7 de mayo de 2009

Uribe: ¿Un general que va ganando la guerra?

“General que va ganando la guerra, no se cambia”. Con esta frase, un amigo salvadoreño refutó mi posición en contra de la segunda reelección. La cosa había quedado ahí hasta que un escrito de José Obdulio Gaviria me recordó dicha frase.

La
columna de Gaviria prácticamente se puede resumir en que Uribe es un general que va ganando la guerra y por lo tanto, es inconveniente y hasta peligroso cambiarlo.

Ciertamente Uribe va ganando la guerra en contra de las FARC, del ELN, de las bandas criminales y de la delincuencia común. Es decir: el “general” Álvaro Uribe ha enfrentado con éxito el conflicto armado y los resultados son evidentes. Incluso, Eduardo Pizarro, presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación
aseguró que “el conflicto armado en Colombia está terminando”. Las cifras demuestran que la afirmación de Pizarro es cierta y que los factores armados ilegales de la guerra están prácticamente condenados a desaparecer.

Esto significa que, en lo militar, Uribe es un general exitoso. Sin embargo, mezclar lo militar con lo político, más allá de las concepciones tácticas y estratégicas, puede resultar en generalizaciones e imprecisiones que poco le sirven al país. La primera confusión del ex asesor presidencial es intentar demostrar que los generales exitosos en los campos de batalla tienen el mismo éxito en el campo político. Para demostrarlo, Gaviria cita, entre otros, a Bolívar como ejemplo de general ganador en los dos terrenos. Sin embargo, historiadores importantes señalan que gran parte del conflicto entre Bolívar y Santander se originó en la
confrontación de la visión política de ambos personajes: Mientras Bolívar quería ser el “emperador de los Andes”, apoyó una constitución hecha a su medida y rompió con su palabra de respetar la Constitución de Cúcuta durante 15 años; Santander se opuso con determinación a las ambiciones del Libertador… ni hablemos de la popularidad de Bolívar en sus últimos días.

En la misma línea, ¿por qué no citar a San Martín, por ejemplo? Bueno, es que el general San Martín ganó la guerra militar y se retiró a Paris para dejar que otros se dedicaran a la guerra política.

Sin embargo es necesario centrarse en lo esencial: ¿Uribe va ganando la guerra política? Para responder la pregunta quiero arrancar por el exterior. Mientras Lula les pide a las FARC que se conviertan en un partido político, Charles Rangel, Presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos,
desconoce olímpicamente los avances que ha tenido el gobierno colombiano en materia de seguridad.

Y ni hablar de Venezuela, en donde la hipocresía chavista se evidencia día tras día y mientras por un lado el coronel paracaidista se reúne con Uribe, por el otro el Canciller se va lanza en ristre contra Colombia y contra el gobierno. Además, no se puede perder de vista la militancia desvergonzada de Telesur, el canal controlado por Chávez, en contra de Uribe y de la política de Seguridad Democrática.

Es más: hacerse ilusiones porque Obama va a recibir a Uribe, o porque le ordenó a un funcionario que revisara lo del TLC, resulta una muestra de ingenuidad política de peligrosísimas repercusiones internas y externas: Obama atendió a los mandatarios latinoamericanos de acuerdo a la vanidad de cada uno, y los dejó contentos a todos.

Lo anterior es solo un repaso superficial de la guerra política internacional que se está librando y que Colombia, con su general a la cabeza, va perdiendo.

En lo interno, la guerra política está al rojo vivo y los generales del bando simpatizante de las FARC no tienen la menor intención de disminuir la intensidad: detonan escándalos cada cierto tiempo, incrementan la persecución judicial, arrecian los comentarios descalificadores en los medios de comunicación y tratan de avanzar en la conquista del objetivo principal: el poder.

Dice José Obdulio Gaviria que “en Colombia estamos ya en guerra, es decir, en campaña”. Ubicar la actual situación como si fuera coyuntural no parece ajustado a la realidad. De hecho, desde la llegada de Uribe a la Presidencia, la guerra política se incrementó y fue inaugurada por un acto terrorista: el ataque a la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2002. Fue la señal para que se iniciaran una serie de batallas que, lejos de atenuarse, se han intensificado.

