recientemente sobre evidencias de politización de la justicia.

¿Será que el gobierno Santos se da la pela para corregir estos entuertos de la justicia (incluida la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura) apelando al Congreso de la república y a su llamada “Coalición de Unidad Nacional” para una reforma de fondo? Para esto se requieren dos condiciones indispensables:

1. Voluntad política, es decir, hacer valer esas mayorías en el Congreso de la República.

2. Liderazgo, vale decir tener la determinación de hacerlo, y convocar a todas las fuerzas políticas y sociales a apoyar esta causa.

Pareciera altamente dudoso que Santos tenga esa convicción y el talante político necesario para sacar adelante tal empresa. Empezando porque ha hablado de llegar a un consenso con las altas Cortes, y no es posible reformar algo pidiéndole la aquiescencia a quien no se quiere reformar.

Plan B

El camino que quedaría para aspirar a una verdadera reforma del sistema judicial sería la opción de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, donde sea el mismo pueblo el que autorice dicha reforma de fondo. Dicha Asamblea se ocuparía de otros temas importantes para el país, como serían, disminuir el tamaño del Congreso de la República y eventualmente convertirlo en un sistema unicameral, qué hacer con la paz y el tema del terrorismo, el régimen de pensiones, eliminar contralorías departamentales, reelección presidencial, la descentralización, etc.

En esta alternativa del plan B sería importante un hecho político que consiste en que el ex presidente Uribe se pronuncie a favor de la Constituyente, pero que además se deslinde de su apoyo político al actual gobierno que no ha cumplido con las expectativas que prometió y se cae la seguridad que es el factor principal para que el país marche por buen camino. El alto grado de aceptación de Uribe a nivel nacional garantizaría la convocatoria de la Constituyente y el éxito de la misma. ¡Primero los intereses superiores de la patria!

AL MARGEN: Presidente Santos, su afán de darse pantalla lo lleva a la televisión a reconocer públicamente que en vísperas de empezar nuevamente la ola invernal no se ha hecho nada para prevenir sus graves efectos. Esto es con acciones oportunas desde el gobierno central, y no con discursos extemporáneos dirigidos a los alcaldes. ¿Será una forma de ir abriendo el paraguas de las disculpas diluyendo la responsabilidad presidencial?

2 de septiembre de 2011

El ensueño del patán

Uno de los datos relacionados con Colombia que más deprimen es el hecho de que el actual presidente sea un lector de biografías y de obras históricas y pretenda de alguna manera emular a grandes gobernantes de otros países. Cuando uno mira su estilo, su disposición, sus inclinaciones, y sobre todo lo que ha hecho en el gobierno, el hecho de que Santos lea biografías de grandes estadistas y crea emularlos parece una prueba de lo remota e insignificante que es Colombia en el conjunto de la humanidad.


Santos y su ministro de Defensa Rodrigo Rivera celebran un éxito de la selección Colombia el día siguiente a una arremetida de las FARC que dejó varios muertos y 63 heridos.

Antes de seguir conviene dejar claro que al evaluar al personaje no pretendo de ninguna manera condenar los privilegios que le permitieron llegar a ser presidente. Lo peor, sin la menor duda lo más repugnante de la vida colombiana, es la manía del espíritu de equidad que comparten todas las personas parasitarias que reciben decenas de veces el ingreso medio y se ponen ese gratuito adorno justiciero mientras intrigan a ver cómo despojan más a quienes trabajan y a quienes están excluidos. El rencor por los privilegios ajenos es el nombre mismo de la maldad, y en Colombia es un rasgo que convive en el intelectual típico ("mamerto") con la arrogancia derivada de los privilegios a que alcanza.

Muy bien pues que el señor Santos fuera alto funcionario desde muy pronto y accediera a universidades de prestigio. Tampoco debería tener objeción que su familia poseyera un periódico y su tío abuelo fuera presidente. La moral de la chusma (moral colombiana) pretende que sería preferible que el padre mismo fuera analfabeto, mendigo y contrahecho. Mi punto está en lo que concibe el señor Santos y el papel histórico que espera tener. ¡Dios mío, difícil concebir un despropósito mayor!

Como buen colombiano, Santos aprovechó su nombramiento en Londres para acercarse a personajes importantes de la política británica. Eso y las biografías de Roosevelt, Churchill y algún otro lo convencieron de estar llamado a ser un estadista de gran estilo que cambiaría el país, aunque por puro sentido práctico lo que ha hecho es precisamente encarnar los peores vicios de la política local.

