7 de mayo de 2009

Uribe: ¿Un general que va ganando la guerra?

“General que va ganando la guerra, no se cambia”. Con esta frase, un amigo salvadoreño refutó mi posición en contra de la segunda reelección. La cosa había quedado ahí hasta que un escrito de José Obdulio Gaviria me recordó dicha frase.

La
columna de Gaviria prácticamente se puede resumir en que Uribe es un general que va ganando la guerra y por lo tanto, es inconveniente y hasta peligroso cambiarlo.

Ciertamente Uribe va ganando la guerra en contra de las FARC, del ELN, de las bandas criminales y de la delincuencia común. Es decir: el “general” Álvaro Uribe ha enfrentado con éxito el conflicto armado y los resultados son evidentes. Incluso, Eduardo Pizarro, presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación
aseguró que “el conflicto armado en Colombia está terminando”. Las cifras demuestran que la afirmación de Pizarro es cierta y que los factores armados ilegales de la guerra están prácticamente condenados a desaparecer.

Esto significa que, en lo militar, Uribe es un general exitoso. Sin embargo, mezclar lo militar con lo político, más allá de las concepciones tácticas y estratégicas, puede resultar en generalizaciones e imprecisiones que poco le sirven al país. La primera confusión del ex asesor presidencial es intentar demostrar que los generales exitosos en los campos de batalla tienen el mismo éxito en el campo político. Para demostrarlo, Gaviria cita, entre otros, a Bolívar como ejemplo de general ganador en los dos terrenos. Sin embargo, historiadores importantes señalan que gran parte del conflicto entre Bolívar y Santander se originó en la
confrontación de la visión política de ambos personajes: Mientras Bolívar quería ser el “emperador de los Andes”, apoyó una constitución hecha a su medida y rompió con su palabra de respetar la Constitución de Cúcuta durante 15 años; Santander se opuso con determinación a las ambiciones del Libertador… ni hablemos de la popularidad de Bolívar en sus últimos días.

En la misma línea, ¿por qué no citar a San Martín, por ejemplo? Bueno, es que el general San Martín ganó la guerra militar y se retiró a Paris para dejar que otros se dedicaran a la guerra política.

Sin embargo es necesario centrarse en lo esencial: ¿Uribe va ganando la guerra política? Para responder la pregunta quiero arrancar por el exterior. Mientras Lula les pide a las FARC que se conviertan en un partido político, Charles Rangel, Presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos,
desconoce olímpicamente los avances que ha tenido el gobierno colombiano en materia de seguridad.

Y ni hablar de Venezuela, en donde la hipocresía chavista se evidencia día tras día y mientras por un lado el coronel paracaidista se reúne con Uribe, por el otro el Canciller se va lanza en ristre contra Colombia y contra el gobierno. Además, no se puede perder de vista la militancia desvergonzada de Telesur, el canal controlado por Chávez, en contra de Uribe y de la política de Seguridad Democrática.

Es más: hacerse ilusiones porque Obama va a recibir a Uribe, o porque le ordenó a un funcionario que revisara lo del TLC, resulta una muestra de ingenuidad política de peligrosísimas repercusiones internas y externas: Obama atendió a los mandatarios latinoamericanos de acuerdo a la vanidad de cada uno, y los dejó contentos a todos.

Lo anterior es solo un repaso superficial de la guerra política internacional que se está librando y que Colombia, con su general a la cabeza, va perdiendo.

En lo interno, la guerra política está al rojo vivo y los generales del bando simpatizante de las FARC no tienen la menor intención de disminuir la intensidad: detonan escándalos cada cierto tiempo, incrementan la persecución judicial, arrecian los comentarios descalificadores en los medios de comunicación y tratan de avanzar en la conquista del objetivo principal: el poder.