Además de las calumnias, de las mentiras repetidas hasta el cansancio que han terminado en convertirse en verdad para muchos colombianos ingenuos; de las agresiones jurídicas y políticas, de las emboscadas y demás tácticas utilizadas por los simpatizantes de las FARC; la escalada de la guerra política no ha sido respondida como se debe, pues quienes podrían hacerlo están impedidos por ser funcionarios del gobierno. ¿Todo lo anterior se puede interpretar como éxito en la guerra política?

A juzgar por el respaldo popular que tiene Uribe, ciertamente en el campo electoral el “general” es un ganador. Pero la política va más allá: a pesar de la popularidad presidencial, lo cierto es que ninguna guerra militar, valga la aclaración, ha terminado sin un armisticio. El exterminio total del enemigo es, en el mejor de los casos, una ficción. Ciertamente el gobierno ha planteado dicho armisticio en las condiciones que la mayoría de colombianos podríamos aceptar: que las FARC se acojan a la ley de Justicia y paz y ya sabemos la negativa rotunda de los terroristas y de sus secuaces a dicha propuesta.

De igual forma, en lo político, la facción pro-fariana ha logrado pulir la estrategia y se ven avances para conseguir el posicionamiento de uno o varios candidatos que estarían dispuestos a negociar las leyes y a premiar los crímenes “altruistas” de las FARC.

Adicionalmente no se puede desconocer que en plena presidencia de Uribe, el partido que aglutina a la izquierda “democrática” consiguió y ha mantenido la Alcaldía de Bogotá, demostrando que hay una gran debilidad del uribismo en la guerra política, por lo menos en la capital del país.

Así las cosas, Uribe ha sido un “general” formidable en la tarea de demolición militar, pero en el campo político se evidencia un estancamiento muy similar al que se dio, durante casi medio siglo, entre las Fuerzas Armadas y las FARC… ¿eso no amerita un cambio para tener un general que gane la guerra política?

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

6 de mayo de 2009

El país de la gentuza

La reacción normal de la mayoría de los colombianos cada vez que se alude a las grandes lacras del país (el tráfico de drogas, la corrupción política y el terrorismo ligado a la industria del secuestro) es atribuirlas a causas ajenas a ellos mismos, a minorías, a gente de otras regiones o de otros grupos sociales o a la injerencia externa. Es muy difícil convencer a alguien de que se trata del resultado natural de una forma de vivir, de las ideas y valores que han compartido las últimas generaciones, sobre todo entre la gente más educada, y de rasgos corrientes de la mayoría. No obstante, y aun pasando por alto que tanto Pablo Escobar como las FARC tuvieron millones de partidarios, cada día en la prensa se dejan ver rasgos morales que justifican el título de esta entrada.

Se podría empezar por el escándalo relacionado con los negocios de los hijos del presidente. Siendo un asunto
cuyas implicaciones éticas y legales parecen muy relativas (si bien debe imperar el principio de que la mujer del césar no sólo debe ser honesta sino también parecerlo, nadie ha demostrado que haya tráfico de influencias ni ninguna figura delictiva), el acusador es nada menos que un periodista que intentó sacarle al Estado una cantidad comparable a la que ganaron los hijos del presidente con una inversión lícita. ¿Cómo intentó hacerlo? Naturalmente, manipulando las influencias de su abogado entre los jueces. Ese abogado, personaje que merece un párrafo aparte, es nada menos que el defensor de un antiguo presidente de la Corte Suprema de Justicia. ¿Alguien se sorprende? En Colombia no: es lo más normal que el diablo haga hostias, que los expertos en enriquecerse robando al erario sean los veedores de la ética.

La gentuza, la gente de la clase social más baja, se distingue por no tener honor que defender: la impudicia es su rasgo característico y es algo que a todas horas encuentra uno en Colombia. ¡El
Catón local es nada menos que un pícaro con una trayectoria espeluznante! ¿Alguien recuerda que Bejarano era el director del DAS en la época en que los testigos incómodos que podrían incriminar a los miembros del gobierno caían asesinados? Uno se echa a temblar pensando en lo que pasaría en esos años en esa entidad. Para formarse una idea de lo que rodea a ese maestro de moral basta con prestar atención a este comentario identificado de El Tiempo del domingo 3 de mayo:

