7 de agosto de 2011

Un año de infamias


Por Jaime Ruiz

Ya se fue el primer año de gobierno de Santos, y al hacer un balance nos invade una sensación de rabia e impotencia. Mucha gente no siente nada parecido ni percibe una situación de extremo peligro. En ese vasto grupo se incluyen los partidarios de las FARC o del chavismo, pero también la gente que se figura que la política no la afecta o que la guerra ocurre en selvas remotas. ¿No era ésa la certeza de los miles que han sido secuestrados por las bandas terroristas antes de su ingrata experiencia?

Vamos a hacer un ligero recuento de lo que ha ocurrido en este año.

Cesaron los odios
La primera sorpresa del año fue el discurso de posesión de Santos, en el que retomó la vieja retórica falaz de la "reconciliación" (como si la agresión terrorista fuera una querella entre grupos igualmente legítimos), de los "odios" (como si a los aventureros totalitarios los moviera el odio y no el afán de poder gracias al asesinato en masa y el terror, como si Gilberto Vieira, Manuel Cepeda o Enrique Santos Calderón odiaran a sus víctimas) y de la "paz" (que no se concibe como la ausencia de guerra sino como apaciguamiento y en últimas como reconocimiento y premio al agresor).

Encuentro con Chávez
Apenas posesionado, Santos se reunió con Chávez, a quien el gobierno de Uribe acababa de denunciar ante la CPI como patrocinador del terrorismo. Del acuerdo salió una extraña complicidad que todavía perdura y que comporta el silencio colombiano ante las innumerables muestras de apoyo del gorila rojo a las bandas terroristas colombianas. Eso ha llegado al extremo de desautorizar al almirante Cely por decir que sigue habiendo guerrillas colombianas en el país vecino: la complicidad con Chávez por fuerza es complicidad con las FARC y el ELN, que atacan desde Venezuela y asolan la región fronteriza con cientos de secuestros y extorsiones. En una ocasión posterior Santos se refirió al sátrapa como "mi nuevo mejor amigo", actitud que es la predominante de su gobierno y que hace pensar que sencillamente el triunfo uribista en las urnas sirvió para entronizar a un émulo de Manuel Zelaya que conduce a Colombia hacia el Alba y la sumisión a la dictadura cubana.

La extrema derecha
La bomba que pusieron las FARC contra la sede de Caracol Radio fue enseguida presentada como una acción de la "extrema derecha" tanto por políticos próximos al gobierno, como el inefable Armando Benedetti, cuanto por la prensa bogotana, dedicada desde la posesión a la propaganda del gobierno y la calumnia del uribismo. Así Semana:



"Analistas" son siempre los propagandistas del terrorismo y los socios de las FARC en esta revista dirigida por el sobrino de Santos, hijo y heredero del creador de Alternativa y principal promotor del Caguán.


Fue el primer anuncio de la "mano negra", un invento de los socios de las FARC para sacar partido de las bombas, que probablemente fueron encargadas por ellos mismos o por quienes los contratan como "analistas".

Componendas
La composición del gobierno de Santos llamó la atención por el predominio de los que perdieron las elecciones. Germán Vargas Lleras apenas llegó a un 10 % pero fue nombrado ministro de Interior y Justicia; Juan Camilo Restrepo representa a la minúscula facción pastranista... Así. Las componendas de Santos consisten ante todo en complacer las ambiciones de reparto de puestos y prebendas de las camarillas políticas tradicionales. Para eso ha multiplicado el número de cargos oficiales. Su aspiración es formar una mayoría con los grupos derrotados en las elecciones, la "Unidad Nacional" con la que pretende oponerse a la mayoría social uribista, y "aceitar" esa base social de lagartos con la plata de las regalías.

Bases fuera
El acuerdo de uso conjunto de las bases militares con EE UU fue invalidado por una corte, sin que el gobierno hiciera ningún esfuerzo para apelar: se notó el alivio, toda vez que lo exigía la alianza con Chávez y el tráfico de cocaína. Probablemente hubo hasta presiones de las camarillas oligárquicas sobre la corte. También fue el primer caso de manifiesta complicidad del gobierno con esa industria. La negativa a extraditar a Walid Makled a Estados Unidos (con aparente alivio de Obama, temeroso de las diatribas de Chávez) y a publicar el contenido de los computadores del Mono Jojoy son pruebas más rotundas de esa complicidad, así como el poder que tiene Ernesto Samper en el actual gobierno.

Ley de Víctimas
Una de las iniciativas predilectas del gobierno fue la Ley de Víctimas. Otra, la Ley de Tierras. Ambas tienen por objeto disponer a favor del gobierno a los jueces, a los abogados y a los políticos, que gracias al nuevo invento dispondrán de grandes fortunas para comprar apoyos los últimos y para enriquecerse directamente los primeros. Todos agradecidos con Santos, salvo el contribuyente, la víctima de siempre, que financiará el bienestar de los de siempre. Las migajas que podrían llegar a las víctimas serían como el salario por el tiempo dedicado a visitar los juzgados y llevar pruebas: en lugar de producir, buscar el favor de los políticos y abogados. El proyecto de Santos es el viejo clientelismo multiplicado.