Dice José Obdulio Gaviria que “en Colombia estamos ya en guerra, es decir, en campaña”. Ubicar la actual situación como si fuera coyuntural no parece ajustado a la realidad. De hecho, desde la llegada de Uribe a la Presidencia, la guerra política se incrementó y fue inaugurada por un acto terrorista: el ataque a la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2002. Fue la señal para que se iniciaran una serie de batallas que, lejos de atenuarse, se han intensificado.

Además de las calumnias, de las mentiras repetidas hasta el cansancio que han terminado en convertirse en verdad para muchos colombianos ingenuos; de las agresiones jurídicas y políticas, de las emboscadas y demás tácticas utilizadas por los simpatizantes de las FARC; la escalada de la guerra política no ha sido respondida como se debe, pues quienes podrían hacerlo están impedidos por ser funcionarios del gobierno. ¿Todo lo anterior se puede interpretar como éxito en la guerra política?

A juzgar por el respaldo popular que tiene Uribe, ciertamente en el campo electoral el “general” es un ganador. Pero la política va más allá: a pesar de la popularidad presidencial, lo cierto es que ninguna guerra militar, valga la aclaración, ha terminado sin un armisticio. El exterminio total del enemigo es, en el mejor de los casos, una ficción. Ciertamente el gobierno ha planteado dicho armisticio en las condiciones que la mayoría de colombianos podríamos aceptar: que las FARC se acojan a la ley de Justicia y paz y ya sabemos la negativa rotunda de los terroristas y de sus secuaces a dicha propuesta.

De igual forma, en lo político, la facción pro-fariana ha logrado pulir la estrategia y se ven avances para conseguir el posicionamiento de uno o varios candidatos que estarían dispuestos a negociar las leyes y a premiar los crímenes “altruistas” de las FARC.

Adicionalmente no se puede desconocer que en plena presidencia de Uribe, el partido que aglutina a la izquierda “democrática” consiguió y ha mantenido la Alcaldía de Bogotá, demostrando que hay una gran debilidad del uribismo en la guerra política, por lo menos en la capital del país.

Así las cosas, Uribe ha sido un “general” formidable en la tarea de demolición militar, pero en el campo político se evidencia un estancamiento muy similar al que se dio, durante casi medio siglo, entre las Fuerzas Armadas y las FARC… ¿eso no amerita un cambio para tener un general que gane la guerra política?

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

4 de mayo de 2009

Las FARC, ¿un partido político?

El trabajo internacional de las FARC sigue dando frutos. La visita de la senadora Piedad Córdoba a Brasil consiguió una declaración del presidente de ese país en la que pide que se premie al terrorismo otorgándole un espacio político en Colombia.

Según Luiz Inácio Lula da Silva, "si las FARC quieren llegar al poder, sería más fácil convertirse en un partido político y disputar elecciones (…) Si este continente permitió que un indio llegue a Presidente, ¿por qué alguien de las FARC no puede llegar al poder disputando elecciones?". ¡Tan fácil! Después de casi medio siglo de asesinatos, destrucción y muerte, a Lula le parece que semejante historial debe ser premiado con la posibilidad de permitirles a las FARC que puedan acceder al poder.

No sorprende la declaración de Lula da Silva: es lo mínimo que puede hacer por sus colegas del Foro de Sao Paulo. Tampoco se puede interpretar como desafortunada la declaración del mandatario brasileño, pues la hizo en el marco de la visita de la senadora Piedad Córdoba, quien pocas horas antes se había reunido con Marco Aurelio García, el principal asesor de Lula para asuntos internacionales, quien pese a manejar un bajo perfil, ha sido
pieza clave en las relaciones de las FARC con el gobierno de ese país.

La comparación que hizo Lula da Silva de las FARC con Evo Morales implica que si alguien “excluido” y que no pertenece a las “oligarquías” fue elegido presidente en Bolivia, lo mismo puede ocurrir en Colombia. Sin embargo ese es un maquillaje calculado que les aplica el mandatario brasileño a las FARC, pues aquellos miembros del Secretariado que tienen aspiraciones políticas son terroristas y no excluidos por su condición de indígenas, negros o campesinos: no conozco a ningún excluido que tenga a sus
hijos estudiando en Suiza...