Todos estos periodistas torcidos como un tal zuleta lleras ,,al igual que el nefasto exdirector del das ,de una de las mas turbias epocas de ese ente ,cuando estaba completamente infiltrado por la mafia del narcotrafico y en su nombre se cometian toda clase de crimenes y torturas ,yque en esa epoca si daba era pavor ,un tal bejarano,no dan sino grima ,.yo fui testigo de esa tragedia cuando trate de indagar la cruel tortura y posterior asesinato aberrante y dantesco ,de un companero de trabajo .logre ubicar el sitio donde habia ido la noche de su desparaicion y cuando trate de profundizar mas ,una persona anonima ,me llamo para decirme ,sr botero deje las cosas asi ,el cartel de cali ya sabe que a ese sr amigo suyo lo asesino un capitan del das ,igual que ha asesinadao aotros mas y su vida corre serio peligro si se entromete mas y si comoci bien la manguala ente el das de esa terrible epoca y la mafia mas podrida y ahora vivo escondido por temor a que me asesinen ..

Pero en fin, el motivo del escándalo es el presunto enriquecimiento de gente próxima al poder. ¿Dónde iba a denunciarse eso con más autoridad que en el periódico del señor Santodomingo, hombre probo donde los haya, siempre ajeno a cualquier relación de favor con los gobiernos y a cualquier injerencia en política? Ningún problema, decenas y decenas de pensadores, sabios, profesores universitarios, ex congresistas, ex ministros, ex magistrados y demás próceres se suman a la campaña de denuncia, ¡por la higiene cívica! No faltaría más. No hay como tener ejemplos de honradez para encontrar el compás que señale un norte moral para la patria.

La alusión a las clases sociales no debe entenderse en un sentido literal: en buena medida Colombia es el mundo al revés, la conducta innoble parece ser la característica que define a los más linajudos patricios, un poco como en un patio de prisión la autoridad la tendría el asesino más despiadado. Por ejemplo, otro campeón de la moral (y del orgullo de la tradición familiar) es el ínclito adalid Felipe Zuleta Lleras. Basta leer
una de sus columnas para entender que pese a las apariencias los jueces colombianos están sometidos al gobierno: son tantos los delitos que el controvertido invertido atribuye a quien no contribuya a la causa de Santodomingo y Samper, que después de leer cualquiera de sus encendidas diatribas se llega a la conclusión de que algo anda muy mal, de que alguien debería estar en la cárcel después de tantos crímenes. ¿Para qué caer en el sarcasmo? Todo el mundo sabe que la cúpula judicial abiertamente mafiosa protege a un calumniador semejante, que en un país civilizado, no les quepa duda, estaría preso por mentir, y sería despreciado por su ignorancia, su inclinación a maltratar el lenguaje y su estilo soez y sicarial.

Pero la mentira es un rasgo persistente, y créanme que los extremos a que llega son propios de Colombia, tan propios como los gamines, los sicarios y los guerrilleros. Por ejemplo, un decano de economía y antiguo miembro de la junta del banco emisor no tiene ningún freno moral para publicar un escrito como
éste, del que copio un par de párrafos:

Así las cosas, las fuentes de prosperidad de los hijos del Presidente son su capacidad de generar favores del Gobierno a ciertas empresas y el traslado de patrimonio público (más precisamente de recaudo tributario) a las zonas francas portátiles. El Gobierno se desprende de capacidad tributaria, aun en tiempo de crisis, para el logro de mantener la supuesta confianza inversionista de los pocos afortunados.

Estas ventajas sustanciales están en la base de los negocios de los delfines y en el incremento de los contratos de las empresas en las cuales participan. Se trata también de exenciones que lesionan el patrimonio público a favor de empresas privadas, siendo capturadas algunas gracias a la indebida influencia de los hijos del Presidente. Lo que ha dejado de recibir el Gobierno por todas estas gabelas tributarias alcanza los $5,8 billones al año, lo mismo que los parafiscales que lesionan el empleo. Y si es tanto dinero, ¿por qué no compartir un tris en familia?

Es difícil explicar que ni siquiera Felipe Zuleta llega a tanta bajeza. Una tras otra, cada frase de esos párrafos es una mentira despreciable, pero no hay nadie que tenga interés en discutirla: sobre todo entre los demás expertos, cada uno de los cuales piensa sólo en su carrera y en sus buenas relaciones con la mafia ligada a ese personaje.

