2 de noviembre de 2010

Los alacranes togados

Por Jaime Restrepo.

Como en la fábula del alacrán, los cabecillas de la operación judicial siempre picarán la mano tendida, pues esa es su naturaleza. Mientras el gabinete de Juan Manuel Santos se prodiga en zalamerías con la Corte Suprema de “Justicia”, algunos magistrados de esa corporación salen del país a lamentarse por las medidas que garantizan su seguridad. Parece que el uso del pasaporte les suelta la lengua: basta con que inhalen el primer aroma en tierra extranjera para que decidan exhalar ataques y patrañas propias de su condición.

Así ocurrió con el embriagador de testigos, el magistrado auxiliar Iván Velásquez, quien en EE.UU. manifestó que, en cuanto a su seguridad, se siente más preocupado que hace dos meses, lo que significa que con la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia, y de Germán Vargas Lleras al Ministerio del Interior, se incrementaron sus angustias.

Es que el pecado es cobarde: Velásquez no puede pasar por alto el hecho de haberse embriagado con un testigo que presumiblemente le entregaría información en contra de Vargas Lleras para poderlo vincular al escándalo de la parapolítica: hoy, el mismo objetivo de sus acciones inmorales es el máximo garante de su seguridad.

A las quejas de Velásquez se sumaron las de otros dos magistrados que fueron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos a exigir el fortalecimiento de sus esquemas de seguridad.

Ante semejante andanada, internacionalizada además, Vargas Lleras se mostró extrañado por lo que dijeron los quejumbrosos, pues había recibido agradecimientos de algunos de ellos, como es el caso de César Julio Valencia Copete.

Es que el pliego de quejas y reclamos también tomó por sorpresa al Presidente encargado de la CSJ, Jaime Arrubla, quien aseguró que el tribunal está "blindado contra toda agresión", y atónito frente a las estratagemas de sus colegas, señaló que "habrá que mirar con los compañeros que están en Washington cuál es el problema que tienen".

Si algo incomoda a los magistrados de marras es que permanezca algún vestigio de Álvaro Uribe Vélez en el gobierno Santos y para combatir semejante situación, recurren a contradicciones insostenibles: difícilmente los magistrados Velásquez, González y Valencia Copete; podrán explicar el hecho de acudir ante la CIDH a quejarse por la seguridad aduciendo que la supervisión del buen funcionamiento de esos esquemas los pone en riesgo.

De igual forma, los togados quejosos dejan en evidencia la intención de establecer firmemente la mácula contra Uribe, al mezclar dos temas distintos: la seguridad y la privacidad. Ni Velásquez ni sus otros compinches han manifestado preocupación porque el esquema de seguridad sea insuficiente para impedir un atentado o sea tan endeble que ponga en riesgo sus vidas: lo que les choca es que dos funcionarios de la era Uribe (el director del DAS Felipe Muñoz y el Director de la Policía, general Oscar Naranjo), cumplan con sus funciones y por consiguiente, conozcan sus movimientos y detalles sobre sus entornos cotidianos. Esto significa que el esquema de seguridad es apropiado para garantizarles la vida e integridad (que es su función) pero les resulta angustiante en cuanto a la presunta vulneración de su privacidad.

Con todo lo anterior, los mismos magistrados están ratificando que el gobierno les satisface los caprichos de ostentación que padecen. Sin embargo, ellos quieren seguir disfrutando de los esplendores de la cultura mafiosa (andar con un pelotón de escoltas, carros blindados y despliegues que les permitan hacer exhibiciones de poder) sin que el gobierno complaciente realice una supervisión estricta de los esquemas de seguridad, lo que podría desembocar en un incumplimiento de los mandatos de protección impartidos por la CIDH.

Lo que el trío de togados busca en Estados Unidos es presionar al gobierno Santos para que prescinda de Felipe Muñoz y llame al orden (léase neutralice) al general Naranjo, lo que supuestamente los dejaría más tranquilos frente a su privacidad. Así podrían mantener, con mayor desaprensión, su militancia política y su feroz persecución contra el uribismo.