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4 de noviembre de 2009

Perplejos


Al menos en las sociedades democráticas la política es como un cortejo: el pretendiente ensalza sus virtudes, hace promesas, busca un tono cómplice con la cortejada y denigra a sus rivales. El éxito o el fracaso dependen de la afinidad que haya entre políticos y opinión. Cuando surge la pregunta ¿por qué fracasa la oposición colombiana? la respuesta es sencilla: porque no puede encajar con la opinión de la mayoría de los ciudadanos. Y no puede porque no comparte las aspiraciones ni las metas ni los valores de esa mayoría, de modo que sólo tiene como recurso despotricar del rival más atractivo sin entender qué ha pasado, por qué la opinión no hace caso de sus reclamos y arrullos.

La semana pasada Andrés Hoyos se preguntaba, interpretando a sus amigos de la oposición:
¿cómo es posible que un impresentable como Álvaro Uribe siga teniendo semejante popularidad en Colombia?
Claro que más adelante exponía su discrepancia:

El opositor perplejo no ve el miedo porque su visión de mundo está permeada desde hace mucho por una ideología dañina y equivocada que sugiere que la violencia política es un factor de progreso —Marx la llamaba la partera de la historia—, una ocurrencia inevitable en situaciones de desigualdad social...

Casi está dicho todo: los que consideran impresentable a Uribe son los mismos que creen que las masacres son una forma de progreso. Pero no es porque la gente tenga miedo de la guerrilla sino porque, a diferencia de los reformadores amigos del columnista, no comparte sus fines.

Es sólo un ejemplo. La perplejidad de la oposición es la de todos los que se ven desplazados del protagonismo político, como la de los pretendientes que no entienden que el preferido sea otro. Cada día que pasa resulta más evidente que el modelo de sociedad que defiende esa oposición, el que floreció en los noventa a partir de la Constitución de 1991, poco tiene que dar a unas mayorías que valoran más la seguridad y el crecimiento económico. Más aún: que la multiplicación del gasto público en educación, salud y sobre todo en justicia sólo sirvió para enriquecer a unas minorías especializadas en la protesta y la presión para ordeñar al erario. Que pese a toda la retórica de derechos, la única mejora real se ha visto en los últimos años a medida que la situación de colapso del Estado ha remitido y ha aumentado la inversión.

La perplejidad en ese caso parece el resultado del apego a rutinas mentales muy extrañas, al menos para los que no vivimos entre colombianos. ¿Realmente hay gente que se sorprende de que la violencia genere rechazo? Mi experiencia es que en los años setenta esa recitación de la vulgata marxista más pedestre era la mayor actividad intelectual de cierta gente, pero no sólo en Colombia. Parece que la rentabilidad y el lustre social del oficio de recitador permitieron a muchos acostumbrarse a esperar que los respetaran a pesar de afirmaciones tan tremendas.

Pero el aspecto de "desigualdad social" es mucho más llamativo. ¿Quiénes son los amigos de ese columnista? ¿Cómo es posible que en Colombia lo característico de los ricos sea la continua llamada a la lucha de clases contra los ricos? Es una constante. ¿Dónde hay un establishment en Colombia que sirva para reconocer las elites de poder? Podrían ser las grandes familias. Pero es que son las grandes familias las que mandan a sus vástagos a predicar la lucha de clases. Podrían ser los grandes medios que leen los ricos, pero es que son esos medios (Semana, El Nuevo Siglo, El Espectador, Cambio, ahora un poco menos descarado El Tiempo) los que viven dedicados a la proclama anticapitalista rabiosa; podrían ser las universidades en las que se forman los hijos de la gente rica (Los Andes, la Javeriana, el Externado, etc.), pero es que es de ahí de donde salen las diatribas más abiertamente alineadas con el terrorismo.

En Colombia las elites se distinguen por su odio a las elites. Pero ¿y qué? El problema es que nadie se sorprende, que la gente modesta tal vez tiene miedo a la rebelión contra los ricos y las elites que promueve Daniel Samper, pero no se detiene a pensar que todos los promotores de esa rebelión son los ricos y las elites. ¿Tendrá esa rebeldía alguna relación con el servilismo patético que distingue a los arribistas? Sin la menor duda: el odio a los ricos es una buena forma de integrarse entre la clase de gente que puede llegar a ser amiga de Andrés Hoyos o de Antonio Caballero. Sin el menor pudor, sin la menor ironía. En Colombia la rebeldía es la forma característica del servilismo. Y después los desconcierta que la gente sencilla no los siga, con toda la rabia que muestran contra la desigualdad.