Prevaricato a la lata
El santo varón pronto encontró la forma de acabar con el "choque de trenes" entre el Ejecutivo y el poder judicial, como que la alianza con Chávez y con sus representantes en Colombia conducía a la coincidencia plena con las pretensiones de las cortes, claramente orientadas a favorecer a las bandas terroristas (el que lo dude puede averiguar por el prontuario de Piedad Córdoba, alias Teodora de Bolívar). La negativa a nombrar fiscal fue resuelta nombrando una nueva terna, en flagrante violación de la ley, para que resultara en el cargo quien interesaba para perseguir el uribismo e impedir las investigaciones sobre el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, con lo que se demuestra quién maneja las cortes y qué intereses había en la confrontación con Uribe. Las relaciones de Ernesto Samper con Chávez son de conocimiento público. El ex juez español Baltasar Garzón, procesado en tres casos de prevaricación, fue invitado por Santos para que adornara un proceso de paz con las FARC que llevan preparando tal vez desde antes de la posesión y que requiere aún unos cuantos miles de asesinatos para tener a la gente persuadida de su necesidad.

Propaganda perversa a todas horas
Hay una relación especial entre el gobierno de Santos y la prensa bogotana. Su familia sigue siendo hegemónica en El Tiempo, cuyo director está casado con una pariente suya. Su sobrino es el director de Semana y el clan López-Samper tiene desde siempre relaciones muy estrechas con el grupo Santodomingo, dueño de Caracol TV y El Espectador. También Caracol Radio es una empresa del grupo español Prisa, ligado al PSOE y a la promoción de gobiernos "izquierdistas" en la región. (Evo Morales decía que el grupo Prisa parecía el "jefe de campaña" de su partido.) Tradicionalmente ligados al interés de premiar a las bandas terroristas, en parte por los intereses de sus dueños y en parte por el público que los consume, los medios escritos encontraron en el giro a la izquierda de Santos la ocasión de perseguir a Uribe y el uribismo. Da lo mismo que el columnista esté directamente relacionado con el PCC o que funja de académico "neoliberal" (es decir, con deudas contraídas con César Gaviria, Rudolf Hommes y su camarilla), no hay semana que no se dedique a calumniar al anterior gobierno o a insinuar levemente (a menos estridencia más autoridad) que fue un desastre. Durante este año esa orgía de odio, que recuerda los cinco minutos de odio contra Emmanuel Goldstein en la novela 1984, ha sido el tema predominante en la prensa. Todo fuertemente reforzado por las hordas de comentaristas adolescentes adoctrinados y a menudo pagados (Alejandro Gaviria contó una vez que el 80% de los comentarios a las noticias de El Espectador procedía del 5% de IP), que también imponen su vociferación en las redes sociales.

Pasos hacia la paz
Algo tiene que estar haciendo bien el gobierno de Santos para que Piedad Córdoba y todos sus acompañantes, aparte de todos los chavistas de la región, lo aplaudan. "Bien" quiere decir, que convenga a los intereses de las FARC y la expansión de la dictadura "venecubana". Por ejemplo, el permiso a la ex senadora Piedad Córdoba para que hiciera el show de las liberaciones con que las FARC las desagraviaban de su destitución. El espectáculo sirvió además para permitir la fuga de Alfonso Cano, entonces cercado por el ejército y probablemente huido a Brasil en uno de los helicópteros. También el gobierno favoreció la celebración en Buenos Aires de un encuentro por la paz promovido por el gobierno argentino con la participación de Adolfo Pérez Esquivel y Federico Mayor Zaragoza, ampliamente promocionado en el periódico de los Santos, en el que se propagó claramente que el criminal era Uribe y las FARC eran algo respetable. La negociación con las FARC es un hecho, así como la mediación de Unasur y Baltasar Garzón, aunque la información al respecto se publique con cuentagotas y en términos falaces.

Monstruosidades jurídicas
La alianza de Santos con los jueces, la prensa y el vasto conglomerado antiuribista ha determinado una sucesión incesante de atrocidades jurídicas, que ya se cometían antes pero que con la complicidad del gobierno han llegado a extremos inverosímiles. ¿Alguien ha notado que a pesar de que se demostró el montaje usado para culpar al coronel Alfonso Plazas Vega, éste sigue preso? Lo mismo ocurre con la condena forzada y claramente prevaricadora al general Armando Arias Cabrales, o con la detención preventiva de los funcionarios del Ministerio de Agricultura durante el gobierno de Uribe, Camila Reyes del Toro, Oskar Schroeder, Tulia Eugenia Méndez, Juan Camilo Salazar, Juan David Ortega y el propio ex ministro Andrés Felipe Arias: se trata de una persecución jaleada por los medios ligados al gobierno y por las hordas de malhechores que hace diez años se burlaban de los secuestrados, movidos por los ideales justicieros que les inculcan maestros como Miguel Ángel Beltrán ("Jaime Cienfuegos") o Medófilo Medina. Esos crímenes cobardes dejan ver el fin del Estado de Derecho en Colombia, por mucho que los paniaguados del régimen se esfuercen en hacer creer otra cosa.

¡Y LO QUE TE RONDARÉ, MORENA!
Así, el secuestro ha aumentado en un 35 %, las FARC han multiplicado sus acciones y han recuperado buena parte del país, con burladero seguro en Venezuela y Ecuador, las pruebas contra sus socios no valen porque la CSJ las desestimó, la máquina de propaganda sigue creando una atmósfera enrarecida de intimidación e incitación a la violencia... ¿Qué le espera a Colombia en los tres años que quedan de gobierno de Santos? Hace falta mucho cinismo para negar la alianza del gobierno con los terroristas, que no ocultan los habituales defensores de éstos en los medios. Tampoco niega nadie la proximidad de negociaciones de "paz" que contarán en principio con el rechazo de las mayorías, rechazo que irá cediendo a medida que las FARC y el ELN vayan dando muestras de las ventajas de la "paz", muy probablemente con ayuda de funcionarios del gobierno (la desfachatez del ministro Rivera diciendo que Venezuela ayuda a combatir el tráfico de drogas y a las FARC habría resultado penosa para el Mono Jojoy). ¿Qué será el próximo año de Santos? No tiene realmente oposición porque el único partido importante que no está en la Unidad Nacional es el dueño del programa que aplica Santos. El ex presidente Uribe promueve a los candidatos a alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas del partido de Santos y ninguno de esos candidatos proclama su rechazo al gobierno. Los mismos actos de persuasión de las FARC y el ELN se los atribuirán a la "extrema derecha", como hizo Santos con la bomba que le pusieron al busto de Laureano Gómez y como hacen Daniel Samper Pizano y León Valencia con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado...

