7 de junio de 2010

En la campaña Mockus, ¿no todo vale?

Por Jaime Restrepo.

Es curioso: al ex director de la UIAF Mario Aranguren lo tienen en la cárcel porque presuntamente entregó información privilegiada de algunos miembros de la Corte Suprema de Justicia. Lo de Aranguren lo han incluido en el escándalo de “las chuzadas”, por el cual los mockusianos se rasgan las vestiduras y lo señalan como elemento diferenciador de la decencia que dicen defender.

Sin embargo, hace poco menos de tres años, un alto oficial de la Policía Nacional salió de la institución, después del escándalo por la filtración de informes de inteligencia que terminaron en manos de Gustavo Petro, documentos reservados que contenían información obtenida por la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional (DIPOL) contra dos oficiales del Ejército que realizaban labores de inteligencia en Bogotá y Cundinamarca.

Después de su retiro, ese alto oficial, el General Luis Alberto Gómez Heredia, se vinculó activamente con la administración de Samuel Moreno Rojas y entró a coordinar las Zonas de Atención Integral en Seguridad y Convivencia Ciudadana, incluido el proyecto 402, cuyos resultados están por verse.
A la derecha, el Coordinador de Zonas de Atención Integral en Seguridad y Convivencia Ciudadana de Bogotá, el General Luis Alberto Gómez Heredia, quien participó en la adhesión de policías retirados a la campaña del Partido Verde.

Pero ¡Oh sorpresa! El mismo personaje que salió de la Policía por el escándalo de las “chuzadas” a favor de la oposición, y que trabaja en la Alcaldía Mayor de Bogotá, ahora participa abiertamente en política y en primera fila, asiste al evento de adhesión de un grupo de policías retirados a la campaña de Mockus.

En el círculo, el sonriente General Gómez Heredia en la adhesión a la campaña de Mockus.

Entonces surgen varias preguntas:
  • ¿Qué hacía un funcionario de la Alcaldía Mayor de Bogotá, el General Gómez Heredia, en el acto político de adhesión de los policías retirados a la campaña de Antanas Mockus?
  • ¿Son válidas las chuzadas cuando sirven a la oposición?
  • ¿Acaso sí vale que los funcionarios participen en política cuando se trata de alianzas con la campaña verde?
  • ¿Será que Mockus y su partido Verde están metiendo al Polo por la puerta de atrás?

En el mismo acto de adhesión a los verdes, Gómez Heredia mira a la cámara.

Menos mal que algunos todavía tienen el cinismo de afirmar que en el partido Verde no están dispuestos a sacrificar la ética y la legalidad con el fin de alcanzar los objetivos.

4 de junio de 2010

Los escándalos mediáticos poco afectaron a Santos por ser muy pobres o sin fundamento


Por Noel Carrascal.

La ola verde está confundida. No entiende cómo con tanta maldad, corrupción e injusticia, tantos colombianos terminaron votando por Santos. Se les nota en su forma de responder a una derrota monumental y contundente. Algunos creen que la mayoría es estúpida al no darse cuenta de algo tan obvio como lo es la ‘mafia’ del gobierno de Uribe. Sienten rabia e intolerancia hacia quienes no están “iluminados con su conocimiento de la verdad.” ¿Será que en lugar de estar desilusionados tienen alucinaciones sobre la realidad colombiana?

Ante la cruda realidad de los resultados electorales, esa alucinación o realidad distorsionada muy probablemente se origina en los escándalos mediáticos divulgados con el ánimo de desinformar a la opinión pública. Estos escándalos mediáticos están basados en alguna realidad remota, pero su conexión con Santos o Uribe es indirecta o inexistente. Quienes votaron por Santos no le perdonarían algo ilegal, pero tampoco se dejan llevar por acusaciones dudosas que claramente tiene el único objetivo de debilitar políticamente a Santos. En ausencia de evidencia o testigos contundentes, y aburridos de la fallida manipulación de los medios, no se dejan manipular por titulares noticiosos amañados, transmisiones de radio o televisión, ni columnistas polarizadores de opinión.

Muchos de quienes votaron por Santos se basan en realidades, no en rumores. “Antes de Uribe no podía viajar por carretera, ahora sí.” “Antes no podía ir a mi finca, ahora sí”. “Antes me secuestraban o extorsionaban, ahora no.” “Antes Colombia era un estado fallido, ahora no”.”Colombia es una economía emergente y dinámica reconocida como parte de las CIVETS.” Al lado de estas realidades irrefutables y de experiencia propia, los escándalos mediáticos palidecen por su falta de bases y porque sólo se sabe de ellos por los medios de comunicación. Son tan aislados que es difícil conocer a alguien que haya sido afectado por estos escándalos directamente. Por el contrario, es fácil encontrar gente que se siente beneficiada por el gobierno de Uribe, del que Santos fue parte.