Tal vez lo que hace que la realización de los sueños del señor Santos sea tan patéticamente horrible es el medio en que ocurre. El servilismo, el rasgo más característico de los colombianos de todos los rangos sociales, hace que la prensa esté automáticamente dispuesta a halagar de todas las maneras al dueño del periódico y que los políticos y jueces sean grotescamente venales. La "ingeniería del prócer" no tiene quién la evalúe con rigor y, al carecer de control de calidad, da un figurón lamentable.

Ya puede el señor Santos ir descabalgando de su ensueño. Sus delirios de grandeza son menos justificados aún que los de un Mobutu, que al menos salió de la nada, y por mucho que la prensa local lo presente como un gran estadista lo que ha hecho ha sido aliarse con los traficantes de cocaína de las repúblicas bolivarianas y con sus representantes locales, fomentar el prevaricato judicial más escandaloso, favorecer una persecución infame que sólo resulta válida para los ignorantes, los fanáticos y los canallas más desaprensivos, resucitar a las bandas terroristas para tener con quien negociar un acuerdo de paz que no llegará ni siquiera convirtiendo a Alfonso Cano en el sucesor de León Valencia en el cobro de las masacres de la tropa remanente, hacer inviable el país con leyes inicuas cuyo único sentido es proveer recursos a los parásitos que viven de cebar clientelas, multiplicar el parasitismo estatal con nuevos entusiastas pagados, envilecer la prensa con campañas repugnantes de calumnias y amenazas e impedir para mucho tiempo la firma del TLC con Estados Unidos, pues los republicanos, que eran los únicos interesados, no tendrán muchas ganas de resultar amigos de una "narcodemocracia" aliada de los socios de Ahmadineyad y Gadafi.

El gobierno de Santos quedará en la historia como el de cualquier otro sátrapa tropical. Para la gente que lo eligió, cuando vaya entendiendo que su aspiración era una sociedad organizada y próspera y no sólo complacer al caudillo que sigue protegiendo a Santos, el penoso tartamudo será simplemente un traidor que devolvió al país a las peores épocas y echó a perder la ilusión del progreso por mucho tiempo. El mejor amigo de Chávez, amigo también, ya se sabrá hasta qué punto, de Fidel Castro, socio de Ernesto Samper, etc., es un completo paradigma de ineptitud, corrupción, mendacidad, cinismo y latrocinio.

En Balas sobre Broadway un gánster intenta a toda costa convertir a su querida en actriz. Así es el esfuerzo de la camarilla oligárquica con el gran estadista, aunque con resultados peores que en dicha película. Ya pueden agotarse los lambones calumniando al anterior gobierno y defendiendo al sátrapa, la historia lo absolverá mientras siga absolviendo al estadista que convirtió a Cuba, el país más desarrollado de Hispanoamérica en 1958, en el náufrago gemelo de Haití.

1 de septiembre de 2011

Versiones y lecciones de un disturbio en Ocaña


Por Noel Carrascal


Cuando los medios noticiosos muestran revueltas en Londres, París y Los Ángeles, por ejemplo, solo se limitan a reportar los acontecimientos. Algunos columnistas se atreven a analizar las causas llegando a conclusiones parcialmente acertadas como el racismo, el racismo inverso, la exclusión social, factores religiosos y culturales de jóvenes inmigrantes sin esperanza en sociedades altamente competitivas, prejuiciadas y/o sin igualdad de oportunidades.

Un factor común en revueltas como las de Londres, Los Ángeles y París es el desempleo que va dejando a estos jóvenes cada vez más frustrados en un limbo social sin aspiraciones. La combinación de leyes laborales rígidas o arcaicas, además de promesas electorales de generacion de empleo incumplidas, ponen a los amotinados en una situación en la que poco tienen que perder al infringir la ley manifestando su inconformidad violentamente. Pero esta conexión entre desempleo, leyes, promesas electorales y revueltas es muy difícil de hacer sin que pase de ser una opinión de algún columnista a una realidad aceptada por la sociedad. En áreas metropolitanas donde ha habido disturbios callejeros, es fácil identificar el detonador, pero es difícil rastrear e identificar la exacta secuencia de eventos políticos, sociales, accidentales que hacen del detonador la gota que revienta una represa ya agrietada. Identificar estos eventos permitiría abordar el problema para resolverlo.