¿Cuáles son los favores del gobierno a empresas que consiguen los hijos del presidente? Si alguien mañana publicara que Kalmanovitz recibe comisiones por cada secuestro que se comete lo más probable es que exhibiera tantas pruebas como el decano. Pero ¿cómo se da el traslado de patrimonio público a las zonas francas portátiles? ¡ese patrimonio público es recaudo tributario! Un poco como si yo interpelo a la gente por la calle para que me den las ganancias de un negocio que no pude empezar. La frase siguiente es igualmente cínica y falaz: ¿quiénes son los pocos afortunados? Naturalmente que los inversores no son todo el mundo y en ese sentido son "los pocos afortunados", pero sin esas inversiones (que obviamente no tendrían lugar sin el alivio fiscal) todos los indicadores económicos, incluidas las cuentas públicas, serían peores.

Estos hampones no tienen el menor pudor: las inversiones existen porque hay rebajas fiscales, y no cabe duda de que sería preferible que esas rebajas no se dieran a discreción del gobierno ni en zonas francas especiales, pero ¿qué decían estos señores cuando el ministro Carrasquilla presentó una reforma fiscal que reducía los impuestos a las empresas? Sencillamente Kalmanovitz denuncia una pérdida patrimonial del Estado de un patrimonio que de todos modos no existiría. De ahí a encontrar un desfalco en favor de la familia presidencial no hay sino un paso que no vacila en dar: ¡ya son 5,8 billones! ¿Alguien se ha interesado de lo que hacen todos los gobiernos del mundo para atraer inversiones? Sólo en Colombia aparece en la prensa alguien que insinúa que se han robado todo el dinero que se rebajó en impuestos. Y sólo en Colombia algo de ese estilo pasa inadvertido.

Pero siempre hay algo más atroz, más asqueroso, y siempre sale del alma máter del país, a la que nunca podrán hacer sombra las universidades privadas, por muchos valedores de las FARC que contraten (como las profesoras Wills y Tickner de la Universidad de Los Andes). El profesor de la Universidad Nacional
Carlos Castillo Cardona descalifica las medidas individuales que podrían reducir los problemas ambientales, ¡porque son estratagemas para hacer sentir culpables a los lectores! Cuando los grandes responsables son las empresas, cuya actividad nada tiene que ver con lo que la gente consume. ¡Contaminan porque hacen negocio a costa del planeta!

Créanme: algo así NUNCA aparece en la prensa de un país civilizado, y cualquier persona que lo leyera tendría un ataque de risa. Pero no es nada raro en un país en el que en casi todos los colegios y en todas las universidades la principal lectura es el famoso libro de Eduardo Galeano, que no contento con demostrar que los hispanoamericanos sólo hemos sobrevivido gracias a las riquezas que había en la tierra se queja de que no "nos" las han pagado suficientemente (a lo mejor se podría demostrar que el pago ha sido excesivo, sobre todo si se piensa en términos de justicia: ¿qué diría la gente que no habita tierras llenas de riquezas, como los japoneses? No sólo viven mucho mejor sino que seguramente sentirán un desprecio infinito por los saqueados), y que los beneficios han ido a parar a unos pocos, como si hubiera ocurrido alguna vez con esa clase de riquezas que se repartan equitativamente entre todos. Es inconcebible una ideología más reaccionaria, más conformista ante el atraso cultural y en últimas el parasitismo que en el conjunto de la humanidad representan nuestras sociedades. Pero no hay que engañarse, ese discurso es hegemónico y las lindezas de los comentaristas reseñados, su mala fe, su bajeza inconmensurable empiezan por la adhesión a ese sueño de herederos de riquezas agraviados por tener que trabajar: los crímenes horribles son un resultado inevitable.

Por Jaime Ruiz. Columnista de Atrabilioso.

5 de mayo de 2009

Otro Y2K

No hay mejor negocio que el de la intimidación colectiva, especialmente cuando está reforzada (win-win) por los medios masivos de comunicación. “No hay nada peor que comunicar el pánico. El pánico es como una pandemia, del cual empiezan dos a hablar mal de la economía, y termina todo el mundo hablando mal.” (Orlando Cabrales, presidente de Propilco, El Universal, Abril 30/09).

