Van pasando los días y se va diluyendo la resaca del fallo de la Corte Constitucional que frenó el proyecto de segunda reelección. Casi que nadie se acuerda de que en escasos diez días hay elecciones y que éstas decidirán el futuro del país casi tanto como las presidenciales, pues de no haber sólidas mayorías parlamentarias que representen a las mayorías sociales que defienden la democracia el próximo gobierno no podrá sacar adelante sus proyectos de ley, ni habrá modo de contener la rebelión de los jueces, últimamente ocultada por la prensa (ya se volvió norma que no haya fiscal, y que las relaciones de ciertos políticos con las FARC, demostradas por los computadores de Raúl Reyes, no constituyan delito).
La escasa importancia que se da a estas elecciones, y la proporción de abstención, previsiblemente más alta que en las presidenciales, hace dudar del sentido de que existan instituciones parlamentarias, con los tremendos costos que plantean y la obstrucción a la acción de cualquier gobierno, obstrucción que no procede de la defensa de valores o intereses legítimos sino de la necesidad de los congresistas y senadores de recibir recursos para "aceitar" sus maquinarias. Toda vez que a nadie se le ocurre suprimir el Congreso, la inanidad de su existencia hace pensar en la posible conveniencia de optar por el sistema parlamentario: al menos habría menos elecciones, y los elegidos tendrían alguna responsabilidad ante los ciudadanos de sus circunscripciones. Pero eso demandaría una nueva constitución, proyecto que no interesa a nadie porque parece como un cálculo a muy largo plazo, y los políticos sólo piensan en objetivos inmediatos.
En todo caso valdría la pena que la gente se tomara en serio la elección: cada abstencionista ayuda a los que compran y venden votos y también a las minorías que pretenden cambiar el rumbo que ha seguido el país en los últimos ocho años, y ese cambio sólo puede significar la renuncia a la firmeza con que se ha combatido a las bandas terroristas promovidas desde Venezuela y Cuba. Nadie debe dudarlo, lo que se elige es SÓLO la continuidad del gobierno o el retorno al Caguán, pues, para armar la posible mayoría, todo candidato alternativo a los uribistas necesitará del apoyo de las clientelas que reinaron durante los años noventa, así como de la izquierda democrática, es decir, de la parte urbana y desarmada, como Lucky Luciano, de la trama comunista. Y mientras que los ciudadanos honrados se distraen o se dejan manipular por la prensa, para la que sólo existen los candidatos del bando antiuribista, los socios de las guerrillas no vacilan en recurrir a todos los medios imaginables para elegir a los suyos.
El resultado de las elecciones parlamentarias será la verdadera encuesta que muestre hasta qué punto las campañas de la prensa han dado resultado: una alta abstención daría ventaja a las minorías, sumamente organizadas y activas pues a fin de cuentas los privilegios obtenidos gracias al poder político son su medio de vida. Para eso ocultan las propuestas de los candidatos al Congreso y promueven usando todas las artimañas imaginables a los candidatos ligados a los dueños de los medios. Un triunfo relativo de los candidatos de la oposición anunciaría una lucha reñida por la presidencia, pues tanto Chávez como Santodomingo, las FARC, los López y los demás "Electores" se animarían a invertir grandes cantidades en propaganda y compra de votos a favor de alguien que pudiera disputar la presidencia al candidato continuista, amén de encargar "acciones" que sirvieran para que los propagandistas hicieran cundir la "frustración" por la plata perdida en "la guerra".
Pero además de eso las elecciones de marzo son una primera vuelta por las particularidades de la consulta sobre la candidatura del Partido Conservador. El hecho de que sea un partido minoritario, y de que el bando chavista esté en clara minoría en la sociedad, hace que la candidata Noemí Sanín se vuelva su mayor esperanza, sobre todo después de la campaña de propaganda negra con que han intentado destruir al ex ministro Arias con el pretexto del programa Agro Ingreso Seguro.
Al ser una consulta abierta, los militantes del Polo Democrático y las maquinarias del samperismo —que a fin de cuentas eligen alcalde en Bogotá y seguramente lo volverán a elegir en 2011 a pesar del desastre que han sido los dos gobiernos de esa facción— votarán por la señora Sanín, con la esperanza de que en una hipotética segunda vuelta —que los medios dan por descontada, convencidos de que pueden crear la realidad— sea capaz de agrupar a todos los poderes fácticos del viejo país y añadir algún iluso para volver a los tiempos felices del Caguán.