El fervor de los columnistas con Santos lo anunciaba todo, incluido el colapso del Estado que llevará a Santos a gobernar apoyándose en las FARC y en los ejércitos bolivarianos. Sólo gente estúpida y estrecha de miras cree que al haberse prometido a las FARC premiar sus crímenes van a reducirlos para contentarse con poco. Como decía Antonio Morales Rivera, el guionista de "Godofredo Cínico Caspa" cuando era columnista de El Espectador, ¿para qué habrían servido tantos años de lucha?

5 de agosto de 2011

Momento final. La última decisión


Por Jorge Monroy

No hay ninguna duda: la seguridad democrática y el uribismo se encuentran bajo ataque. Un ataque combinado desde todos los frentes imaginables. Los más relevantes que puedo describir en este momento son los que provienen de los medios de comunicación, de la rama judicial, del Ejecutivo, del bloque bolivariano, de las FARC y de los miembros civiles políticamente activos que representan los intereses del terrorismo. La situación es cada vez más apremiante y ya se empieza a percibir la desesperación de quienes nos habíamos sentido orgullosos del logro de haber dejado atrás la horrible noche del terrorismo. Estimado señor lector, el ejercicio de mostrar las pruebas ya resulta simplemente fútil debido esencialmente a que en el estadio actual del proceso sus actores ya no necesitan siquiera poner sobre sí mismos un velo de secretismo, sino que por el contrario, están buscando a partir de sus actuaciones generar toda corriente de opinión que apoye sus oscuros propósitos. Si hablamos de los objetivos, el lector podrá extrapolar de la manera más adecuada los sucesos, algunos hablan de una negociación secreta de paz, otros hablan del inminente ingreso al grupo del Alba, otros afirman que se busca un gobierno de las FARC, entre muchas alternativas posibles. Sin embargo, en este artículo no me detendré en ninguna de ellas. Ahora quiero enfrentar una realidad inevitable, la seguridad democrática se está desmantelando.

Por esto, espero servir de hoja ruta frente a toda nuestra comunidad identificada y defensora firme y sin titubeos de esta política, respondiendo a la pregunta que todos tenemos en mente, iluminada por el fuego de nuestra indignación, y cuya llama se atisba cuando ocurren esos sucesos indignantes, cada vez más frecuentes: ¿qué hacemos para evitar lo que todos sabemos que viene?

Antes que nada, señor lector, si es posible. Si bien el espíritu pesimista ha invadido a los colombianos honrados que están en abierto de desacuerdo con el gobierno de Santos, la propaganda oficial, el poder y la indignación no pueden llevarnos al extremo de auto-amordazarnos. Es ahora cuando las voces de quienes creemos que el ejercicio de la autoridad es vital para toda la viabilidad del país, deben estar más elevadas, ya no sólo hablando, sino gritando.

Dicho esto, empecemos a reflexionar sobre nuestras opciones entendiendo nuestros problemas. Para efectos del desarrollo de este escrito, los condensaré en tres grandes problemas: el primero, la falta de voluntad política del Ejecutivo para afrontar el problema del narcoterrorismo por medio del ejercicio firme del poder del Estado; el segundo, la completa alineación de la rama judicial con los intereses políticos de su conveniencia y con los del terrorismo bien sea directa o indirectamente, por acción o por omisión, y el tercero es claramente el regreso de la ideología del apaciguamiento mediante la cual el Estado renuncia al ejercicio de la fuerza a cambio de las migajas de paz que el grupo armado al margen de la ley quiera darle.

El primer problema es evidente, ya no se culpa a las FARC de sus propios crímenes sino que se busca una proxy para cada uno de ellos. Es decir, si las FARC queman un camión, no es culpa de las FARC, sino del camionero que no respeto el protocolo de seguridad, si atacan siete poblaciones al tiempo, se describe como un suceso favorable para la selección, incluso, si se pone una bomba en el busto de Laureano Gómez, el gobierno se apresura a culpar a una entidad amorfa e incolora denominada mano negra. Se llega incluso al ridículo de pedirle a los grupos de secuestradores, que por favor revelen el paradero de sus secuestrados. Esto es digno de la política colombiana del siglo pasado, por allá, cuando Ernesto Samper enredaba al país en la oscuridad del proceso 8.000, o de cuando producto precisamente de la gestión de este nefasto personaje, Andrés Pastrana se vio forzado a negociar la rendición del Estado con las FARC.

