"¡Qué injusticia!", el libro de Thania Vega, adquiéralo en edición electrónica aquí:



¡Qué injusticia!, el libro de Thania Vega,
adquiéralo en edición electrónica aquí:


5 de agosto de 2010

Definir las corrientes políticas con el nombre del líder momentáneo no es conveniente

Por Noel Carrascal

Decir que el uribismo continuará con Santos es casi un oxímoron. No sólo Santos y Uribe son políticos muy diferentes sino que han recibido las riendas del país en circunstancias también muy diferentes; por lo tanto es natural que Santos se diferencie de Uribe y que la esencia del uribismo empiece a parecer anticuada. Esto es consecuencia de la poca definición de las vertientes políticas en Colombia y debe cambiar para poder tener políticas de largo plazo que sean consistentes. El rumbo político del país no puede ir o venir con la aparente similitud, o contraste, del líder del momento con el anterior.

La coalición del Gran Acuerdo de Unidad Nacional es evidencia de esta poca definición. Parecería un acto político de mucho equilibrio tener a liberales y conservadores juntos de no ser porque sus diferencias son mínimas en práctica: los dos parecen más interesados en la repartición de la torta burocrática que en diferenciarse del otro en políticas de gobierno.

Esta poca definición permite que políticos como Santos y Noemí hayan militado en diversos partidos sin que parezca que hayan cambiado en sus posiciones políticas. Esto no es bueno para el país, no nos permite caracterizar con confianza a los políticos. Recientemente emergió un Mockus muy difícil de definir con certeza. Los partidos políticos deben emerger como marcos ideológicos que definan a grandes rasgos las posiciones políticas de sus candidatos.

El país puede estar experimentando una unidad causada por el interés de marcar un contraste con las FARC y Chávez. De ahí que difícilmente se puedan distinguir los matices ideológicos de los integrantes de esta nueva unidad nacional.

Colombia necesita entrar en una era de partidos políticos renovados. No hay necesidad de que Colombia experimente con vertientes políticas exóticas bajo etiquetas caudillistas, esto es riesgoso. Si los partidos políticos colombianos se consolidan y se alinean con vertientes políticas en otros países, podríamos usar los resultados de políticas implementadas en otros países como guía antes de seguir sus pasos, o para evitar destinos indeseados.

Recientemente, Colombia ha empezado a sentir los síntomas de la enfermedad holandesa. Si estudiamos lo que Holanda sufrió, podríamos evitar muchos efectos negativos eligiendo candidatos que se identifiquen con las políticas de los partidos que ayudaron a este país. Reglas fiscales son importantes en este caso. La disciplina fiscal también nos evitaría terminar en quiebra como Grecia. Por otro lado, el miedo a terminar como Venezuela es posiblemente la principal razón de la falta de éxito electoral de la izquierda colombiana.

Y aunque seguir en los mismos cauces de vertientes políticas de otros países nos ayuda a anticipar los resultados de la soluciones que le damos a nuestros problemas, debemos también liderar con decisiones que por nuestras circunstancias especiales nos obligan a experimentar. La erradicación de las drogas y el azote de las politizadas cortes internacionales requiere que Colombia sea la que marque tendencias antes de esperar por los resultados de soluciones a estos problemas en otros países.

Todo esto es más difícil de lograr si los partidos políticos se siguen definiendo con los apellidos de sus líderes más prominentes. Lo ideal no sería un sistema bi-partidista sino una arena política con tres vertientes: De izquierda, derecha y de opinión. Necesitamos los extremos que nos definan las políticas y un sector de centro y de opinión que actué como atenuador de los vicios que traen los duopolios políticos.

1 comentarios:

Godopunk dijo...

Muy de acuerdo con lo expuesto en este artículo. La diferenciación política e ideológica entre los partidos es necesaria, y debe estar basada en principios, ideas y/o doctrinas fundamentales, y no en personalismos; y a la vez estar actualizados a las corrientes y situaciones actuales.

Aunque lo menciona rápidamente, rescato la idea de aprender de partidos extranjeros, pero teniendo en cuenta que no se trata de copiar sino de aprender, es decir, el saber adaptar tales medidas a las realidades propias de nuestro país, y por ende saber utilizar esas herramientas para poder marcar tendencia.