El mas protuberante de estos eventos se conoció a finales del siglo pasado con el nombre de Y2K (year two thousand; mil se representa por K) y consistió en una falla que se presentaría en el software de los procesadores y computadores con el cambio de siglo, porque los programadores, para ahorrar memoria, habían simplificado el año con los dos últimos dígitos (99 por 1999, por ejemplo).

Se decía que los programas que operaban con fecha producirían fechas negativas (07 - 99 = -92), o que al 99 (1999) seguiría el 100 (año 19100). Una cosa tan sencilla no se podía corregir modificando el software, sino que había que cambiar toda la plataforma tecnológica (hardware y software) y eso movió miles de millones de dólares el mundo.

Surgieron consultores globales, que decían si sí, o si no. En las empresas se hicieron inventarios de equipos puramente mecánicos, para curarse en salud, y se consultaron bases de datos –previo pago- para saber si los afectaría o no; se reemplazaron los programas empresariales por sistemas de planeación (gestión) centralizada (ERP, por sus siglas en ingles: Enterprise Research Planning). Lo positivo, significó un salto tecnológico hacia adelante

Coincidiendo con un cambio del partido de gobierno en los EUA, surge una crisis económica, la financiera actual, y la pandemia de la gripe porcina, como hace diez años fue el Y2K, las crisis de las “punto com” y la de las empresas de auditoria estadounidenses. No es mera coincidencia -aunque faltan datos históricos para concluirlo- sino mas bien consecuencia del cambio de gobierno, y la permanente confrontación de fuerzas económicas que pujan, una, para devaluar los activos financieros, y otra para valorizarlos.

Una característica común de estos eventos, la más importante, es que se moviliza una suma enorme de recursos públicos y privados, que van dejando un goteo por donde pasan y que los realimentan positivamente. Otra es que los activos pierden valor y así da margen para reiniciar otro proceso especulativo. Si no fuera así, sería el fin del capitalismo, como dicen y desean algunos.

La pandemia de la gripe porcina por otro lado, reúne las mismas características del Y2K: es un tema muy especializado; intimida; obliga al gasto de enormes sumas de dinero (en este caso en compra de artículos de protección, y medicinas para tratarla); y los medios de comunicación logran capturar la atención mundial comunicándolo.

Ghislaine Lanctot, una médica, autora de La mafia médica (Abril del 2006) explica que es el dinero el que controla totalmente la medicina, y que haciendo que la gente esté enferma, se gana más dinero porque las personas sanas no generan ingresos. El verdadero médico es uno mismo, dice, y cuando uno es consciente de su soberanía sobre la salud, deja de necesitar terapeutas.

A diferentes escalas y con distintas implicaciones, por supuesto, señala que "la mafia está conformada por la industria farmacéutica, las autoridades políticas, los grandes laboratorios, los hospitales, las compañías aseguradoras, los colegios de médicos, los propios médicos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, por supuesto, el gobierno mundial en la sombra del dinero.”

Un libro escándalo que podría darle más ganancias que muchos años de ejercicio en la profesión.

Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.
myances@msn.com

4 de mayo de 2009

Las FARC, ¿un partido político?

El trabajo internacional de las FARC sigue dando frutos. La visita de la senadora Piedad Córdoba a Brasil consiguió una declaración del presidente de ese país en la que pide que se premie al terrorismo otorgándole un espacio político en Colombia.

Según Luiz Inácio Lula da Silva, "si las FARC quieren llegar al poder, sería más fácil convertirse en un partido político y disputar elecciones (…) Si este continente permitió que un indio llegue a Presidente, ¿por qué alguien de las FARC no puede llegar al poder disputando elecciones?". ¡Tan fácil! Después de casi medio siglo de asesinatos, destrucción y muerte, a Lula le parece que semejante historial debe ser premiado con la posibilidad de permitirles a las FARC que puedan acceder al poder.

No sorprende la declaración de Lula da Silva: es lo mínimo que puede hacer por sus colegas del Foro de Sao Paulo. Tampoco se puede interpretar como desafortunada la declaración del mandatario brasileño, pues la hizo en el marco de la visita de la senadora Piedad Córdoba, quien pocas horas antes se había reunido con Marco Aurelio García, el principal asesor de Lula para asuntos internacionales, quien pese a manejar un bajo perfil, ha sido
pieza clave en las relaciones de las FARC con el gobierno de ese país.