El segundo problema, es también visible y no mantiene ningún velo de secretismo, los altos estamentos judiciales mantienen un claro alineamiento con los intereses del terrorismo. El ejemplo más claro, es la criminal actuación de no permitir como prueba los computadores de Raúl Reyes, permitiendo que todos los procesos basados en aquéllos se cayeran, dándole libertad a terroristas probados. El lector decidirá si creer que esta acusación es exagerada o más bien acertada, sin embargo el resultado es el mismo: Alias Cienfuegos sigue libre, La Farcpolitica se cayó definitivamente y los vínculos de los países vecinos con el terrorismo siguen en el más sepulcral de los silencios. Sin embargo, éste es sólo uno de los lados del icosaedro maligno de la justicia. Plazas Vega está en prisión incluso habiéndose desmentido todo en cuanto se sostenía el proceso, Juan David Ortega y otros cuatro ex funcionaros del Ministerio de Agricultura siguen en prisión sin haber sido sentenciados, acusados de crímenes que atentan contra el más básico sentido común. Andrés Felipe Arias y Bernardo Moreno también están encerrados por la arbitrariedad de la Fiscalía y la permisividad de un juez, mientras esperan en prisión su sentencia, atentando contra cualquier derecho humano imaginable. ¿Cuál es su delito? En el caso del coronel, ninguno, pues la fiscal encargada de su proceso fabricó, como ya fue demostrado por Ricardo Puentes, las pruebas para su condena. En el caso del programa Agro Ingreso Seguro, ninguno, pues el delito lo cometieron algunas familias en la costa, que parcelaron sus tierras, mientras que a todos ellos los acusan de peculado por apropiación a favor del IICA. En el caso del último, un oscuro episodio claramente sobredimensionado en el cual la corte es juez y parte. Todos estos sucesos tienen algo en común, buscan una sola incriminación a Álvaro Uribe mediante la tortura de la privación de la libertad sin sentencia.

El tercer problema es posiblemente el más oscuro de todos: el apaciguamiento de cara a la paz. Sin embargo, al igual que en los otros tres grandes problemas las señales están ahí: la aprobación de las leyes de víctimas y tierras, en contra de cualquier sentido común de tipo fiscal social y de dignidad; la aceptación tácita de que en Colombia hay un conflicto interno, la reforma a la ley que regula los indultos; los coqueteos de paz del ELN, la grosera forma en la que se ignoran realidades evidentes de las FARC en Venezuela: todo esto, no es casualidad, ni siquiera —por tentador que resulte decirlo— incompetencia. Es parte de un proceso en el cual, se necesitan cambiar las estructuras estatales de ocho años de cara a un proceso de paz con las FARC.

Con estos tres problemas esenciales claros, ahora sí, podemos determinar nuestras opciones, no sin antes recordar los primeros párrafos de este articulo: sí podemos detener los procesos antidemocráticos que Juan Manuel Santos pretende imponer a la sociedad, por una razón muy simple: unidos, no hay nada que no podamos hacer, ese debe ser el más importante activo de la seguridad democrática que nos quieren borrar: el hermoso recuerdo de las marchas de febrero de 2008, los grandes éxitos militares, la supervivencia al criminal embargo comercial de Hugo Chavéz y Rafael Correa; bien sea por convicción y obligados por las circunstancias, los colombianos ya fuimos valientes, y estuvimos muy cerca de ver las estructuras criminales terroristas derrotadas por la acción del Estado, apoyado por la gran mayoría de los colombianos.

Así pues, ¿qué podemos hacer? Varias cosas: una de ellas empezar a generar un movimiento de opinión que permita que se pueda incluir el proceso revocatorio de mandato presidencial. Es claro que esta opción debe pasar por un Congreso dominado en su totalidad por la mesa de Unidad Nacional, estoy pensando a futuro. La popularidad del presidente Santos no tiene el efecto teflón de la del presidente Uribe, y todas las encuestas independientes ya dan cuenta de ello. El fantasma de la inseguridad empieza inquietar la mente de los inversionistas, de los empresarios y de los ciudadanos, lo cual evidentemente implicara un costo político que se pagará con popularidad. Para cuando el efecto sea crítico, una vasta mayoría de políticos que buscaban réditos burocráticos y electorales en la Unidad Nacional la abandonarán con la misma celeridad con la cual Juan Manuel Santos abandonó el legado de la seguridad democrática, y es justo en ese momento cuando un proyecto como el que propongo arriba, será viable; sin embargo, el trabajo debe empezar ahora.

Otra opción, requiere un esfuerzo coordinado de redes sociales mucho más comprometido: una nueva gran marcha contra las FARC, sería devastadora para la política del apaciguamiento. Esta opción es particularmente complicada, en la medida en que se juega con la propaganda oficial en contra, sin embargo, con un tiempo prudencial y aprovechando las crecientes preocupaciones por la seguridad, es posible. Si bien el pasado intento no tuvo el impacto que todos hubiéramos esperado.

Por otro lado, entiendo que un tweet o una entrada en Facebook no parezcan una acción política digna de la gravedad del problema, pero es hoy por hoy, el arma más poderosa que las personas tienen a su disposición. Todas las propuestas que lleven a información y visibilidad por internet, son poderosas y su impacto podría ser incluso mayor si se puede sacudir la idea de que protestar por medios virtuales es irrisorio, por otro lado, la divulgación de medios independientes —como Atrabilioso— se hace trascendental para esto.

Otra tarea vital, es trazar y hacer visible nuestro mapa político, es decir, encontrar todos aquellos candidatos que —parafraseando a Jaime Ruiz— no refrenden el santismo, sino que lo enfrenten, esto sería un golpe político muy fuerte al gobierno de turno, pues con nuestro voto podríamos castigar la política de turno. En este punto, la ciudad de Bogotá se convierte en un punto estratégico vital, en la medida en que confluyen cuatro opciones santistas, contra una que representa al uribismo. Si bien es claro que nos hubiera gustado ver a Luis Carlos Restrepo en la alcaldía, Enrique Peñalosa representa en alguna manera un equilibrio perfecto, entre lo mejor para Bogotá y lo menos bueno para Santos.