No cabe duda de que la contratación de J.J. Rendón causó gran escándalo entre los columnistas y entre algunos miembros de la ola verde. Temían que les dieran la misma medicina de rumores que ellos le dan a la gente a través de los medios. Ninguna de las tácticas de Santos llego a los bajos niveles de los rumores diseminados por los medios. Estos rumores afectaban explícitamente a Santos y ayudaban implícitamente a Mockus. La campaña de Mockus no estaba asociada directamente con estos medios desinformadores, pero los medios desinformadores si le estaban haciendo campaña a Mockus como la mejor forma de hacerle oposición a Santos y Uribe.

Los rumores desinformadores diseminados por los medios son verdades a medias. Por ejemplo:

Los falsos positivos fueron aberraciones de rangos bajos del Ejército y no una política gubernamental. Son una realidad triste de la historia de Colombia y se viene procesando a los culpables, e incluso, posiblemente, a algunos inocentes. Fue el mismo gobierno el que eliminó esta aberración no intencionada ni engendrada por orden directa y ciertamente muchos colombianos lo piensan así, o si no, hubiese sido muy fácil para ellos votar por Vargas Lleras en lugar de Santos o Mockus.

Los paramilitares tenían un enemigo en común con Uribe cuando éste llegó a la presidencia. Había afinidad ideológica y de propósitos, pero no colaboración. Afinidad parecida a como los medios desinformadores ayudan a Mockus sin ser parte de su campaña, algo por lo que no se puede culpar al candidato verde. Fue Uribe quien desmanteló y extraditó a los paramilitares.

La oposición y los medios no entienden por qué los colombianos vemos a Uribe como quien acabo el paramilitarismo y no como parte de ese monstruo. La mayoría de los colombianos saben que el paramilitarismo es un problema indeseable que no existiría de no ser por la guerrilla en el monte y en los medios. Por eso es por lo que el paramilitarismo no se le pega al teflón de Uribe.

En Agro Ingreso Seguro sí se beneficiaron ciertas personas adineradas, quienes ciertamente encontraron grietas en el Programa y lograron recibir fondos del gobierno. Los colombianos parecen entender que además de que eso fue una pequeña proporción de los ingresos, fue legal. No nos gustará quien se aprovecho de la oportunidad, pero la oportunidad se dio y quienes la tomaron lo hicieron dentro del marco de la ley. Si se quiere sacar al campo de su atraso, hay que asumir que el campesino debe pasar de pobre jornalero a mediano agroindustrial. Para competir con subsidios más injustos de otros países, hay que estimular también a los medianos agricultores por más que nos parezcan ricos y no merecedores de ayuda.

Las chuzadas del DAS es la forma en que el poder judicial le está haciendo la guerra al ejecutivo y legislativo que no pertenecen a la oposición. Los terroristas no solo se han metido al Palacio de Justicia: poco a poco han estado metiéndose a nuestros juzgados. Es una guerra más sutil, de opiniones e interpretación de la ley, no cañonazos y cilindros bomba, pero es una guerra que le puede hacer tanto daño a Colombia como el terrorismo. La politización de la justicia colombiana se ha hecho paulatinamente por una oposición que poco gana en las urnas. Una oposición que no tiene discurso político competente. Es el único poder al que tiene acceso viable, y por ende abusa.

Nadie duda que existan las roscas. En los partidos de la U, Liberal, Conservador, Cambio Radical, Polo y Verde. Estas roscas son injustas y no es fácil de acceder a sus beneficios si no se tiene un padrino, dinero o poder. El país está lleno de delfines, algunos sin méritos que le quieren cambiar el nombre al aeropuerto El Dorado, otros con logros, méritos y carreras respetables. Creo que a quienes votaron por Santos no les gustan estas roscas o la idea de un delfín. Y aunque ven en Santos un delfín, lo es con logros, educación y trayectoria.

Sería injusto cobrarle votos a Santos por la cuna de donde salió e ignorar su experiencia en el ejecutivo al frente de varios ministerios o sus propuestas de gobierno. Muchos santistas no quieren cambiar oligarquía por ‘bolivarquía’ o cualquier otra denominación de clase social que tenga acceso exclusivo al poder. Llegar al poder requiere capital político y sólo se gana con asociaciones, alguna indeseadas, y Mockus no podrá cambiar eso. Él ya está consolidando esas roscas con alianzas para la segunda vuelta.