La comparación que hizo Lula da Silva de las FARC con Evo Morales implica que si alguien “excluido” y que no pertenece a las “oligarquías” fue elegido presidente en Bolivia, lo mismo puede ocurrir en Colombia. Sin embargo ese es un maquillaje calculado que les aplica el mandatario brasileño a las FARC, pues aquellos miembros del Secretariado que tienen aspiraciones políticas son terroristas y no excluidos por su condición de indígenas, negros o campesinos: no conozco a ningún excluido que tenga a sus
hijos estudiando en Suiza...

De otro lado, la declaración de Luiz Inácio Lula da Silva apunta a la misma dirección trazada por la Corte Suprema de Justicia, al dejar intacto el delito político para las FARC. A lo anterior le sumamos la concepción que tienen personajes como Carlos Gaviria Díaz de que las FARC son criminales altruistas y encontramos un trabajo bien planificado para premiarles medio siglo de destrucción y muerte.

¿Se puede convertir en partido político una banda criminal que secuestra, asesina, masacra y trafica con droga? ¿Es lícito poner como única condición que las FARC no cometan más acciones terroristas sin que paguen por sus tropelías? Para Lula la respuesta es afirmativa… al fin y al cabo, el Foro de Sao Paulo ha llevado a la presidencia a asesinos que han participado en intentonas golpistas, a otro que violó a su hija y a uno que actuó en dos golpes de Estado y se ha sostenido masacrando campesinos cuando se atreven a protestar contra su gobierno.

Es que Lula ha estado ahí, siempre listo, para sostener incluso a cínicos violadores de derechos humanos que además han erradicado por completo la libertad en sus países, como ocurre con Fidel Castro. En Brasil, el Foro de Sao Paulo ha aplicado su fórmula de limpiar la imagen de los más radicales de la izquierda, uniéndolos con sectores moderados para alcanzar el poder. De hecho Lula ha protagonizado la “higiene facial” del Movimiento Sin Tierra, a quienes aceptó como aliados del Partido de los Trabajadores, agrupación política liderada por el actual presidente brasileño.

Todo lo anterior demuestra que lo de Lula no fue un comentario aislado y desafortunado, sino algo completamente coherente con el proyecto continental que él lidera y que tiene como uno de sus componentes a las FARC.

Lo que Lula da Silva no ha podido predecir es el problema político que les significaría esta situación a otros miembros colombianos del FSP. Si las FARC pudieran entrar a la escena política formal, es decir, sin velos y sin armas; varios de sus socios podrían quedar en el limbo. ¿Qué pasaría con el Polo Democrático Alternativo?

En la actualidad, la agrupación política muestra una profunda divergencia entre radicales y moderados (las mismas tendencias que Lula y el Foro de Sao Paulo han logrado sincronizar en otros países). Según la facción “moderada” del Polo, el sector más radical tiene el mando y uno de sus máximos representantes, el ex magistrado Carlos Gaviria, será el candidato a la Presidencia de la República. Esto significa que el mismo individuo que ha calificado a las FARC como criminales altruistas, podría disputar la aspiración con el o la candidata de las FARC.

¿Piedad Córdoba seguiría en el liberalismo? César Gaviria sabe que ella es, hoy por hoy, la más importante electora de su colectividad y no podría dejarla ir así como así. Entonces, el camino de supervivencia del otrora glorioso partido Liberal sería establecer una coalición con las FARC, con miras a retener lo poco que les queda de poder.

En ese escenario, Lula da Silva lanzó prácticamente la candidatura de Piedad Córdoba a la Presidencia de la República y abrió la posibilidad de que las FARC tengan, en la práctica, dos candidatos a la Primera Magistratura. Ante esa posibilidad, la ruta sería estructurar sendas campañas sucias que lleven a la segunda vuelta en la cual, no cabe duda, se unirán los miembros del Foro de Sao Paulo y los simpatizantes que no están vinculados formalmente, para tratar de conquistar la Presidencia frente a un candidato que esté opuesto a la mafia castro-chavista.