Cuando estos disturbios ocurren en un entorno social aislado, pequeño y menos complejo, la reconstrucción de los eventos se facilita y puede servir como un caso a estudiar para entender levantamientos populares cuyos orígenes son difíciles de reconstruir en grandes urbes. Recientemente estalló una revuelta en Ocaña, Norte de Santander, Colombia, donde la mayoría de los factores aparentan ser de origen interno, con un pequeño ingrediente de influencia por parte de políticas y leyes laborales nacionales.

La reconstrucción de las circunstancias que llevaron a estos disturbios fueron hechas corroborando versiones de fuentes varias e independientes. Se desconoce, o no se pudieron ubicar, actores materiales de los eventos por haber estado encapuchados. Las versiones de los acontecimientos que aquí presento pueden tener fallas, imprecisiones o fabricaciones que se originarían en el correr de las noticias de boca en boca. Independientemente de la precisión de esta información recopilada, es el sentimiento de las personas que originan las revueltas lo que importa, así nazca de una realidad deformada.

La muerte accidental de un motociclista, a quien me referiré como Carlos por sensibilidad con su familia, hizo que tensiones sociales acumuladas estallaran en un una irrupción pequeña precedida por una serie de eventos que aseguran que no fue un acto de simple vandalismo, mas sí un vandalismo originado en decisiones políticas y circunstancias locales identificables.

Carlos había ido desde Ocaña hasta Buenaventura a presenciar una carrera de motos. El joven de aproximadamente 18 años vendió su auto para comprar una moto que en el mercado costaría 700 mil pesos, pero que por sus modificaciones y traslado costó 4 millones de pesos. El joven esperaba competir y ganar carreras locales con esa moto. Madrugó para traer la moto a Ocaña el día que esta aterrizo en Cúcuta. Finalmente, la estrenó por toda la avenida Francisco Fernández de Contreras a las 5 de la tarde del viernes 26 de agosto.

A las seis y treinta de la tarde del mismo día, una grúa, denominada localmente como camabaja por poder subir autos y motos que cometen infracciones a una plataforma plana que se inclina para forma una rampa, salió en reversa irresponsablemente a la avenida. Carlos, de quien se dice podía manejar en una rueda por varias cuadras, no pudo reaccionar ante el imprevisto de tránsito y se estrello contra la camabaja a una alta velocidad.

Imágenes en la televisión nacional mostraron jóvenes apedreando la camabaja. Alguien dijo que el camarógrafo de estas imágenes había pedido a uno de los manifestantes que le tirara una piedra al parabrisas de la camabaja para poder captarlo. Otras imágenes en un noticiero ocañero mostraban a Carlos y su moto aproximadamente a veinte o treinta metros del cuerpo, no se veía la camabaja por ningún lado. Se rumora que no hubo un levantamiento apropiado del cadáver; que la funeraria recogió el cuerpo relativamente rápido; que la camabaja fue evidentemente movida después del percance. Todo completamente irregular.

Versiones de personas que hablaron con testigos aseguran que Carlos golpeó la camabaja de lado y que su moto siguió de largo pasando por debajo de esta, dejando su cuerpo atrás, versión que se ajusta a las imágenes de la televisión local. Estas personas aseguran que la camabaja fue movida para no dejar rastro de la forma en que esta se atravesó, y para no contradecir otra versión del accidente que asegura que el golpe fue por detrás, lo que exoneraría la acción del conductor de la camabaja, pero hace sospechosos las motivaciones de moverla. Al notar estas irregularidades, testigos se levantaron en piedras contra la camabaja y un escuadrón antimotines de la policía salió a su encuentro. Los disturbios se iniciaron.

Varios meses antes del desafortunado accidente de Carlos, un policía detuvo a un mototaxista (trasportador publico ilegal que utiliza una motocicleta) y le pidió documentos. El mototaxista golpeo al policía con su casco y hubo una trifulca. Por teléfono celular se comunicaron los mototaxistas, y se aglomeró un buen grupo que termino golpeando a tres policías. El intercambio no pasó a mayores, pero la reacción del mototaxista no fue sin eventos y motivaciones previas.

En la reconstrucción de los hechos oí a alguien decir que en las elecciones anteriores una candidata perdió aproximadamente tres mil votos potenciales por no prometer la legalización y regulación del mototaxismo. Confirmé con una fuente cercana a la campaña de la candidata Myriam Prado que eso era cierto, y que además el candidato que ganó esa elección, Yebrail Haddad, había prometido a los mototaxistas la legalización de su oficio.