Buen punto ese de la desigualdad. Es una queja que está en boca de TODOS los ricos que llegan a referirse al país. ¿Intentarán burlarse de sus víctimas? Digo "víctimas" porque esos ricos no son gente productiva sino funcionarios que heredaron poder político y se aseguraron sueldos y pensiones de ensueño durante las décadas anteriores, a costa obviamente de los recursos comunes. ¿Se quejarán de la desigualdad para burlarse de la gente a la que roban? ¿Cómo es que nadie parece darse cuenta de eso? Bueno, tal vez sí se dan cuenta los ciudadanos modestos, y entonces refuerzan su apoyo al gobierno. Tal vez no se dan cuenta pero tampoco se comen el cuento.

Pero la perplejidad es continua. ¿Cuántos opositores le han puesto el menor reparo a la labor de los Colombianos y colombianas por la paz? Ninguno: quieren que la gente crea que Piedad Córdoba sufre por los secuestrados e intenta remediar su situación. Y como hay tanta gente que no lo ve tan altruista, pues ya la excluyen del estrato elegante y la descalifican con los peores insultos. ¿Alguien se habrá preguntado a qué nivel social pertenecen los comentaristas habituales de medios como Semana? Su tono es de asesinos a sueldo, pero sin la menor duda están en el primer decil de ingreso: es que las clases poderosas en Colombia están formadas por gente que en otras partes estaría en prisión.

La perplejidad de la oposición es la del pretendiente que menospreciaba tanto a su víctima que esperaba que le creyera sus mentiras por grotescas que fueran. Y la verdad es que las palabras no alcanzan para describirlas. Buen ejemplo es la Corte Suprema de Justicia. ¿Cuántos opositores tienen el menor reproche a lo que hace esa institución? Ninguno. Los más timoratos tratan de "pasar de agache" mientras el órgano más importante de la justicia ejerce de gobierno y legislativo y se dedica a perseguir a todos los que de algún modo son enemigos de las organizaciones terroristas con las que muchos funcionarios judiciales han tenido relación. La oposición política no espera ganar elecciones ni convencer a los ciudadanos de sus proyectos, sino que se arrima al árbol que más sombra da para que, tras las correspondientes persecuciones, el bando mayoritario resulte encarcelado y así se abra una oportunidad. Y no obstante se sorprenden de que la mayoría de la gente apoye al gobierno.

Esos ejemplos bastarían, pero ¿se acuerdan de un tal Hugo Chávez? Toda la oposición política está con ese líder señero de los pueblos americanos. Un buen ejemplo es un artículo paradigmático, que encontró el apoyo entusiasta de todos los ricos lambones por su condena a los ricos y por ser obra de la sobrina de la ex embajadora y ex ministra Noemí Sanín. En ese artículo de odio a los ricos y a las elites también aparece Chávez:

... sí podría esperarse que la élite asumiera sus propios intereses y quisiera acceder a una experiencia vital más plena y a un bienestar más significativo; que en vez de gastar su ocio gestando marchas contra Hugo Chávez, ejerciera alguna presión para que su país tuviera una orquesta sinfónica mejor...

De tal modo, las marchas contra Chávez son una forma que tienen los ricos de gastar su ocio, asustados por "el socialismo del vecino". Pero es característico: ¿alguien recuerda un solo artículo de un solo opositor que le preste atención al armamentismo de Chávez, o siquiera a los asesinatos recientes? No, ninguno: el chavismo de la oposición es tácito o expreso, y en este caso aflora a regañadientes un vago reproche. Sencillamente la oposición espera que entre la CSJ y las amenazas de Chávez se acabe la hegemonía del uribismo. Y eso después de la Operación Jaque: antes se la veía entusiasmada en la lucha por el intercambio humanitario.

A mí me desconcierta que estén desconcertados. ¿Qué se habían figurado? ¿Que la gente se iba a creer el cuento de que había que favorecer más secuestros por humanitarismo con los secuestrados? ¿Que las persecuciones contra políticos afines al uribismo después de que Piedad Córdoba visitara a los acusadores iban a desprestigiar al gobierno? ¿Que la gente se asustaría del aislamiento de Colombia después de que Chávez no era amistoso con el gobierno?