En esa hipotética segunda vuelta se unirían los hipócritamente moderados y los honradamente radicales para llegar al poder a como de lugar. Esa es la apuesta de Lula, de Piedad, de las FARC del PDA, de los Gaviria y de Gustavo Petro (el moderado que habla de reforma urbana cuya aplicación
ya están padeciendo en Venezuela)… todos terminarán en un solo bloque para instalar a las FARC en el poder.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

1 de mayo de 2009

Brasil rechaza el totalitarismo bolivariano

Con la realización de un acto público y la firma de un “Manifiesto contra el totalitarismo bolivariano”, se conformó el capítulo brasileño de la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UnoAmérica).

El acto fue realizado en la sala de conferencias de la Academia Brasileña de Filosofía, y contó con la presencia de representantes de diversas organizaciones no gubernamentales, así como la del presidente de UnoAmérica, Alejandro Peña Esclusa.

El manifiesto (ver abajo versión original en portugués), está dirigido a la nación brasileña, y advierte que la soberanía, la seguridad y la democracia del Brasil están seriamente amenazadas, por una “revolución totalitaria, de corte nazi-fascista, denominada bolivariana, aunque en nada representa los ideales de Bolívar”.

El manifiesto añade que dicha revolución “fue gestada dentro del Foro de Sao Paulo y mantiene estrechos vínculos con el narcotráfico, el terrorismo y el fundamentalismo islámico”.

El manifiesto hace un llamado a
“todos los sectores democráticos del Brasil, para organizar un gran movimiento de unidad nacional que defienda la soberanía, las tradiciones, los principios y los valores que con tanto sacrificio nos legaron las generaciones pasadas”.

Seguidamente, se convoca a un esfuerzo para impedir la visita al Brasil del dictador iraní Ahmadinejad, quien pretende exportar el antisemitismo y el terrorismo islámico a América Latina, con la ayuda de su amigo Hugo Chávez.

El presidente de UnoAmérica fue invitado a Brasil por la Academia Brasileira de Filosofía, el Instituto Millenium y el Farol de la Democracia Representativa. El próximo miércoles presentará una ponencia en el Club Aeronáutico, titulada “El Foro de Sao Paulo y las amenazas a las Fuerzas Armadas Latinoamericanas”.

Manifesto contra o totalitarismo bolivariano

O Brasil está diante de uma grande ameça. A soberania e a segurança nacionais estão sendo séria e gravemente solapadas por uma Revolução totalitária, de molde nazi-fascista, denominada BOLIVARIANA, ainda que em nada represente os ideais de Bolívar. Tal Revolução se expande por toda a América Latina, destruindo a liberdade, a democracia, a propriedade privada, o Estado de Direito e os mais elementares direitos humanos. Ela foi gestada no Foro de São Paulo e mantém estreitos vínculos com o narcotráfico, o terrorismo e o fundamentalismo islamico.

Existem numerosas evidencias de que este modelo revolucionário em curso já está operando ativamente no Brasil. Por isso, reunidos na Cidade do Rio de Janeiro, aos 27 de abril de 2009, decidimos constituir um capítulo brasileiro da União das Organizaçoes Democráticas da América - UNOAMÉRICA, cujo objetivo é a defesa da liberdade e da democracia seriamente agredidas hoje por organizaçoes totalitárias de origens ideológicas as mais diversas e unidas entre si, demostrando que a barbárie do nazi-fascismo continua unindo esquerda e direita.

Mediante o presente Manifesto, fazemos um chamado a todos os segmentos democráticos do Brasil e as instituições nacionais para organizar um grande movimento de unidade nacional que defenda a soberania, as tradições, os princípios e valores que com tanto sacrifício nos legaram todas as gerações passadas.

Como nossa primera ação, propomos a realização de um esforço comum para impedir a visita do ditador iraniano Mahmoud Ahmadinejad, que publicamente vem lutando para varrer Israel da face da Terra, negando o Holocausto e pretendendo exportar o anti-semitismo e o terrorismo islamico para a América Latina, apoiado pelo seu amigo Hugo Chávez.

Finalmente, nos comprometemos a trabalhar pela elaboração de um projeto de desenvolvimento economico, cultural, científico-tecnológico, social e militar que permita elevar as condições sociais de todos os brasileiros, por considerarmos que a pobreza deva ser erradicada da América Latina, assegurando a todos, através de seu proprio esforço, possam construir uma vida feliz, digna, segura, pacífica e plena de realizaçoes.

Heitor De Paola
Maria das Gracas Salgueiro
João Ricardo Moderno
Alejandro Peña Esclusa