Sin embargo, todas estas tareas están determinadas por la más importante de todas: una Constituyente. Esto puede generar una verdadera solución definitiva a los tres grandes problemas descritos previamente: en primer lugar, la Constitución colombiana al haber partido de un ejercicio de rendición del Estado a favor de los grupos narcotraficantes y terroristas de los años noventa, establece mecanismos para que esto se instituya como política de Estado, es decir, crea el delito político, y por ende permite a todos los gobernantes ejecutar conversaciones de paz con asociaciones de criminales. En segundo lugar, determina el sistema que hace de la justicia un elemento completamente politizado, y al cambiar sus elementos fundantes se puede determinar un esquema mediante el cual la carrera en la rama judicial no genere réditos políticos. En adición, podría solucionarse de una vez por todas, la dicotomía frente a los objetivos superiores de la patria y la interpretación política de las leyes, que sirve de excusa a los honorables magistrados para justificar sus deplorables decisiones.

Finalmente, establecer a nivel constitucional responsabilidades claras en la seguridad nacional y prohibir la negociación con grupos terroristas; un esquema de Estado que favorezca el imperio de la ley es el objetivo ulterior de todos los que esperamos tener una sociedad estable, de cara a los retos que nos presenta el siglo XXI.

Por último quiero agregar que es un momento crucial para la historia de Colombia. O asumimos con la cabeza erguida la misión de la defensa por todos los medios democráticos de la política de seguridad, de ejercicio firme de la autoridad del Estado, o nos espera el regreso a un país que todos los que vivimos la década de los noventa conocemos muy bien, con el agravante de que si Santos tiene éxito, dos cosas ocurrirán con total certeza: tendremos que ver al genocida alias Alfonso Cano aspirando a la presidencia de la República, y los uribistas seremos los dementes que no queremos la paz, enemigos públicos, sometidos al escarnio público. Entonces, sugiero que cambiemos las críticas, escojamos la opción que más nos guste y comencemos a trabajar.

4 de agosto de 2011

El tren bala chino y las locomotoras de Santos


Por Noel Carrascal


La noticia del accidente del tren bala en China merece un detalladlo análisis por su significado simbólico, y por las lecciones que le podrían servir al gobierno colombiano. Esta tragedia refleja algunas de las consecuencias del mal gobierno en países con economías que crecen rápidamente; mal gobierno que se origina en clases políticas oligárquicas y corruptas.

Como China, Colombia vive un buen momento económico y se empieza a debatir qué hacer con los dineros generados por la minería y la inversión extranjera. El problema es complejo porque el exceso de capitales sería dañino para la economía si son repatriados, y lo que ingrese se dirigirá principalmente a proyectos de infraestructura manejados por una clase política que brilla por su corrupción. Estos proyectos elevarán los índices económicos sin beneficiar inmediatamente a los colombianos. Por eso debemos tomar nota de la experiencia china con esta tragedia del tren bala para no desperdiciar nuestra reciente prosperidad.

Para entrar en el mensaje profundo que el accidente del tren bala en China, empiezo con el sentimiento que un ciudadano chino (que no pude identificar) dejó plasmado en weibo.com, que es una versión china de twitter, y fue traducido por www.linktv.com:
“¿Es este el resultado de un gasto masivo en construcción que el gobierno usa para auto promocionarse? Lo que una gran nación necesita es verdadera fuerza, no simplemente una fachada brillante, ¿y ahora juegan con la vida de las personas como si fuese un chiste? Mi gran madre patria ¿Qué te está pasando?”
Otro ‘twitero’ chino escribió:
“Cuando un país es corrupto hasta tal punto que un solo rayo puede hacer que un tren se descarrile, que el paso de un camión haga colapsar un puente, que unas cuantas bolsas de leche en polvo puedan causar cálculos renales, ninguno de nosotros está exento de riesgo. China hoy es un tren viajando por una tormenta de rayos. Ninguno de nosotros es un espectador; todos somos pasajeros.”
Y si China pasa por una tormenta de rayos, Colombia no ve cielo azul en nubarrones estruendosos e intermitentemente luminosos que lanzan centellas desafiantes a sus ciudadanos. La similitudes con china son sorprendentes: el encubrimiento implícito que los medios le dan a Santos se asemeja al encubrimiento noticioso que el gobierno chino impone a los medios de comunicación, se ha descubierto corrupción en el diseño de este tren bala que no se diferencia en mucho de como se hacen las cosas en Colombia, estos proyectos se prestan como fachadas brillantes para aparentar una prosperidad que mal manejada puede ser peligrosa, pues el exceso de capitales en una economía es dañino.

Para frenar el exceso de capitales que obliguen gastos despilfarradores, se debe bajar el ritmo al que se explotan los productos del subsuelo y explorar alternativas más recursivas, menos facilistas, que no solo generen recursos sino también estén mejor distribuidos entre la población sin caer en el populismo. Y si China está en problemas, nosotros no estamos mejor, pues China tiene este exceso de capitales sin el desempleo del 10.9% de Colombia. Se debe moderar aún más el gasto, bajar impuestos y abaratar la contratación de empleados para que los colombianos sientan el progreso en forma de oportunidades de trabajo. Con una generación de capitales más moderada, se podría permitir que entren más libremente al pais,

Santos no puede seguir cayendo en la vanidad política de proyectos que son fachadas brillantes para aparentar una prosperidad que no nos llega a todos. La ley de víctimas es en cierta forma una de esas fachadas que no solo son innecesarias, sino que no resolverá el problema de fondo que es la violencia generada por el narcotráfico. Santos está gastando la bonanza en aceitar círculos políticos hambrientos de poder que le den una gobernabilidad solo para el despilfarro.