Quienes votaron por Santos ven todo eso que los verdes creen que ellos no ven. Saben tanto como ellos de los problemas del país, y sólo están en desacuerdo con las soluciones, quién es el mejor candidato y, más importante aún, quien es el culpable principal de los problemas. La mayoría no culpa a Santos y su legado uribista por las acusaciones de los medios. Sería bueno que esos partidarios intolerantes de Mockus dejaran esa prepotencia intelectual y moral de creer que ellos si tienen la razón, que su voto sí fue por el bueno, que Santos es malo, corrupto o mafioso.

Esa demonización es el producto del martilleo de columnistas y medios de opinión. La táctica es la de repetir rumores falsos y verdades a medias, hasta que por saturación se convierten en una realidad irrefutable o distorsionada en la cabeza de muchos, pero que es más una ilusión o una realidad pequeña sacada de proporción o contexto. Ésa es la única explicación por la que muchos se unieron a la ola verde y que hoy expresan su confusión con frustración al ver que la gran mayoría de colombianos no traga entero lo que los medios les echan.

3 de junio de 2010

Elecciones presidenciales: perder no es ganar

Por Darío Acevedo Carmona. 

Si las encuestas fracasaron estruendosamente en la primera ronda electoral, no se entiende que los perdedores salgan a cantar un triunfo que las estadísticas les niega. Mockus, por ejemplo, llegó a contemplar en la cresta de la “ola” que podría ganar en primera vuelta, los resultados no pueden ser más patéticos, fue aventajado por 25 puntos por Juan Manuel Santos cuando se esperaba un duelo cerrado. En otros países con un sistema electoral similar al nuestro, el 46.5% y una ventaja de 25 puntos bastarían para proclamar ganador a quien obtuvo tan alta votación. Pero, debemos atenernos a las reglas de juego e ir a una segunda vuelta.

Al menos ahora entendemos el problema de la gobernabilidad según Mockus. De despreciar las alianzas, de considerar espurio y corrupto entrar en negociaciones, convoca una alianza tipo TOCOSAN para buscar lo imposible: unir el Polo, el conservatismo, el liberalismo y el vargasllerismo en causa común contra Santos. Todo es posible en política, la política es dinámica, dicen, para eludir el “todo se vale” para derrotar a Santos. Arriesgan, de manera suicida, a tirar por la borda una votación bastante promisoria. Santos en cambio es coherente, insiste en su propuesta inicial de unidad nacional para encarar mancomunadamente los grandes retos del país en la lucha por más empleos, por más prosperidad, por más educación, por darle continuidad a la seguridad, para abrir nuevos mercados, para hacer respetar al país y para derrotar la corrupción.

Ahora surgen los magos que, siguiendo a Maturana, ven en la derrota una victoria. Mockus considera un triunfo, no ya haber ganado sino haber pasado, a la segunda vuelta. Vargas Lleras, ciertamente, es una sorpresa en cuanto derrotó las previsiones que lo situaban en 4 por ciento, pero, hablando con franqueza, decir que su resultado es una gran noticia equivale a pensar que no estaba luchando por pasar a la segunda sino evitar ser borrado del mapa político.

Igual podemos pensar de la reacción de Petro que con mejores condiciones y garantías que sus viejos maestros, ni siquiera alcanzó el 50 por ciento de Carlos Gaviria. Derrota real que no se puede ocultar en la sofisticada hipótesis de un complot de todos contra el Polo. El síndrome paranoide no genera credibilidad y más bien esconde el deber de asumir el desastre y de hacer la autocrítica correspondiente. Petro es un buen orador y un líder combativo, pero, fue víctima de un fenómeno que parece caracterizar a la izquierda colombiana: ser víctima de sus yerros y sus divisiones. Petro le ganó a Gaviria la consulta con un discurso renovador, sin embargo, se tuvo que rendir en brazos de los más dogmáticos y retornó a su lenguaje procaz contra Uribe, como años atrás. Su desastre es edulcorado por una retórica insulsa que suena a estribillo.

Los resultados para los candidatos de los dos partidos tradicionales no pueden ser más trágicos. Grises y forzados, no lograron atraer ni siquiera la votación de las parlamentarias. Será el fin de dos carreras que nunca pudieron siquiera insinuarse como presidenciales. Pardo, un hombre capaz, fue sacrificado por la  política errática del ex presidente Gaviria, por la connivencia con personas como Piedad Córdoba y el nefasto ex presidente Samper.

