Bogotá es la capital del caos por cuenta de la parálisis del transporte público que ha desembocado en una asonada que se agrava con el pasar de las horas y cuyas consecuencias son inciertas. A pocos minutos de publicar este texto, los desmanes están en pleno desarrollo en Ciudad Bolívar y Suba.
El paro de los pequeños propietarios de buses y busetas, según el Alcalde, tiene su origen en el reordenamiento del transporte de la ciudad. Ahí está el primer error, pues la parálisis tiene que ver con el precio que propone el Distrito para comprar los vehículos que actualmente prestan el servicio de transporte, y no con el reordenamiento en sí.
Los pequeños propietarios no están en contra del Sistema Integrado de Transporte, SITP. Ellos están pidiendo un pago razonable por sus vehículos. Es que la Alcaldía pretende, en una sofisticada operación de expropiación de propiedad privada, pagar los buses casi por la mitad del precio del mercado.
El asunto se puede explicar con un ejemplo. Doña Susana adquirió un bus, modelo 2008, por 240 millones de pesos. Para hacerlo, obtuvo un crédito por el que paga mensualmente 4 millones de pesos. De repente, la Alcaldía publicó una tabla según la cual, doña Susana recibiría cerca de 120 millones de pesos y un pago mensual cercano al millón, como utilidades por su vinculación al nuevo esquema de transporte colectivo.
Esto significa que doña Susana podría amortizar 120 millones a la deuda adquirida, pero quedaría pagando un crédito de 120 millones por algo que no le está generando ningún beneficio y de lo cual, en realidad, ya no sería propietaria. Además, la cuota mensual que deberá seguir pagando estará por encima de los 2 millones y con las utilidades de su vinculación, no podrá cubrirla, ni satisfacer las necesidades mínimas de su familia. Total: su patrimonio quedará a merced de los acreedores.
Siguiendo con el caso de doña Susana, es importante anotar que el bus fue matriculado en Bogotá y los diferentes documentos de operación fueron expedidos por la Secretaría de Movilidad de la ciudad. ¿Si Samuel Moreno sabía que en un par de años intentaría poner en operación el SITP, por qué siguió matriculando buses y busetas durante los años 2008 y 2009?
Ahí hay una cuota de responsabilidad -mejor de irresponsabilidad- de la administración distrital. El Alcalde es tan caradura que sale ante los medios a sostener que la idea del SITP es la modernización de la flota de transporte colectivo que sirve a la ciudad… ¿le parece viejo un vehículo modelo 2008? ¿Desde cuándo la depreciación de un automotor es del 25% anual?
Ciertamente algunos de los participantes en el paro son dueños de vehículos antiguos, pero ellos en general no tienen una deuda gigantesca y el pago de reposición se aproxima al valor real de sus buses. Sin embargo, la mayoría de pequeños propietarios tienen vehículos de modelos recientes, que ahora, de repente, son material para chatarrizar, según el alcalde Moreno.
No se puede negar que el sistema de transporte de Bogotá es perverso: 44 personas son dueñas de las empresas que afilian los vehículos y solo a través de ellas se puede acceder a la asignación de rutas y horarios, previo pago mensual de cuotas que se salen de toda proporción. Este esquema de transporte se puede definir como unos pocos oportunistas que viven del trabajo de más de 16 mil propietarios de vehículos.
La administración negoció con los 44 oportunistas y excluyó a los pequeños propietarios, que son los que aportan trabajo y equipos. Después de afinar los pactos con los “dueños” del transporte, la Alcaldía expidió la tabla de retoma que había acordado con los capos de las rutas. A ellos poco les importa el precio que pague la administración por los vehículos, pues no son dueños del parque automotor y su negocio está asegurado desde hace tiempo, gracias a los pactos establecidos con el Alcalde cuando era candidato.