Haddad no solo nunca legalizó el mototaximo, sino que permitió que la camabaja se convirtiera en el terror de los mototaxistas incautando sus vehículos hasta que pagasen multas equivalentes a varios días de arduo trabajo. Que Haddad hiciera lo que es debido, pues el mototaxismo es un trabajo informal que compite con gremios de transporte legales y que contribuyen con impuestos, no habría sido problema de no haber sido por sus irresponsables promesas de campaña.

La frustración de los mototaxistas creció pues no solo eran los dueños de motocicletas los que competían entre sí, sino también con individuos que manejaban para personas que compraban varias motos y las ponían a trabajar por 10 mil pesos al día. Esto hizo que el número de mototaxiastas creciera incentivando muchachos a dejar sus estudios de bachillerato. La camabaja pronto se dio cuenta de que incautar 15 motocicletas en la plancha era más rentable en multas y comparendos (de los que se beneficia la administración de Yebrail Haddad) que incautar un auto a la vez.

Carlos no era un mototaxista, pero la noticia se diseminó como el golpe al policía con el casco. El incidente entre la camabaja y otro motociclista fue el detonante de una insatisfacción acumulada por meses y que llegó a su clímax con muchachos encapuchados subiendo por la avenida Francisco Fernández de Contreras, derribando avisos de políticos, rompiendo vidrios del semanario siete días, recogiendo piedras y otra valla que quemaron al llegar cerca a la Alcaldía Municipal donde su acción fue dispersada por la fuerza pública.

Y mientras los ocañeros debatían la asignación de la culpabilidad absoluta en el incidente a cualquiera de los involucrados en esta serie de factores, lo más sensato es creer que esta culpa es compartida. Carlos iba evidentemente muy rápido y en una motocicleta que por ser de carreras no tenía luces. La camabaja no debió salir de esa forma a una avenida muy transitada. La policía no debió haber permitido que la camabaja se moviera, o debió haber llegado a tiempo, ya que la estación está a solo dos cuadras del incidente. El inconformismo de los revoltosos se pudo haber expresado sin violencia. El alcalde no debió haber prometido la legalización de los mototaxistas, y para colmo terminar haciendo cumplir la ley en contra de sus promesas.

Ciudadanos que sintieron la protesta desde sus casas no se asomaron ante el riesgo de que les rompieran los vidrios de sus ventanas en sus caras. La brevedad, y la poca intensidad de la revuelta no generaron una reacción de auto defensa de la ciudadanía como en Londres o Los Ángeles. En estas dos ciudades, comerciantes se organizaron para proteger sus negocios del saqueo. Tomar la protección de su patrimonio por cuenta propia es generalmente peligroso pues personas que no están entrenadas para afrontar este tipo de situación tienden naturalmente a sobrerreaccionar. Afortunadamente, en Londres no llego a haber encontronazos entre autodefensas de vecinos y revoltosos, pues más peligroso que un encapuchado violento puede ser un hombre honesto, trabajador y arrinconado sin otra opción que defender por cualquier medio su propiedad y el producto de mucho trabajo. En Londres, como en Ocaña en otros tiempos, rondó el fantasma de la autodefensa y el paramilitarismo en respuesta a una insurrección violenta injustificada por orígenes sociales.

En lugar de enfrascarnos en la asignación de responsabilidad y el fenómeno causa-efecto de los levantamientos y las autodefensas, debemos enfocarnos en las políticas y promesas falsas de candidatos a puestos públicos, pues son problemas más de raíz que generan el clímax que detona levantamientos como estos, que se generan en sociedades que buscan soluciones a su desempleo en la informalidad así sean en contra de la ley.

Nadie me pudo dar una cifra exacta del desempleo en Ocaña, que como en los barrios angelinos, parisinos y londineses donde también se generaron disturbios es alta, mas si me dieron un estimado muy oscuro: dobles dígitos para el desempleo y una informalidad que debe pasar el 50%. En un artículo anterior sugerí que las leyes de empleo nacionales son excesivas en regiones como Ocaña, donde generalmente se paga menos que un salario mínimo, y ni hablar de contribuciones parafiscales. Sugerí salarios mínimos regionales que permitan la generación formal de empleo y eviten el crecimiento de oficios al margen de la ley como el mototaxismo o incluso el narcotráfico. Una sociedad con oportunidades no se levanta por estar ocupada, aun si, como los mototaxistas, generalmente ganan menos del minimo, pero sí se levantan si les ponen en riesgo sus ingresos por escasos que sean, tal como autodefensas se levantarían en defensa de sus negocios cuando la fuerza publica y los políticos fallan por generaciones, y terminan generando y detonando disturbios populares.