De otro lado, la declaración de Luiz Inácio Lula da Silva apunta a la misma dirección trazada por la Corte Suprema de Justicia, al dejar intacto el delito político para las FARC. A lo anterior le sumamos la concepción que tienen personajes como Carlos Gaviria Díaz de que las FARC son criminales altruistas y encontramos un trabajo bien planificado para premiarles medio siglo de destrucción y muerte.

¿Se puede convertir en partido político una banda criminal que secuestra, asesina, masacra y trafica con droga? ¿Es lícito poner como única condición que las FARC no cometan más acciones terroristas sin que paguen por sus tropelías? Para Lula la respuesta es afirmativa… al fin y al cabo, el Foro de Sao Paulo ha llevado a la presidencia a asesinos que han participado en intentonas golpistas, a otro que violó a su hija y a uno que actuó en dos golpes de Estado y se ha sostenido masacrando campesinos cuando se atreven a protestar contra su gobierno.

Es que Lula ha estado ahí, siempre listo, para sostener incluso a cínicos violadores de derechos humanos que además han erradicado por completo la libertad en sus países, como ocurre con Fidel Castro. En Brasil, el Foro de Sao Paulo ha aplicado su fórmula de limpiar la imagen de los más radicales de la izquierda, uniéndolos con sectores moderados para alcanzar el poder. De hecho Lula ha protagonizado la “higiene facial” del Movimiento Sin Tierra, a quienes aceptó como aliados del Partido de los Trabajadores, agrupación política liderada por el actual presidente brasileño.

Todo lo anterior demuestra que lo de Lula no fue un comentario aislado y desafortunado, sino algo completamente coherente con el proyecto continental que él lidera y que tiene como uno de sus componentes a las FARC.

Lo que Lula da Silva no ha podido predecir es el problema político que les significaría esta situación a otros miembros colombianos del FSP. Si las FARC pudieran entrar a la escena política formal, es decir, sin velos y sin armas; varios de sus socios podrían quedar en el limbo. ¿Qué pasaría con el Polo Democrático Alternativo?

En la actualidad, la agrupación política muestra una profunda divergencia entre radicales y moderados (las mismas tendencias que Lula y el Foro de Sao Paulo han logrado sincronizar en otros países). Según la facción “moderada” del Polo, el sector más radical tiene el mando y uno de sus máximos representantes, el ex magistrado Carlos Gaviria, será el candidato a la Presidencia de la República. Esto significa que el mismo individuo que ha calificado a las FARC como criminales altruistas, podría disputar la aspiración con el o la candidata de las FARC.

¿Piedad Córdoba seguiría en el liberalismo? César Gaviria sabe que ella es, hoy por hoy, la más importante electora de su colectividad y no podría dejarla ir así como así. Entonces, el camino de supervivencia del otrora glorioso partido Liberal sería establecer una coalición con las FARC, con miras a retener lo poco que les queda de poder.

En ese escenario, Lula da Silva lanzó prácticamente la candidatura de Piedad Córdoba a la Presidencia de la República y abrió la posibilidad de que las FARC tengan, en la práctica, dos candidatos a la Primera Magistratura. Ante esa posibilidad, la ruta sería estructurar sendas campañas sucias que lleven a la segunda vuelta en la cual, no cabe duda, se unirán los miembros del Foro de Sao Paulo y los simpatizantes que no están vinculados formalmente, para tratar de conquistar la Presidencia frente a un candidato que esté opuesto a la mafia castro-chavista.

En esa hipotética segunda vuelta se unirían los hipócritamente moderados y los honradamente radicales para llegar al poder a como de lugar. Esa es la apuesta de Lula, de Piedad, de las FARC del PDA, de los Gaviria y de Gustavo Petro (el moderado que habla de reforma urbana cuya aplicación
ya están padeciendo en Venezuela)… todos terminarán en un solo bloque para instalar a las FARC en el poder.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.