La lectura contraria es muy positiva para el país y la democracia: consolidación de nuevos partidos y hundimiento de liderazgos que viven de glorias lejanas e incapaces de interpretar la nueva Colombia.

Así pues, no es digerible la percepción de que todos ganaron. Hubo, en cambio, un claro triunfador, Santos, unos perdedores sin remedio y sin disculpa, otros que aceptaron la derrota y quizás se retiren. Queda por ver si se concreta el llamado de Mockus a conformar un TOCOSAN, vacío y oportunista, cuyo colbón es el deseo de derrotar todo lo que huela a Uribe y a Santos, sin otra explicación. Lo vemos difícil, no hay razones para creer que las bases del conservatismo, del liberalismo y de Cambio Radical cedan a los cantos de sirena de los girasoles.

En medio de cualquier debate, sin apelaciones, otro ganador es el presidente Uribe y su proyecto político. Obtuvo reconocimiento por su denodado trabajo para devolverle la seguridad al país y por su esfuerzo sincero de abrir cauces al buen desempeño de la economía. Sus éxitos contra los violentos se pueden apreciar en la fallida escalada guerrillera de los últimos días, dolorosa pero inútil para revertir su retroceso.

Una última reflexión: los verdes y sus aliados están en su derecho de ir hasta la segunda vuelta, pero igual, están en el deber de acatar los resultados. El pueblo colombiano no es delincuente, no es violento, no quiere la guerra, no se va por el atajo, defiende la democracia, no es unanimista, no es un rebaño, es un pueblo sufrido, trabajador, dolido y victimizado por los grupos armados ilegales y por la corrupción. Por ello, tiene derecho a que su expresión sea acatada y respetada. Las minorías y la Oposición tienen que respetar su voluntad y dejar de molestar y perseguir a quienes han interpretado sus angustias con lealtad y con buena fe.

2 de junio de 2010

El “Caso Mockus” y la ingeniería de la desinformación

Por Alejandro Peña Esclusa


La derrota aplastante que sufrió Mockus el 30 de mayo, luego de ser anunciado por muchos como el próximo presidente de ColombiaColombia, evidenció una sofisticada maniobra propagandística, para tratar de encubrir la realidad y manipular el voto de los colombianos.

Paralelamente, una semana antes de las elecciones, se desató una campaña internacional en contra del presidente Uribe y del candidato Santos, vinculándolos a grupos paramilitares. La operación se basó en el falso testimonio de un delincuente colombiano, publicado en Argentina por el diario Página 12 dirigido por el ex montonero Horacio Verbitsky y retransmitido por el canal chavista Telesur.

La doble acción de desinformación fue tan exitosa, que cuando Santos apabulló a Mockus, duplicando su votación, colombianos y extranjeros quedaron profundamente sorprendidos.

El “Caso Mockus” resulta muy pedagógico, para ilustrar a nuestros lectores sobre un procedimiento que se usa constantemente en América Latina, y que funciona con gran éxito, aunque esta vez en Colombia haya fracasado.

En septiembre de 2008, se implementó un plan en Bolivia para culpar a la oposición de la llamada “masacre de Pando”. Evo Morales y sus colaboradores encubrieron su propia responsabilidad en la matanza, elaborando un informe falso redactado por un ex terrorista argentino, Rodolfo Mattarollo y divulgando sus conclusiones a través de una prodigiosa red de medios izquierdistas, entre los cuales se encuentran Página 12, Rebelión, Indymedia, Kaos en la Red, y medios oficiales de Bolivia, Cuba y Venezuela.

Honduras fue otro claro experimento de “ingeniería de la desinformación”, que logró convertir a Zelaya en “víctima” de un golpe de Estado, pese a ser él mismo quien provocó la crisis, al querer violar la Constitución, por órdenes de Hugo Chávez. Contra los hondureños se abalanzaron no sólo los medios antes mencionados, sino las organizaciones multilaterales controladas por el Foro de Sao Paulo, como el Alba, Unasur y la OEA.

Pero el caso más exitoso de la “ingeniería de la desinformación” lo constituye el propio Chávez, quien hasta la fecha es considerado como un "líder popular", defensor de los más pobres, y no como lo que es: un agente al servicio de la revolución cubana. Chávez no usa los multimillonarios recursos del Estado venezolano para favorecer a los más necesitados, sino para exportar el modelo castro-comunista a toda América. Mientras tanto, Venezuela se destruye y se empobrece cada vez más.