Es muy diciente de esa intención que la mentada señora sea descrita por la prensa como "uribista". Seguramente se refieren a que es aliada de Juan Gabriel Uribe, el director de El Nuevo Siglo, un "periódico" que compite con Semana y El Espectador en la misión de reproducir la propaganda de Anncol y las razones del terrorismo. El hecho de que semejante personaje sea el jefe de campaña de la candidata deja ver una alianza con la parte más podrida del conservatismo, la que "dirigió" el país entre 1998 y 2002, liderada por el inefable Andrés Pastrana, que todavía reivindica los "logros" de su proceso de paz con las FARC.
Es decir, la elección en apariencia secundaria de un candidato del conservatismo se vuelve un pulso entre continuidad y retroceso al Caguán, y la disciplina y activismo de los chavistas y demás malhechores amenaza con desfigurar la elección, pese a que la inmensa mayoría de las personas de talante conservador están con el presidente y con el ex ministro que puja por la candidatura. Y valdría la pena que los votantes hicieran un poco de memoria: ¿qué hacía Noemí Sanín en el Caguán prometiendo acuerdos y reconocimiento a Tirofijo? ¿Cómo es que aceptó la embajada en España después de decir que Álvaro Uribe era el candidato de los paramilitares?
La pregunta es otra: ¿cómo es que la señora Sanín aceptó una embajada del presidente de los "paramilitares", según ella? Es que para promover su carrera necesita el apoyo de esos personajes (se podría rastrear cualquier crítica a la ex embajadora que hayan expresado los beneficiados de su generosidad), pero para ofrecerles prebendas necesita un puesto importante.
Eso es lo que representa esa señora y lo que, en caso de descuido, saldrá como representación de los conservadores en las elecciones de mayo. Y nadie debe engañarse: se trata de una gran alianza por el secuestro, que contará con ingentes recursos de Chávez y con el favor de las FARC. Pues el odio enfermizo de Pastrana y su camarilla hacia Uribe no es casual ni fruto de las lamentables vanidades personales de esos próceres. En tal caso se habrían distanciado de los continuadores de la alianza con las FARC, como Álvaro Leyva, Víctor G. Ricardo o Lázaro Vivero Paniza, cosa que nunca han hecho. Sencillamente, al igual que las demás camarillas que "gobernaron" el país durante los noventa, necesitan a las FARC y a sus socios políticos para armar una mayoría que les abra las puertas a los grandes negocios y a los grandes lujos pagados con dinero público. Ya son casi como la Anapo fundada por el antiguo campeón del anticomunismo y protegido de EE UU Gustavo Rojas Pinilla y hoy parte integrante del "Frente Popular" con que el PCC intenta abrirle camino a sus tropas hacia el poder.
Por Jaime Ruiz

8 comentarios:
No había visto la consulta de marzo como una primera vuelta: es completamente acertada esa postura.
El 14 de marzo hay que decidir entre Arias y Noemí. Ciertamente la oposición le está apostando a Sanín, y las demás fuerzas tenemos que analizar con cuidado el voto en la consulta: Arias es uribista y de ganar la consulta, quedarán dos "generales" del uribismo compitiendo en la primera vuelta, salvo que se logre una coalición. Sin embargo esa coalición tiene fuertes enemigos en el conservatismo, que son los mismos que apoyan a Noemí y que están liderados por Andrés Pastrana.
Si la elegida es Noemí, las fuerzas uribistas podrían saltarse la consulta y quedarían unificadas de facto, bajo el paraguas de Santos.
Otra de las "virtudes" del referendo: la confusión en la coyuntura inmediata.
Un abrazo.
Yo no me fío tanto de un sistema parlamentario en Colombia. Sería poner a los congresistas a elegir presidente por los demás, y el problema en un país con mucha corrupción no es que los presidentes tengan mucho poder, sino que los congresistas no lo tengan tanto. Al menos en un país como Colombia. Obviamente en Venezuela es al revés.
Afortunadamente las elecciones legislativas de marzo pintan bien para el uribismo y el próximo gobierno uribista tendrá que negociar con una nueva bancada para asegurar la mayoría, pero creo que el material lo habrá.
Atrabilioso: realmente es difícil creer que Arias vaya a seguir hasta la segunda vuelta. Si llega a hacerlo se estará suicidando políticamente, porque la gente no le perdonará haber dividido a las mayorías. La verdad es que con un triunfo en las "primarias" godas la oposición se verá reforzada e ilusionada de ganar. Mientras que si Arias gana, y yo apostaría a que será así, queda con el control del conservatismo, condenando a Pastrana y Noemí Sanín a una alianza para el fracaso con Pardo, Petro y Fajardo.
