Un sentimiento de tristeza y sorpresa me dio al darme cuenta que el filme Holocausto caníbal sea considerado entre los más horrendos de la historia y haya sido filmado cerca de Leticia, Colombia. Tan horrible es el filme que los críticos le dedican los más bajos adjetivos para describirlo y luego le dan una calificación alta y generalmente lo incluyen en la lista de mejores películas del género de terror, si no la mejor. Uno de los críticos comentó muy acertadamente que ‘los verdaderos salvajes están detrás de las cámaras’, y eso es mucho decir de una película que tiene semejante título. Como si el salvajismo de la práctica del canibalismo fuese poco, el filme es una crítica a la crueldad de algunos medios informativos y sus métodos pocos éticos para obtener historias sensacionales.
El nivel de realismo del filme Holocausto caníbal llegó a tal punto que el director fue arrestado hasta que demostró que algunos de los actores y extras no fueron asesinados con este propósito, pidiéndoles a los actores que anularan un contrato que les exigía mantenerse escondidos por un año después del estreno del filme. Aunque no se demostró crueldad con los humanos, si ejecutan siete animales en vivo y con tomas no cortadas, una práctica no ética y condenable. Diez días después de su primera presentación en Milán, la película fue confiscada. Para ese entonces el recaudo por concepto de admisiones ya había llegado a dos millones de dólares, diez veces más que el costo de la producción. Como si el salvajismo de la práctica del canibalismo fuese poco, la impresión de realismo no pareció suficiente para satisfacer el morbo de la sed de información de las audiencias impactadas por la supuesta muerte de los actores.
La película comienza con una expedición encabezada por un antropólogo que trata de averiguar qué ocurrió con un equipo de reporteros que no regresaron después de haber ido en busca de tribus caníbales para documentarlos. El antropólogo descubre que los métodos manipuladores del grupo desaparecido habían creado tensiones entre los aborígenes. Estos métodos no éticos me recuerdan que aún existen muchos periodistas que están dispuestos a lo que sea para lograr sus propósitos con un sensacionalismo que les da protagonismo, grandes audiencias y dinero.
Esa búsqueda de protagonismo lleva a estos periodistas a aprovecharse del morbo de algunas audiencias que disfrutan de información que hacen ver a personas inocentes como culpables de crímenes. No saciados con una violencia criolla que daría material de sobra para crear infinidad de películas de acción, horror y titulares de prensa sensacionalistas, estos periodistas se aprovechan de las audiencias llevándolas a extremos apasionados con noticias manipuladas, información sesgada, verdades a medias y fabricación de crímenes en la mente de lectores desprevenidos y poco críticos. Todo para desprestigiar a enemigos políticos ante la opinión pública, y allanarle el camino a la justicia para que pase condena basados en esas percepciones fabricadas de culpabilidad.
Pocas personas son más astutas que Daniel Coronell, o diría yo perversas, para manipular la opinión de los lectores con información que siguiere crímenes que nunca ocurrieron. Aclaro, no digo que Coronell incrimine a alguien, pues su retórica es tan cuidadosa que logra decir que alguien no es culpable de algo al mismo tiempo que deja una sensación de culpabilidad entre muchos lectores que terminan con una percepción de la realidad distorsionada.
Para él es muy común decir que el Departamento de Estado reportó la participación de Plazas Vega en violaciones de derechos humanos, lo que es cierto, pero esta verdad a medias deja la impresión que estos reportes son prueba de algo. Personalmente me di a la tarea de buscar y leer esos reportes, y encontré que habían sido reportados deficientemente por Caracol Radio y Daniel Coronell para dar la sensación de que Plazas Vega era culpable. Hace un año analicé este fenómeno en el articulo “La fabricación de 'la verdad': ¿Estúpidos o mal intencionados?”.
Coronell acostumbra presentar videos borrosos y de poca resolución como pruebas irrefutables, cuando es solo una opinión argumentable, de la salida del ex magistrado Carlos Horacio Urán del holocausto del palacio de justicia. Luego describe en detalle las heridas encontradas en el cadáver, asocia la noticia con hechos aislados del descubrimiento de sus documentos de identidad, y presenta a Plazas Vegas y otros idividuos que no tienen conexión directa con el crimen, dejándolos asociados indirectamente en la mente de las personas. Noticias Uno, mejor dicho, Coronell, ignora un detalle importante: el supuesto magistrado Urán salió cojeando, y Coronell en su noticiero no menciona si esta lesión se encontró en el cadáver del difunto magistrado. No importa, el daño a Plazas Vega ante la opinión está hecho.
Coronell presenta documentos de Excel que han sido supuestamente creados por Juan David Ortega en su artículo ‘Piel de Oveja’ como una nómina diplomática a ser pagada a cambio de votos para la reelección. Coronell es cuidadoso ya que nada de lo que dice es concluyente, por lo que no se le puede acusar de mentir. Presenta supuestas pruebas de origen dudoso, contenidos inverificables y poco dicientes para crear la percepción de que Juan David Ortega es un criminal por lo de Agro Ingreso Seguro. De esta forma, Coronell asocia dos cosas que nada tienen que ver entre sí, pero que por asociación indirecta destruye con infamia la imagen de Ortega.
Recientemente, Coronel tuvo el descaro de escribir que “ahora debo decir que está en marcha una campaña infame contra la fiscal Ángela Buitrago y que hay pruebas claras de que el testigo no fue suplantado”, cuando él es el mejor ejemplo de quien crea este tipo de “campaña infame”. Una vez más la ‘evidencia’ nada concluye. Coronel evita caer en mentiras diciendo que ‘todo indica’, cuando ese ‘todo indica’ lo único que indica es una manipulación de la información con propósitos sucios. María Isabel Rueda argumenta contundentemente en contra de la impresión que Coronell quiere crear sobre un supuesto complot contra la fiscal en su artículo “Entre lo cierto y lo justo”. José Obdulio Gaviria también nos revela que los orígenes judíos de Coronell son llanamente falsos y llaneros en realidad, como Coronell mismo lo expresó en un reportaje donde incluso confiesa que le mintió a su esposa al decir que tenía que salir porque su madre estaba enferma, para que no se le adelantara con una chiva noticiosa. ¡Vaya personaje!
Coronell no es el único. Los otros periodistas de opinión de la revista Semana también tienen una gran capacidad de influencia, aunque utilizan sus habilidades de una forma tan malintencionada que solo se merecen los más bajos adjetivos para calificarlos, solo que ellos no son una película de horror, son comunicadores con responsabilidades sociales, con gran prominencia, que distorsionan la realidad con trucos retóricos sutiles. Estos trucos crean tensiones entre los colombinos contribuyendo a un holocausto tan disperso que pasa desapercibido, como los reporteros que crearon tensiones entre los caníbales en Holocausto caníbal para beneficiarse de reportar sus barbaridades. Solo que estas tensiones en una sociedad con una minoría de criminales desalmados, fácilmente traducen esa intolerancia en muertes en un país como Colombia, donde la pérdida de vidas por mundanidades ideológicas es más frecuente de lo que es normal en otros países. Solo hay que leer los comentarios de los lectores que siguen a Coronell para notar que esa intolerancia no ayuda a lograr la paz. Da tristeza que medios como Semana mantengan suscriptores fabricando tensiones entre los colombianos. Como si Colombia no hubiese tenido suficiente al ser asociada con historias horrorosas como las de Raul Reyes, el Mono Jojoy, Pablo Escobar y la película Holocausto caníbal. Quienes tienen la responsabilidad de la información se benefician de la continuidad y deformación injusta de nuestra tragedia.


