Si las encuestas en Colombia estaban trucadas, en Venezuela son simplemente una fantasía. Si Mockus obtuvo el 21 por ciento de los votos, el apoyo a Chávez no llega al 20 por ciento. Sin embargo, los medios internacionales y hasta la propia oposición venezolana otorgan al comandante golpista más del 50 por ciento de respaldo popular.

Esta farsa está avalada por resultados electorales; por supuesto fraudulentos. Pero, aunque es obvio que el sistema electoral venezolano está totalmente viciado, el mito de la supuesta popularidad de Chávez se mantiene. Por su parte, los partidos opositores se niegan a denunciar el fraude argumentando que, si lo hacen, promoverían la abstención. ¡Vaya lavado cerebral!

Si por construir mentiras y modificar conductas otorgasen premios, habría que darle una medalla a los cubanos, por la gigantesca obra de “ingeniería de la desinformación” que han llevado a cabo en Venezuela.

1 de junio de 2010

El aroma del tamal es más poderoso que la vaharada del fascismo


Por Jaime Ruiz

1. Edad psicológica. A la hora de explicar los resultados electorales del domingo pasado, los partidarios de la ola verde son clónicos y penosamente pueriles: el país está poblado por estúpidos a los que se compra fácilmente con un tamal, un plato de lechona o algo así, y por eso no escogen la honradez ni la cordura. De hecho, no faltan propuestas sensatas para corregir eso, obra de economistas de las mejores universidades. Por ejemplo, un comentarista del blog de Alejandro Gaviria proponía el domingo:
Y bueno, que hacemos? toca mandar buses y dar almuerzo el dia de elecciones. Y hacerse el loco pensando que eso no es comprar el voto, porque no hay transaccion en efectivo ni condicionamiento sobre el almuerzo, solo un pequeño recorderis.
Es terrible, mucha gente anda diciendo que la ola verde fracasó porque sus seguidores aún no tenían la cédula, pero la clase de razonamientos rutinarios basados en el tamal y el plato de lechona no parecen propios de personas de dieciséis años, sino de once.

2. La campaña de Mockus. El "latiguillo" de Mockus desde mucho antes de la ola verde es el cuento de "No todo vale", triste lugar común que encierra las típicas falacias de la propaganda: ¿es que hay alguien para quien "todo vale"? Bah, bah, ¿para qué vamos a preocuparnos? Ojalá el problema se acabara ahí. Antes de las elecciones Mockus lideró una campaña de protesta contra las ejecuciones extrajudiciales ("falsos positivos"). Los honestos y cívicos seguidores del ex alcalde ponen esos crímenes como ejemplo del "todo vale". Pero ¿existe alguna relación? Todo es falso, esos crímenes les han servido mucho a los terroristas y de ningún modo le servirían al gobierno. ¿No es increíble el descaro?

3. Halago y calumnia. De tal modo, el joven de clase media se ve llamado a formar parte de las huestes de las personas compasivas, justas, pacíficas, moderadas, razonables, etc., y para eso se lo hace cómplice de una mentira brutal, de una calumnia perversa tras la que están los intereses de los terroristas, de Chávez y su entorno. A medida que se integra en el bando de los buenos se le hace formar parte de los grupos de presión y se lo radicaliza y fanatiza con procedimientos de secta. ¿Hasta qué punto es eso deliberado por parte de Mockus? Exactamente hasta el punto en que acepta el apoyo de personajes cuya oposición al gobierno sólo encuentra en las supuestas "chuzadas" un pretexto: personas que en realidad no quieren que se combata a las guerrillas. Aunque él mismo declara que "Quienes hablan de salto al vacío quieren conservar a toda costa los vicios del pasado: los falsos positivos..." ¿Alguien lo cree? ¿O es tan despreciable la condición de los colombianos que nadie puede ver la mala fe de semejante aserto? De hecho, otro importante líder mockusiano, el rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, José Fernando Isaza, declara:
El rechazo a la cultura del atajo y al todo vale propuesto por Mockus traerá mayores niveles de bienestar que la política de más de lo mismo, que incluye asesinatos de inocentes...
Dando por sentado que los asesinatos de inocentes no son algo que favorece sus aspiraciones políticas, sino algo que ordena el gobierno.