Es decir, esa primera vuelta, si la victoria del continuismo es rotunda tanto en las parlamentarias como en la consulta goda, dejaría sentenciada la elección de mayo. Si gana Noemí Sanín todo se complicará.
D. Pues lo que pasa es que con sistema parlamentario la gente vota por su candidato y en concreto por su región por un representante que a menudo no conoce. Hay una forma de contar esos votos que es el método proporcional (se cuentan los votos de una circunscripción y se reparten entre los candidatos más votados), pero hay otra más problemática que es el sistema mayoritario (hay un representante por cada distrito). El primero es el que se usa en España y Francia, el segundo se usa en el Reino Unido.
Yo siempre he visto con mucho escepticismo las propuestas de crear un sistema parlamentario. Últimamente le veo una gran ventaja: la gente vota por su caudillo, pero éste está en manos de los representantes concretos de cada circunscripción. Al nombrar a los candidatos será determinante la dirección del partido, lo que dará lugar a una "partitocracia", que de todos modos es preferible al actual clientelismo, en el que florecen cientos de personajes como Yidis Medina, cuya única función es esquilmar al erario obstaculizando la creación de leyes. No es tan cierto que los congresistas concentren tanto poder, porque si caen en desgracia ante el líder o la dirección del partido no volverán a ser candidatos.
Lo esencial: los partidos podrán escoger gente capaz para el Congreso porque los votantes no estarán cambiando directamente favores por votos.
Es necesario, es imperativo que se reelija la seguridad democrática, las únicas alternativas serían: Volver a los noventa ( Las bandas terroristas, incluyendo los grupos paramilitares emergentes, campeando a lo largo y ancho del territorio nacional, asesinando,secuestrando y violando impunemente) o una paz concertada entre la izquierda "democrática" y las Farc, en la que se reconoce a esta última como actor político y Colombia se convierte en otra Cuba (¿No son acaso Marxistas-Leninistas o sea partidarios del totalitarismo? ¿Como pretende Petro reconocer como actores políticos a aquellos que pretenden abolir la democracia recurriendo a los medios mas perversos?). Los colombianos elegiremos, entre el futuro, una patria próspera, una gran nación, y el "no futuro": volver a los años noventa o, peor aún, nos convertiremos en otra Venezuela.
Escipión
Escipión: de acuerdo, impedir que ascienda el chavismo es la cuestión principal. Y creo que será lo decisivo en las elecciones.
Gracias por sus comentarios.
No me suena mucho lo del sistema parlamentario pues seria darle mas poder a quienes son el problema principal, los legisladores. Uno de los problemas del senado es que con tanto vivaracho es difícil que los electores le den seguimiento a todo lo que sus representantes hacen por ellos. Los únicos que están pendientes del senado son los que esperan beneficiarse de los senadores quienes a la vez los eligen.
Con senado o parlamento, me gustaría un legislativo con menos legisladores, mas transparencia y mejor seguimiento por parte de la prensa y el publico.
No he escuchado hablar de la idea de un presidente y un primer ministro. Me parece que en este modelo el presidente tiene una función mas simbólica de mantener la nación encarrilada pues viviría como un rey mientras que el primer ministro haría una función mucho mas activa que un vicepresidente y mas parecida a lo que hace el presidente hoy en día en Colombia. En este modelo, el primer ministro generalmente se lanza de presidente después que su función es bien reconocida por el publico, así se evitaría mejor que misteriosos personajes como Chavez, Morales y otros aparecidos populistas, de los que hay varios en Colombia, llegasen al poder.
Noel, es que el problema no son los legisladores sino la "cultura" de aprovechar el Estado para enriquecerse. Lo mismo hacen muchos otros funcionarios.
Lo de que haya menos legisladores puede ser buena idea. Pero el punto central está en superar esa situación actual en que el Congreso es sólo un estorbo. Con un sistema "partitocrático" los congresistas y el jefe de gobierno obedecen a la dirección de su partido, que podría tumbar al segundo y excluir de las listas para una nueva votación a los primeros.
La relación "presidente/primer ministro" corresponde al sistema parlamentario. El presidente o jefe de Estado (en las monarquías, como España, el Reino Unido y todas las escandinavas es un cargo hereditario) no es elegido por el parlamento, a diferencia del "premier" o jefe de gobierno.
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