Admito que cortarle el chorro a la clase política le dificultaría mucho las cosas y que es políticamente inviable, pero hay que tener en cuenta la experiencia china y crear conciencia. El descarrilamiento del tren bala es un presagio de lo que le ocurrirá a China por tratar de mantener unos crecimientos económicos ostentosos a punta de gasto gubernamental en elefantes blancos.

El bajo nivel de interés por noticias económicas contribuye a que los colombianos obliguen a que la clase política no implemente políticas económicas que desafíen las proyecciones y haga de nuestro crecimiento económico y humano un milagro sostenido. Mas en Colombia no se siente una descontento generalizado por las piruetas políticas de Santos similares al descontento de los chinos con su gobierno. En parte porque los medios que le tapan las trampas a Santos tienen la plena confianza de gran parte de la población; y en parte porque los uribistas le dan excesivo enfoque a la tragedia de Venezuela y las FARC, y le quitan prioridad a temas de economía igualmente relevantes. Para estos últimos la explosión de un burro bomba en una zona remota es más noticia que la economía nacional, mundial y sus descarrilamientos.

3 de agosto de 2011

¿Refrendar el santismo?


Por Jaime Ruiz

Ya quedan menos de tres meses para las elecciones a alcaldías y gobernaciones y la habitual confusión de la política colombiana se multiplica a tal punto que es correcta la apreciación de Paloma Valencia de que la Alcaldía de Bogotá es un galimatías electoral.

Pero el punto central, cuando se piensa en el conjunto del país más que en los intereses en liza en cada municipio o departamento, es el resultado electoral de la Unidad Nacional de Santos, no respecto a los grupos que están por fuera, como el Polo Democrático, cuyo programa es exactamente el de Santos (negociación con las FARC e integración en la entente chavista) sino respecto a quienes podrían cuestionar el giro que ha experimentado el gobierno colombiano desde hace un año.

No es fácil entender qué busca el ex presidente Uribe y su círculo más próximo, al parecer influir en la elección y favorecer a personas afines gracias al arrastre electoral de Uribe. Si lo consiguieran, me imagino, esperan tener algún control del Partido de la U y aun del conservatismo. El objeto de tal aquiescencia con los que hasta ahora han apoyado todas las iniciativas de Santos me resulta oscuro, pero apostaría a que se busca algún cambio legislativo que permita una nueva reelección. Si fuera otra cosa, no les costaría nada aclararlo. Pero mientras que unos lo dicen, los que deberían hablar callan: exactamente como ocurrió durante años con el referendo para la segunda reelección, que fue la principal tarea del gobierno de Uribe entre 2006 y 2010.

Desde el punto de vista de los políticos profesionales del Partido de la U, la posibilidad de influir en las elecciones de octubre depende de que se identifique su partido con Uribe, como se puede comprobar leyendo noticias como ésta. Es del máximo interés entender la mutua conveniencia de uno y otro sector para influir en las elecciones y tener personas leales en las alcaldías, concejos, gobernaciones y asambleas departamentales.

La ciudadanía elige según aspectos técnicos que por lo general desconoce, pero vista la actitud de Uribe y los suyos y la dispersión y atonía de la gente que eligió a Santos esperando otra cosa, lo que se ve venir es un refrendo masivo al santismo, incluidas las infamias judiciales (que acompaña y promueve la prensa de la familia) y la negociación política con los terroristas que sin duda conducirá a una Constituyente no elegida y que en todo caso propondrá un texto que de ser aprobado permitiría la desmovilización de las FARC. Ya tendrán tiempo antes de eso de "explicar" la conveniencia de la negociación.

Uribe ascendió en 2001 encarnando el rechazo ciudadano a esa negociación. La falta de alternativas y la indolencia tradicional permitieron que fuera reelegido en 2006. ¿Quería toda la gente que lo eligió que dedicara su presidencia a prepararse para instaurar una autocracia plebiscitaria? Yo no lo sé. El resultado de todo eso fue este gobierno y las mismas infamias judiciales contra los funcionarios de la época de Uribe. La lealtad perruna al ex presidente y a su juego conducirá a una situación en la que realmente la negociación de Santos habrá sido respaldada de forma tácita por la ciudadanía. ¿O es que algún candidato ha querido encarnar el rechazo a este gobierno y a sus proyectos?

Es peor aún: en Bogotá el señor Garzón despotrica de la mano negra de extrema derecha, con lo que intenta espantar a los uribistas que podrían votar por Peñalosa, y al mismo tiempo entra a la Unidad Nacional, con lo que espanta a los que apoyaron a los verdes en 2010. Su apuesta es por el triunfo de Petro, al que apoya Chávez y la maquinaria samperista y la clientela del PDA. Como Peñalosa formaba parte de las huestes de la calumnia el año pasado, difícilmente será el candidato que rechace el santismo. Y sus votos tendrá que disputárselos con figuras como David Luna, antiguo compañero suyo y ahora candidato liberal asesorado por un prócer como Felipe Zuleta.

Es decir, la ola que montó Uribe para alzarse con la presidencia en 2002 no tendrá por quién votar y aunque se resignara a votar por Peñalosa estará en absoluta desventaja respecto del candidato chavista, que también es el que necesita Santos para legitimar su negociación. De una forma o de otra, el santismo saldrá legitimado, y no porque ninguna fatalidad lo imponga, sino porque no hay civismo para exigir a los candidatos que se proclamen abiertamente en contra de todas las infamias de este régimen.