4. Precursores de la "ola verde". Es imposible leer alguna noticia o artículo de El Espectador sin encontrarse con decenas y a veces miles de comentarios exaltados de personas para las que el presidente Uribe es un asesino responsable de todo lo que hicieron los llamados "paramilitares", José Obdulio Gaviria era el asesor de Pablo Escobar y en general cualquiera que discrepe del fervor del periódico y sus columnistas ante Piedad Córdoba o justifique la política de Seguridad Democrática es un asesino partidario de las motosierras. Todas esas personas, al parecer sólo unas pocas decenas, profesionalizadas por ONG, se entusiasmaron después de que Héctor Abad Faciolince llamara a la unión de Mockus y Fajardo y sirvieron de puntal de la ola verde.

5. Injerencia selenita. Los problemas colombianos se podrían resumir en uno solo: la inmensa mayoría de la gente no entiende que esos comentaristas son los mismos guerrilleros. Puede que no salgan de sus cómodos apartamentos ni torturen a nadie, pero es como decir que Hitler no empujó a nadie a una cámara de gas. Esos comentaristas fanatizados, llenos de odio, incentivados y convencidos de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad hacen más por la causa de las FARC que varios frentes de niños sicarios y rústicos intermediarios de la industria de la cocaína. Pero la gente ingenua cree que son sólo ciudadanos indignados por la mafia del gobierno ("lo malo de la rosca es no estar en ella") y así viene a resultar que las guerrillas prácticamente llegaron de la luna.

6. El fascismo ordinario. Odio, mentiras, intereses mafiosos, manipulación de adolescentes. afinidad con criminales (pues todo el odio contra Uribe procede de su éxito contra las guerrillas): es el retrato del fascismo. Cuando se piensa en el sentido de expresiones como "No todo vale" o "La vida humana es sagrada" (como si los que no apoyan a Mockus fueran asesinos) aparece el rasgo característico más marcado: la corrupción del lenguaje. El que se trata de un fascismo ligado de manera indisoluble al régimen venezolano y a las bandas terroristas es algo que explicaré más adelante.

7. El estilo de la propaganda. Las innumerables imágenes que hemos visto del candidato Juan Manuel Santos como monstruo siniestro, explotando su supuesta fealdad, son copiadas casi directamente de la propaganda nazi: se trata de un estímulo infantil sumamente perverso, gracias al cual se genera una asociación normalmente inexistente entre la apariencia física de alguien y sus intenciones y actuaciones. Cuando se piensa que el "argumento" es atribuirle al ex ministro responsabilidad en los asesinatos de inocentes que cometieron unos malhechores que trabajaban para las fuerzas militares, la afinidad con el nazismo resulta todavía más marcada: se trata de la misma clase de gente, y nadie debe dudar de que esos entusiastas propagandistas son los mismos que hace una década escribían comentarios en los foros de internet burlándose de los secuestrados y justificando los crímenes de los terroristas. A pesar de las intenciones que pudieran tener los ex alcaldes, la verdad es que su campaña se basó en la explotación de esa clase de recursos publicitarios.

8. Todo sea por la paz. Los textos que se publicaron en los días previos a las elecciones son los más dicientes respecto al espíritu que alienta la campaña de Mockus, incluso explican su persistencia en buscar un triunfo en la segunda vuelta. Paradigmático, y protegido por una ominosa omertà de los hampones ilustrados que ejercen en Colombia de "creadores de opinión" es este escrito, claramente encargado por algún agente de Chávez, del ex ministro Rudolf Hommes. Si alguien duda de que la campaña de Mockus es la representación del chavismo en Colombia, es alguien que obra de mala fe, o bien desconoce esa perla o padece un daño cognitivo tremendo. El brutal golpista antisemita que amenaza cada semana a los colombianos y promueve el asesinato de los que puede resulta la versión andina de Adenauer. La carrera armamentista del gorila rojo resulta inexistente y el único problema es la animosidad de los colombianos, que se remediaría eligiendo a Mockus. Naturalmente que los empleados de Santodomingo que pretenden orientar a la opinión tienen que callar ante perlas semejantes, pero ese silencio los delata. Al igual que delata al candidato, que también rehúye contestar acerca del apoyo de Chávez a las FARC.