Ahí estuvo el segundo error. En una tozudez enorme, la Alcaldía se ha reunido varias veces con los 44 empresarios, quienes le han prometido al gobierno de Bogotá, que los buses estarán en las vías en unas horas. Esos 44 “dueños” de rutas pueden prometer el oro y el moro, pero al no tener la propiedad de los vehículos, sus promesas son vanas. Durante el segundo día de paro, Moreno y la señora López Obregón salieron felices a anunciar que el paro había terminado, pues habían obtenido el compromiso de los capos. Los bogotanos, candorosos a morir, les creyeron y salieron a la calle. Pasaron las horas y los buses siguieron guardados.
Pero la Alcaldía es como Jalisco, que no se raja, y en la noche siguió insistiendo con los 44 empresarios, despreciando a los verdaderos dueños del transporte en la ciudad.
Moreno reconoce su ineptitud, y no se inmuta
Anoche, en una rueda de prensa, Samuel Moreno comenzó por señalar que “nosotros sabíamos lo que iba a pasar”. ¡Caramba! Moreno y su pandilla son como el Chapulín Colorado: todo estaba fríamente calculado y sin embargo, no hicieron nada para desactivar la bomba y tampoco se ocuparon de tomar las medidas que impidieran las gravísimas molestias que el paro ha causado en la ciudadanía.
Es el colmo de la ineptitud que un gobernante conozca las consecuencias de una medida y no haga nada por neutralizar la situación. Lo peor es que la rueda de prensa fue convocada para anunciar un paquete de medidas extraordinarias para conjurar el paro. Después de escuchar a Moreno Rojas, todavía estamos esperando las medidas extraordinarias, pues sólo expuso acciones comunes que se están aplicando desde el segundo día de paro.
En ese paquete de medidas “extraordinarias”, Moreno incluyó la suspensión del pico y placa para vehículos particulares, lo que se viene haciendo desde el martes y tiene a la ciudad colapsada.
Eso de levantar el pico y placa es uno más de los absurdos del Alcalde. Quienes tienen vehículo, en su gran mayoría, optan por el servicio de taxis y no por el transporte colectivo. Además, aquellos propietarios de particulares que utilizan Transmilenio, pueden prescindir del transporte masivo y movilizarse en un taxi. A la postre, levantar el pico y placa, lejos de aminorar los problemas, los agrava, pues la ciudad es un cúmulo de obras atrasadas o abandonadas que diariamente hacen colapsar la movilidad.
Ya es costumbre
Samuel Moreno ejerce sus funciones, no como alcalde sino como dictador. Los residentes de varios conjuntos en Ciudad Salitre saben que el alcalde utiliza la técnica de la emboscada para tomar desprevenidos a los ciudadanos. Así pasó con la nueva estratificación y así está pasando con los transportadores.
De repente, con una metodología inexistente, el desgobierno de Bogotá seleccionó unos cuantos conjuntos y les incrementó el estrato. Cuando las autoridades vieron que la comunidad se estaba uniendo, enviaron cartas a los conjuntos excluidos temporalmente del aumento para desterrar la solidaridad.
17 meses de retraso en las obras de la Fase III de Transmilenio, casi 2 años de demora en la entrega de unos simples andenes, millones de pesos utilizados en burocracia en el Fondo de Vigilancia y Seguridad, compra de votos para determinados candidatos del Polo en algunas dependencias de la Alcaldía Mayor, son motivos suficientes para decirle a Samuel Moreno: ¡Renuncie! Y hágalo ya.
Pero también es bueno recordarles a los bogotanos que semejante hecatombe, y su profundización, se debe a la estupidez de haber elegido a dos ineptos como alcaldes mayores de Bogotá. Luis Eduardo Garzón comenzó con el deterioro y Samuel Moreno avanza raudo en la demolición de Bogotá T.C., es decir Bogotá Tugurio Capital. De lo sembrado por Castro, Mockus y Peñalosa no queda prácticamente nada. ¡Sigan votando bien! Al paso que van, la capital del país pasará a otra ciudad y Bogotá será solo un moridero habitado por prepotentes que juran que la cloaca en la que viven es el ombligo del mundo.
Por Jaime Restrepo.