El gran timonel nos legó a Santos. Ahora nos legará también la obra de Santos.

2 de agosto de 2011

Información gratis para criminales


Por Erika Salamanca

Es cierto que es parte del proceso en las audiencias entre la Fiscalía y particulares certificar ciertos datos de quienes son llamados a indagatorias, o juicios. Sin embargo, uno no pensaría que en procesos como el del ex ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, sus datos personales fueran revelados no sólo a la audiencia de la sala sino a todos aquellos que seguimos la transmisión en directo.

Todos los que presenciamos la audiencia pudimos oír de primera mano la dirección de residencia y número de teléfono del ex ministro Arias. Ni el juez ni la fiscal se tomaron la molestia de analizar cuáles serían las consecuencias de dar a la luz pública esta información confidencial sobre lo que además de ser residencia y número “privado” del ex ministro, también es el lugar donde viven su esposa y sus dos hijos.

Como resultado de la imprudencia, la familia Arias fue víctima de un misterioso robo en su casa y de fuertes amenazas, así lo afirmaron los principales diarios del país el pasado 29 de julio. Adicionalmente se mencionó la posibilidad de que la familia del ex ministro tomara la drástica decisión de abandonar el país.

¿Es lógico que en audiencias de este tipo se ponga en riesgo al imputado y de paso a su familia entera por dar a conocer información que perfectamente podrían verificar de manera cautelosa entre las partes? ¿Cómo entender que bajo las actuales circunstancias de inseguridad en el país, sea la misma justicia la que ponga en bandeja de plata información de primera mano para que los criminales se aprovechen de ella?

Es importante sentar un precedente, no es posible que en los procesos judiciales se siga violando el derecho a la intimidad. Hoy le sucedió a la familia Arias, mañana a cualquier otra. Como ciudadanos, debemos pedir a los fiscales y jueces reconsiderar estos procedimientos que claramente están siendo objeto de motivación para la empresa criminal. Exijamos que se tomen medidas, y que se apliquen los correctivos necesarios para que no tengamos que lamentar en el futuro estos penosos acontecimientos.

Finalmente, sólo podemos pedir al gobierno nacional y a la policía, apoyo para que la familia del ex ministro cuente con un esquema de seguridad que no permita la repetición de estos hechos deplorables. No podemos tolerar que luego de la injusta medida de aseguramiento al ex ministro, también tengan que pagar sus familiares el doloroso episodio de temer por su integridad física.

1 de agosto de 2011

Tropos y mentiras


Por Jaime Ruiz

Para no enredarme explicando qué es tropo, copio la definición del diccionario:

2. m. Ret. Empleo de las palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza. El tropo comprende la sinécdoque, la metonimia y la metáfora en todas sus variedades.
Descartemos la metáfora, que es algo más conocido y menos interesante en un texto sobre la ingeniería de las palabras. La sinécdoque es un uso de términos con un sentido diferente al suyo propio, que comporta la inclusión: la parte por el todo ("la mano que mece la cuna"), o al revés; la especie por el género, o al revés, etc.. Voy a poner algunos ejemplos característicos de uso perverso o de efectos perversos.

Noruega
Tras la masacre de Oslo y la isla de Utoya, muchos usuarios de Twitter razonaban: "Bueno, al menos Noruega se dará cuenta de lo bueno que es el terrorismo y dejará de apoyar a las FARC". Eso produce mucha impaciencia. ¿Qué es Noruega? ¿En qué sentido Noruega puede apoyar a las FARC? En todos los casos se trataría de sinécdoque, pero ¿manifiesta de algún modo el Estado noruego reconocimiento por las FARC? ¿Alguien ha evaluado el apoyo de los ciudadanos noruegos a las FARC? La generalización brutal corresponde a la expresión de un prejuicio extremadamente dañino: el de que las FARC son algo ajeno a Colombia y a los colombianos. Esa cómoda y absurda presunción hace que los dirigentes del Partido Comunista, que creó las FARC y que las apoya públicamente, como Carlos Lozano Guillén, representante de Tirofijo en la "comisión de notables" de tiempos del Caguán, obre como pacifista y cuente con una nutrida tropa de escoltas pagados por los colombianos. Quienes acusan a "Noruega" no obran de mala fe, pero sí crean una simplificación errónea y peligrosa. La mayoría de los países de Europa occidental han acogido a miembros de las FARC y en todos ellos hay simpatizantes de la organización terrorista, aunque la proporción siempre es inferior a la de colombianos. Como mucho se podría decir, y eso sin suponer un reconocimiento oficial, que la socialdemocracia noruega es complaciente con las FARC. Algunos noruegos, etc.