9. Ocho años perdidos. No es ninguna sorpresa que una corriente política cuya esencia es la propaganda, en realidad la manipulación del triste vicio arribista de los colombianos, ansiosos por incluirse entre los escribas y fariseos para ostentar su virtud de un modo que es lo menos virtuoso posible, mienta sin cesar y de la forma más descarada. Uno de esos columnistas (pero son más del 80 % de los que aparecen en los medios bogotanos), Juan Gabriel Vásquez, nos cuenta en una obra de la reflexión que humillaría a un Larra, no en balde titulada "Adiós a los atajistas", que "el gobierno de los últimos ocho años fue, con distancia, el más politiquero y corrupto de la historia colombiana". Lógicamente no habrá quien lo ponga en duda, menos en la prensa bogotana, menos en el periódico del patrón de Martha Catalina Daniels. ¡Cuando el gobierno encargaba magnicidios, como el de Álvaro Gómez o el general Landazábal, la corrupción no era tanta! El alivio del ilustre pensador no encuentra límites: "La verdad es que los ocho años de Uribe han devuelto el país a la cultura del atajo, ese conjunto de manías y perversiones del cual parecía que habíamos salido, o comenzábamos a salir, al empezar el siglo". Es uno el que no ve lo que se ha perdido en estos años, el que no ve a Colombia peor que al empezar el siglo. ¡Entonces al menos había esperanza de justicia social! De hecho, al cabo de la década, se pregunta Vásquez: "¿valía la pena tanto atajo para no llegar a ningún lado?". Parece que no.

10. El despertar de los jóvenes. Ni a Hommes ni a Vásquez les reprocha nadie sus extrañas salidas. Los más avispados tienen siempre a mano el recurso perfecto: "A mí que me esculquen". ¿Qué hacían entonces en la "ola verde"? Algún pretexto encontrarán, y los favorece que nadie les pregunta: si el ex ministro explotaba el viejo recurso "pacifista" con que los pro-nazis británicos buscaban favorecer el rearme de Hitler, ellos tal vez no lo leyeron. Si el joven escritor explota la mala memoria de la gente, y adereza los olvidos con mentiras (Uribe no fue elegido para acabar con la "politiquería" sino para combatir a las FARC), a la mejor manera de Goebbels, ellos tienen otra especialidad. Nadie puede reprocharles nada. Pero el mejor retrato de la retórica fascista, ya incluso en términos grotescos, es otro literato: Ricardo Silva Romero. La épica renovadora y saturada de lirismo parece una torpe parodia tropical de los escritos del poeta oficial del fascismo, Filippo Tommaso Marinetti, aunque los excesos de lirismo muevan más bien a lástima (pongo mis comentarios entre corchetes):
Y un día, cuando ya los habíamos dado por perdidos, los jóvenes se levantaron de sus tumbas. [¿Estaban en tumbas? ¿Todos los jóvenes o sólo algunos? ¿Qué hacían en tales tumbas?] Y gracias a Internet, que les ha devuelto el alma a tantos cuerpos [Marinetti le escribía poemas a la aviación], que a todos nos ha hecho comprender de qué hablan cuando hablan de "democracia", descubrieron que no son una minoría [¿una minoría? ¿todos los jóvenes?] de inconformes [¿inconformes?] condenados a quejarse de la sangre fría de los políticos, que a nadie puede delegársele la responsabilidad de corregir el mapa de Colombia [¿corregir el mapa?], y que el destino de este país ajeno [¿ajeno?], en el que apenas han sobrevivido [¿apenas?] como si fueran inmigrantes ilegales, en verdad está en sus manos. Este domingo saldrán a votar para abrirle paso a una revolución pacífica que dejará al mundo entero con la boca abierta [Olé]: reclamarán, como una conciencia colectiva [hala], la patria que les quitaron a los padres de los padres de sus padres [¡les quitaron!].
11. Se cierra el círculo. Es fastidioso extenderse sobre la calidad literaria de la propaganda fascistoide que ha acompañado a Mockus. Mucho más interesante es que el lector entienda que la intensidad de la ola verde forma parte de la misma confluencia de intereses que mantiene a la prensa colombiana en continua campaña de calumnias contra el gobierno, que la unánime indignación de los columnistas y comentaristas por las supuestas "chuzadas" a Jorge Enrique Botero, Holman Morris o a algún magistrado amigo de Giorgio Sale no se dio cuando el interceptado era el presidente ("le parto la cara, marica"), o cuando publicaron una conversación privada de Fernando Londoño con el general Del Río. ¿O sí se dio y no nos hemos enterado? La ola verde es la coronación de ocho años de calumnias, pero éstas son sólo la resistencia a un gobierno que echó a perder la negociación con la que Santodomingo y los dueños de Semana se habrían hecho más dueños del país de lo que ya son. El colmo es el montón de escritos que han salido protestando por el leve chiste de José Obdulio Gaviria acerca del "manifiesto pederasta" del programa del Partido Verde. Ya dedicados a salvar la industria del secuestro, ¿qué importa hacer un poco el ridículo?