Es difícil decir ahora lo que significa esta época, pero el hecho de que las clases altas del periodo anterior estén tan unidas en torno a Piedad Córdoba, la CSJ y Chávez es indicio de una transformación significativa. Pero sobre todo es indicio de algo que se evidenciaba para alguien suspicaz durante el gobierno de Pastrana: que las FARC y el ELN representan intereses de castas políticas interesadas en el control del Estado, que encargan los crímenes para imponer leyes a su conveniencia. Por eso la inconcebible unanimidad de la prensa en esa época a favor de la supresión de la democracia, por eso el coro inverosímil de respaldo a los criminales de la CSJ, qué extraño: también para abolir la democracia y reemplazarla por el capricho de unos bandidos cuyos nexos con Chávez y las FARC no tardarán en aflorar (como ciertos congresistas, los magistrados nacen y se crían en los mismos pueblos de los líderes de la banda, y después resultan relacionados con millonarios dudosos cuya fortuna parece proceder de la intermediación en los negocios altruistas de esos visionarios).

Por Jaime Ruiz, columnista de Atrabilioso

7 comentarios:

Gaviota dijo...

Hay una serie de generalizaciones aquí que resultan inexplicables. ¿Si uno es creyente en la seguridad, tiene que agradarle Uribe? ¿Si no le agrada Uribe es porque es partidario de la violencia?

No comparto esa visión, pues las visiones absolutamente subjetivas, tienden a ser difícilmente sustentables.

jaime ruiz dijo...

Gaviota: sería bueno que me mostrara frases o términos en que se incurra en tales generalizaciones y en tales visiones subjetivas. A pesar de la diferencia de extensión, creo que es más fácil encontrarlas en su comentario que en mi post.

Nicolás M. dijo...

Jaime, segun su tesis en Colombia no hay ciudadanos que no hagan parte de alguna élite y que además tengan una mentalidad opositora. Para ud el nivel de perplejidad es proporcional a la posición social. Así las cosas, como explicaría ud las marchas de indígenas del Cauca, que no son élite e igual se oponen, o de estudiantes de la Universidad Nacional?. La oposición no es un asunto de élites, es un asunto de intereses que defienden minorias afectadas por un gobierno que toma la violencia como un asunto privativo de las guerrillas y no como una consecuencia de la inseguridad social.

jaime ruiz dijo...

La violencia es la causa de la inseguridad, no su consecuencia. En cuanto a la "inseguridad social" no se me ocurre qué podrá ser. ¿Tal vez lo contrario de la "Seguridad Social"? Es como decir que todo ocurre porque no hay "inbancos", o peor, por el exceso de "dustria".

Las marchas indígenas o de estudiantes tienen una clara relación: son alentadas, forzadas, pagadas y organizadas por las mismas FARC o por el Partido Comunista, que es lo que está detrás de las FARC. Puede que en alguna comunidad remota los participantes en las protestas sean la mayoría, pero eso sólo ocurre por el autoritarismo que hay al interior de la comunidad: basta con sobornar y/o amenazar de muerte a los jefes para que lleven a matarse a los demás, so pena de ser despreciados, humillados y maltratados por el poder local.

Eso sí: las guerrillas son el fruto de la conjura de las elites podridas. No tienen de ningún modo otra justificación que la que tenía un niño sicario de los que trabajaba para Pablo Escobar: penuria, desesperación, amor filial, rechazo a una sociedad que lo excluye y lo menosprecia. Parece que el patrón no fuera el instigador de los asesinatos, sino el intermediario de una venganza justificable.

Claro que hay diferencias entre los sicarios y los guerrilleros: los primeros no tienen que almorzar con el cuerpo de la novia si desobedecen, y los que encargan a los segundos sus hazañas mueren de viejos después de vivir como príncipes dando lecciones de moral.

Nicolas M. dijo...

Jaime, le falto explicarme por qué marchan los esudiantes de la Universidad Nacional. Por otro lado cuando hablo de inseguridad social me estoy refiriendo a un concepto que nació en la política exterior canadiense y que después fue aplicado en la Unión Africana por Nelson Mandela después de que se acabo el Apartheid. Ese conocepto es la SEGURIDAD HUMANA que analiza la violencia desde las carácterísticas de la población y no desde las políticas de gobierno, supongo que no sobra decirle que seguridad social hace parte de la seduridad humana y representa la garantía para toda la población de acceder a servicios básicos como educación y salud, y además la garantía de que todos pueden vivir sin miedo de que sus derechos fundamentales puedan ser vulnerados. Por lo tanto inseguridad social significa la ausencia de esas garantías. Eso lo sabe cualquier estudiante de primer semestre de ciencia política en los Andes, de derecho o gobierno en el Externado o de relaciones internacionales en Rwanda.