El país
Cuando se habla de lo que piensa o siente "el país" casi siempre hay una intención torcida. Al "país" se le atribuye lo que le interesa al que habla, generando en el espectador o lector una predisposición a dar por mayoritaria o por juiciosamente evaluada la pretensión. Voy a citar una perla de la prensa colombiana para que los lectores que no lo sepan todavía vayan enterados de lo que experimenta "el país".
Pero, detalles aparte, lo cierto es que la condena y el carcelazo a Arias han sido recibidos con un regocijo francamente nacional. Si descontamos la indignación de Uribe y su secta, el país entero aplaude la tragedia de Arias. ¿Por qué? ¿Por qué razón en un país lleno de cafres de marca mayor, execramos así a un mero aprendiz de cafre? ¿Por qué razón Arias concentra los odios en medio de esa legión de funcionarios uribistas sub iúdice? ¿Por qué no convergen en María del Pilar Hurtado, una señora mucho más peligrosa? ¿O en Andrés Uriel, el beato que nos legó una de las peores infraestructuras de carreteras de América? ¿O en los alquimistas de la DIAN, capaces de convertir empresas de papel en oro contante y sonante? ¿O en la aplaudida ministra de Educación, que nos dejó en la cola de las pruebas Pisa? ¿O en el exministro Palacios, a quien recordaremos siempre por su torpe reforma a la salud y su miopía frente a los repagos del Fosyga? ¿O en Arana Sus, el embajador que firmaba con sangre? ¿O en Jorge Noguera, que convirtió el DAS en una agencia paramilitar? ¿O en Bernardo Moreno o en Sabas Pretelt o en los pujantes hijos del ejecutivo? ¿O en el mismo Juan Manuel Santos, que salió impoluto del caso de los falsos positivos, quizás el capítulo más siniestro de nuestra siniestra historia?
Bueno, este hampón ni siquiera se queda en "el país" sino que ya es "el país entero" (por no hablar de "la condena"). Parece que "Uribe y su secta" son una minoría que perdió las elecciones y que el ex presidente nunca ha registrado aprobación en las encuestas. Tiene hasta gracia la lista de agravios, los juicios de valor, los adjetivos... Realmente por la plata baila el perro. La categoría moral de quienes escriben en la prensa es aún peor que la de quienes les hacen el trabajo sucio reteniendo ganaderos y finqueros.

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En la metonimia la relación entre el significado propio del término y el figurado se da más por contigüidad que por inclusión. "Las canas" no son parte de "la vejez", ni al contrario. Las canas acompañan a la vejez. No se "lee a Borges", ciudadano difunto que estuvo compuesto de carne y hueso y no de letras, etc.

La justicia
El uso de "la justicia" por "el poder judicial" sería en parte un caso de polisemia (diversidad de sentidos de una palabra), pero sin duda la inclusión de la nueva acepción en el diccionario corresponde a su uso metonímico. La insistencia y la rutina hacen pensar en un uso deliberadamente perverso por parte de la prensa, que ha contaminado hasta a las personas que tienen más sentido de justicia y ven consternadas que la administración de justicia ha caído en manos de los peores criminales. Nadie quiere darse cuenta de que llamar "la justicia" a la caterva de mafiosos que dominan las altas cortes es legitimarlos, si bien el tránsito semántico parece tortuoso. El Espectador también provee ejemplos encantadores sobre el asunto.

¿Cómo se podría llegar a un lector que no esté prevenido a explicarle que se trata de la sorpresa por un prevaricato monstruoso de unos criminales aliados con los traficantes de cocaína, con los políticos más corruptos y sin duda incentivados por la dictadura venezolana? El sicario moral parte con una ventaja enorme, tiene a la "justicia" de su parte. De tanto admitir que la "operación judicial" es "la justicia", y que por tanto la justicia es injusta (como decir que la nieve hierve), los ciudadanos honrados terminarán como el cíclope de la Odisea, que explicaba a los demás cíclopes que Nadie lo había herido en el ojo (porque Ulises le había dicho que se llamaba "Nadie").

Paz
Esta palabra es usada a todas horas por la prensa colombiana, por los propagandistas del terrorismo, valga la redundancia, y hasta por el actual gobierno, valga de nuevo la redundancia, con un sentido perverso: el de favorecer el premio de los crímenes terroristas. ¿Qué es "paz"? En Twitter hay una etiqueta #pazcolombia, que usan los partidarios de Piedad Córdoba para festejar las masacres terroristas y culpar al uribismo por denunciarlas y criticarlas. "Paz" es metonimia de "conversaciones de paz", que son más bien lo contrario de la paz, pues suponen legitimación de los crímenes. El nivel de perversidad de ese uso llega al extremo de estas declaraciones del nuevo socio del terrorismo, Juan Manuel Santos:
Me acusan de querer la paz. Esa acusación me honra. Cualquier persona tiene que estar mentalmente enferma si no quiere la paz.
El lamentable tartamudo da a entender que quienes lo acusan de ser socio de los terroristas no quieren la paz, y que basta que él se muestre dispuesto a premiar los crímenes, contra sus promesas electorales, para que haya "paz". El titular y el texto de la noticia enlazada son ejemplos increíbles de la manipulación de la prensa propagandística: se habla de prohibir participar a otros países para informar, como algo obvio, que Santos premiará los crímenes.

Cada vez son más claras las pruebas de que el gobierno prepara un proceso de paz con las FARC, con el respaldo de Unasur (por si hubiera militares colombianos poco dispuestos a recibir órdenes de Alfonso Cano). Y es muy curioso que nadie quiera entender que, para que tal proceso se anuncie, los contactos con los terroristas tienen que ser continuos y fluidos. ¿Incluirán ayuda para cometer crímenes? No me sorprendería: las partes tienen que llegar fuertes a la mesa de negociación, y si las FARC dieran muestras de debilidad perdería sentido premiar sus crímenes. Entre tanto, se mantiene una fase de "creación de confianza", que incluye bastante comprensión con los asesinatos y secuestros.

La metonimia de "paz" es lo más perverso y constante, pero no se debe pensar que la responsabilidad se acaba en el presidente. Todo el mundo sabe qué está pasando y qué pasará, pero como que es mejor no buscarse problemas y encomendarse a Dios. La "paz" que busca Santos en su cordura pronto se traducirá en niveles de violencia comparables a los de los noventa, y después mucho peores, pero nadie quiere hacerse cargo de que hay unas elecciones y al menos quienes no quieren ser gobernados por las FARC no deberían refrendar el santismo.