12. Inventándose la guerra. Por eso nadie va a encontrar ningún problema en la última columna del padre de la ola verde, el también literato Héctor Abad Faciolince. ¿Recordarán que desde el principio en este blog denunciamos la vaguedad de las ideas de Mockus respecto de las FARC? En los escritos de Abad no hay ninguna vaguedad: se trata del acta de defunción de la política de Seguridad Democrática. Tras ocho años de despilfarro de recursos seguimos igual que en 2002. El pensador se felicita del asesinato de nueve infantes de marina, hecho que refuerza sus bondadosas certezas, llenas de frustración por el mal uso que hizo Uribe del cheque en blanco que "le firmamos". Es exactamente la misma propaganda del Partido Comunista en 2003, tras la masacre de El Nogal: "Ni un peso más para la guerra". La guerrilla se acaba resolviendo sus causas, no con "ira y maldad". Así, ¿no es la ola verde una estafa en la que con un "sobrevenido" ecologismo y mantras de la época de la psiquedelia se intenta atraer a la gente arribista e ingenua al programa de los socios del terrorismo? Sin la menor duda, y fracasó porque no se puede engañar a todos todo el tiempo.

13. Calumnia, que algo queda. Las bandas terroristas son un fenómeno ligado a ciertas tradiciones colombianas, reforzadas por los intereses soviéticos y cubanos en una época, y después por las castas que se apropiaron del poder a comienzos de los noventa, en alianza con Pablo Escobar y los políticos más corruptos. El cambio cultural que necesita Colombia es ante todo el destierro del fascismo, de la violencia interesada, de la calumnia, de la intimidación que se practican primero en defensa de los intereses de las mafias políticas y después en las zonas rurales en aras de asegurar el poder de dichas mafias. Si Mockus trajera alguna novedad en materia de cultura y no fuera el socio de Hommes (abierto emisario de Chávez) y de Abad (abierto opositor al combate a las bandas terroristas), tal vez se ocuparía de los comentaristas de El Espectador o de personajes como Felipe Zuleta, que dan ejemplo a la peculiar secta de sicarios morales que acompañaron el despertar de la ola verde.

Como colofón a este escrito copio un ejemplo de un viejo conocido de la blogosfera, viejo acompañante de Mockus y desmesurado, típico calumniador. En el citado blog de Alejandro Gaviria, dejó esto Javier Moreno, el creador de Gacetilla:
"Ciertamente, un gobierno dedicado a ayudar a las FARC llevaría a una guerra civil. Es increíble que alguien lo dude. Lo que muchos dudan es que Moskus, habida cuenta de sus declaraciones, va a ayudar a las FARC."

Qué bueno. Ya Jaime "Mil Colinas" Ruiz empieza a prometer guerra civil si gana Mockus. Es bueno cuando este señor encapuchado deja sus amenazas bien claras. Así uno sabe con qué tipo de persona es que está hablando. Además de bruto, cerrado e ignorante es un matón solapado.
El texto en cursiva corresponde a un anterior comentario mío. "Mil Colinas" era la emisora de los genocidas ruandeses. Estos hampones siempre están con el mismo recurso de los escribidores pagados por ONG que dejan comentarios en El Espectador: quien no colabore con la causa de Hommes y Abad, los dos más conspicuos socios de Mockus, es porque forma parte de los paramilitares y está llamando a matar gente. Es el único recurso que tienen, cuando no pueden borrar los blogs para atribuirle las proezas a otros, o dejar amenazas de muerte anónimas como comentarios. Es el arte de los fascistas, intimidar y calumniar. Mandar matar gente y presentarse como víctimas. Explotar la propaganda y convertir los negocios criminales o la afinidad con Chávez, Piedad Córdoba y gente así en "honestidad", "decencia", "tolerancia", "respeto de la vida humana", etc.

Ojalá el lector se detuviera a pensar en lo que pasaría si un gobierno colombiano se dedicara a ayudar a las FARC a destruir pueblos con cilindros y secuestrar a miles de personas. Ahora resulta que algo que es obvio para cualquier persona recta es lo propio de matones. Realmente alrededor del payaso de los mantras se reunió la chusma fascista más desvergonzada y peligrosa, pero lo más seguro es que se aburrirán pronto en Colombia. Con Adenauer tendrán más suerte.