Bajo esa lógica la violencia en colombia sí es consecuencia de la inseguridad humana, y es una violencia de carácter estructural (Lea a Johan Galtung para que sepa de qué le hablo sin que yo me extienda demasiado). La violencia estructural afecta a todos los miembros de la sociedad por igual excluyendo a las élites que tienen recursos para evitar ser víctimas de ella.

jaime ruiz dijo...

Nicolás: bueno, los estudiantes de la UN marchan porque el PDA lo ordena: un pequeño grupo de activistas se hace con el poder en la universidad y presiona de diversos modos a los demás para que marchen, y la marcha es precisamente una forma de intimidar a los demás. Yo conozco eso, yo he estado ahí. Conozco hasta la forma de razonar suya suponiendo que unos adolescentes a los que halagan con el odio a los ricos, a los viejos y a los gringos se vuelven los veedores de las cuentas de la universidad, sobre las cuales tienen tanta idea como un estudiante ruandés.

Lo que "saben" los estudiantes de primer semestre de Los Andes y el Externado es lo mismo que saben los de Ruanda: pura ideología criminal basada en retóricas absurdas. Ahora va a resultar que los demás países no tienen guerrillas porque antes se decretó la "seguridad humana".

En realidad la forma en que se llega a creer en todo eso es una mezcla de infantilismo y superstición creacionista de lo más escandaloso. Pero es que el hecho de que alguien razone así ya es como el que alguien secuestre gente para implantar el gobierno perfecto: en Colombia la humanización ha sido un fracaso, y el nivel de los razonamientos de los doctores parece propio de chimpancés.

Sencillamente, en la medida en que hay organización social, orden, consenso, instrucción, desarrollo económico y maduración de las sociedades se va consiguiendo mejorar las condiciones de vida de la gente. Muchas cosas que hoy se consideran básicas serían de lujo hace sólo un siglo.

Oiga, la verdad es que discutir a partir de certezas como "la garantía para toda la población de acceder a servicios básicos como educación y salud, y además la garantía de que todos pueden vivir sin miedo de que sus derechos fundamentales puedan ser vulnerados" es indigna de este blog. Es cómica: ¡la autoridad de las universidades impone que haya que premiar los asesinatos en lugar de impedirlos y de castigar a los culpables! Y resulta que los crímenes que cometen los niños sicarios de los profesores son justificables, como si en algún otro país hubiera algún idiota que pensara en trabajar en lugar de salir a atracar cristianos con el justo razonamiento de que no tiene otra forma de acceder a los servicios básicos de alimentación y vivienda.

La ideología que usted rezuma es a un tiempo el crimen y el atraso. Y el problema es que un país bárbaro y miserable como Colombia se gaste sus escasos recursos en multiplicar la barbarie y la miseria con esas prédicas. ¿Cuándo habrá colombianos responsables que entiendan que no hay un crimen surgido del resentimiento y la miseria, sino de la estratagema de poder de unos parásitos?

Nicolas M. dijo...

En Colombia la seguridad humana no es todavia una certeza. Entiendo que hablar de esas garantias sea indigno de un blog que fataliza la oposicion como un oficio elitista y a las universidades como instigadoras de una ideologia criminal. Ahora me va a decir que ud que en Colombia no se le debe dar a los pobres la oportunidad de ir a la universidad para que no aprendan ideologias criminales?.

Ud dice: "en la medida en que hay organización social, orden, consenso, instrucción, desarrollo económico y maduración de las sociedades se va consiguiendo mejorar las condiciones de vida de la gente", Varias cosas: el consenso es imposible en cualquier socidad pluralista, lo que si es posible es cambiar la percepcion de que los intereses de los actores sociales son irreconciliables; el desarrollo economico no es producto de la seguridad territorial y la inversion extranjera directa que ud tanto admira del gobierno de Uribe; la maduracion de las sociedades se consigue a traves de la educacion, asi ud considere que ser educado es ser promulgador de una idologia criminal. Aca no estamos hablando de sicarios ni estamos especulando sobre conceptos patrioteristas como barbarie, no se desvie de la discusion con discursos politiqueros. Estamos hablando del caracter de la violencia en Colombia. Le repito, lea a Galtung y de vez en cuando visite alguna catedra universitaria. Gracias. (Pido disculpas al que lea esto por la falta de tildes, el computador no tenia la opcion.)